CAPÍTULO ÚLTIMO.

No por vanidad de autor, sino, únicamente, con el fin de que pueda

saberse que en Puerto Rico llegó a formularse un proyecto para organizar

la enseñanza musical en debida forma, reproducimos, como apéndice de

este libro, las Bases que, en noviembre de 1898, presentáramos, después

de haber sido sancionadas por los maestros Gutiérrez, Arteaga, Chavier,

Dueño Colón, Anita Otero, Verar y otros más, a la consideración del

entonces Secretario de Fomento, Don Salvador Carbonell, y que, aceptadas

en principio por éste, no llegaron a cristalizarse en Ley, porque las

circunstancias especiales del cambio reciente de nacionalidad,

reclamaron la atención de los legisladores en asuntos de carácter más

urgente.

He aquí el proyecto:

_Bases que para la organización general de la enseñanza de la Música, en

Puerto Rico, presenta el Profesor que suscribe a la consideración del

Hon. Secretario de Fomento._

_PREÁMBULO._

Las artes, esas sibilas que, en todos los tiempos descubren con todos

los atractivos de la belleza los misterios del alma porque representan

todos los sentimientos; esas inspiraciones de todos los siglos que,

después de glorificar al hombre privilegiado que las cultiva,

engrandecen a las naciones, las hermanan y conservan su memoria cuando

el tiempo las borra de la faz de la tierra; las artes, repito,

constituyen uno de los principales elementos en el desarrollo de la

cultura de los pueblos.

Hijas del pensamiento de la Divinidad, hablan sólo a las almas; para

todas tienen consuelo y son, en la historia del mundo, una cadena que

enlaza los pueblos y las civilizaciones, las ideas y los sentimientos.

Su influencia es directa y, aunque diferentes en la forma, todas tienden

a un mismo fin, todas pueden llegar a producir análogos efectos.

Careciendo de los conocimientos necesarios para tratar de ellas en

general, me limitaré a estudiar, con arreglo a mis facultades, el estado

en que se encuentra la enseñanza del arte musical en Puerto Rico,

sintetizándolo, cuanto me sea posible, en este preámbulo, ya porque no

debe ser muy extenso, ya también, porque no hace mucho tiempo, publiqué

en _El Diario Popular_, de Mayagüez, una serie de artículos, sobre el

mismo tema y no quiero pecar de repetido.

La música, ese hermoso lenguaje del alma, que nació con el primer hombre

y perfeccionándose con él, ha llegado a su mayor grado de apogeo, ha

creado una sociedad universal, ha puesto en comunicación a las más

apartadas regiones, ha dado medios de desplegar todos sus encantos a la

pintura, escultura y arquitectura escenográficas y ha venido a

constituir una verdadera necesidad, lo mismo en las capitales más

civilizadas, que en los pueblos y caseríos más apartados.

Su estudio, al parecer sencillo, requiere, aparte del temperamento

especial, una serie de sacrificios y una lucha tal de dificultades que

no todos pueden vencer; porque para ser un buen músico, un verdadero

artista, no basta vencer las mayores dificultades del instrumento, pues

eso que es puramente mecánico, sólo manifiesta ciertas disposiciones

ejercitadas con empeño y perseverancia, pero nunca ingenio y reflexión;

y el artista, que debe ser instruído, debe haber reflexionado mucho

sobre su arte, debe conocer los objetos que se propone imitar; en suma,

debe presentir los efectos que pueda causar, pues de otro modo, nunca

será más que un autómata que trabaja, salga lo que salga, y, falto de

principios, no podrá estar seguro de acertar y complacer.

Entre nosotros existe una disposición privilegiada para el cultivo de la

música, pero, en los dieciocho años que llevo dedicados a la enseñanza,

en distintas poblaciones de la Isla, he podido apreciar que, en general,

no marcha por la senda de la escuela moderna.

Muchas son las causas y creo haberlas indicado en una carta que dió a la

publicidad _La Balanza_, cuando el señor Segura Villalba trataba de

fundar el Instituto Musical que tan poca vida obtuvo.

Prescindiendo de las otras, dos son, en mi concepto, las más

principales. Una, la falta absoluta de un plan determinado de enseñanza;

otra, el desamparo moral y material que ha tenido, hasta hace muy poco

tiempo, por parte de los poderes encargados de proporcionar al pueblo su

educación y adelanto.

Por eso, hoy que surge para nosotros el sol espléndido del verdadero

progreso,[37] y que deseamos que el pueblo posea todos los

conocimientos que, difundiendo la luz en su inteligencia, le proporcione

los medios para librar, con más desahogo, la subsistencia, hoy, repito,

he creído un deber ocuparme, nuevamente, del estado de la enseñanza del

arte a que me dedico, para, con la ayuda de todos, ver si logro

encauzarla por la senda que debe seguir y, para lo cual, de tantos

medios disponemos.

[37] Este proyecto estaba ya redactado cuando se constituyó el

Gabinete Autonómico, en tiempos de la Soberanía Española, pero no

fué presentado hasta después del cambio de nacionalidad.--F. C.

Dos fines persigo: difundir, encauzar y unificar la educación musical en

toda la Isla, y crear, por decirlo así, la carrera artística, para que

el pueblo que obtiene siempre de las artes mayores y positivos

beneficios, tenga un ancho campo en donde desarrollar sus facultades, y,

un medio adaptado a sus condiciones, para ganarse la vida.

Por tanto, Hon. Señor, yo ruego a usted, encarecidamente, se digne

estudiar las Bases de organización que tengo el honor de presentarle,

para que, haciéndolas suyas y después de sometidas al crisol de su

clarísima inteligencia, haga cuanto de usted dependa para darle forma

tangible, convirtiéndolas en acabado proyecto de Estatuto.

A nada personal aspiro; mi único objetivo es cooperar, con el óbolo de

mi limitada inteligencia, al progreso y cultura de mi país y ver al arte

glorificando el nombre de los portorriqueños que, como descendientes de

la gran nación española, son todos artistas por temperamento.

Música y Músicos Portorriqueños · 第 77 / 89 题