PIANISTA-COMPOSITOR.

De elevada estatura, delgado, músculos vigorosos, temperamento más sajón

que latino, tez bronceada, visión inquieta, cabellos ensortijados,

amplia boca de labios gruesos-carceleros del tabaco de _perilla_ que

solamente abandonaba para comer y dormir--_brazos_ muy largos rematados

por manos gigantescas que le permitían pulsar, sin esfuerzo, la undécima

nota de la _gamma_ del piano, de porte elegante al presentarse en

sociedad, que contrastaba con su desaliño ordinario, tal fué la

personalidad física de Heraclio Ramos, a quien conocimos en su Villa

natal, Arecibo, en 1888.

La psíquica, intelectualmente, denotaba inteligencia espontánea que

acrecentó con la lectura analítica de obras literarias, de buena cepa,

españolas, inglesas y francesas, cuyos idiomas poseía.

Moralmente y en concordancia con su temperamento artístico, era amante

apasionado de _lo bello_ y de _lo bueno_, sin que el genio del mal

conturbase su conciencia, ni los embates de las pasiones socavasen la

pureza de sus ideales.

Nacido en una época en que las diferentes clases sociales tenían

linderos bien demarcados, sus méritos artísticos le permitieron

franquearlos todos, aunque con reservaciones... que nunca pretendió

traspasar.

Su padre Juan Inés, músico procedente de la banda del regimiento de

Granada, fué su preceptor elemental de arte lírico, y el maestro alemán

Mello, quién lo iniciara en el estudio de la composición y alta escuela

de piano.

Las naturales disposiciones, dirigidas por la buena escuela,

contornearon su modalidad artística, que adquirió gran realce, cuando

por la perseverancia en el estudio y a los 18 años, orló su frente con

laureles adquiridos en público certámen.

Como pianista superaba a Tavárez en mecanismo, el cual, casi sin

hipérbole, tenía similitudes con el pasmoso de Listz, cuyas obras, así

como las de Talberg, Proudent y Gottschalk constituían su repertorio del

género brillante. En el clásico, Bach, Hayden, Shumann y Chopín,

ocupaban el puesto de honor. Las fugas del primero y los valses del

último, los interpretaba con ejecución limpia, precisa y elegante.

Aquellas manazas, que en los _fortissimos_ y _crescendos_ producían

sonoridades cual si pulsaran simultáneamente varios teclados, en los

_diminuendos_ y _pianissimos_, herían las teclas, con tal delicadeza,

que percibíanse los sonidos, como el rumor de besos entre brisas y

flores.

Aunque conocía a los clásicos, daba preferencia a la música brillante, y

más especialmente a las fantasías y variaciones, para desarrollar sus

pensamientos musicales.

Como preceptor de piano, era muy cuidadoso en todo lo concerniente al

mecanismo, pero algo descuidado en la interpretación. Además solía

abstraerse con frecuencia, ora vagando por las regiones del ensueño, ora

con la lectura de algún libro o periódico, haciendo caso omiso de las

incorrecciones en que incurriera el alumno a quien estaba dando lección.

Compuso unos estudios didácticos para _octavas_ que fueron premiados en

Roma.

Muchas fueron sus producciones, de las que pocas llegaron a publicarse,

y en casi todas, la exhuberancia de floración encubría la endeblez del

tronco. Sin embargo nos dió a conocer algunas, que revelaban ideas

temáticas bien pensadas y mejor desarrolladas, como la sonata en _la

bemol_, cuyo _andante expresivo_ y _allegro con fuocco finale_ tenían

factura similar, aunque sin plagios ni siquiera reminiscencias, a los

del "_Rayo de Luna_" de Beethoven. Esta sonata nos la hizo oir varias

veces en el piano de la familia Correa de Arecibo, y además, un día, nos

dejó examinar la partitura original, hecha con lápiz. Por cierto, que

nos hemos cansado de indagar, donde o quien pueda poseerla, sin

resultado. De encontrarla la editaríamos, pues merece ser conocida por

los inteligentes.

Su primer lauro lo obtuvo en la Feria-Exposición, que en 1854 se efectuó

en San Juan, por unas variaciones sobre motivos de la polka favorita de

la famosa cantante _Jenny Lind_. En la de 1860, le adjudicaron medalla

de oro y diploma por otras variaciones, para piano, sobre motivos del

_Carnaval de Venecia_. Y en el certámen de Santa Cecilia, efectuado en

1865, conquistó la medalla de oro y diploma, asignada como premio, por

su fantasía para piano _El Ave en el Desierto_. Poco después obtenía en

Roma, mención honorífica de primer grado por los referidos estudios

didácticos.

Una de sus últimas composiciones, que publicó fueron los aires del país,

divididos en dos series.

En ellos tuvo la habilidad de transcribir los cantos más típicos de

nuestros jíbaros, presentándolos tal como estos lo ejecutan en _tiples_

y _bordonúas_, los que, después, empleó como temas para desarrollar

variaciones, en las que, hay más de gimnasia mecánica, que de novedades

en la construcción.

El tema de danza con que empieza la primera serie, y que repite al final

de la misma, no es original, sino una adaptación, con aditamentos de

floreos, de la bella _romanza_, _Di Provenza il mar il suol_... que

canta el barítono en la ópera _Traviata_.

Heraclio Ramos era muy aficionado a esta clase de adaptaciones, tal vez

influído por el gusto de la época en la que, como lo hemos dicho ya,

privaba mucho el género de fantasías y variaciones sobre temas de

óperas.

Esto no quiere decir que careciera de originalidad, por el contrario era

un melodista inspiradísimo, como lo atestiguan las muchas danzas,

polkas, valses, lanceros y demás obras del género bailable y algunas

características del piano, que compuso.

Tales son a grandes rasgos los méritos artísticos del

pianista-compositor arecibeño, que pobre y casi oscurecido, después de

haber ocupado puestos prominente entre los artistas de mérito, falleció,

tal vez de nostalgia, el 22 de abril de 1891.

Su memoria debe siempre ser enaltecida, dedicándosele una página en

nuestra historia musical.

Música y Músicos Portorriqueños · 第 54 / 89 题