NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
* Las cursivas se muestran entre _subrayados_, las negritas entre
=iguales= y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.
* Los errores de imprenta han sido corregidos.
* Se ha respetado la ortografía del original impreso, pero se han
puesto tildes a las mayúsculas.
* Las páginas en blanco han sido eliminadas.
* En la p. 91, se pone título a la Escena XV de «La pena negra», que
no aparece impreso por error.
* En «El chico de las Peñuelas», se renumeran correctamente las
escenas del Cuadro primero.
BIBLIOTECA CALLEJA
SEGUNDA SERIE
CARLOS ARNICHES
SAINETES
CARLOS ARNICHES
SAINETES
[Ilustración]
MCMXVIII
CASA EDITORIAL CALLEJA
FUNDADA EN 1876
MADRID
PROPIEDAD
DERECHOS RESERVADOS
Imp. Martín de los Heros, 65.
A RAMÓN PÉREZ DE AYALA
_Pongo, lleno de vanidad, el nombre de usted en la primera página
de este libro, porque usted es mi mayor éxito._
CARLOS ARNICHES
Madrid, Julio 1918.
EL SANTO DE LA ISIDRA
PERSONAJES
ISIDRA
LA SEÑÁ IGNACIA
CIRILA
BALTASARA
LA SEÑÁ JUSTA
UNA VECINA
UNA INVITADA
UNA NIÑA
VENANCIO
SEÑOR EULOGIO
SEÑOR MATÍAS
EPIFANIO
SECUNDINO
EL ROSCA
PACO EL CURIAL
JUAN EL MIGAS
PÉREZ
TORRIJA
UN VENDEDOR DE FLORES
CONVIDADO 1.º
ÍDEM 2.º
ÍDEM 3.º
UN PALETO
UN ROMERO
UN MOZO DE MERENDERO
_Invitados vendedores, romeros, etc.—Coro general._
ACTO ÚNICO
CUADRO PRIMERO
Una plazuela de los barrios bajos. Al foro, dos casas separadas por
un callejón que da a la calle de Toledo, y en cuyo fondo se ve la
Plaza de la Cebada. La casa de la izquierda tiene en su planta baja
una tienda de ultramarinos con puertas practicables. La puerta de
esta casa, practicable también, da al callejón. A la derecha, otra
casa, y debajo una taberna con un rótulo que dice: NÚM. 8 VINOS Y
LICORES NÚM. 8. La puerta de la taberna que da frente al público
y la que da al callejón, practicables. En los laterales derecha
una casa de modesta construcción, y en el ángulo que forma esta
casa con la taberna, el chiscón de un zapatero de viejo. En los
laterales izquierda, otra casa, en cuya planta baja hay establecida
una tienda de sillas, de las cuales vense algunas colgadas en
la puerta. La muestra de la tienda dice: LA MECEDORA, SE PONEN
ASIENTOS, SE FORRAN SILLERÍAS. El balcón de la casa de la derecha,
que es practicable, lleno de tiestos con flores.
ESCENA PRIMERA
SEÑOR EULOGIO, CIRILA, SECUNDINO _y un vendedor de flores. Al
levantarse el telón, aparece el señor Eulogio sentado ante una mesita
baja llena de herramientas de zapatería, trabajando. El florero, con
un borrico cargado de tiestos, pregona su mercancía. Cirila, con un
cántaro apoyado en la cintura, habla en la esquina de la izquierda con
Secundino._
VENDEDOR.—¡Buenos tiestos de claveles dobles!...
EULOGIO (_Machacando suela y cantando._)—
Estoy por decir, señores,
que si me tiran a un río
salgo llenito de flores.
(_Se pone a hacer engrudo._)
CIRILA (_Empujando a Secundino que la quiere abrazar._)—¡Vamos, quita,
quita! ¡Al principio tóos seis iguales!... ¡Muchas palabras... y
luego!...
SECUNDINO.—Vamos, no me digas eso, porque tú no me conoces a mí cuando
yo me ofusco con una morena como tú. Ven y verás...
CIRILA.—Sí, pa que me dejes al segundo chotis, cuando está una más
ilusioná, y te vayas con otra...
SECUNDINO.—¿Dejarte yo a ti... que eres más rica que una mermelada...?
¡Vamos, que te calles, cacho e gloria! (_Intenta abrazarla._)
CIRILA (_Rechazándole._)—¡Vamos, hombre!...
EULOGIO (_Que los ha estado mirando, mientras hace el
engrudo._)—¡Eh!... ¡Chist, chist, chist!...
CIRILA.—¿Qué hay?
EULOGIO.—Na... que... ¿si queréis que me vaya a hacer el engrudo ahí
dentro?
CIRILA.—¿Es envidia u caridaz?
EULOGIO.—¡Es... bacalao de Escocia!... ¡Miá tú esta!
SECUNDINO (_A Cirila._)—Conque, ¿vienes u qué?
CIRILA.—Güeno; tú, a las tres, u tres y media, vas al puente de Toledo,
y, según se entra, a la derecha, te arrimas a la primera bola que
haiga, y me aguardas.
SECUNDINO.—A las tres y media, me tiés arrimao a la bola... ¡Prenda!
¡Serrana! ¡Me tiés más loco, que!...
CIRILA.—¡Anda, anda, zaragata! (_Le empuja y vase hacia la casa primera
derecha. Secundino coge el cesto y una zafra pequeña de aceite, que
tiene en el suelo, a su lado, y se dirige hacia la tienda._)
EULOGIO (_Al pasar Cirila delante de él._)—¡Ay, Cirila, Cirila,
Cirila!... ¡Qué mal te veo! (_Lo dice como cantando._)
CIRILA.—¿Sí?... ¡Caramba!... ¡Pues míreme usté con lentes! ¡El demonio
del tío visión!... (_Entra en la casa._)
EULOGIO (_Silba y machaca, y de pronto se agacha como para mirar
las piernas a Cirila que sube._)—¡Negras!... (_Sigue silbando y
trabajando._)
ESCENA II
EULOGIO _y_ SECUNDINO
SECUNDINO (_Que habrá quedado a la puerta de la tienda observando se
acerca al señor Eulogio._)—¿Qué?... ¿Qué miraba usted?...
EULOGIO.—¡Yo!... ¡Nada!... ¿Conque... entre tres u tres y media?... ¡No
estás mal tunarra!
SECUNDINO.—¡Es que como hoy es San Isidro y la tengo ofrecido un pito,
la voy a llevar a la Pradera! Na, que le ha pasao lo que todas... me
ven y se alelan.
EULOGIO.—¿Y cuántas novias tiés ahora?
SECUNDINO.—¡Pocas!... Tengo la Consuelo y la Socorro, fijas; la Justa
de suplenta, y ésta de meritoria.
EULOGIO.—¡Anda, diez; qué Secundino éste! Pus ten cuidiao con la
Cirila, porque ésta tié mucho coquetismo con el sexo feo, y no lo digo
por ti, y si se entera el asistente del siete, te va a llenar los
bolsillos de golpes.
SECUNDINO.—Pero, ¿dónde se va a poner el asistente conmigo?...
EULOGIO.—¡La verdad es que tú tiés suerte! (_Se levanta._) ¿Y cómo te
diriges a ellas?... ¿_Oral_ u por escrito?
SECUNDINO.—¡Pues misté! en lo primero que conocen que las amo, es en el
peso, porque se lo empiezo a correr; y cuando las tengo atortolás las
dirijo una carta con letra gótica, con unos perfiles, que me salen unas
mayúsculas, que le digo a usté que hacen cosquillas.
EULOGIO.—¡Lo creo!
SECUNDINO.—El otro día le escribí a la Justa, y pa ponerla inolvidable
la hice una hache super...
EULOGIO.—¿Y dónde le pusiste la hache?
SECUNDINO.—¡Detrás del _ino_!... Y al final la decía: “No te olvido,
ni te olvidaré, y una acción como esa, no esperes que yo la cometa...”
¡Tenía usté que haber visto el rabo que puse en la cometa!
EULOGIO.—¿Pa que no voltease?...
SECUNDINO.—¡Quiá, hombre; pa acabar la carilla!... ¡Un rabo gótico! ¡Y
es que aquí, señor Eulogio, hay vista y entrevista, u sea estinto y
celebro!
