En la hermosa Ciudad del Sur de la isla, en donde, el rítmico vaivén de
las olas _caribeanas_, la cadenciosa ondulación de gramíneas y palmeras,
el suave rumorar de frondas y arroyuelos, el centelleo del sol sobre la
dilatada campiña, la placidez de las noches estivales, y la brisa
refrigerante de las montañas que medio la circundan, son _acentos
melódicos_ que, _contrapuntados_ por el espíritu luchador y progresista
de los moradores, _preludian fragmentos delicadísimos_ de la _gran
sonata_ que incesantemente entona la naturaleza en honor del Creador; en
los dominios de esa bella Sultana, que tan fecunda ha sido para producir
artistas; en Ponce, repetimos, nació el 16 de Mayo de 1857, el genial
Juan Morell Campos, _elegido_ por el _Divino Artista_ para traducir en
notas de inimitable expresión, las penas y alegrías, las añoranzas e
ilusiones de este pedacito de tierra americana llamado Boriquén.
Sus primeros estudios de música los hizo con Don Antonio Egipciaco, y
luego de haber practicado la técnica de algunos instrumentos, llegando a
ser un flautista notable y a dominar, en absoluto, las dificultades del
bombardino, aunque sin poseer la dulzura de tono o emisión que diera
fama a Mislán, recibió algunas lecciones de armonía y composición del
pianista-compositor Tavárez. Ingresando después como bombardino solista,
en la banda del batallón Cazadores de Madrid, completó en ella los
conocimientos de instrumentación y Dirección, la cual asumía en ausencia
o enfermedades del músico mayor, Don José Valero.
Tavárez, desde las primeras lecciones que diera a Campos, reconoció la
precocidad de su talento artístico, augurándole grandes triunfos; pero
la inconstancia del preceptor, hizo al discípulo, cosa fácil para los
_elegidos_, formarse solo, como ocurriera a Bach, Hayden y otros de los
grandes maestros del arte.
Terminada su contrata militar, organizó en Ponce una orquesta con la
cual empezó sus campañas de compositor.
Sus primeras danzas, aunque no tan bellas ni tan ricamente armonizadas
como las que después se han hecho inmortales, fueron infiltrándose en el
sentimiento colectivo del pueblo que ya empezaba a rendirle adoración,
repercutiendo los primeros sonidos del clarín de su fama por los ámbitos
de la Isla.
Hasta el año de 1882, puede decirse que su personalidad artística no se
destacó vigorosa y radiante.
La Feria-Exposición que en ese año celebróse en Ponce, fué el campo de
acción en donde, a semejanza de los griegos en los juegos olímpicos,
obtuvo, los primeros laureles que orlaron su frente.
Fué dicha Feria un grandioso exponente, no tan sólo de la cultura
general del país, agrícola, industrial, artística e intelectualmente
considerada, sí que también una manifestación, no superada hasta hoy, de
los grandes elementos, bajo todos sus aspectos, que integraban al pueblo
ponceño, el cual se encontraba en el apogeo de su refinamiento social,
de sus grandes iniciativas, y en donde el valor cívico en pro de las
libertades políticas se manifestó, después, vigorosamente.
Juan Morell Campos, obtuvo entonces, medalla de oro y diploma de honor
por su sinfonía _La Lira_, escrita para gran orquesta; y medalla de
plata--segundo premio--en el concurso de orquestas de concierto, al que
valerosamente se presentara con la que, en una semana y a instancias de
sus admiradores, organizó para discutir el triunfo.
Muerto Tavárez al siguiente año de la Feria, Campos fué justamente
proclamado como su digno sucesor en el reinado de la música regional
portorriqueña.
Dice, Mad. Gjertz en su libro, "_La música desde el punto de vista moral
y religioso_", "Toda expresión de belleza es un acto de amor que, a este
título, solo a Dios debemos. Mientras nada amamos, creemos hacer
bastante cumpliendo con nuestros deberes, si es posible cumplirlos sin
amar a Dios; más, apenas enardece nuestro corazón el amor, nos sentimos
inclinados a realizar mil delicadezas que salen del dominio de lo útil
para constituir lo bello. Toda forma de belleza es, pues, una forma de
amor. El mismo Dios nos dá un ejemplo de ello en la creación; un campo
de trigo u hortaliza no nos recuerda el amor divino, como una flor. Si
Dios pudiese tener deberes, el campo de trigo sería una manifestación de
este deber, que consistiría en proveer a nuestras necesidades, y la
flor, esta graciosa y encantadora chuchería inútil, lo que realmente es,
manifestación del amor de Dios. Las bellas artes, son hijas de la
necesidad que tiene el corazón humano de embellecer, es decir, de amar."
