Si en alguna ocasión es de sentir la carencia de profundos conocimientos
psicológicos y de gran estilista, es, cuando, como en el presente caso,
se intenta hacer la biografía de un artista, que es, de los de más alto
temperamento que se han producido en Puerto Rico.
La figura artística de Martínez Plée es dual; porque si grandes son sus
méritos como violinista, no menores los posee como literato, y si a
ellos unimos las genialidades de su carácter y no olvidamos los rasgos
fisonómicos de los que, un pintor podría hacer meritísima _cabeza de
estudio_, nos encontramos perplejos, ya que no incompetentes, para
delinear, siquiera, el contorno de su personalidad.
"_Cabeza de estudio_" hemos dicho, porque, efectivamente, en todos y
cada uno de los rasgos, encontramos, cada vez que tenemos la oportunidad
de departir con él, algo que nos induce a la meditación.
Frente amplia, ángulo facial circásico, cráneo abultado, en su primer
tercio reluciente y el resto poblado de guedejas que, como las del
rostro, tienen, prematuramente, el tinte gríseo, de los cielos
invernales; ojos, a los que sirven de atalayas cejas de finos trazos, no
muy grandes y cavernosos, cuyas negras pupilas tienen, de ordinario, el
plácido rutilar de las estrellas, y cuando se dilatan por efecto de la
emoción estética, adquieren el fulgor hipnótico de los del león en
plena fiebre; pómulos ligeramente pronunciados, nariz dilatada y labios
reveladores de un temperamento pasional, son los detalles de esa cabeza,
que, repleta de _fósforo_ y de fibras nerviosas delicadísimas, tiene
como soporte un cuerpo de mediana estatura y complexión muscular
vigorosa, haciéndonos recordar, el conjunto, las figuras simpáticamente
majestuosas de los patriarcas bíblicos.
Martínez Plée nació en la Carolina, el 24 de agosto de 1861. Su
nostálgica indolencia pone de manifiesto su procedencia criolla, pues su
señor padre era también portorriqueño, heredando de su madre doña Delia,
de origen francés, los tesoros morales de la Fé y amor a la Libertad.
Don Ruperto Rivera Colón, fué su preceptor de instrucción elemental, y
las selectas bibliotecas de New York, en donde residiera por más de 20
años, las que, con sus colecciones de obras maestras, leídas y meditadas
asíduamente, le hicieron obtener, _per se_, el título de literato, que
le reconocen los intelectuales.
Le son casi familiares las literaturas latina, española, francesa e
inglesa; los poetas y filósofos griegos le seducen, y, en su prodigiosa
memoria, tiene catalogadas las síntesis de las obras contemporáneas de
mayor renombre.
Sus amigos inseparables son el violín y los libros.
Rápido en la concepción, lo es más para asimilarse ideas que, después de
analizadas, las adapta a su criterio, forjándolas de nuevo con
modalidades de expresión conceptuosas, concisas y originales.
Su estilo es tan ameno, por las bellas sutilezas que emplea en la
descripción e ingenuidad con que instruye, que basta ver su firma en un
artículo para leerlo con gran interés. En la controversia muéstrase,
unas veces hiperbólico, otras, cúltamente mordaz, sobre todo, cuando la
argumentación contraria no es sofisticada.
En San Juan cursó la teoría musical, solfeo y rudimentos del violín,
trasladándose después a Caguas, en donde, D. Mauricio Álvarez, modesto y
notable violinista, que por largos años se dedicó a la profesión--vive
aún dirigiendo la farmacia de su hijo D. José--le inició, con maestría,
en los secretos del arco y pulsación de tan difícil instrumento.
Tras de una temporada de residencia en Humacao, en donde su corazón
recibió las primeras impresiones de un amor purísimo que, irrealizado,
tal vez influyera en el pesimismo y dualidad que se nota en su carácter,
marchó a los Estados Unidos, y, en New York, a la par que nutría su
inteligencia con el néctar del saber, con Mr. E. Remenyi, gran
violinista húngaro, adquirió el dominio del instrumento que inmortalizó
a Paganini.
Las audiciones constantes de los grandes artistas que sin cesar visitan
la Babel americana, completaron su educación musical.
En New York formó parte de las mejores sociedades artísticas, siendo su
nombre conocido y justamente apreciado. Allí, nuevamente el amor se
interpuso en su camino y contrajo matrimonio, del que tiene una hija,
que parece haber heredado su temperamento e inteligencia artística, y
cuya educación preocupa hondamente a nuestro biografiado.
Durante su larga ausencia del país natal, éste ignoraba tener un hijo
que le honraba en el extranjero, hasta que la atracción de su doble amor
filial le hizo aparecer entre nosotros, cual bohemio errante que añora
con el arte mágico de su violín las tristezas y ensueños de su perdida
patria, dándose a conocer en la plenitud de sus facultades.
En el violín es un _virtuose_, que burila la frase, destaca con
precisión y claridad los pasajes más difíciles, y, aun cuando para el
colorido de emisión prefiere los tintes crepusculares a los del sol en
el zenit, no por eso dejan de ser vigorosos los sonidos.
Para apreciar todo su valer artístico, hay que estar cerca de él cuando
interpreta. Ruge, canta, increpa, llora; su alma experimenta y trasmite
todas las sensaciones que conmovían al autor en la concepción y que él,
en plena fiebre de interpretación, reproduce fielmente.
La dualidad de su carácter le hace a veces incomprensible.
Escolástico e idealista por convencimiento, muéstrase en ocasiones,
racionalista con tendencias al materialismo.
Amante apasionado de la forma clásica, para las manifestaciones del arte
absoluto, ha roto lanzas en defensa de la libertad de expresión.
Sinceramente cristiano, las contrariedades y luchas de la vida, le hacen
no desdeñar el fatalismo musulmán.
Noblemente bohemio en la práctica del bien, se reprocha a sí mismo el
haberlo ejercido.
Generoso, en demasía, para cimentar prestigios, cuyas procedencias no
siempre escudriña, por cualquier nimiedad trata de derrocarlos
cáusticamente.
Su _temperamento_ le hace vivir en pleno cielo de ilusiones, pero el
_pandemonium_ de su cerebro lo lleva a sufrir las oscuridades del
pesimismo.
Ha concebido obras literarias y didáctico-musicales de altos fines, pero
al darles forma, o las ha dejado en floración, o, después de acabadas,
permanecen ocultas en los anaqueles de su biblioteca.
Es un _valiente-tímido_, capaz de todo, y que por su vacilar constante,
ha perdido grandes oportunidades favorables a su bienestar y gloria.
A pesar de eso, la chispa de su genio, como la del rayo en medio de la
tempestad, brilla refulgente y con luz propia, en el cielo del arte,
siendo una de las legítimas glorias portorriqueñas.