EULOGIO.—¡Celebro! ¡Celebro verte güeno, anda! (_Dándole un cogotazo._)
¡Déjame trabajar!... ¡Y ya lo sabes!... ¡Ojo con el asistentito ese!...
SECUNDINO.—¿A mí ese?... ¡Lentejas!... (_Vase a la tienda._)
EULOGIO.—¡Sí que descendemos del mono, sí! ¡No hay más que ver a
Secundino! (_Se sienta y sigue trabajando._)
ESCENA III
EULOGIO, _una vecina, luego_ PÉREZ
EULOGIO (_Cantando._)—“Con una falda de percal planchá...”
VECINA (_Del foro con una cesta llena de verduras._)—¡Adiós, señó
Ulogio!
EULOGIO.—¡Hola! ¿De dónde vienes sin verduras?
VECINA.—¿No lo ve usté?... ¡De la compra!... (_Entra en la casa primera
derecha._)
EULOGIO.—¡Y luego se quejan del flato! (_Mira a la escalera
agachándose._) ¡A listas!... “Y unos zapatos bajos de charol... Con el
mantón de...” (_Esto último cantando._)
PÉREZ. (_Del portal de la casa número siete._)—¡Güenos días!
EULOGIO.—¡Hola, Pérez! ¿Qué hay?...
PÉREZ.—Oiga osté, señó Ulogio: ¿ha visto osté si ha bajao por casualidá
la Sirila?
EULOGIO.—¿Que si ha bajao?... ¡Ha bajao!... ¡Y pa que lo sepas, ha
estao hablando con Secundino media hora!
PÉREZ.—¿Con er Secundino?... ¿Ella con ese garabato urtramarino?...
¡Na, que ese chico se ha propuesto quitarme a mí de fumar! Pero,
¡mardita sea mi suerte, si no ve osté con dentadura postiza a esa
garrapata colonial er día que a mí me se acabe el ochavo de pasiensia
que me carateriza!
EULOGIO.—¡Y te advierto que esta tarde van a la Pradera!
PÉREZ.—¿A la Pradera?... ¿Ellos a la Pradera?... ¡Mardita sea mi
suerte!... ¡Pues allí es la ocurrensia!...
EULOGIO.—¡No te acalores, Pérez!...
PÉREZ.—¿Que no m’acalore?... ¡Si ve usté ar Secundino ese, hágame el
orsequio de decirle que como yo le vea en la Pradera esta tarde, si
calentura trujiere, gorverá con calentura, como dice el rétulo que hay
encima der chorro! (_Vase hacia la casa._)
EULOGIO.—¡Adiós, Napolión!
PÉREZ (_Desde la puerta._)—¡Por estas, que son cruses!... (_Entra._)
EULOGIO.—¡Qué exageraos son los de a caballo!
ESCENA IV
EULOGIO, _el_ SEÑOR MATÍAS, JUAN _el Migas_, PACO _el Curial_, EPIFANIO
_y el_ ROSCA. _Se oye en la taberna un gran estrépito de banquetazos,
palos, voces y gritos de pelea._
EULOGIO (_Levantándose asustado._)—¡Anda, diez!... ¡Ya se ha armao aquí
dentro! ¡Bronca en el ocho!
=Música=
MATÍAS (_Dentro._)
¡Toma, granuja!
¡Toma, ladrón!
EPIFANIO (_Ídem._)
¡Déjame, Rosca!
ROSCA (_Ídem._)
No quiero yo.
(_Salen a la calle el señor Matías; y sujetándole Paco “el Curial” y
Juan “el Migas”._)
MATÍAS
Sal aquí, cobarde,
sal aquí y verás
como te acogoto
y no chillas más.
EULOGIO (_Sentado en su silla._)
Se armó la bronca,
¡vaya por Dios!
Pero no hay miedo
con estos dos.
EPIFANIO (_Saliendo, y con mucha calma._)
Ya estoy en la calle,
¿qué quiere usté?
MATÍAS
Darte un par de tortas.
EPIFANIO
Gracias.
MATÍAS
¡No hay de qué!
EPIFANIO
Es usté un anciano,
respeto sus canas,
y aunque me provoque
yo no tengo ganas,
porque ya usté sabe
que si le hago así, (_Ademán de pegar._)
da usté con sus huesos
en Valladolid.
MATÍAS
Dejaime en seguida,
le como el redaño.
EULOGIO (_Que se ha levantado de su asiento, aparte al señor
Matías._)
No coma usté cerdo,
que le va a hacer daño.
EPIFANIO
¡Basta de bromas,
soltarle ya!
ROSCA
Déjale, chico.
EPIFANIO
¡Maldita siá!
MATÍAS
A mí los hombres guapos
de tu fachenda
me sirven de entremeses
pa la merienda,
porque en cuanto yo quiero
largar sopapos,
se acaban en seguida
los hombres guapos...
EPIFANIO
¡Que no es verdad!
JUAN _y_ PACO
¡Calma, señor Matías!
MATÍAS
¡Maldita siá!
EPIFANIO
Yo, cuando quiero sangre
me comprometo
con hombres que merezgan
algún respeto;
y no con un pelele
_sesagenario_
que es la última palabra
del _Dicionario_.
MATÍAS
¡Que me lo como,
dejaime ya!...
EPIFANIO
¡Suéltame, Rosca!
¡Maldita siá!
EULOGIO (_Riéndose._)
¡La sangre al río
no llegará!
MATÍAS
¡Ah!
EPIFANIO
¡Ah!
LOS DOS
¡Ah!
EULOGIO
¡Ja, ja, ja, ja!
(_Quedan, Matías en una actitud furiosa, sujeto por Juan y Paco, y
Epifanio, en una actitud semejante, sujeto por el Rosca._)
=Hablado=
EULOGIO (_Adelanta mirando al señor Matías y señalándole con el dedo.
Llega cerca de él y le echa una bendición._)—“¡Dominus vobiscum!”
MATÍAS (_Con coraje._)—¿Y qué es eso?
ROSCA.—¡Que está usté indultao! (_Con desprecio._)
MATÍAS.—¡Randa! ¡Golfo! ¡So gallina!
EPIFANIO.—Y que no se le olvide a usté el encarguito; ¡su hija de usted
es para un servidor!
MATÍAS.—¿Mi hija pa ti?... ¡Antes la quieo ver muerta! ¡Cien veces
muerta!
EPIFANIO.—Mire usté, pollo, tómese usté una taza de tila pa que se le
pase el susto, porque es usté una miaja aprensivo, y cuando se haiga
usté tranquilizao hablaremos. (_Volviéndole la espalda._)
MATÍAS.—¡Soltarme! ¡Soltarme! ¡Expósito!...
EPIFANIO.—¡Chist! Y si me ve usted en la calle no tenga usted miedo,
que yo no tiro a los gorriones...
MATÍAS.—¡Gorrión a mí!
EPIFANIO.—¡Lo dicho! (_Empieza a marcharse._)
EULOGIO.—¡Adiós, cóndor!
EPIFANIO.—¡Vamos, Rosca! (_Vanse mirando y riéndose por el foro._)
MATÍAS.—¡Maldita sea mi estampa!... ¡No te vayas... so gallina! ¡Ven
aquí!...
PACO (_Conteniéndole._)—Pero, ¿quiés callar, señor?... ¡Miá que pué
volver!
JUAN.—¡Gachó! ¡Tiés un timbre la mar de escandaloso!
MATÍAS.—¡Déjame, que lo quió matar!... ¡Ven aquí! ¡Vuelve!... ¡Timador!
¡Golfo! ¡Granuja! (_Grita, yendo hacia el sitio por donde Epifanio ha
desaparecido, y a cada insulto levanta más la voz._)
ESCENA V
MATÍAS, EULOGIO, JUAN, PACO, _la_ SEÑÁ IGNACIA _e_ ISIDRA. _Estas
últimas de la tienda de sillas._
ISIDRA (_Sale corriendo._)—Pero, padre, ¿qué es esto?... ¿Qué le pasa a
mi padre?
IGNACIA (_Saliendo._)—Matías, pero ¿qué ha sido?
MATÍAS.—Nada, señor; no sus apuréis. ¡Total, dos bofetás! Que me...
digo, que le... (_A Juan._) ¡Dame el sombrero! (_Juan lo coge del suelo
y se lo da. Matías lo limpia con la manga, se lo pone y se arregla la
corbata._)
IGNACIA.—Nosotras oíamos voces, pero como siempre están con broncas en
la taberna, no hacíamos caso... ¿Y qué ha pasao?