Nos ha parecido oportuno reproducir el bellísimo párrafo anterior,
porque, en nuestro concepto, la fuerza avasalladora del amor,
conmoviendo las fibras del corazón y agitando las células del cerebro de
Campos, le hizo, con febril inspiración, producirse en toda la
potencialidad de su genio.
El arte absoluto fué la síntesis de su amor, y las formas impulsivas de
expresión, el amor pasional y el amor patrio.
Si Tavárez supo encarnar en sus obras el espíritu doliente, tímido y
soñador del pueblo de su época, Juan Morell Campos, que floreció en otra
muy distinta, condensó, con maestría, en los variados ritmos de sus
danzas y en las rapsodias de sus marchas y overturas orquestales, el
estado de la conciencia popular, agitada por las luchas incesantes en
pro de la libertad política.
Y en cuanto a las manifestaciones del amor pasional, ¿no expresan los
pensamientos melódicos de sus danzas el flujo y reflujo del inmenso
océano del amor, que ora agitado por el vendaval de los celos, ora
plácido y transparente tras de un coloquio, siempre está rumorante y
nunca satisfecho?
_Maldito Amor_, _Ten Piedad_, _Bendita Seas_, _Sin tí Jamás_, _Mis
Penas_, _Alma Sublime_, _Horas Felices_, _Idilio_, _Cede a mi ruego_,
_Dí que me Amas_, _Cielo de Encantos_, _Tuya es Mi Vida_, _Vano Empeño_,
son el compendio de la historia de amores... que, tal vez
correspondidos, nunca traspasaron los linderos del ensueño.
_La Lira_, obertura, _Saludo a Ponce_, tanda de valses, _Juegos
florales_, marcha triunfal, _Puerto Rico_, sinfonía, y otras
composiciones didácticas, que oyéramos en su orquesta, analizadas
psicológicamente, dan cabal idea de sus sentimientos _pro-patria_.
Sin vacilación, calificamos las obras de Campos como verdaderamente
artísticas, porque responden a los principios fundamentales de la
_Verdad_, de la _Belleza_ y de la _Bondad_.
Son _verdaderas_, porque el pensamiento inicial, bien expuesto y mejor
desarrollado por la preceptiva, expresa el _sentimiento religioso_ del
pueblo de aquella época; son _bellas_, porque sin prescindir de los
preceptos de la composición, expanden libremente la inspiración melódica
con gradaciones de tono, colorido y expresión tan sutiles y delicadas,
que conmoviendo los sentimientos, los arroban y subyugan; y son
_buenas_, porque impresionan el sentido moral, elevan el espíritu hasta
las regiones del idealismo y producen siempre, en los oyentes,
deliciosas y nobles sensaciones.
Morell Campos nació para el arte, vivió por el arte y murió dentro del
arte.
Cultivó todos los géneros de la composición; pero el público, que en
general solo conoce sus danzas y alguna que otra obra didáctica, ignora
que, en el género religioso rayó a gran altura, dejando escritas, entre
coros, misas, gozos, salves, letanías y plegarias, más de 60 obras, sin
contar las alegorías fúnebres, muy sentidas y de gran valor orquestal.
Para la escena lírica compuso las zarzuelas en un acto. _Un día de
Elecciones_ y _Un viaje por América_, y otra en dos actos, titulada:
_Amor es Triunfo_, representándose todas, con gran éxito, en el teatro
_La Perla_ de Ponce.
Además de los premios y laudos que obtuviera en la Feria del 1882, fué
condecorado, en la exposición de San Juan, conmemorativa del 4º
Centenario del descubrimiento de esta Isla, con diploma de honor y
premio de cien pesos, por la gran sinfonía para orquesta denominada:
_Puerto Rico_.
En 1895, el Casino de Mayagüez le otorgó diploma de Honor, por la marcha
_Juegos Florales_, escrita expresamente para dicho centro social; y en
la Exposición de Búfalo, le adjudicaron medalla de bronce y diploma por
la citada marcha.
Además de ser un instrumentista notable, pues dominó la mecánica de la
flauta, bombardino y contrabajo, como Maestro Director y Concertador, ha
sido uno de los mejores.
