tiene hoy en su seno otra ciudad siempre repleta (el hospital), en la
que entra y sale continuamente el desfallecido obrero. Esto ocasiona un
gasto enorme; y ¿quién lo paga? Los otros obreros que en último
resultado son los llamados á sufragar las cargas de la cosa pública. El
obrero muere joven, dejando por obligación á sus compañeros mantener á
su familia. Mucho más conveniente y económico sería, pues, preservar que
curar. Más debe hacerse por el sano próximo á caer enfermo, agotadas ya
sus fuerzas, que por el enfermo. Diez días de reposo á orillas del mar
le reharían, dándole robustez y fuerzas para el trabajo. El viaje, el
sencillísimo abrigo de tan corta temporada veraniega, una mesa pública á
bajo precio costarían muchísimo menos que una larga estancia en el
hospital. Y el hombre se salvaría, así como la familia y los hijos:
pérdida á menudo irreparable, pues, lo he dicho y lo repito, cada uno de
esos hombres es la tardía producción de una prolongada tradición de
industria; siendo en sí una obra artística, de arte humano, tan poco
conocido, donde la humanidad va elevándose, formándose, como potencia de
creación.
¡Qué placer tan grande sería para mí ver á esa flor de la tierra, á esa
muchedumbre de pueblo inventor, creador y fabricante que suda y se gasta
para el mundo, recobrar inmediatamente sus fuerzas en la gran piscina
del Creador! Toda la humanidad se aprovecharía de ello, ya que florece
con la labor enorme de la clase obrera. A ésta debe sus goces, su
elegancia, todas sus luces; y prospera con sus utilidades, y vive de su
médula y de su sangre. Por lo tanto, el dar á esos seres la renovación
de la naturaleza, un poco de aire, el mar, un día de descanso, sería
justicia y nada más que justicia, un beneficio para todo el género
humano, á quien son tan necesarias y que mañana, á causa de su muerte,
encontraráse en la orfandad.
Compadeceos de vosotros mismos, pobres hombres de Occidente; pensad
seriamente en ayudaros, en contribuir á la común salvación. La tierra os
pide que viváis, ofreciéndoos lo mejor que posee, el mar, para
rehabilitaros. Ella se perdería si llegase á perderos, pues sois su
genio, su alma inventora. Vive nuestra propia vida, y al moriros la
arrastraréis á la muerte.
FIN
* * * * *
NOTAS
«El gran animal la Tierra, cuyo corazón es imán, posee en su superficie
un ser dudoso, eléctrico y fosforescente, más sensible que él mismo, é
infinitamente más fecundo.
«Este ser, llamado Mar, ¿es, acaso, un parásito del gran animal? No. El
mar no tiene una personalidad distinta y hostil: fecundiza, vivifica la
Tierra con sus vapores; parece ser la misma Tierra en lo que tiene de
más productivo, por otro nombre, su órgano principal de fecundidad.»
Diráseme: ensueños alemanes. ¿Quiero decir esto que todo ello son
ensueños? Más de un hombre de gran talento, sin ir tan lejos, parece
admitir para la Tierra y el Mar una especie de personalidad obscura.
Riter y Lyell han dicho: «La Tierra se atormenta á sí misma. ¿Sería
impotente para organizarse? ¿Cómo suponer que la fuerza creadora que
existe en todo ser del globo haya sido rehusada al globo mismo?»
Mas, ¿cómo obra el globo? ¿De qué manera crece al presente? Por medio
del Mar y de la vida marina.
La solución de tan elevadas cuestiones supondría un estudio profundo de
fisiología, que aun está por hacer. No obstante, desde hace veinte
años, las cosas gravitan de este lado.
1.º Se ha estudiado la parte irregular, exterior, de los movimientos del
mar, y buscado la _ley de las tempestades_.
2.º Hanse profundizado los movimientos propios del mar, _sus
corrientes_, el juego de sus arterias y de sus venas, lanzando las
primeras el agua salada del Ecuador á los polos, y las segundas tráenla
desalada del polo al Ecuador.
3.º La tercera cuestión, la más interna, que esclarecerá sin duda la
moderna química, es la de la naturaleza propia del _mucus_ marino, esa
liga gelatinosa que por doquiera ofrece el agua de mar, siendo al
parecer un líquido con vida.
Hasta hace poco desconocíase el _fondo_ del mar, y ahora se sabe algo
gracias á la sonda de Brooke y especialmente á los sondajes del cable
trasatlántico.
¿_Está poblado_ en sus profundidades? Negábase el hecho: Forbes y James
Ross encontraron vida por todas partes.