ISIDRA.—¿Con quién ha sido? (_Con ansiedad._)
IGNACIA (_Al ver que Matías no habla y mueve la cabeza como dudando si
decirlo._)—No nos tengas así, hombre. Habla. ¿Con quién ha sido?
MATÍAS.—¿Con quién quiés que sea? ¡Con... ese!
PACO.—¡Con Epifanio!
ISIDRA.—¿Con Epifanio?
IGNACIA.—¿Con ese ladrón?... ¿Y no le has matao?... (_Con furia._)
MATÍAS.—No me han dejao éstos.
JUAN.—¡Toma, ni él!
EULOGIO.—Pero, vamos a ver; la cuestión ¿por qué ha sido?
MATÍAS.—Pus verá usté por qué, señó Ulogio. Ya sabe usté que Epifanio y
ésta (_Por Isidra._) tenían relaciones cordiales dende hace año y medio.
IGNACIA.—¡Así nos hubiéramos muerto tóos el día que puso los pies en mi
casa!
ISIDRA (_Llorando._)—¡Ojalá!
MATÍAS.—Bueno; pues hace quince días, cuando ésta había ya empezao a
hacerse el _trunsó_, averigüemos que Epifanio vivía maritalmente con
Esperanza, la fiadora, y que la Esperanza lo mantiene... ¿Qué iba a
hacer la chica? ¡Lo que hacen las mujeres honrás! Ella se destrozó el
alma, y a él lo mandó... bastante lejos.
EULOGIO.—Ya me figuro dónde.
MATÍAS.—Bien; pues dende ese disgusto mi casa es un panteón de familia.
Pero hoy es San Isidro, el santo de ésta, y esta mañana les he dicho
pa animarlas: “¡Vaya, arreglar la merienda, que esta tarde vamos a ir
a la Pradera!” Salgo a invitar a estos amigos, me los encuentro en la
taberna, nos sentamos, y me veo en la mesa del rincón a Epifanio con
el Rosca. Yo, como es natural, no le hice caso, y me dirijo a éstos,
les hago la invitación, lo oye él y viene y me dice: “Señor Matías,
cuente usté con un anfitrión más pa ir con ustés donde sea.” Epifanio,
retírate, porque tú pa nosotros has caído en el panteón del olvido
involuntario... ¡Me parece que la frase era elegante! Pues bueno; me
se queda mirando de hito en hito y me da un papirotazo en la nariz que
me hizo de estornudar, y además me agarra de la solapa y me dice: “Si
va la Isidra esta tarde a la Pradera, al primero que baile con ella
dígale usté que le hago un chirlo.” Me cegué, le dí así en la cara, nos
liamos a golpes, salimos a la calle, y aquí fuera ya ha visto usté lo
que ha sucedido... ¡Que me se ha achicao!
EULOGIO.—No, si ya lo he visto. Bueno; ¿y qué van ustés a hacer?
IGNACIA.—¿Qué quiere usté que hagamos? ¡Ir esta tarde a la Pradera!
(_Con resolución._)
ISIDRA.—Sí, señor; y bailar yo con quien se me antoje. ¡Pus no faltaba
más!
MATÍAS.—Poco a poco, poco a poco. Esta tarde no salimos de casa.
PACO.—Es lo cuerdo.
IGNACIA.—¿Que no salimos?... ¿Pero le tiés miedo?...
MATÍAS.—Mujer, es que...
IGNACIA.—¡Cobarde! ¡Gallina! ¡Ma... Matías, no me hagas desbarrar!
¿Pero es que tú gozas en que ese zángano martirice a tu hija? ¡No!
¡Esto se ha acabao, hija mía, que todavía tié tu madre uñas pa sacarle
los ojos al que quiera verte sufrir! ¡Iremos a la Pradera aunque sea
solas!
ISIDRA.—¡Sí, señora, sí!
IGNACIA.—Y bailará con quien le dé la gana; y tú, si tiés miedo, te
quedas en casa; te quitas el bigote, te pones unas enaguas, y para
cuando volvamos a ver si me lo tiés tóo fregadito. ¡Vamos, hija! (_Vase
a la casa._)
EULOGIO (_Yendo detrás de ella._) ¡Olé! usté es una persona mayor.
MATÍAS.—Pero, ¿estáis viendo?... ¡Miá que es pusilánime el seso
débil!...
PACO.—¡Va en carázteres!
JUAN.—Déjalas que vayan solas si quieren, señor; nosotros podemos
quedarnos jugando tranquilamente al mus.
MATÍAS.—¡Quita, hombre!
EULOGIO.—Pues más valía que se metieran ustés de doncellas... (_Se
sienta a trabajar._)
MATÍAS.—¡Natural, señor!... ¡Hay que ir y que sea lo que Dios
quiera!... Conque hasta luego. Que no tardéis. (_Vanse Paco y Juan por
el foro, y el señor Matías a su casa._)
ESCENA VI
SEÑOR EULOGIO
EULOGIO (_Se levanta._)—¡La Isidra peleá con Epifanio!... ¡Ha llegao
la mía! ¡Ha llegao el momento de sacar mi gallo! ¡Y poco que se va a
alegrar el pobre Venancio en cuanto sepa que la Isidra está libre!
¡Ese chico sí que la quiere! ¡Porque eso es tener cariño, lo que hace
él! Querer a una mujer con fatigas, verla con otro, como él la ve con
Epifanio, tener el gusano dentro y contentarse con venir aquí, doblar
el morro y mirar a su puerta... ¡Y es que ese chico es más tímido que
un pájaro-mosca!... Lo que tiene es que yo le quiero más que a un hijo,
y voy a hacer locuras pa que esa chica le aprecie...
ESCENA VII
SEÑOR EULOGIO _y la_ SEÑÁ IGNACIA. _La señá Ignacia sale de su casa y
empieza a descolgar algunas sillas de las que había como muestra en la
puerta._
EULOGIO.—¡La señá Ignacia! ¡Yo le hablo en favor de Venancio! ¡Esta es
la ocasión! (_Se acerca a ella._) ¡Que sea enhorabuena!
IGNACIA.—¿Está usted de chunga?
EULOGIO.—Lo que estoy es que he visto que es usté una de las madres más
maternales que hay, que no consiente usté que le tomen la cabellera a
su señora hija...
IGNACIA.—¡Y dígalo usté! Epifanio tié narices porque yo no tengo pelos
en la cara, que si no... ¡qué se había de reir ese ganso de nosotros!
EULOGIO.—¡Ahí voy! Señá Ignacia, yo les aprecio a ustés y quiero que
sepa usté una cosa que se me está pudriendo aquí dentro.
IGNACIA.—¿Qué cosa es esa?
EULOGIO.—Que eso de que no hay ningún hombre que se arrime a la Isidra
por miedo de Epifanio eso es un cuento de las mil... y pico de noches.
IGNACIA.—¿Que no es verdad? (_Con extrañeza._)
EULOGIO.—Yo conozco a uno que la quiere a cegar, y que no le tiene
miedo a nadie... más que a ella.
IGNACIA.—¿Y quién es ese?
EULOGIO.—¡Venancio!
IGNACIA.—¿Qué Venancio? ¿El panadero?
EULOGIO.—¡El mismo!
IGNACIA.—Pues no me he fijao en lo más mínimo. ¿Y la Isidra lo sabe?
EULOGIO.—De seguro que lo ha notao; pero alocá con el otro... no ha
estao pa más reparos. Y diga usté que Venancio, en cuanto al físico,
no le diré yo a usté que sea un Adonis, ni un Romeo y Julieta; pero en
lo tocante a hombría de bien, ríase usté de Guzmán el Bueno y de San
Homobono, señá Inacia...
IGNACIA.—¡Honrao creo que es!
EULOGIO.—¡Que si lo es! El año pasao, cuando tuve la pulmonía y me
encontré sin amparo y más solo que un sombrero hongo, él fué la única
persona que se me arrimó al lecho del dolor de costao y me dijo: “¡No
se apure usté, abuelo, que aquí estoy yo!...” Y esas palabras las tengo
grabás en bronce aquí dentro, y como sé que revienta por la chica, poco
he de poder u los vinculo, si usté me lo consiente...
IGNACIA.—¿Que si yo lo consiento?... ¡Sí, señor! ¡Ojalá tenga usté
poder pa eso!
