En la calle del Sol de San Juan, y en una casa, que ya ha desaparecido,
cercana al castillo de San Cristóbal, nació el 26 de marzo de 1854,
Braulio Dueño Colón, hijo del ilustrado procurador de la Real Audiencia,
y a la vez músico distinguido, Don Aurelio.
El gran temperamento artístico con que Dios le dotara, fué fraguándose,
desde niño, en el cálido ambiente de su hogar, consagrado, no tan sólo
al culto de la música, si que también al de la literatura, ya que su
hermano, Don Manuel, fué un poeta delicadísimo, que hizo honor a la lira
borincana.
Con su señor padre hizo los estudios elementales de la música
prosiguiéndolos después sólo, hasta que, por indicaciones del director
de una compañía de ópera a quien llamó la atención verlo tan joven
ocupando el puesto de flauta en la orquesta, le dijo: "Tu tienes gran
disposición musical y ejecutas mucho, pero te falta escuela". Entonces
solicitó del maestro Aruti,--que no le gustaba enseñar--le diese algunas
clases y este, como excepción, (Aruti solamente enseñó, con
intermitencias, a Dueño y otro joven) le dió lecciones de flauta,
perfeccionándolo en la gran escuela.
En cuanto a la composición, que es lo que le ha dado mayor renombre,
Fetis, Durand, Barbereau, Asioti y Richter, fueron los maestros que,
leídos, meditados y siempre consultados cuidadosamente, le hicieron
conocer, desde las soledades de su gabinete de estudio, los secretos de
la armonía y del contrapunto; aplicándolos, primeramente, con la natural
timidez y descuido del principiante, y, poco después, con la seguridad
del maestro, a la siempre lozana y fértil inspiración de su fantasía
criolla, que, desde los 14 años, empezó a producirse febrilmente.
La personalidad artística de Dueño Colón hay que considerarla bajo
varios aspectos; como instrumentista, como director, como compositor y
como musicólogo.
Bajo el primer aspecto, fué un flautista,--decimos fué porque hace ya
muchos años que abandonó su ejercicio,--que, dominando por completo el
mecanismo, al parecer fácil, pero no exento de dificultades para obtener
una ejecución limpia, y haciendo un estudio especial del doble-picado,
alcanzó, muy joven, el puesto de concertista, siendo desde entonces
considerado como un _virtuose_. Obtuvo por oposición, en 1880, la plaza
de flauta de la orquesta de capilla, que sirvió durante largos años.
Hizo algunas composiciones para Flauta y piano, fantasías sobre temas de
óperas, tan difíciles, que hay que estudiarlas con detención para
decirlas correctamente. Los conocimientos de solfeo, en las siete
claves, que le trasmitiera su padre, fueron tan sólidos, que le
permitieron ser un gran repentista, e igual transportador.
Como director, en donde más ha ejercido, ha sido en Bayamón, su
residencia desde hace muchos. Allí organizó una banda municipal, que por
mucho tiempo se convirtió en un verdadero centro de cultura musical, ya
por el esmero en la trasmisión de la enseñanza, ya por lo escogido del
repertorio que la misma llegó a interpretar cuando los adelantos del
conjunto lo permitieron. Cultivador exquisito de la música regional,
colocó siempre a ésta en el puesto que le corresponde dentro de lo que
pudiera llamarse etiqueta palaciega de los géneros, y alternándola con
obras selectas de buenos autores, los programas de los conciertos
semanales que daba al público resultaban equilibrados en calidad y
variedad. Su batuta, como su carácter, es austera, algo sobria de
detalles, pero enérgica, vigorosa y precisa. Como las obras, que ponía,
casi todas las instrumentaba expresamente, tenía la habilidad de
atemperarse a las condiciones de los instrumentistas, y a la vez, las
deficiencias del instrumental sabía suplirlas sustituyendo efectos de
determinados instrumentos por los de otros similares. De ahí la armonía
del conjunto y la percepción, por los inteligentes, de todas las
bellezas de las partituras. Hoy también ha abandonado este ramo de la
profesión.