Antes de estos magníficos descubrimientos, que no datan de veinte años,
nadie era osado á escribir el libro del Mar. El primer ensayo fué el de
M. Hartwig.
En cuanto á mí, lejos estaba de pensar en tamaña empresa, cuando, en
1845, mientras preparaba los materiales para mi libro, _El Pueblo_,
comencé en Normandía el estudio de la población de las costas. En los
últimos quince años ese asunto vasto y difícil fué ensanchándose á mis
ojos y me ha acompañado de playa en playa.
El libro primero, _Ojeada á los mares_, es, como indica su título, un
paseo previo. Todas las materias importantes serán pasadas en revista en
los libros siguientes.
Hago excepción de dos de éstas, las _Mareas_ y los _Faros_. Aquí, mi
principal guía ha sido M. Chazallon, ó sea su importante _Anuario_, que
hoy día forma veintiocho volúmenes. El primero apareció en 1839. Si se
diese una corona cívica á todo el que salva la vida á un ser humano,
¡cuántas no hubiera recibido el autor del _Anuario_! Hasta su aparición,
los errores sobre las mareas eran enormes; y merced á un trabajo
inmenso, M. Chazallon ha rectificado las observaciones para unos
quinientos puertos desde el Adour hasta el Elba.--Los más exactos
informes sobre los faros encuéntranse en su _Anuario_. Reunid á éste la
exposición clara y agradable que M. de Quatrefages (_Recuerdos_) ha
hecho del sistema de alumbrado de Fresnel y Arago. El admirable invento
de los faros á eclipse se debe á Descroirilles y á Lemoine, ambos hijos
de Dieppe (V. M. Ferey.).
Para los distintos nombres del mar (cap. I, p. 7), véase Ad. Pictec,
_Orígenes indo-europeos_.--Respecto del agua, Introducción del _Anuario
de las aguas de Francia_ (por Deville); Aimé, _Anales de química_, II,
V, XII, XIII, XV; Morren, _ibidem_, I, y Acad. de Bruselas, XIV,
etc.--Tocante á la salobridad del mar, Chapmann, citado por Tricaut _An.
de hidrografía_, XIII, 1857, y Thomassy _Boletín de la Sociedad
geográfica_, 4 junio 1860.
Página 18. _S. Michel-en-Grève._ No me hice cargo como es debido de esta
playa y de los asuntos á ella anejos sino después de haber leído en la
_Revue des Deux Mondes_ los magníficos artículos de M. Baude, tan
instructivos, llenos de detalles, y de ideas elevadas. En otro sitio me
he ocupado de sus excelentes conocimientos sobre la pesca.
Al hablar de la Bretaña (cap. III, p. 23), hubiera debido encomiar el
libro de Cambry, al que debo mis primeras impresiones sobre aquel país.
Ha de leerse la edición que Souvestre ha enriquecido (y doblado su
valor, no hay que dudarlo) con notas y comentarios excelentes que
hicieron prever desde aquel momento _Los últimos Bretones_, del mismo
autor. En varias novelitas, de una exactitud admirable, nos ha dado
Souvestre los mejores cuadros que se poseen de nuestras costas del
Oeste, especialmente tocante al Finisterre y á las comarcas inmediatas
al Loire. Gran satisfacción hubiera tenido en citar algún pasaje de
escritor tan galano é inolvidable amigo; empero hice el propósito de no
hacer ninguna cita literaria en mi obrita.
La notable frase de Elías de Beaumont (cap IV, p. 26) se encuentra á la
cabeza de un artículo que constituye un gran libro, su artículo
_Terrenos_, en el Diccionario de M. d'Orbigny.
CAP. VII, p. 51. Lo que digo de Royan y Saint-Georges, encontraráse más
elegantemente expresado en los eruditos libros de Pelletan, _Nacimiento
de una población_ y el _Pastor del Desierto_. Sábese que ese pastor es
el abuelo de Pelletan, el ministro Jarousseau, admirable y heroico para
salvar á sus enemigos. La casita que aun existe es un templo de la
humanidad.
NOTAS DEL LIBRO SEGUNDO. _Génesis del mar._--CAP.
I.--_Fecundidad._--Sobre el arenque, véanse el anónimo holandés
traducido por De Resto, tomo I; Noël de la Morinière, en sus excelentes
obras, impresas é inéditas: Valenciennes, Peces; etc.