EULOGIO.—¡Yo lo arreglo todo! ¿Y sabe usté cómo?
IGNACIA.—¡Chist! ¡Chist! ¡Calle usté; que sale la Isidra!
ESCENA VIII
DICHOS, ISIDRA _de la casa. Luego_ BALTASARA _en el balcón. Sale con
un lebrillo de ropa recién lavada, que tiende en las cuerdas que habrá
colocadas en la barandilla. Al sacudir y al escurrir la ropa debe oir
el público el ruido del agua que cae a la escena._
ISIDRA.—¡Pero madre, no se duerma usté, que son las once!
IGNACIA.—Pues anda, anda, ayúdame a entrar tóo esto. (_Descuelga
sillas, que va entrando Isidra._)
BALTASARA (_Sale al balcón, coge del lebrillo una de las prendas de
ropa y la sacude antes de tenderla. Cantando._)
“Las mujeres incorrutas
que se estiman por honrás...”
(_Sacude y moja al señor Eulogio, que se levanta sorprendido._)
EULOGIO.—¡Eh!... ¡Eh!... ¡Chist!... ¡Oye, tú, incorruta!...
BALTASARA.—¿Qué pasa, maestro?
EULOGIO.—Na; que u sacudes pa otro lao, u me compras un impermeable;
¡tú verás!...
BALTASARA.—¡Estaría usté mu feo con el hule! (_Vuelve a escurrir y
prende la ropa en la cuerda con un alfiler._)
EULOGIO (_Apartándose como si se sintiera mojado._)—¡Oye, tú: haz el
favor, que me estás mojando el chagrén!...
BALTASARA.—¡Ande usted, y que le den dos duros, hombre!... (_Sigue
sacudiendo y tendiendo._)
EULOGIO.—¡Na, esperaremos que pase la nube! (_Se aparta._)
BALTASARA.—¿Y qué le parece a usté mi balcón, señá Ignacia?
IGNACIA.—¡Eso estaba mirando, chica!... ¡Ni el botánico!... ¡Vaya una
de flores!
EULOGIO.—Misté la enredadora, digo, la enredadera... Cudiao que trepa,
¿eh?...
BALTASARA.—Y misté qué dos tiestos de claveles. Oye, Isidra, ¿a que no
sabes quién me los ha regalado?
ISIDRA.—¡Qué sé yo!... ¡Tiés tanto conocimiento!...
BALTASARA.—Pus, Epifanio.
ISIDRA.—Epifa... (_Movimiento de contrariedad._) ¡Caramba, qué
suerte!... (_Con fingida sorna._)
BALTASARA.—Supongo que no te enfadarás, porque yo sentiría...
ISIDRA.—¿Yo?... ¡Como si te quiere regalar la quinta del Atanor!...
BALTASARA.—Chica, yo no quería admitirlos; pero como me han dicho que
habíais roto...
IGNACIA.—¡Claro, has recogío tú los tiestos!
BALTASARA.—¡No, y luego, créame usté, que lo sentí... porque tuve que
oir lo que quiso hablar!... ¡y anda diciendo unas cosas de ti, que
chica!...
ISIDRA.—¿De mí? ¿Qué dice de mí? (_Con energía._)
IGNACIA.—¿Qué es lo que tié que decir de mi hija?...
BALTASARA.—¡Pero no se sofoquen ustés, caramba! ¡Si yo lo sé! ¡Vaya,
hasta otro rato! (_Entra y cierra el balcón._)
EULOGIO.—¡Adiós, cinematógrafo!
IGNACIA.—¿Pero está usté oyendo? ¡Le digo a usté, señó Eulogio, que
debía venir la viruela!...
EULOGIO.—Pero, ¿qué adelantábamos, si esa está revacuná?
IGNACIA (_A la Isidra que llora en silencio y se limpia las
lágrimas._)—¡Oye... tú! Pero, ¿qué haces? ¡Pus no está llorando!...
¡Pero Isidra!...
ISIDRA.—¡Déjeme usté, madre, déjeme usté!...
IGNACIA.—Pero, ¿ve usté?...
EULOGIO.—Pero, ¿qué quié usté que haga la infeliz?... ¡Vamos, que si
fuera hija mía!... ¡Na, que le digo a usté, señá Ignacia, que su marido
de usté es de clases pasivas! ¡Si ésta me tocara lo más mínimo... tiros
había aquí!...
IGNACIA.—¡Y tú ten formalidad algún día, y olvida ya de una vez a esa
mala peste de hombre!... ¡Olvídalo!...
ISIDRA.—¡No quiero!... ¡No quiero olvidarlo... pa no dejar de
aborrecerlo!... ¡Si yo no lloro por él!... ¿A mí qué? Si es la hiel y
la rabia, que me ahogan de pensar que no tengo quién me defienda...
EULOGIO.—¡Pero ven acá, so lila! Si tú has despreciao a tóos los que
te se han arrimao... ¿quién va a defenderte? ¿U es que quieres que te
defiendan por teléfono?...
ISIDRA.—Los he despreciao, porque yo he querido a ese hombre a cegar y
no podía querer a otro, pero hoy...
EULOGIO.—Hoy, ¿qué?
ISIDRA.—Créame usté, señó Ulogio, que hoy le haría caso al que se
me acercara, a cualquiera que pase, al primero que llegue... (_Con
energía._)
ESCENA IX
DICHOS _y_ VENANCIO _por el foro. Sale con la cesta del pan a la
cabeza._
VENANCIO.—¡Buenos días! (_Las ve y se queda parado._)
IGNACIA.—(¡Él!) ¡Buenos días, Venancio!
EULOGIO.—(¡Anda, Dios, qué oportunidad!) (_A Isidra._) ¿Conque al
primero que llegue?
ISIDRA.—¡Qué sé yo! ¡Pué que sí!... (_Entra en su casa._)
IGNACIA (_Siguiéndola._)—¡Lástima de hija!
EULOGIO.—(¡Cosa hecha!) (_Se sienta a trabajar._)
VENANCIO.—¡Ni me ha mirao! (_Deja la canasta en el suelo y queda
mirando a la puerta de Isidra._)
ESCENA X
DICHOS _y_ VENANCIO
EULOGIO (_Después de una pausa._)—¿Qué?... ¿Se sabe si se han nivelao
ya los presupuestos?
VENANCIO.—¡Qué sé yo!... ¡Señó Ulogio, yo no sé qué tié esa mujer para
mí! ¿Usté ve que la he visto?... ¡Misté cómo me he quedao!
EULOGIO (_Le toca la mano._)—¡Frapé!...
VENANCIO.—¡Un mármol!
EULOGIO.—¡Anda, siéntate, marmolillo!...
VENANCIO (_Dándole un pan._)—Tome usté lo suyo, que me falta repartir
en dos u tres casas todavía.
EULOGIO.—No tengas prisa, hombre, que tenemos que hablar tendidamente.
VENANCIO.—Nosotros... ¿De qué?...
EULOGIO.—¡Pus... de ella!
VENANCIO (_Con rapidez._)—¿De ella?... ¿Qué?... ¡Ande usté!...
EULOGIO.—¡Venancio, vamos claros! ¿Tú deseas reirte de las aves que
topan?
VENANCIO.—¿Yo?... Bueno, explíquese usté mejor, porque...
EULOGIO.—¿Tú quieres a la Isidra?...
VENANCIO.—¿Quererla? ¡Es poco! Más que eso, señó Ulogio, ya lo sabe
usté...
EULOGIO.—Entonces, claro, con ese genio que tienes estás aguardando
a que la chica un día se enfade, te saque de tu casa y te deposite
judicialmente... ¿verdad?
VENANCIO.—Yo callo... porque... porque sé lo que es el mundo.
EULOGIO.—¿Tú?... ¿Tú qué vas a saber? ¡Tú eres un mixto de pardillo y
jilguero! ¡El mundo!... ¿Quieres saber lo que es mundo?... ¡Pues oye,
y sácate una copia! El mundo, Venancio, en lo referente al amor, es
talmente una zapatería: la juventuz es el escaparate, las mujeres son
el calzao y el hombre, el parroquiano. Las mujeres, como el calzao,
ca una tié una piel distinta... las tiés dende becerro (que Dios nos
libre), hasta el charol más fino y reluciente. Ahora, que la mujer es
un calzao que tié el defezto de que no lo hacen a la medida. ¿Qué tié
que hacer el hombre?... Pues mirar por el escaparate y escoger a ojo,
y decir aquel calzao es el mío, y entrar y disputárselo al _sursum
curda_... ¿Me entiendes?... Bueno, tú has encontrao lo que te gusta,
pues entra a cogerlo, cuéstete lo que te cuéstete, y cásate pronto,
porque mira, chico, el hombre que no se casa, u sea el que no va calzao
como Dios manda, tié que andar con chanclas toa su vida... y pa eso más
vale que te coja un Miura, crémelo.