Su batuta clara, enérgica, detallista, sin efectismos de mímica, pero
absolutamente precisa en los movimientos, hacía que la orquesta, en
_crescendos_ y _agitatos_, semejase el desbordamiento de una catarata, o
la placidez del remanso, en _cantábiles_ y _sostenutos_. Al
instrumentar, lo mismo obras propias que extrañas, aunque algo cohibido
por el raquitismo de nuestros núcleos orquestales, usaba,
apropiadamente, los distintos cuartetos, dando al conjunto variedad,
belleza y novedad. La instrumentación de sus danzas dió a estas el
carácter de composición genérica.
Maestro director y concertador de la compañía de zarzuela, empresa
_Bernard y Abella_, marchó como tal, en excursión artística, por varias
ciudades de América del Sur, hasta Buenos Aires; viaje provechoso, pues
en el completó sus conocimientos.
Al volver a Ponce, reorganizó su antigua sociedad de conciertos, la
_Lira Ponceña_, dando, periódicamente, selectas audiciones en el _Sport
Club_ y el teatro _La Perla_, como también en otros de la isla, pues era
muy solicitada.
Su facilidad para componer e instrumentar puede, fácilmente, juzgarse
por los siguientes verídicos hechos:
Estaba con su orquesta solemnizando las fiestas patronales de Barros,
y, ya en plena misa del día de San Juan, cuando platicaba tranquilamente
con los músicos en el antecoro, esperando que el orador sagrado
terminase el sermón de rúbrica, vino Cosme Tizol--primer clarinete de la
orquesta--a decirle: Juan, se quedaron en Ponce los papeles del
_Benedictus_. Pues tráeme los de la _Gloria,_ contestó con presteza, y
escribiré uno en la última plana.
Con lápiz, y a pesar de la prisa, con notación bastante clara, en poco
tiempo, improvisó un _Benedictus_ para voces y pequeña orquesta, que,
después de oído, resultó una de sus mejores composiciones del género
_sacro_.
Otro hecho: Llegó de _arribada forzosa_ a Ponce, procedente de
Venezuela, una compañía de ópera, casi en cuadro y sin repertorio. El
tenor Antón o Antonini, que la representaba, solicitó de Campos le
ayudase en la preparación de algunas audiciones. Con el refuerzo de
algunos elementos dispersos que había en la isla, a la semana, debutaba
la compañía, con Campos de Maestro, continuando las representaciones
tres veces por semana. El repertorio lo rehacía Campos, instrumentando
una ópera cada cuatro días.
Poseía genialidades de carácter. Sencillo, franco y generoso con los
compañeros entre los que no establecía diferencias, solía enojarse por
nimiedades, de las que él mismo se reía, cuando la causa, real o
imaginaria, había cesado.
Cuando estaba de bromas, empleaba la música, para divertirse.
Recordamos, que encontrándose en Añasco, solemnizando con su orquesta
las fiestas patronales, pasó a Mayagüez una noche en que se celebraba un
baile en el Centro Español, cuya orquesta dirigíamos, y de la que
formaba parte, como contrabajista, Blas García. Después de haber estado
un rato oyendo desde el salón la orquesta, subió al escenario y quitando
el arco a García, me indicó con la cabeza que si podía tocar, a lo que,
como era natural, accedí gustosísimo. En aquellos momentos se estaba
tocando su danza _Idilio_, que tiene en la instrumentación original
preciosos efectos y que por lo reducida de aquella orquesta no se podían
apreciar bien. Campos, que jugaba con el contrabajo, empezó a hacerlos,
todos; y unas veces imitando al clarinete, otras los bombardinos como
también los dulces sonidos del Cello, se mostró tan grandioso a la par
que _juguetón_, que poco a poco las parejas dejaron de bailar parándose
a contemplar el juego del arco y a la vez para oir mejor las sonoridades
que sacaba al contrabajo de tres cuerdas.
Otras de sus _maldades de artista_, fueron escribir acompañamientos
erizados de dificultades y en el registro mas agudo del bombardino, para
poner en aprietos a Domingo Cruz, (Cocolía); pero este siempre salía
victorioso de la prueba.