CAP. II. _Mar de leche._--Bory de Saint-Vincent. _Dic. clásico_,
artículos _Mar y Materia_; Zimmermann, _el Mundo antes de la creación
del hombre_. Este precioso libro popular corre en manos de todos.--En la
pág. 87 sigo la obra de M. Bronn, premiada por la Academia de
Ciencias.--Sobre la innocuidad de las plantas del mar, véase la Botánica
de Pouchet, libro de primer orden. Para las plantas metamorfoseadas en
animales, Vaucher, _Confervas_, 1803; Decaisne y Thuret, _Anales de las
ciencias naturales_, 1845, tomos III, XIV, XVI y _Cómputos de la
Academia_, 1853, tomo XXXVI; artículos de Montagne, Dic.
d'Orbigny.--Sobre los volcanes, véanse Humboldt, _Cosmos_, parte IV, y
Ritter, traducción de Elíseo Reclus, _Revista germánica_, 30 noviembre
1859.
CAP. III. _El Atomo._--He citado en el texto los maestros, Ehrenberg,
Dujardin, Pouchet (_Heterogenia_). A la larga, vencerá la generación
espontánea.
CAPS, IV, V, VI, etc. Para remontarme en todo este libro á la vida
superior, he tomado por hilo conductor la hipótesis de la metamorfosis,
sin intentar construir seriamente una _cadena de seres_. La idea de
metamorfosis ascendente es natural al ánimo, siéndonos impuesta en algún
modo por la fatalidad. El mismo Cuvier confiesa (fin de su introducción
á los Peces), que si esta teoría carece de valor histórico, á lo menos
«es lógica.»--Sobre la _esponja_, véanse Pablo Gervais. Dic. d'Orbigny,
V, 325; Grant. en Chenu, 307, etc.--Sobre los _pólipos_, _corales_,
_madréporas_ (capítulos IV y V), además de Forster, Perón, Darwin,
consúltense asimismo Quoy y Gaimard; Lamouroux, Pólipos flexibles; Milne
Edwards, Pólipos y ascidias de la Mancha, etc. Véase también sobre el
calizo las dos geologías de Lyell.
CAP. VI. _Medusas_, _fisalios_, etc.--Léanse Ehrenberg, Lesson,
Dujardin, etc. Forbes demuestra por medio de las analogías vegetales que
esas metamorfosis animales son un fenómeno muy sencillo; _Anales de
Historia natural_ (en inglés), diciembre de 1844. Véanse asimismo sus
excelentes disertaciones: _Medusæ_, en 4.º, 1848.
CAP. VII. _El Esquino._--Véanse en primer término las curiosas
disertaciones donde M. Caillaud ha consignado su descubrimiento.
CAP. VIII. _Conchas_, _nácar_, _perla_ (_Moluscos_).--La obra capital es
la _Malacología de Blainville_. Sobre la perla, Moebius de Hamburgo,
_Revista germánica_, 31 julio 1858. He consultado con gran provecho en
esta materia á nuestro célebre platero M. Froment Deurice. Si he hablado
de la perla como adorno especial de la mujer, es por haberse descubierto
la manera de fabricarlas artificialmente. No me cabe duda que dentro de
poco, no habrá mujer, por pobre que sea, que no pueda comprarlas.
CAP. IX. _El Pulpo._--Cuvier, Blainville, Dujardin, _Anales de las
ciencias naturales_, primera serie, tomo V, p. 214, y segunda serie
tomos III, XIV, y XVIII; Robín y Second, Locomoción de los cefalópodos,
_Revista de zoología_, 1849, p. 333.
CAP. X. _Crustáceos._--Además de la grande obra capital y clásica de M.
Milne Edwards, he consultado á d'Orbigny y á diversos viajeros. Véase el
precioso Atlas de Dumont d'Urville.
CAP. XI. _Peces._--La Introducción de Cubier, Valenciennes, artículo
_Peces_ (Dic. d'Orbigny), que constituye un libro completo, lleno de
erudición y excelente. Sobre la anatomía véase la célebre disertación de
Geoffroy. Lo que referí sobre los nidos de los peces, lo debo á los
señores Coste y Gerbe.
CAPS. XII y XIII. _Ballenas_, _anfibios_, _sirenas._--Lacépède es muy
elocuente é instructivo en esta parte. Nada mejor que los artículos de
Boitard (Dic. d'Orbigny).
NOTAS DEL LIBRO TERCERO. _Conquistas del mar._--Todo este libro ha
brotado de mi pluma gracias á la lectura de los viajeros, desde la
primitiva historia de Dieppe (Vitet, Estancelin), hasta los
descubrimientos más recientes. Véanse sobre todo, Kerguelen, John Ross,
Parry, Weddell, Dumont d'Urville, James Ross y Kane; Biot, _Gaceta de
los Sabios_, y el juicioso á la par que luminoso compendio que de sus
viajes ha publicado M. Laugel en la _Revue des Deux Mondes_.--Sobre la
pesca, además del gran trabajo de Duhamel, véase Tiphaigne, _Historia
económica de los mares occidentales de Francia_, 1760.