VENANCIO.—¡Pero es que ese calzao que usté me aconseja es de una piel
mu fina para mí!
EULOGIO.—¡Quita, primo! ¡La Isidra te está que ni pintá! ¿Y sabes por
qué?
VENANCIO.—¿Por qué?
EULOGIO.—¡Porque te la he puesto yo en la horma!
VENANCIO.—Pero, ¿qué está usté diciendo?
EULOGIO.—Que la he hablao de ti y que te espera. ¿Lo quiés más claro?
¡Y que es preciso que la hables en seguida!
VENANCIO.—¿Yo?... Pero... ¡usté me está volviendo tarumba, señó Ulogio!
¿Ella a mí?...
EULOGIO.—¡Sí, señor!... ¡Lo de Epifanio se ha acabao, y vas a hablarla,
pero, cómo, ahora mismito! ¡Voy a llamarla!
VENANCIO.—¡No! ¡Eh! ¡Estese usté quieto!... ¡Ahora no! ¿Qué voy a
decirla yo ahora? (_Deteniéndole._)
EULOGIO.—¿Que qué vas a decirla?... Pues te arrimas a ella y la viertes
estas frases en la oreja izquierda: “Isidra, aquí dentro tengo un
corazón pa usté, y allá arriba un cuartito y un pedazo de pan pa los
dos: ¿usté gusta?”
VENANCIO.—¿Y si me dice que no tié gana?
EULOGIO.—¡La das un _vermú_; miá tú éste! Además, ¡hoy la pués caer en
gracia!
VENANCIO.—¿Cómo?...
EULOGIO.—Regalándole, como obsequio, por su santo, dos tiestos de
claveles iguales que aquellos. (_Señala al balcón de la Baltasara._)
VENANCIO.—¿Pa qué?
EULOGIO.—Tú obedece y calla, que yo me entiendo, y aguarda, que voy a
llamarla.
VENANCIO.—¡No! (_Deteniéndole._) ¡Por Dios!... ¡Hoy no! ¡No la llame
usté, que no tendría valor!... ¡Otro día!...
EULOGIO.—¡Qué otro día!... ¡Ahora mismo!... (_Llamando._) ¡Isidra!...
VENANCIO.—¡No! ¡Por Dios! ¡Que si me la veo delante me muero! ¡No!...
EULOGIO.—¡Tú te callas!... ¡Isidra!... (_Volviendo a llamar._)
VENANCIO.—¡No!
ESCENA XI
DICHOS. ISIDRA, _de la casa._
ISIDRA (_Saliendo._)—¿Qué quié usté?
VENANCIO (_Azoradísimo._)—(¡Ella! ¡Me ha perdido!) (_Empieza muy
nervioso a hacerse nudos en los picos de la blusa y a retorcerlos._)
EULOGIO (_A Isidra._)—¡Ven! Haz el favor... coge de aquí. (_De un pico
de la blusa de Venancio._)
ISIDRA.—¿Yo? (_Con extrañeza._)
VENANCIO.—Pero, hombre... que...
EULOGIO.—¡Coge, mujer... coge de aquí... (_Isidra lo coge._) y no
sueltes hasta que éste te diga una cosa que quié decirte!...
ISIDRA.—¿A mí?
VENANCIO.—¡No!... Pero si yo... no la...
EULOGIO.—¡Revienta de una vez, hombre! Conque arreglarsus. (_Yéndose._)
¡La primera vez de mi vida que he hecho de cimbel! (_Entra en la casa._)
ESCENA XII
VENANCIO _e_ ISIDRA
ISIDRA (_Después de una pausa, durante la cual Venancio la mira a
hurtadillas, sin atreverse a hablarla._)—¡Pues tú dirás! (_Soltándole
la blusa._)
VENANCIO (_Muy azorado, soplando por el sofoco y limpiándose el
sudor._)—No... si yo... es que la...
=Música=
ISIDRA
Anda, y desembucha
lo que has de decir.
VENANCIO
Dispénsame, Isidra;
tengo un nudo aquí.
ISIDRA
Desátalo y habla.
VENANCIO
Si no puede ser.
ISIDRA
¿Por qué?
VENANCIO
Porque... ¡Vamos,
no digo el por qué!
ISIDRA
Cuando el hombre no es hombre de veras,
y hablar con mujeres
le da desazón,
pues... se debe dir a las afueras
y andar con los chicos
jugando al peón. (_Va a marcharse._)
VENANCIO
Oye, espera un momento si quieres,
que voy a decirte...
¡que tienes razón!
Aunque yo, pa las otras mujeres,
no soy tan cobarde
ni soy tan melón.
ISIDRA
Pues vete con ellas.
VENANCIO
Si no quiero dir.
ISIDRA
Pues habla en seguida.
VENANCIO
¡Lo voy a decir!
Isidra, yo siento
fatigas...
ISIDRA
¿Por qué?
VENANCIO (_Acobardándose._)
Por... nada. ¡Recontra!
¡Ya me atraganté!
VOZ (_Dentro._)
¡Buenos tiestos de claveles dobles!
VENANCIO
¿Te gustan los claveles?
ISIDRA
¡Pues ya lo creo!
VENANCIO
Si yo te los regalo,
¿me harás un feo?
ISIDRA
No tengo esa costumbre.
VENANCIO
¡Bendita seas!
Voy a escape por ellos
para que veas.
ISIDRA (_Deteniéndole._)
Espera un poco.
¿Qué voy a ver?
VENANCIO
Pues que yo... ¡Vaya,
que no pué ser!
ISIDRA
Maldigo y reniego
de tu cortedad.
¡Un hombre que calla
no sirve pa na!
VENANCIO
Las palabras, aquí se me anudan.
Maldigo y reniego
de mi cortedad.
¡Que no sepa decir lo que siente
un hombre que sabe
querer de verdad!... (_Isidra va a marcharse._)
Espérate un poco.
ISIDRA
Ya no hay ocasión.
VENANCIO
En cuatro palabras
está la cuestión.
ISIDRA
Pues dilas.
VENANCIO
Que tengo
deseos...
ISIDRA
¿De qué?
VENANCIO
¡De... nada! ¡Recontra!
¡Ya me atraganté!
VOZ (_Dentro._)
¡Buenos tiestos de claveles dobles!
ISIDRA (_Riéndose._)
El de los claveles
se va por allí.
VENANCIO (_Decidido._)
¡Pues voy a traerlos,
pa que hablen por mí!
(_Vase Venancio corriendo por el foro y la Isidra se mete en su casa._)
ESCENA XIII
EULOGIO, EPIFANIO _y el_ ROSCA
=Hablado=
EULOGIO (_De la casa._)—¿Qué habrá pasao? ¡Se han ido! ¡No se ve a
naide! Digo, ¡contra!... ¡Epifanio viene!... (_Se sienta a trabajar._)
EPIFANIO (_Por el foro._)—A éstos... (_Señalando la casa del sillero._)
les estropeo yo la merienda esta tarde.
ROSCA.—No te ofusques, Epifanio, no te ofusques, y deja ya a la Isidra,
porque de esa no has sacao ni sacarás... ¡pero que ni agua!
EPIFANIO.—Ya sé que no he sacao na; pues ese es mi coraje... ¡Pero yo
te juro que no me voy de rositas!
ROSCA.—¡Epifanio!
EPIFANIO.—¡Rosca... al Retiro! (_Vase Rosca a la taberna. A Eulogio._)
Oiga usted, maestro: ¿sabe usted, por una casualidaz, si ha salido la
Isidra?
EULOGIO.—¿La Isidra?... No sé... digo, sí, hombre; ahora que me
acuerdo... hace un rato que la he visto ahí en la puerta hablando
con su novio. (_Epifanio hace un aspaviento de asombro, que asusta a
Eulogio._)
EPIFANIO.—¿Con su qué?...
EULOGIO.—¡Con su novio! ¡Con ese chico que la habla ahora!
