PIANISTA-COMPOSITOR.

Nació en la ciudad de Ponce, P. R., el 29 de octubre del año 1864.

Desde su tierna infancia demostró aptitudes especiales para el estudio

de la música, circunstancia que indujo a sus amantes padres a llamar al

profesor Don Pedro Gabriel y Carreras, para encomendarle la educación

artística elemental de su hijo. Este profesor, hombre de aptitudes y de

conciencia, reconoció las dotes del niño y auguró a sus familiares y

amigos las más risueñas perspectivas.

Iniciado en los elementos de la música y con conocimientos algo

apreciables del violín y del Piano, pasó Arteaga a New York, a continuar

sus estudios musicales bajo la dirección del distinguido pianista y

compositor Gonzalo J. Nuñez,--quien igualmente reconoció sus singulares

aptitudes, recomendándole de continuar indefinidamente a su lado, lo que

desestimó,--y del notable organista canadiense Mr. Samuel P. Warren,

bajo cuya dirección estudió el gran órgano, realizando apreciables

progresos.

En el año 1883 marchó Arteaga para París, en cuyo Conservatorio

ingresara, después de haber probado sus ventajosas condiciones para

poder ascender a la altura que más tarde ascendiera. En dicha

institución docente trabajó nuestro compatriota con verdadero celo y

entusiasmo, el piano, la armonía y demás ramas del arte musical. Su

profesor de piano fué el ilustre Mr. Georges Mathias, antiguo y

predilecto discípulo de _Chopín_; su profesor de armonía y contrapunto,

lo fué Mr. A. Taudou, un hábil y profundo conocedor de la ciencia

armónica y contrapuntal; su profesor de acompañamiento, lo fué Mr.

Auguste Bazille, profesor del Conservatorio, y organista e improvisador

que se había captado la admiración de _Meyerbeer_. Mr. Bazille, a la

sazón, desempeñaba la plaza de organista en la iglesia de Sainte

Elizabeth, de París.

Arteaga reanudó sus estudios de órgano, iniciados en New York, y al

efecto ingresó en la clase de órgano e improvisación del ilustre

maestro, organista, improvisador y compositor eminente, Mr. César

Auguste Franck. También hizo estudios de canto, bajo la dirección del

insigne barítono profesor E. Crosti, autor de varias obras didácticas

sobre el canto, y antiguo discípulo del gran _Francesco Lamperti_. Así

mismo--y éste es un timbre muy honroso y que muy pocos pueden

ostentar--Arteaga fué discípulo auditor de la clase de alta composición

musical del grande e ilustre _Jules Massenet_. En 1887 obtuvo un

accésit, clase de acompañamiento, y en 1888, después de un brillante

examen, recibió el primer premio.

Obtenido el anterior triunfo, Arteaga retornó a Puerto Rico, al lado de

sus familiares, a difundir los positivos conocimientos que había

adquirido en la ciudad-luz. Al efecto, se estableció en Ponce, en donde

formó un núcleo de discípulas muy aprovechadas y que hicieron honor a su

enseñanza. En la ciudad-perla, llegó a realizar algunas audiciones de

sus alumnas, que merecieron las más cordiales muestras de admiración de

los elementos competentes.

Más tarde marchó a la Habana y a New York, en cuyas ciudades cimentó su

reputación de pianista gallardo y profesor eficiente y concienzudo. En

New York, de 1902 a 1904, desempeñó con éxito la plaza de profesor

superior de piano en el Conservatorio Internacional, que es una de las

instituciones más importantes de la Metrópoli.

Es indiscutible que Arteaga ha recibido una educación musical sana y

vigorosa, que le coloca en la cúspide de nuestra representación

artística y profesional. Sus triunfos, puede asegurarse, han sido

mayores en el extranjero que en su propio país; pues allí han podido

aquilatar más justicieramente sus méritos, prescindiendo de sus

rarezas, que revelan un carácter algo quisquilloso y un temperamento

harto susceptible, y que suele grangearle no pocas desazones. Es no

obstante, Julio C. Arteaga, un corazón bueno y, como artista al fin,

accesible a los más tiernos sentimientos.