CAP. III. _Ley de las tempestades._--Añadid á los libros citados en el
texto el excelente resumen de M. F. Julien (Corrientes, etc.), y el
curioso sistema de M. Adhémar, sobre una mutación del mar que
sobrevendría cada diez mil años.
NOTAS DEL LIBRO CUARTO. _Renacimiento por el mar._--Desde 1725, Marsigli
parece haber sospechado la presencia del yodo. En 1730 publicóse una
obra de autor anónimo, _Comes domesticus_, en la que se recomiendan los
baños del mar.
La bibliografía del mar no tendría fin. Todas las bibliotecas me han
procurado datos. Complázcome en citar entre otros libros excelentes, los
_Manuales y Guías_ de los señores Guadet, Roccas, Cochet, Erns, etc.
Helos encontrado rarísimos (por ejemplo Russell) en la Escuela de
Medicina; muchos especiales, en lengua extranjera, en el Depósito de la
Marina (tales como el _Mediterráneo_, de Smith, 1854). Nunca me cansaré
de elogiar las atenciones que me prodigaron tanto el director coco el
bibliotecario, quien me señaló varias veces obras poco conocidas.
Sobre la degeneración de las razas, véanse Morel (1857); Magnus Huss,
Alcoholismus (1852), etc.
A mi ilustro amigo Montanelli y á los preciosos artículos de M.
dall'Ongaro debo el tener noticia del folleto del doctor Barrellay
(_Ospizi marini_).
Mi sabio amigo el doctor Lortet, de Lyon, al acusarme recibo de un
ejemplar de la primera edición de mi libro, me escribe: «En los niños
lánguidos y descoloridos he obtenido buenos resultados por medio de una
exposición prolongada á la luz (luz viva, excitante), Convendría una
playa mediterránea, donde el niño pudiera vivir desnudo, sin otra cosa
abrigada que la cabeza, y unos calzoncillos, y que rodara por el mar y
sobre la cálida arena. Junto á la orilla un sotechado, una especie de
invernadero que, con ventanas para cerrarse los días fríos, recibiese el
sol por todos costados.»
P. S. Acabo de saber con alegría que la administración parisiense de la
Asistencia pública ocúpase en este momento en crear un establecimiento
de la clase antedicha. Séame permitido, pues, explanar mis súplicas.
La primera es, que no se centralice á los niños en un mismo sitio; que
no se haga un Versalles, una fundación ostentosa, sino varios pequeños
establecimientos en estaciones distintas, donde puedan repartirse los
jóvenes enfermos según sus diversas enfermedades y temperamentos.
Mi segunda súplica se reduce á que esa instalación, para ser duradera,
aproveche al Estado en vez de serle onerosa; que los niños expósitos que
en ella se asilaran, los convalecientes válidos, los enfermos
restablecidos, sean ocupados, según los lugares, en los trabajos menos
penosos de los puertos y de la navegación, en los oficios que de ellos
dependen, tomando los hábitos y el gusto á la vida del mar. Cuando
míseras poblaciones, asaz pobladas de pescadores y marineros, apartan
los ojos del mar, hácense industriales, necesario es reemplazar á los
desertores. Débense criar hombres nuevos, que no hayan oído discutir en
la choza paterna el provecho y ventajas de la vida prudente, abrigada
del interior.
Preciso es que la adopción de la Francia cree un pueblo de marinos que,
adicto anticipadamente á su heroico oficio, lo profiera á otro
cualquiera; y el cual, desde los primeros años, mecido por el Mar, no
ame más que á esa gran nodriza, y no sepa diferenciarla ni aun de la
misma Patria.
NOTAS:
[1] Véase la nota al final del tomo.
[2] Recientemente hemos leído que en una traducción del Hoel-Schein de
C. F. Neumann, se da como positivo el descubrimiento de la América por
unos monjes benedictinos en el siglo V, ó sea unos mil años antes de la
gran empresa de Colón. Para nosotros es innegable que toda la gloria de
tan portentoso hecho recae sobre el ilustre genovés y los magnánimos
monarcas españoles que ayudaron á su realización. Cuanto se diga en
contrario no se funda en nada sólido, son meras hipótesis.--(_N. del
T._)
[3] Especie de ballenato ó ballena desdentada.--(_N. del T._)
FIN DE LAS NOTAS