Antes de proseguir en el estudio de sus condiciones artísticas, debemos
decir algo de su vida como ciudadano, pues ella ha influído mucho en el
carácter de sus producciones.
Procedente de un hogar culto y honrado, en el que, cosa algo rara en
aquella época, las ideas libre-pensadoras regíanlo intrínsecamente, al
salir del estado de crisálida, la mariposa de sus ensueños no pudo batir
libremente sus alas por los jardines de la emancipación política y de
conciencia, sino que, replegándolas cuando quería libar el néctar de las
ideas liberales, o tenía que rebuscar las _flores ocultas de algún
jardín prohibido por las leyes_, o morir de inanición por el
enrarecimiento del medio ambiente.
Sus pensamientos y sentimientos fueron reconcentrándose, y su carácter,
a medida que se desarrollaba paralelamente con los afectos pasionales,
fué tornándose austero, pesimista y receloso. De ahí que su aspecto
físico denote, sobre todo, en las líneas del rostro cuando se le vé sin
tratarlo, un temperamento frío, indiferente, más adaptable a las
soledades de un gabinete científico, que al alegre bullicio de la vida
artística.
Y sin embargo el arte ha sido siempre el propulsor de su vida.
De joven y mientras viviera su padre, dejó vagar a la _loca de la casa_,
por los campos del ideal, y ora tocando la flauta, ora emborronando
pentágramas, cuyas notaciones _concentraban ideas_, o bien esbozando en
la mente la silueta del _amor único_ que germinaba en su alma, y que más
tarde hubo de realizar con gran acopio de dichas, vivió relativamente
feliz.
Pero cuando se encontró solo, sin otro horizonte para sus nobles
aspiraciones, que el triste destinillo público, el escritorio particular
o la vida azarosa, por lo insegura y mal retribuída, de la profesión
artística, al optar por un escritorio de contabilidad en donde consumió,
casi inútilmente, todas las energías de su juventud y virilidad,
recibiendo, como único premio, un retiro _ad honorem_, solamente en el
arte encontró _el oasis_ que mitigara la sed idealista de su alma, en la
peregrinación por los áridos desiertos de la vida colonial.
Su vida social ha sido, por lo tanto, más bien retraída que pródiga.
Buen hijo, mejor esposo y padre, correctísimo ciudadano, y fiel
guardador de la moral en todas sus manifestaciones, cuando muera legará
a sus hijos un nombre sin mancha, orlado con los laureles de sus
triunfos artísticos y de las buenas obras, que ha practicado y practica
incesantemente desde _el jardín oculto_ en donde, desde su juventud,
cultivó siempre la flor hermosa de la libertad.
Cuando se le trata por primera vez, es imposible juzgarlo, porque dentro
de la corrección de formas, producto de su cultura y educación, no se
muestra expansivo, sino más bien reservado; pero a medida que se cultiva
su amistad, la escarcha que encubre su noble ser, descongelándose al
calor de una recíproca lealtad y compenetración de ideas, permite
apreciar la delicadeza de un alma buena; como de artista al fin.
Ese es el hombre, que ya en el descenso de la vida humana, se sostiene
firme en el pináculo de la artística.
Dueño Colón empezó muy joven a producir; y, como lo hicieran casi todos
los compositores de aquella época, dió a los géneros bailable y
religioso, las primicias de su inspiración.
En sus primeras composiciones, se destacaba la originalidad de las
ideas, aunque la demasiada simetría en la métrica de los fragmentos y
frases, defecto en que incurren todos los principiantes y sobre todo los
que, sin preceptores han hecho estudios de la composición, le impedía
desarrollar completamente los pensamientos.
Las religiosas, y entre ellas recordamos una salve para voces y
orquesta, carecían del misticismo que las caracteriza, saturándolas, por
el contrario y principalmente en los efectos de la instrumentación, del
sabor profano que predomina en la lírica escénica.