EPIFANIO.—Pero, ¿cuálo?
EULOGIO.—¡Ese chico... Venancio! ¡El panadero ese!... ¡Na!...
EPIFANIO.—¿Conque ese?...
EULOGIO.—¡Creo que sí! Y no tardará... porque me parece que ha dicho
que se iba a comprarla dos tiestos de claveles. ¡Na, tonterías! ¡Na!
(¡Toma soga!) (_Entra en la casa._)
ESCENA XIV
EPIFANIO _y_ VENANCIO
EPIFANIO.—¡Anda, Dios! ¿Conque Venancio se ha atrevido? ¡Pues na, que
le perniquiebro un brazo en cuanto le vea! ¡Digo, ni pintao! ¡Por allí
viene! ¡Y con los claveles! ¡Se la gana! (_Se oculta en la esquina de
la tienda._)
VENANCIO (_Sale muy risueño cargado con un tiesto de claveles._)—¡No
los llevaba mejores! ¡Cuando los vea! (_Se acerca a la casa a llamar._)
Isi... (_Se detiene al ver a Epifanio, que adelanta sonriendo con
sorna._) ¡Anda el otro! (_Tratando de ocultar el tiesto._) ¿Qué hago yo
con esto ahora?
EPIFANIO.—¡Chist! ¡Pollo!
VENANCIO.—¿Qué?
EPIFANIO.—¡Que se ve un capullo!
VENANCIO.—No importa.
EPIFANIO.—¿Y dónde va usted con tanto reventón?
VENANCIO.—Donde me parece.
EPIFANIO.—¡Chist! (_Le detiene poniéndole la contera del bastón en la
cara._) Caramba, joven, ¿sabe usté que me han engañao?
VENANCIO.—¡No sé nada!
EPIFANIO.—Pues me han engañao, porque me habían dicho que era usté un
cachorro de lanas, y veo que no, que usté es ratonero.
VENANCIO.—Yo... soy un hombre que no quié meterse con nadie... eso es
lo que soy.
EPIFANIO.—¡Un hombre! ¿Y a usted le hacen mucha falta las muelas, joven?
VENANCIO.—¡Regular!
EPIFANIO.—¿Y qué haría usté si yo le extrajera unas varias? ¿Llorar?
(_Con guasa._)
VENANCIO.—Misté, déjeme usté en paz, señor Epifanio, que yo no me he
metío con usté para nada.
EPIFANIO.—¿Que no se ha metío usté conmigo? ¡So tórtola! ¿Y se dirige
usté a la Isidra sabiendo que es cosa mía?
VENANCIO.—¡Yo no sabía eso!
EPIFANIO.—¡Pues sépalo usté! Esa joven está prohibida... (_Aparecen en
las puertas respectivas Eulogio e Isidra, y quedan ocultos oyendo el
resto de la escena._)
VENANCIO.—Eso lo veremos.
EPIFANIO.—¡Ya está visto! Por lo tanto se lleva usté ese tiesto a su
casa y se lo regala usté a la portera.
VENANCIO.—¡Usted me dispense, pero este tiesto es pa la Isidra! (_Con
energía._)
EPIFANIO.—¡Quiá!
VENANCIO.—¡Es para ella!
EPIFANIO.—¿Para ella? ¡Tire usté eso! ¡So primo! (_Se lo tira de dos
manotazos._)
VENANCIO (_Furioso._)—¡¡A mí!! (_Va a abalanzarse a Epifanio._)
ESCENA XV
DICHOS, ISIDRA _y_ EULOGIO
ISIDRA (_Salen y detienen a Venancio._)—¡Venancio! ¡No!
EPIFANIO (_A Isidra, señalándole los claveles que están en el
suelo._)—¿Los ves? (_Riendo._) ¡Porque eran pa ti! (_A Venancio._) ¡So
párvulo! (_Entra riendo en la taberna._)
ISIDRA.—¡Ladrón! (_Con furia entra en su casa._)
VENANCIO (_Casi llorando de coraje se abalanza a la mesa del zapatero y
coge la cuchilla._)—¡Le parto el alma!
EULOGIO.—¡Venancio! (_Sujetándole._)
VENANCIO.—Le parto el corazón, suélteme usté. (_Forcejea._)
EULOGIO.—¡Quieto!
VENANCIO.—¡Suélteme usté, suélteme usté, señó Eulogio, u no respondo!
EULOGIO.—¡Chist! Que viene gente. ¿No oyes? ¡Quieto ahora! ¡Ya le
buscaremos!
VENANCIO.—¡Sí, pa matarlo! ¿eh?
EULOGIO.—¡Pa lo que quieras! (_Le entra en la casa a empujones, después
que luchan y forcejean._)
ESCENA XVI
JUAN _el Migas_; PACO _el Curial_; _la_ SEÑORA JUSTA, CORO GENERAL DE
CONVIDADOS. _Después_ MATÍAS, IGNACIA _e_ ISIDRA. _Luego_ EPIFANIO _y
el_ ROSCA. _Al fin_ EULOGIO _y_ VENANCIO.
=Música=
CORO (_Dentro._)
Alegre es la mañana
y hermoso el día:
hoy va a ser cosa buena
la romería.
¡Vamos allá!
y el que no se divierta
tonto será.
MUJERES
Veréis cómo la Isidra
tarda una hora.
HOMBRES
Es que ella nunca ha sido
madrugadora.
MUJERES
Y se estará poniendo
la ropa nueva,
pa bailar en el santo
si hay quien se atreva.
HOMBRES
¡Pues no ha de haber!
MUJERES
Silencio, que eso pronto
lo hemos de ver...
JUAN _y_ PACO
Vamos, señor Matías,
anden ligeros,
que esperan aquí todos
los compañeros.
ISIDRA (_Dentro._)
Ahora mismo salimos.
MATÍAS (_Ídem._)
Voy en seguida.
(_Sale Isidra con pañolón de Manila._)
HOMBRES
¡Olé las buenas mozas!
MUJERES
¡Qué bien vestida!
ISIDRA
Aquí estoy preparada y dispuesta
pa dir a la fiesta
con todos ustés,
y ande ya porque estoy deseando
pasarme bailando
dos horas u tres.
HOMBRES
Pues por nosotros
no ha de quedar;
pero Pifanio
se va a enfadar.
ISIDRA (_Con coraje._)
Que nadie diga
nada de ese hombre,
porque no quiero
que me lo nombren.
CORO
(¡Qué modo de engañar,
qué bien hace el papel!
¡No quiere confesar
que la ha dejado él!)
IGNACIA (_Saliendo. Lleva también pañuelo de Manila._)
¡Hola, señores!
MATÍAS (_Saliendo._)
Muy buenos días.
CORO
¡Señora Ignacia!
¡Señor Matías!
MATÍAS
Si estamos todos
vamos allá;
que si no el santo
se enfadará.
TODOS
Alegre es la mañana
y hermoso el día;
hoy va a ser cosa buena
la romería.
(_Al empezar el desfile salen de la taberna Epifanio y el Rosca._)
EPIFANIO
¡Un momento!
(_Deteniendo a todos._)
ISIDRA
¿Qué quieres?
EPIFANIO
Con tu licencia,
tengo que hacer a éstos
una advertencia.
MUJERES (_A los hombres._)
Ya está Epifanio
provocativo.
HOMBRES (_A ellas._)
Como le falte
le como vivo.
EPIFANIO (_Con mucha calma._)
¿Por qué se van ustedes
a la Pradera
y a mí no me convidan?
ISIDRA
Pues bueno fuera.
EPIFANIO
Están ustedes
en su derecho,
y que les haga
muy buen provecho,
pero tengo que darles
un consejo de amigo.
¡Que esa chica no baila
más que conmigo! (_Por Isidra_)
MATÍAS (_Furioso._)
Bailará con quien quiera.
¡Pues no faltaba más!
Y aquí está quien te come
los hígados, si vas.
EPIFANIO
Usté debe callarse,
señor Matías,
porque son estas cosas
suyas y mías.
Conque, señores,
digo, lo dicho;
al que esta tarde
tenga el capricho
de sacar a la Isidra,
nada más que una vez,
allí mismo, ¡por éstas!
le rebano la nuez.
IGNACIA (_Furiosa._)
¡Tú rebanas muchos
pedazos de pan!
¡Canalla, granuja,
boceras, charrán!
