CAPÍTULO XXI.

Eran nuestros deseos haber hecho en esta sección, un estudio analítico,

y en parte gráfico, del origen, desarrollo y evoluciones de la música

genuinamente portorriqueña y con especialidad de la danza; mas, por una

parte, el no tener, aún, compilados todos los cantos _jíbaros_, labor

factible aunque penosa y tardía; y, por otra, lo costosa y extensa, pues

el texto pasaría de cien páginas y las transcripciones musicales no

menores de 20, el intento queda transferido para más tarde, si es que

Dios nos concede algunos años más de vida.

Nos limitaremos a una breve reseña de los cantos nativos y evoluciones

de la danza.

Nada refleja tan fielmente la originalidad intelectual de un pueblo como

sus cantos nacionales o regionales, siendo éstos los que a través de los

tiempos coadyuvan, sino sirven de orientación casi absoluta, con la

historia a fijar los caracteres particulares de las razas.

El objeto del arte musical no es más que uno; pero así como siendo

inherente a todos los hombres la facultad de hablar, la forma de

expresión ha dado origen a la diversidad de idiomas y dialectos, así

también, dentro de la universalidad de la música, hay variedad de

géneros, estilos y formas de expresión que han venido a caracterizarla

colectiva y hasta individualmente.

No es en la técnica o preceptiva en donde se encuentran tales

diferencias; es la idealidad expresiva de los sentimientos lo que

acentúa las características.

La forma melódica, que en los cantos populares se manifiesta en toda su

primitiva sencillez de expresión, es la que más principalmente fija, en

consorcio con el ritmo, la idiosincracia musical de cada pueblo, nación

o raza.

"La música, dice el ilustre maestro francés Mr. Camile Saint Saens,

surgió de los ruidos de la Naturaleza, de los cantos de los pájaros, de

los gritos de los animales. Pero el Arte, empero, no es la Naturaleza;

el Arte es una creación del hombre, cuya base es la Naturaleza."

De aquí el que para expresar los sentimientos más íntimos del alma en un

lenguaje universal, el hombre haya creado el arte de la música, pero con

los acentos peculiares a su estado psíquico, que forzosamente tiene que

estar en relación con las modalidades de su carácter, pasiones,

educación, costumbres, placeres, trabajos y hasta con la misma parte de

Naturaleza que le rodea, pues siendo ésta _una_, también lo es _varia_,

modelo, el más perfecto, del principio fundamental de la estética.

Los primitivos hombres, apenas se extasiaron en la contemplación de la

Naturaleza, al oir los trinos y escalas de los pájaros, los rugidos de

las fieras, el tronar de la tempestad, el murmullo de las corrientes,

los silbidos penetrantes de los vientos; y, sentir interiormente los

primeros aleteos de la pasión, ora plácidos cual los de la paloma, ora

iracundos como los del águila cuando vuela rápida en pos de una presa,

trataron primeramente de imitar con la voz aquellas expresiones, y

después de adquirida la facultad o aptitud, intuitivamente, la

aplicaron, con modalidades propias, a la expresión de los sentimientos.

De ahí surgieron los cantos populares que, mientras más espontáneos más

puros, mientras más puros más sencillos y mientras más sencillos más en

concordancia con la idiosincracia personal o colectiva.

¿Existen en Puerto Rico cantos populares que denoten características

etnológicas?

¿Pertenecen exclusivamente o son derivaciones de la raza aborígen, de la

colonizadora o proporcionalmente de las dos?

La primer interrogante nos permitimos contestarla afirmativamente.

En cuanto a las demás, si tenemos en cuenta que, así como de los indios

Incas se han encontrado vestigios de un sistema musical propio basado en

solo tres notas y ritmos más irregulares que uniformes con el cual, a

semejanza del primer sistema melódico griego, expresaban sus

concepciones artísticas, de los indios boricanos se ignora hasta hoy, al

menos por nosotros, si poseían o no, formas determinadas de expresión

musical; y en cambio, basta un ligero examen analítico de la estructura

y expresión de los cantos nativos para apreciar las similitudes de

tonalidad, cadencias métricas y melancólica expresión, con muchos de los

cantos populares españoles y más especialmente con los de las regiones

andaluza y gallega de donde procedían la mayor parte de los

colonizadores de esta Isla siendo lógico suponer o deducir, que nuestra

música regional, aunque con algo propio del medio ambiente, es derivada

de la característica de la raza española.

No hay quien se atreva a negar la existencia de acentos, colores,

líneas, o como quiera designarse la psiquis musical, propia de cada

nación. Basta tener un poco de cultura artística para, en cuanto se oye

una composición, sobre todo de las del género recreativo, poder decir

que el estilo es húngaro, francés, español, alemán, etc., etc. Pues así

también hace ya mucho tiempo que los cantos y bailables portorriqueños

se distinguen, con claridad, de las guajiras cubanas y tangos americanos

del continente y antillas.