Citamos estos defectos en sus primeros pasos de compositor,
expresamente, para poder aquilatar mejor, la exquisita corrección de sus
obras posteriores. Él mismo nos decía, en ocasión en que le recordábamos
algunas de sus primeras danzas, "no me las nombre siquiera, que me
avergüenzo de haberlas escrito." Ingenuidad que le eleva, pues es
reveladora del conocimiento que tiene de sí mismo, y de su modestia.
Sin abandonarlos, se apartó un poco de los géneros citados, y abordó el
lírico-teatral, poniéndole música a una zarzuela en dos actos, letra de
Don Genaro de Aranzamendi, titulada: "Los Baños de Coamo", que fué
estrenada, con gran éxito, en el teatro _Moratín_, que en la calle de la
Luna, de San Juan, estuvo abierto durante se hacía la transformación
interior del antiguo municipal, en la forma que todavía conserva.
Persuadido de que el ambiente de Puerto Rico no es propicio, para que
literatos y músicos se esfuercen en producir obras para la escena, que
aún cuando resulten acabadas, todas tienen efímera existencia, sin otro
producto que el de felicitaciones y aplausos la noche del estreno, y
cuando más en la _reprise_ de éste, y habiéndose hecho cargo de la
contabilidad de la casa comercial de Vías, Soler y Co., en la que
continuó por más de 20 años, a pesar de los cambios de la razón social,
dejó descansar, por poco tiempo, la pluma artística, hasta que, volvió a
tomarla, con mayor suma de conocimientos y en pleno idilio de amor, por
estar en los prolegómenos de su matrimonio, cuando el Ateneo hiciera la
convocatoria para su primer certámen literario-musical, en 1877.
En él obtuvo Dueño su primer triunfo, pues le adjudicaron,
merecidamente, la medalla de oro y diploma de honor, primer premio, por
una obertura para orquesta, estilo rosiniano, titulada _La Amistad_.
Dado el primer paso, con tan grandioso éxito, éste no le ha abandonado
nunca. Trabajos que Dueño Colón envía a concursos, son siempre
premiados por lo cual su reputación de maestro está cimentada
sólidamente.[17]
[17] Véase la sección "Certámenes".--F. C.
En el género sinfónico para gran orquesta es que ha obtenido la mayor
parte de sus lauros.
Sensible es no poder tener las partituras para, examinándolas, emitir
algún juicio, aunque el nuestro, nada nuevo podría añadir a los que en
los respectivos laudos emitieran los jurados, por todos conceptos, más
competentes que nosotros.
Fueron premiadas, además de La Amistad, la _Sinfonía Dramática_ (primer
premio) y la obertura _Noche de Otoño_ (primer premio, discernido en
Madrid.)
También obtuvo mención honorífica por un _Ave María_ para cuatro voces y
orquesta; diploma y medalla de plata en la Exposición de Búfalo (1901) y
medalla de oro y diploma en la de Charleston, U. S. de 1902 por las dos
series de Cantos Escolares, escritos expresamente para las escuelas
públicas de Puerto Rico, con letra del ilustre literato, Don Manuel
Fernández Juncos; y con diploma y _Lira de Oro_ en el certámen del
Ateneo de 1912, por una Canción Escolar, especial para graduación.
Aunque los cantos escolares no tienen, dentro de los géneros de la
composición, el mérito artístico de las obras sinfónicas, en nuestra
opinión, por la dificultad que envuelve el carácter sencillo de los
mismos, si se logra, como con tanta habilidad y maestría lo ha logrado
Dueño Colón, hacer una colección (doble en este caso) completamente
ajustada al objeto, tal vez si el mérito pueda igualarse al de las obras
del género severo, ya que en éstas el compositor tiene ancho campo en
donde desarrollar la inspiración y los conocimientos, mientras que en
los referidos cantos, la acción es muy limitada, y a la vez tiene que
ajustarse la inspiración musical a los pensamientos de la letra.
