Nacido en San Sebastián del Pepino en el año de 1862, murió en
Barceloneta el 1º de Febrero de 1911, en plena edad viril y cuando por
la madurez de su cerebro podía ofrecernos sus mejores frutos.[21]
[21] Este trabajo se publicó en _LA Democracia_ en febrero de 1911.
Para hacer siquiera un esbozo de la personalidad artística de Angelito,
como familiarmente se le llamaba, requierense profundos conocimientos
psicológicos de que carece el que estas líneas traza, pues radicando en
el alma el origen de todas las producciones humanas, es innegable que
existe una relación entre aquellas y la idiosincracia o carácter del que
las produce, relación que el análisis psicológico descubre en sus
mínimos detalles, sobre todo, cuando se trata de producciones artísticas
en que la expresión del sentimiento se exterioriza con mayor vigor.
Si prescindiendo de las características individuales analizamos las
producciones exclusivamente por su forma y técnica, tropezamos, en las
artísticas, con la dificultad del medio ambiente en que la mayor parte
de nuestros artistas se han desarrollado; y al decir artistas no quiero
referirme solamente a los músicos, pues si exceptuamos la poesía o
literatura en general, las demás artes permanecen en pañales por la
falta de centros docentes, pues de haberlos tenido, las excepcionales
aptitudes del pueblo portorriqueño hubiesen alcanzado y alcanzarían al
presente, en número no escaso, altas finalidades de gloria universal.
Duchesne, Balseiro, Mislán, Ríos Ovalle, Manuel Tizol, Márques, Kington,
Madera, Porrata Doria, Emilio Dávila, en la música; Pou, López de
Victoria, Vélez, Medina, Ríos, en la pintura; Nadal, Montesinos, Vélez
López, en la escena, son, entre otros, dignos de citarse como ejemplo,
para corroborar la afirmación, pues si con su sólo esfuerzo han llegado
a alcanzar, unos más que otros, puesto de honor en el cuadro de nuestras
pequeñas glorias, desarrolladas y pulimentadas sus obras por medio de la
técnica profunda, sus nombres, traspasando los límites estrechos de la
Isla, hubiéranse sumado, a los de Tavárez, Campos, Paoli, Gonzalo Núñez,
Martínez Plée, Arteaga, Chavier, Oller, Campeche, Cuchí, García Molina,
Astol y algunos más, aplaudidos y reputados en el exterior.
Que el temperamento artístico predomina en Puerto Rico, todo el mundo lo
reconoce; pero en lo que al musical atañe, tengo para mí, que Mislán,
Kington, Balseiro, Miranda, Cruz Verar y Tizol son los más altos que ha
producido el país en los últimos lustros del siglo XIX.
Todos han dominado la mecánica de sus instrumentos favoritos; unos,
intuitivamente; otros con más o menos conocimientos de la preceptiva,
han vertido a raudales la inspiración que el _Divino Artista_ les
donara; y sin que a ninguno se le pueda adjudicar, sin reproches, el
anhelado calificativo de maestro, todos son merecedores, no tan sólo del
aplauso público, si que también de que al morir les dediquemos las
siemprevivas del recuerdo, ya que, en sus producciones, expresaron e
hicieron sentir las dulces vibraciones de la música regional.
Antes de proceder al análisis crítico de los méritos artísticos de
Mislán, creo pertinente explicar las precedentes manifestaciones, pues
podría argüirseme que doy demasiada importancia a los temperamentos no
pulimentados con el estudio, así como a la música regional circunscrita,
hasta hoy, a los estrechos límites del género bailable.
Si el temperamento, aptitud o inspiración, como quiera llamársele a la
disposición natural o facultad para producir espontáneamente, no
constituye de por sí, lo que en sentido absoluto se denomina arte, es
innegable, que, como dice Toussenet, "el arte es la encarnación del
ideal". Y siendo su principal tendencia la de excitar en el alma el
sentimiento de la bello, _ideal_, _belleza_, _arte_ son la expresión de
una _verdad_, don que no poseen al nacer todos los seres humanos y por
lo tanto, no se produce el ideal por mera reflexión ni mucho menos por
la imitación o aplicación de artificiosos procedimientos.
La música es la expresión del sentimiento. Lo que ella expresa es la
misma alma en lo que tiene de más íntimo y profundo; y las expresiones
del alma no pueden supeditarse en absoluto a reglas o preceptos que en
algunos casos cohibirían la espontánea veracidad.