(_A los hombres._)
De tantos mozos
como hay aquí,
¿nadie rechista?
¿Qué hacéis así?
¿Es que no hay un hombre
de veras, u qué?...
ISIDRA
¡No hay ninguno, madre;
no se canse usté!
VENANCIO (_Saliendo de la casa de la derecha con el
señor Eulogio._)
¡Servidor!
ISIDRA (_Con alegría._)
¡Venancio!
VENANCIO
Hay uno.
EPIFANIO (_Burlonamente._)
¿Tú?
VENANCIO
¡Yo!
¡Yo bailo con ella!
EPIFANIO
¡Me paice que no!
CORO
(Buena se prepara,
por lo que se ve.)
VENANCIO (_A Epifanio._)
Allí nos veremos.
EPIFANIO (_A Venancio._)
Allí te veré.
PACO
Ea, señores,
no ha pasao na;
a divertirnos
vámonos ya.
TODOS (_Yéndose._)
Alegre es la mañana
y hermoso el día;
hoy va a ser cosa buena
la romería.
¡Vamos allá!
y el que no se divierta
tonto será.
(_Se van todos, menos Epifanio y el Rosca, que quedan en medio de la
escena, y Eulogio y Venancio a la puerta de la casa de la derecha,
mirándose en actitud de reto, marchándose Epifanio y el Rosca por el
foro riéndose, y Eulogio y Venancio se meten en la casa._)
=Mutación=
CUADRO SEGUNDO
El puente de Toledo la tarde de San Isidro.
ESCENA PRIMERA
SECUNDINO
SECUNDINO.—Pues, señor, llevo un cuarto de hora arrimao a la bola,
y la Cirila sin venir. ¿Se habrá encontrao con el bruto ese del
asistente?... ¡Le tengo una _tirria_ a la tropa!... Porque ya se sabe,
el comercio y la melicia semos de lo más rivales que hay... en lo que
toca a las criadas; porque, claro, un paisano, por mucho que quiera, no
pué salir de un saqué, bien mezclilla, bien de cuadros, y los melitares
tienen el aquel del uniforme. ¡Digo! Pues si me pusiese yo un casco
con llorón de cerda, guerrera ajustá, mi pantalón de punto, mi media
bota, mi sable, mis espuelas y un puro así, y me fuese a paseo a la
plaza de Oriente, setenta y siete u setenta y ocho niñeras con pasión
de ánimo a la primera vuelta... Pero, claro, con este traje, tóo lo
más que las causo es _itericia_. Gracias que la Cirila tié un pupilaje
pa distinguir a la juventud comercial, que me río yo... Esta tarde nos
columpiamos, y la voy a dar unos _vaivienes_ en un columpio de esos que
dicen: “¡Ay, qué gusto da el mareo!”, que va a ser la descoyuntura.
¡Calla! ¡Ella! ¡Allí viene!... ¡Cirila! ¡Cirila!
ESCENA II
CIRILA, _una_ NIÑA _y_ SECUNDINO
SECUNDINO.—¡Chica, creí que no venías!
CIRILA.—¡Pus gracias que me han dejao, y miá el rabo que traigo!
SECUNDINO.—¡La niña! ¡Anda su madre! ¿Por qué no la has dejao en la
casa cuna?...
NIÑA.—¡Yo quiero ir al brazo!
SECUNDINO.—¡Cállate, chica, si no, no te compro un matasuegras!
CIRILA.—Bueno, ¿y en qué vamos a pasar la tarde?
SECUNDINO.—¡Primero te compro el pito más grande que haiga, y luego nos
columpiamos!
CIRILA.—¡Sí, eso, eso, que a mí me gusta mucho!
SECUNDINO.—Y después, ¿sabes lo que hacemos?...
CIRILA.—¿Qué?
SECUNDINO.—Nos vamos a la fotografía instantánia y nos hacemos un grupo
de cada uno, y luego uno de los tres juntos.
CIRILA.—¡Eso!... ¡Yo de busto!
SECUNDINO.—Justo; tú de busto; la niña sentá en el suelo, detrás de
ti pa que no se asuste, y yo de cuerpo entero, apoyao así, tocando
el pito, la metá de la cabeza recliná en tu busto y la otra metá de
perfil, mirándote así...
CIRILA.—¡Vamos, vamos, zaragata!... ¡No te fijes tanto, que me
enturbias la vista!
SECUNDINO.—¡Arza pa el columpio!
NIÑA.—¡Yo quiero ir al brazo!
SECUNDINO.—¡Vamos, chacha! (_La coge._) ¡Yo me columpio con niña y tóo!
(_Vanse._)
ESCENA III
PÉREZ _y_ TORRIJA, _vestido de carrero de un regimiento_
TORRIJA.—¡Mialá, por allí va!
PÉREZ.—¡Ya la he visto!... ¡Con la niña y el Secundino!... ¡Mardita sea
su estampa!... ¡So infiela!... Pero mialás: ¡si esta tarde no corre por
esa Pradera más sangre que cañamones dan por catorce pesetas... aunque
sea mala comparación, que sí lo es!...
TORRIJA.—¡Calma, ten calma!
PÉREZ.—¿Calma yo?... ¡Mardita sea mi suerte, si no cojo a ese hombre
y hago un triple asesinato con él solo!... ¡Mardita sea la!...
(_Yéndose._)
TORRIJA.—¡A éste le va a perder el carácter! (_Vanse._)
=Mutación=
CUADRO TERCERO
La Pradera de San Isidro el día del Santo. A la derecha un
merendero rodeado de mesas y banquetas. A la izquierda un columpio
que juega. En primer término, al mismo lado, mesas y banquetas
de otro merendero supuesto. Puestos de vendedores ambulantes,
«Tíos vivos», barracones de figuras de cera, etc., etc. Corros
de gente merendando, bailes, romeros que van y vienen. Animación
extraordinaria.
ESCENA PRIMERA
_Preludio en el que suenan mezclados los estrepitosos ruidos de la
fiesta, organillos, murgas, redobles de tambor, voces, gritos de
vendedores, algazara de la gente, etc., etc._
=Música=
CORO
Con tres o cuatro orquestas
de varias clases,
pueden bailarse a un tiempo
polkas y valses,
y con tanto barullo,
con tanto ruido,
nos alegramos todos
de haber venido.
ESCENA II
CIRILA, SECUNDINO _y la_ NIÑA _comiendo rosquillas_
=Hablado=
CIRILA (_Con un pito grandísimo, rodeado de flores de papel._)—¡Pero
miá que es hermoso! (_Le toca._)
NIÑA.—¡Yo quiero un pito grande, como ese!
SECUNDINO.—Cuando seas mayor.
CIRILA.—Bueno, y ahora nos columpeamos.
SECUNDINO.—¡Mira, mira, ahora bajan de ese columpio!
CIRILA.—¡Pus anda, vamos nosotros!
SECUNDINO.—Yo me subiré primero, y me das la niña. (_Se sube._) ¡Ajajá!
¡Venga la chica!
CIRILA.—¡Toma! (_Suben a la Niña._)
NIÑA.—¡Y cuando yo diga, das tocino!
CIRILA.—¡No, si yo voy a subir también! ¡Dame la mano! (_Va a subir._)
ESCENA III
DICHOS, PÉREZ _y_ TORRIJA
PÉREZ (_Sale y detiene a Cirila._)—¡Arto!
CIRILA.—¡María Santísima! ¡Pérez!
SECUNDINO.—¡Uy, el asistente!
PÉREZ.—¡Venga usté acá, fregatriz adurterina!
CIRILA.—¡Haga usté el favor de retirarse, que no tengo ganas de
conversación!
SECUNDINO.—¡Oiga usté, melitar, u deja usté a la señora, u bajo!
PÉREZ.—¡Anda con él, Torrija! (_Torrija empieza a mover el columpio, y
cada vez que Secundino quiere bajar le da un palo en las piernas._)
SECUNDINO.—¡Eh!... ¡Chist!... Pero ¡eh!... ¡Pare usté!... ¡Que me pare
usté! ¡Eh!
NIÑA (_Muy contenta._)—¡Tocino! ¡Tocino! (_Palmoteando._)
CIRILA.—¡Por Dios, la niña!
PÉREZ (_Cogiéndola de un brazo._)—¡Venga usté acá, sirena
corrompida!... ¿A osté le parece bien puesponerme a mí a esa lamprea
urtramarina?...