Gonzalo Núñez, que al visitar la isla, después de largos años de
ausencia, fué a Ponce para organizar algunos recitales, mostrábase poco
amigo de la danza; pero el inolvidable Américo Marín, que por
temperamento era artista y a la vez un fanático admirador de Campos,
tomó a empeño el que Núñez oyése, interpretadas por la orquesta, algunas
de las danzas de Campos, y, al efecto, una noche, después de haber
reunido en los salones del _Sport Club_ a la _Lira Ponceña_, sin previo
aviso, se fué a buscar al Maestro Núñez, quién, una vez oída la
admirable interpretación que diera la orquesta a, _Idilio_, _Felices
Días_, _Maldito Amor_, _Vano Empeño_ y algunas más, felicitando a
Campos, (estábamos presente), le ofreció transcribirlas para piano, en
la forma que lo había hecho con la Borinquen.
Morell Campos fué el organizador y Director, hasta su muerte, de la
Banda de Bomberos de Ponce, que rivalizaba y en ocasiones superaba, a
las de los regimientos que estaban allí de guarnición.
Ejerció de organista en la Iglesia parroquial de Ponce, y aunque su
facundia en la improvisación le permitía salir airoso, no era poseedor
de los secretos del órgano, que requiere estudios especiales, después de
ser un hábil pianista.
En la noche del 26 de Abril de 1896, de triste recordación, cuando aún
no había cumplido los 39 años y su facultad creadora se encontraba
fresca, lozana y prepotente, dirigiendo en _La Perla_, la Zarzuela _El
Reloj de Lucerna_ casi al finalizar la obertura, la traidora muerte,
hiriéndole con el dardo cruel de la _angina de pecho_, le hizo caer de
bruces sobre el atril de dirección, produciendo el hecho honda y
dolorosa sorpresa en el público cercano a la orquesta.
Suspendida instantáneamente la representación, fué transportado en
brazos de sus amigos al escenario, acudiendo solícitos a prestarle
auxilio, los mejores médicos, los que si bien lograron paralizar la
acción del primer ataque, comprendieron que el fin de aquella preciosa
vida se acercaba.
El señor Marín Varona--maestro concertador cubano--que se hallaba como
expectador en el teatro, púsose incondicionalmente a las órdenes de la
empresa _Lloret y Pastor_, para sustituir a Campos, gratuitamente, como
director, mientras durase su enfermedad; ofrecimiento que fué aceptado,
reanudándose la representación tan pronto como los médicos anunciaron
que el accidente carecía de importancia. Por cierto que al ser conducido
Campos en un sillón, que cargaban sus amigos desde el escenario al
coche que debía llevarle a su hogar, cuando al bajar hacia la platea vió
a Varona dirigiendo la orquesta, exclamó: ¡Qué ironía!...[22]
[22] Campos y Varona estaban distanciados.--F. C.
La noticia del accidente circulando con rapidez por toda la Isla, puso
de relieve las grandes simpatías de que gozaba, siendo innumerables los
telegramas que recibiera.
Como los médicos, al notar una acentuada mejoría, indicasen la necesidad
de un viaje con el cual podría recuperar por completo la salud, las
Damas Ponceñas, que para ejercitar el bien siempre están solícitas,
iniciaron seguidamente una suscripción para los gastos de aquél, que fué
acogida con interesante afecto, nutriéndo su total, remesas espontáneas
hechas de muchos pueblos, por amigos, compañeros y admiradores.
Más, cuando se preparaba para tomar el vapor que había de conducirlo a
Europa, recrudeciéndose de improviso los ataques, en la tarde del 12 de
Mayo de aquel mismo año, el espíritu de Juan Morell Campos, desligándose
de la envoltura carnal, se elevó para siempre, radiante de gloria, hacia
las altas regiones de la eterna armonía.
Aunque los médicos trataron de embalsamar el cadáver para ponerlo en
capilla ardiente por dos o tres días y poder preparar un gran homenaje
fúnebre, por falta de algo necesario no pudo efectuarse, teniendo que
procederse, apresuradamente, al entierro, que a pesar de eso resultó
grandioso. Los señores Mateo Furnier, Félix Matos Bernier, Eduardo
Neuman y Licenciado Casalduc, hicieron en las oraciones fúnebres que
pronunciaron la apología de sus méritos y la orquesta _Lira Ponceña_,
por él creada, recibiendo en la puerta del Camposanto, los tristes
despojos del maestro los acompañó, hasta el nicho en donde reposan, con
las melancólicas notas de una alegoría fúnebre que él compusiera a la
memoria del malogrado patriota Manuel Corchado y Juarbe.
¡Tú artista genial, que tantas ensoñaciones produjiste con las melodías
de tus danzas, en las almas portorriqueñas, goza, goza de las eternas
realidades, en el cielo de la gloria, supremo ideal del arte, aún en sus
manifestaciones, al parecer, más pobres!