La preceptiva del arte completa la finalidad estética. Ella constituye
la relación indispensable entre la ciencia y el arte, ya que todo arte
supone la selección de aquella parte necesaria de la ciencia para
averiguar de qué condiciones dependen los efectos que desea producir.
Más, por el hecho de que una producción carezca, en más o menos
proporción, de la preceptiva, o esté defectuosa, ¿vamos a descalificarla
como artística, cuando por su expresión, excita en el alma el
sentimiento de lo bello y de lo bueno?
Y si los defectos u omisiones tienen por causa, no la negligencia, sino
la falta de dirección para ajustar y corregir ¿debe desalentarse con el
desdén o la censura acerba, a los que por medio de su facultad creadora,
_per se_, saben conmover las fibras del sentimiento?
¿Por qué la humilde violeta no adquiere en su desarrollo el vigor y
proporción del rosal o de la magnolia, dejará de ser grata la delicada
suavidad de su perfume? ¿La dalia que encanta por la hermosura de su
forma, posee alguna cualidad esencial que permite recordarla cuando se
deshoja?
La preceptiva escueta es la dalia sin aroma.
La inspiración, por libre que se manifieste, siempre que sea genial, es
la esencia de la _Divina Flor_, que excita, subyuga, conmueve y arroba
el sentir de las almas.
Aunque la música es el idioma universal, cada raza, nación o pueblo
tiene su forma característica de expresión cuyas diferencias, al
constituir lo que llamamos estilo o escuela, no se circunscriben
solamente a las _composiciones libres_ en las que el temperamento
colectivo puede mantenerse en toda su amplitud sin las trabas de una
rigurosa técnica; también en las _obligadas_ o _severas_, que
generalmente son las que entran en el cuadro de la música religiosa o
sagrada, puede apreciarse la influencia del medio ambiente social,
político y religioso de cada pueblo.
A medida que esas diferencias se destacan con mayor claridad, la música,
acentuándolas, les dá marcado sabor local o regional, dentro de la
variedad de géneros de las composiciones libres, siendo las más
adecuadas para el caso, las teatrales, populares (canciones, coros,
madrigales, etc.) y los bailables.
En Puerto Rico, las diferencias que acabo de exponer, solamente han
podido sintetizarse, hasta ahora, en la danza; y si hemos de ser
veraces, su característica regional se manifestó no hace muchos años,
cuando Julián Andino innovó la variedad rítmica del acompañamiento; y
más principalmente, cuando Tavárez y Campos la elevaron al rango de
verdadera composición. El primero con su portentosa inspiración saturada
del sentimiento de la época, y Campos, agitado su vigoroso genio por las
luchas y pasiones de su tiempo, encarnando en sus danzas inmortales el
alma colectiva del pueblo portorriqueño, formando ambos, los dos estilos
principales que sirven de guía a los jóvenes cuando se inician en los
trabajos de la composición.
* * * * *
Mislán estudió con su padre, el solfeo y la mecánica del clarinete y del
bombardino; pero cuando fallecido aquel se vió constreñido, muy joven
aún, por las apremiantes necesidades de la vida, a invadir el campo de
la profesión, la carencia de medios extraños para salir airoso en sus
empeños artísticos hízole, unas veces con preparación otras
improvisadamente, practicar la mayor parte de los instrumentos, incluso
el _típico_ cuatro, que pulsado por él, semejaba los dulces sonidos del
arpa eólica.
Su instrumento favorito, en el que no tuvo rival, lo fué el bombardino.
Aparte de la gran habilidad mecánica, dulzura de expresión y corrección
del fraseo, emitía los sonidos con tal privilegio, que sobrepasando la
extensión del registro agudo con claridad y robustez deliciosa, de no
presenciarse la ejecución, lo que parecía oirse eran los sonidos de una
flauta.
La chispa del genio que iluminaba su cerebro irradió en todos sus actos
musicales. Las bandas y orquestas que dirigía, por heterogéneos que
fueran los componentes, resultaban agradables, pues en el conjunto se
revelaba lo genial de la dirección.
Su trato afable, modesto, simpático, que tan bien reflejan las melodías
de sus danzas, le franqueaba las puertas sociales, proporcionándole,
doquiera que iba, abundante trabajo profesional; pero la nostálgica
indolencia de su carácter, agravada con la falsa adaptación que hiciera
en sus costumbres del concepto de la vida bohemia, como también lo débil
que fué siempre su voluntad para refrenar los ímpetus pasionales, que
forzosamente hubieron de conducirle por senderos peligrosísimos para su
salud, fortuna y fama, le hicieron vivir en constante desequilibrio
económico, atrofiando prematuramente sus facultades, cuando con mayor
energía debieron manifestarse.