SECUNDINO.—¿Lamprea? ¿Yo?... ¡Pare usté!...
TORRIJA (_Dándole más fuerte._)—¡Quieto!
NIÑA.—¡Tocino! ¡Tocino!
CIRILA.—¡Tú tiés la culpa!
PÉREZ.—¿Yo?... ¡Infiela!... ¡Lo sé todo! ¡Sé lo de tu señorito, que me
lo acaban de contar!
CIRILA.—¿Quién?
PÉREZ.—La Vicenta.
CIRILA.—¿Esa golfa?
PÉREZ.—Sí, señora; que está allí en aquel grupo, y te lo dirá en tu
cara.
CIRILA.—¿A mí ese pingo?... ¿Y está allí?... ¡Vamos a ver, si me lo
dice la arranco el moño! Aguarda un rato.
SECUNDINO.—¡No! ¡Eh! ¡Chist! ¡Pararme! ¡No te vayas, Cirila!
PÉREZ.—¡Tenga osté a la niña, que en seguía volvemos! (_Torrija le da
más fuerte, y vanse corriendo._)
SECUNDINO.—¡No! ¡Eh!... ¡Chits!... ¡Melitar!... ¡Se van!
NIÑA.—¡Tocino! ¡Tocino!
SECUNDINO.—¡Eh, pararme, pararme! ¡Eh, buen hombre, haga usté el favor!
(_A un paleto que pasa._) ¡Haga usté el favor, por Dios!
PALETO.—¿Que dé con más juerza?... ¡Güeno! (_Le da más fuerte al
columpio y se va._)
SECUNDINO.—¡No, eh, por Dios, que no era eso!... ¡Amigo!... ¡Chits!...
¡Oiga usté!... (_A un romero que pasa._)
ROMERO.—¡Esos de pueblo no saben! ¡Verá usté yo! (_Le da más fuerte y
vase._)
SECUNDINO.—¡No, si no es eso! ¡Eh! ¡Chits!... ¡Y yo ya no los veo!...
(_Para el columpio._)
NIÑA.—¿Pero no nos dan tocino?
SECUNDINO.—¡La morcilla es lo que nos debían de dar! ¡Infames!... ¡Se
la ha llevao! (_Bajan_.) ¡Vamos, chica!
NIÑA.—¿Vamos por rosquillas?
SECUNDINO.—¡Por tripas de melitar! ¡Cirila!... ¡Cirila!... ¡Y haberla
comprao este pito pa eso!... (_Vase corriendo. Se lleva la Niña al
brazo._)
ESCENA IV
_La orquesta toca parte del pasacalle, y a los últimos compases salen_
PACO EL CURIAL, _que va delante con la guitarra al hombro; detrás
varios con cestas y botas de vino, otros con bandurrias y guitarras,
detrás las mujeres palmoteando y riendo, y a lo último_ JUAN, LA SEÑÁ
JUSTA, ISIDRA, IGNACIA _y el_ SEÑOR MATÍAS, _con cestas y líos. Coro
general._
=Música=
TODOS
Alegre es la mañana
y hermoso el día;
hoy va a ser cosa buena
la romería.
¡Vamos allá!
¡Y el que no se divierta
tonto será!
=Hablado=
PACO.—¡Alto... ar!...
IGNACIO.—Bueno; ¿nos quedamos aquí?
PACO.—Yo creo que aquí, porque como barullo, es donde hay menos barullo.
TODOS.—¡Sí, sí! ¡Aquí, aquí!
MATÍAS.—Pues vengan las cestas. (_Se las llevan._)
MUCHACHA.—Traer la comba.
UNO.—¿Quién quiere columpiarse?
VARIOS.—¡Yo... yo!... (_Saltan, juegan, se columpian, etc._)
MATÍAS (_A Paco._)—Oye, Paco: tú que eres de la curia, recomiéndales a
ellas y a ellos que usen del mayor tiento en juegos y demás.
PACO.—No tenga usté cuidao, que yo les hablaré individualmente uno por
uno a cada cual. Por de pronto examinaré las botas. Esta parece que
rezuma. (_Se empina la bota y bebe._)
JUSTA (_A la señá Ignacia._)—¿Pero no ve usté a mi marido?... ¡Ya
empieza! (_Interrumpiéndole._) Pero, ¿qué haces?
PACO (_Muy enfadado._)—¡No me cortes la acción, señor, que es muy
dañino, hombre! (_Bebe._)
IGNACIA.—¡Déjelo usté!
JUSTA.—¡No quiero que abuse!
PACO.—¡Si por eso no quió llevarla a ningún lao! ¡Esta es como los
baños del Molar!... ¡No sirve más que pa quitar el humor! (_Se va
bebiendo. Bajan varios invitados hablando._)
CONVIDADO 1.º—¡Que te digo que esos mansos, a lo mejor, dan un
chasco!...
CONVIDADO 2.º—¡Yo te digo que no, vaya! ¡A que no viene el panadero!...
CONVIDADO 3.º—¡Pué que venga!
CONVIDADO 2.º—¿Quién se quiere jugar cinco duros a que no viene?
ISIDRA (_Que ha estado oyendo, se acerca._)—¡Yo! ¡Yo juego esos cinco
duros!
CONVIDADO 2.º—¿Contra qué?
ISIDRA.—¡Contra esto! (_Se quita el mantón de Manila y se lo tira a la
cara._)
CONVIDADO 2.º (_Devolviéndoselo._)—¡No quió que te vuelvas a cuerpo!
ISIDRA.—¡Si lo jugara por ti, puede!... ¿Quiés tener el gusto de bailar
conmigo el primer baile?... ¿A que no?...
CONVIDADO 2.º—¿Que no?... Dí tú que no puedo, porque estoy comprometido
con... con... ésta creo que es...
UNA.—¡Conmigo, no!
CONVIDADO 2.º—¿No?... ¡Bueno, ya no me acuerdo!... ¡Pero yo estoy
comprometido con alguien!
ISIDRA.—¡Con el miedo! ¡Gallina! (_Despreciándolo. Vanse los
invitados._)
IGNACIA.—¡Por Dios, Isidra, no te exaltes ni te sofoques!
MATÍAS.—¡Ten cachaza, Isidra, ten cachaza! Y ya que hemos hecho la
burrá de venir, mucho cudiao, porque tengo a Epifanio detrás de las
orejas.
VOCES.—¡Aquí... aquí!...
IGNACIA.—¿Qué es eso?
TODOS.—¡Bravo! ¡Bravo!
JUSTA.—¡Un organillo! ¡Ya hay organillo!
TODOS.—¡A bailar! ¡A bailar!
MATÍAS.—¡El baile! ¡Ya me ha entrao escalofrío!
UNO.—¡Venga ya, señor Paco!
PACO.—¡Ahí va el agua! (_Empieza a tocar y bailan todos, quedando
sentados el señor Matías, la Ignacia, la Justa y Juan en un lado.
Isidra, sola, separada del grupo, en otro._)
IGNACIA.—¡Ven aquí, chica!
ISIDRA.—¡Estoy bien, madre!... ¡Me he puesto aquí pa ver si se fija
algún hombre en que estoy de non!
ESCENA V
DICHOS, EPIFANIO _y el_ ROSCA _aparecen en lo alto de una rampa del
foro. Paco, el Curial, que es el que toca, al ver a Epifanio, va dando
al manubrio cada vez más despacio, y las parejas, asombradas, bailan
con mayor lentitud._
ISIDRA.—¡Él!
MATÍAS.—¡Anda la órdiga! ¡Ya está aquí!
IGNACIA.—¡Maldito sea!
JUSTA.—El bólido. (_Bebe. Calla el organillo y cesa el baile, quedando
cogidas las parejas._)
EPIFANIO (_Al Rosca._)—Anda, ¡pus no han parao!
ROSCA.—Te tién pánico.
EPIFANIO.—Hombre, por Dios, señores, sigan ustés, que no me molesta.
MATÍAS.—Toca, Paco. (_Toca y sigue el baile._)
EPIFANIO (_Dirigiéndose a la Isidra._)—¿Se quié usté dar dos vueltas,
niña?
ISIDRA.—¡Me dan nausias!
EPIFANIO (_A la señora Ignacia._)—¿Y usté, joven?
IGNACIA.—¡Vaya usté y que le ahorquen!
EPIFANIO.—¡Está bien! (_Al señor Matías._) ¿Y usté, pollo?