Arteaga, como pianista, ha llamado siempre la atención. Posee una

técnica sólida, vigorosa, flexible; hace frente a las mayores

dificultades trascendentales del instrumento que preferentemente ha

cultivado, sin esfuerzo alguno; domina las obras más culminantes de los

grandes maestros clásicos y modernos, siendo _Chopín_ y _Liszt_ sus

favoritos. En nuestro medio artístico--precisa reconocerlo--Arteaga, a

pesar de sus dotes, no ha obtenido los fervientes aplausos que han

obtenido otros, considerablemente menos aptos y concienzudos que él, en

el arte que cultivan. Pero, ya se sabe que nuestro público es más

impresionable que reflexivo, y, regularmente demuestra predilección por

aquello que satisface mejor sus ambiciones _snobistas_, y sin establecer

la diferencia existente entre el oro y el oropel que suele

brindársele...

Como acompañador, Arteaga no tiene rival; es además, un lector

intrépido. Como maestro de armonía y composición ya ha demostrado su

eficiencia. Ha escrito algunas obras musicales, que revelan sus sólidos

conocimientos armónicos y contrapuntales. Entre esas composiciones de

índole seria, figura un Cuarteto, escrito para violín, viola, cello y

piano, que ha sido ejecutado con éxito en distintas ocasiones. Ha

escrito, así mismo, algunos coros, con _soli_ y orquesta, y algunos

trozos para canto; la mayor parte de esos trabajos están inéditos. En la

Habana obtuvo nuestro compañero un sensible triunfo con la ejecución de

su interesante Marcha Triunfal, compuesta para banda, en homenaje al

gran descubridor Cristóbal Colón. Fué obedeciendo a las insinuaciones

del periódico _El Fígaro_ de la Habana, que nuestro compatriota se

decidió a escribir la expresada Marcha, que le valió calurosos aplausos

de la sociedad habanera, y más tarde de la sociedad portorriqueña.

Arteaga cultiva igualmente la dirección orquestal, y tiene aptitudes

para la crítica musical. Aunque su pluma suele ser rebelde en la

expresión, hay que reconocer que en sus trabajos de índole docente, se

destacan siempre sus conocimientos sobre la técnica musical y la

historia del arte. ¡Lástima es que haya permanecido impasible en ciertas

ocasiones en que las circunstancias han debido incitarle al combate! No

obstante, ha dicho algunas verdades, que le han valido los plácemes de

la minoría, que constituye el elemento sensato de nuestra sociedad.

Julio C. Arteaga ha sido aplaudido en centros de gran cultura artística.

En París, en New York, en la Habana, en Caracas, en fin, en todas las

poblaciones importantes que ha recorrido, han tenido la oportunidad de

juzgar sus aptitudes, rindiéndole los homenajes a que se ha hecho

acreedor.

En 1906, fundó una revista musical, que redactó en unión de otros

elementos artísticos portorriqueños. Dicha publicación tuvo muy corta

existencia; pues el público no respondió, como se esperaba, al esfuerzo

que en su obsequio se hacía. En la expresada _Revista de Música_,

colaboraron los distinguidos artistas y escritores Braulio Dueño Colón,

Manuel Martínez Plée, Fernando Callejo, Ramón Morlá, Trinidad Padilla de

Sanz y el que suscribe.

Julio C. Arteaga se encuentra actualmente en San Juan, dedicado a su

labor profesional, con la eficiencia ya demostrada y reconocida por todo

el público sensato portorriqueño. No obstante, sus éxitos materiales son

exiguos y están muy lejos de satisfacer sus justas ambiciones. Pero, ya

se sabe que nuestro país suele brindar a los osados y a las medianías

que se agitan en su seno, el perfume de sus rosas, dejando para sus

verdaderos artistas, para aquellos que le enaltecen ante el mundo, las

punzantes espinas de sus zarzales.

Música y Músicos Portorriqueños · 第 19 / 89 题