Los instrumentos musicales que emplea el pueblo de nuestras alturas y

sabanas, consistentes en los de cuerda, tañidos mas por _punteo_ que por

_rasgueo_, denominados: _tiple_, _cuatro_ y _bordonúa_, son sustitutos o

derivados del _guitarrillo, bandurria y guitarra_ española, aunque

distintos los dos últimos en la encordadura. Los otros dos que completan

la _orquesta jíbara_, no son de origen español. El _güiro_ o _guícharo_,

tal vez, sea una derivación bastante desvirtuada, de algún instrumento

indio similar. La _maraca_ que sólo la emplean para los cantos

especiales de _aguinaldos_, nos inclinamos a considerarla como importada

por la raza africana, pues recordamos que cuando la esclavitud regía,

desgraciadamente, en Puerto Rico, en los bailes que anualmente

celebraban las diversas tribus de negros, por _Reyes_ y _San Miguel_ en

la antigua plaza del mercado de San Juan, los únicos instrumentos que

empleaban para marcar el ritmo de sus grotescos bailes y canturías, eran

los de percusión denominados _bombas_ y _maracas_.

Los principales cantos populares de la población campesina son: las

_coplas_, _décimas_, _caballos_ y _aguinaldos_; los del pueblo de las

agrupaciones urbanas, sólo se circunscriben a las _canciones de

serenatas_.

Algunas veces durante nuestros frecuentes viajes por el interior de la

isla nos hemos detenido en mitad de un solitario camino de herradura,

atraídos por el eco armonioso de entonaciones, bien timbradas, en las

que notábamos algo distinto a la melodía y ritmo de los cantos arriba

citados.

Tales melodías eran entonadas por campesinas que, cabe la orilla de un

arroyuelo, mitigaban con la expansión musical, la rudeza de las faenas

propias de su condición.

Esos cantos, que hemos oído repetidas veces, tienen mucho de la

expresión melancólica que dan las campesinas gallegas a los que entonan

durante siegan las mieses, y reminiscencias de las melodías irlandesas.

Por la forma rítmica y terminación cadencial de las frases en las que,

por intuición, solamente emplean la _semi-cadencia_, hay que concederles

carácter regional.

Lo que caracteriza las _canciones de serenatas_, nombre que nos ha

parecido el más adecuado, por la índole de los versos, para clasificar

dicha música, es la simetría de los fragmentos y frases, el casi

exclusivo uso de _tonos menores_, la lentitud de los movimientos y sobre

todo el dejo melancólico de que está saturado el pensamiento musical.

Estos cantos son siempre acompañados por guitarra haciendo los cantantes

un verdadero abuso de las notas tenidas, que casi vienen a ser

_calderones_ prolongadísimos.

El baile constituye otra de las características de las razas y naciones.

En el baile hay dos factores que concurren a ese objeto; el movimiento

coreográfico y la música. Ambos tienen que marchar acordes para que la

expresión étnica esté bien definida, siendo la música, desde luego, la

que más acentúa las modalidades de la raza o región, aunque la finalidad

del bailable sea solamente la del placer coreográfico.

Los bailables genuinamente portorriqueños son pocos; están circunscritos

a los llamados _seis_ y _vals_ de los jíbaros y a la _danza_, ésta como

bailable social.

El _seis_ jíbaro, se subdivide en dos clases: el denominado simplemente

_seis_ y otro al que se le agrega el adjetivo _chorreado_ y por

contracción, _chorreao_. La diferencia estriba en que el _chorreao_ se

baila vertiginosamente, siendo, por tanto, más rápido el movimiento

musical, y en que, frecuentemente, se interrumpe el baile para recitar

una copla de picaresco estilo, la cual se designa con el nombre de

_bomba_.

La estructura musical es lo que le dá carácter nativo o regional. La

parte melódica puede considerarse reducida a una o dos partes de 8

compases que sirven de tema para variaciones interminables. La métrica

del movimiento acompañante es una mezcla del ritmo ternario con el

binario, aunque al llevarlo a la notación del pentagrama se fija como

compás, el de _dos por cuatro_.

Algunos peritos musicales encuentran similitud entre el ritmo de los

bailables portorriqueños con el del zortzico vascongado, opinión que no

compartimos, pues la periódica precisión del ritmo irregular del

zortzico, es incompatible con la elasticidad, imposible de anotar, que

se da a la supradicha combinación terno-binario de nuestros bailables,

en el cual estriba la gran dificultad con que tropiezan los extranjeros

para ejecutarlas con expresión adecuada.

El _vals jíbaro_ es de distinta factura al vals corriente. La frase

melódica es corta, con muy pocas variantes; y el acompañamiento armónico

se basa, exclusivamente, en los acordes _tónico_, _subdominante_ y

_dominante_, llamados acordes naturales. Con frecuencia se omite la nota

del bajo acompañante, en el primer tiempo de cada compás,

sustituyéndolo por un golpe de mano en la caja armónica de la bordonúa.

La _danza_, de tango completamente distinto al de las demás americanas,

es, por su carácter regional, de relativa reciente creación, ya que, en

su primitiva forma de tango americano, fué importada de Venezuela el año

21 del siglo pasado, y hasta en uno de los de la sexta década de dicho

siglo, no adquirió carta de naturaleza nativa.