Como instrumentista, ya lo he dicho antes, sino fué un _virtuose_, pues
este calificativo para aplicarlo a conciencia sólo tiene una acepción,
fué todo lo hábil para, en el bombardino, destacarse en el cuadro de lo
corriente, ocupando el primer término. Como preceptor, trasmitía sus
conocimientos con pureza, mejorándolos por medio de la observación de
los métodos que empleaban otros maestros que más, afortunados, habían
bebido en mejores fuentes.
Como director de orquesta de baile, estuvo al nivel de los mejores y
para la organización de pequeñas bandas tenía el sentido práctico de
instrumentar con arreglo al número y conocimientos de los
instrumentistas.
No puede ser tan acabado ni halagüeño el juicio que voy a emitir sobre
sus condiciones de compositor. Solamente puedo analizar las dos únicas
danzas que publicó, pues aunque oí muchas otras, así como algunos de sus
valses, mazurcas, paso-dobles y canciones jíbaras, no las tengo a la
vista y el oído no es órgano apropiado para retener toda la factura de
una composición musical y someterla al crisol de la crítica.
Poseyendo Mislán un alto temperamento artístico, las melodías de sus
producciones resultan agradables, claras, bien combinadas y justamente
equilibradas. Y como la estructura de la danza no es muy rigurosa,
cuando el movimiento rítmico no es monótono y el acompañamiento del
bombardino o mano izquierda del piano tiene vivacidad y elegancia, si la
marcha del bajo y enlace de los acordes es correcto, aunque la factura
armónica de las modulaciones y cadencias sean triviales, la variedad y
expresión del pensamiento melódico cubren fácilmente la deficiencia.
De las dos que publicó, _Sara_ es, en mi concepto, la de mejor
construcción armónica; _Tú y yó_ la de factura melódica más completa.
En _Sara_ crea, aplica la técnica, combinada elegantes dificultades para
el bombardino y revela en el ritmo la faz bohémica de su carácter. En
_Tú y yó_ la pobreza y defectos de preceptiva se manifiestan desde el
_paseo_, y el acompañamiento carece de originalidad, resulta demasiado
uniforme y con reminiscencias muy acentuadas, del que empleó Campos para
_Ten Piedad_; en cambio su característica dulce y simpática se refleja
en la melodía, correspondiendo regularmente las cláusulas del lenguaje,
o mejor dicho, las cadencias poéticas con las melódicas.
Ambas se han hecho populares dando fama al autor. La una, porque la
poesía (rimas de Becquer) y la música, son realmente inspiradas; la otra
por ser muy bailable y tener como novedad la parte obligada a
bombardino, cuya dificultad estriba en la articulación. Para mí, la
belleza de _Sara_ está en la segunda parte o frase del _merengue_, pues
la del bombardino la califico: variación sin tema, con ritmo, distinto
al de la estructura general de la danza, marcadamente bohemio, en su
falsa acepción. El final de la danza es una _reprise_ de la primera
frase, cortada bruscamente.
Por la impresión de audiciones grabadas en el cerebro, puedo decir, que
en _Pobre Borinquen_, expresa los dolores de la patria irredenta; en
_Recuerdos_ y _Lágrimas_, las añoranzas de perdidas dichas vibran en el
sentimiento melódico; y en _Ojos de Cielo_, dedicada a la bella señorita
utuadeña, Adela Mattei, retoñando en el alma ilusiones y espejismos de
la juventud, hacen que el _ideal_ adquiera en notas, realidad
momentánea.
Ángel Mislán ha muerto pobre, pero no abandonado, pues el pueblo de
Barceloneta en general y especialmente los señores Agustín Balseiro y
Fernando Suria le atendieron en todo, dando a sus restos decorosa y
cristiana sepultura.
Los músicos de Arecibo, que durante muchos años fueron sus compañeros en
orquestas de baile, acompañados del digno vice-cónsul español Don Ángel
Sáenz, jefe que fué de Angelito cuando dirigía la banda del tercer
batallón de Voluntarios, vinieron expresamente a rendirle el último
homenaje de amistad y compañerismo.