Por eso es que no vacilamos en calificar los "Cantos Escolares" como la
mejor obra de Dueño, la que hará recordar su personalidad artística,
puesto que siempre resonarán en los salones escolares de las
generaciones futuras, las dulces melodías, en que el alma nativa del
compositor se expandió libremente para cantar las bellezas de la
tierruca amada y los idilios de la niñez.
La colección la forman 85 cantos; 42 en la primera serie y 43 en la
segunda. No todos son producciones originales, sino que, con el objeto
de ir familiarizando a la niñez en la percepción de la buena música,
adaptándolos a la métrica del verso, ha seleccionado trozos escogidos de
las obras de Lyman, Marcela Reilly, Tschaikowsky, Wilson, Joly,
Beethoven, Gounod, Kreuz, Rungenhagen, Ketterer, Carey y otros autores
clásicos, así como fragmentos deliciosos de danzas de Campos y melodías
de Tavárez, que intercalándolos con los propios, ha hecho que el
conjunto semeje, delicado estuche de perfumería de diminutos pomos, en
los que están concentradas las sútiles esencias de las flores simbólicas
del arte.
En cuanto a la factura musical propia, Dueño Colón, añorando los
ensueños de su niñez y juventud, libre el alma de dolos y la inspiración
de trabas, supo exponer los pensamientos melódicos con sencillez,
espontaneidad, veracidad, expresión adecuada, belleza de giros y
facilidad de entonación, completados con una armonización, a la par que
elegante y correcta, sin rebuscamientos de efectos, logrando producir,
en intérpretes y auditorio, la emoción estética, exigida a toda obra
verdadera de arte.
El único defecto que encontramos es que no siempre los acentos
prosódicos de la letra corresponden con los rítmicos de la música, lo
que atribuímos a un ligero descuido, ya que ni como músico ni como
literato, es capaz Dueño de cometer, adrede, tal incorrección.
_El Barquero_, _Dulce Abeja_, _La Ola y El Arroyo_, _Cantar_ (este es
delicioso,) _La Bandera_, (soberbiamente expresado), _La Muñeca_,
(delicadísima, pues parece que en ella se expresa una ilusión perdida),
_La Canción del Muchacho_ (de sabor pastoril) y _Margaritas_,
(pensamiento completo y de honda emoción) en el primer tomo; la _Canción
de las Manzanas_, _Plegaria_, (precioso tema para desarrollarlo con más
amplitud en una romanza), _La Oración por todos_, (la mejor de todas por
su estructura melódica-armónica), _La Tierruca_, entre otras del segundo
tomo, pueden ser examinadas para probar la veracidad de nuestros
juicios.
En los géneros de salón y bailable también ha estado feliz nuestro
biografiado. En danzas, tiene un estilo propio, intermedio entre los de
Tavárez y Campos. _La Criolla_, _Delia y Belén_, _¡Patria!_, entre
otras, si al ejecutarlas en el piano, se modifica el movimiento propio
del baile, pueden ser consideradas como romanzas sin palabras.
Para resumir el concepto que nos merece como compositor, reproducimos lo
que al juzgarle decíamos en la conferencia: "Dueño Colón, es un
compositor correctísimo en el fondo, elegante en la forma; algunas veces
sobrio y austero en la exposición de la idea, siempre original en el
desarrollo de la frase melódica; conocedor profundo de la técnica
armónica, en ocasiones, subyuga a esta la espontaneidad de la
inspiración, haciéndola perder en belleza poética lo que gana en
variedad de factura. Maneja el contrapunto con suma habilidad y al
instrumentar, hace uso apropiado de los distintos cuartetos."
Como musicólogo, nos abstenemos de juzgarle, ya que en esta misma
sección aparece un magnífico trabajo suyo (la biografía de Gutiérrez) y
los lectores pueden hacerlo de por sí.
Pero debemos consignar que fué premiado con diploma de honor y un busto
en oro de Juan Morell Campos, por un _Estudio sobre la danza
Portorriqueña_.
Y para que pueda tenerse una idea de su labor como compositor,
catalogamos, a continuación sus principales obras.