El danzón, importado de Venezuela, no tenía otra finalidad que la del

baile. Su melodía era insulsa, circunscrita a una frase repetida de 8

compases, sin pensamiento determinado, a la que daban el nombre de

_paseo_, y dos partes más de ocho y a veces 16 compases repetidos, que

formaban el bailable y en las cuales, la monotonía del ritmo estaba en

relación con la melodía, desprovista de toda expresión.

A veces solían aplicarle letra de carácter chabacanamente satírico o

alusivo a un hecho determinado, cuya letra aprendía el pueblo,

inmediatamente, para cantar el danzón en dondequiera que se ejecutaba.

Así la costumbre, de las danzas de _cantaleta_, infiltrada en el pueblo

de San Juan, cuando después se hizo la innovación rítmica, lo que

influyó en que las danzas capitaleñas no puedan citarse como modelos del

género elevado que, con Tavárez y Campos, adquirió dicho bailable hasta

casi transformarse en verdadera composición étnico-musical.

La evolución rítmica la hizo Julián Andino, empleando la combinación

terno-binaria en el acompañamiento. En el danzón primitivo había alguna

combinación parecida, pero muy simple, pues sólo se reducía a un

tresillo de negras, un compás si y otro no. Pero en la hecha por

Andino, el tresillo (elástico)[36] era de corcheas en cada tiempo de un

compás alterno.

[36] La palabra _elástico_ quiere indicar que la medida del

tresillo no puede ser precisa sino alargando una nota más que otra

para constituir el ritmo _criollo_ del acompañamiento.--F. C.

También la melodía adquirió belleza de expresión, variedad y alguna

fijeza temática, pero continuaba pobre, no ya de combinaciones

armónicas, sino de modulaciones.

Tavárez fué el que dió a la melodía, la debida relación expresiva entre

el pensamiento inicial y la variedad temática con verdadera riqueza de

modulaciones y acompañamiento armónico de correcta construcción. Aplicó

varias combinaciones rítmicas, saturando al _espíritu del conjunto_

artístico, del ambiente moral de la época.

Juan Morell Campos, después de muerto Tavárez, continuó la evolución,

ampliando las combinaciones armónicas por medio de otras instrumentales,

nuevos y variados ritmos, frases melódicas inspiradísimas, bien

equilibradas y mejor concordadas con el pensamiento inicial.

La vivacidad rítmica y desarrollo del discurso melódico responden, por

la robustez de expresión, al ambiente luchador en que desarrollaba sus

iniciativas el pueblo de su tiempo.

Pero con la muerte de Campos, la evolución se paralizó. Se han compuesto

después innumerables danzas, se ha tratado de hacer innovaciones en su

factura, pero desgraciadamente el estado caótico-moral del pueblo, que

hasta hoy casi puede decirse carece de una orientación fija dentro del

nuevo régimen imperante, influyendo en el ánimo de los compositores, le

hacen desvirtuar, con las novedades de factura rítmico-melódicas que

introducen, el carácter netamente portorriqueño de la danza, como

bailable y como composición regional.

El renacimiento de la pura forma se inicia; y, si los jóvenes

compositores que suben, son como tales, cuidadosos en la producción, no

solamente pueden salvar la típica factura sino completar la evolución,

hasta hacer que nuestra danza adquiera modalidades, como las de la

húngara y la de otros pueblos que, con los cantos populares, son fuentes

de inspiración inagotable para la producción de obras maestras.

El compositor coameño, por adopción, José Y. Quintón es el llamado a que

la historia musical le registre esa página de honor.

Y no es la danza solamente la que debe adquirir entre los bailables el

carácter regionalista; también el vals puede ostentarlo, pues así como

el vals venezolano, el francés, y hoy el vienés tienen factura especial,

¿por qué no dársela al portorriqueño?

El Vals _Tu Risa_, de Rafael Balseiro, tiene una característica

expresión criolla, y su autor, que tan sugestionado está por esa forma

de bailable, puede proseguir produciéndolos con acentos más regionales,

aunque debe sacrificar algo del floreo característico de su personalidad

productora.

Y fuera de los bailables, en la misma música severa, puede y debe

intentarse que en el conjunto se destaque la idiosincracia de la música

nativa.

Para terminar esta sección diremos, que como productores del antiguo

danzón, sobresalieron: Don Eulogio Cortés y Don Ramón Santaella; después

de hecha la evolución y en el típico estilo capitaleño, los más

connotados y constantes fueron Julián Andino, Casimiro Duchesne, Damián

Esturio, (el nene) José del Carmen Martínez, Paco Pérez, Carlos Segné,

Blas Laguna y otros de la Isla a quienes seducía el estilo; y dentro de

la elegancia de factura creadas por Tavárez y Campos, Sandalio Callejo,

Dueño Colón, Monsita Ferrer, Simón Madera, Rafael Marquez, Luís R.

Miranda, Ángel Mislán, Heraclio Ramos, Arturo Pasarell, Juan Ríos

Ovalle, José Quintón y Manuel Tizol Marquez, son los de mayor renombre.

Música y Músicos Portorriqueños · 第 73 / 89 题