1898-1914
El cambio de nacionalidad, trajo como consecuencia, demostrada por la
historia en las grandes conmociones políticas de los pueblos, la
paralización, ya que no el retroceso, del desenvolvimiento artístico
cuyo progreso se había efectuado tan notablemente en la Isla.
Afortunadamente la forma especial con que se desarrolló en Puerto Rico
la guerra hispano-americana, pues asumió un carácter, más que de
combate, de penetración pacífica, aunque armada, hizo que, en la vida
general, de momento apenas se notasen las diferencias esenciales del
cambio.
No así en la vida oficial, pues siendo, bajo todos los aspectos,
completamente distinto el sistema administrativo del gobierno americano,
era lógicamente natural, aunque la mayoría del país opinase de otro
modo, que aquel, desterrando en absoluto las prácticas españolas,
implantase sus métodos, ya porque los conceptuase como los mejores, ya
también porque raras veces consigna la historia casos en que el pueblo
conquistador se adapte o asimile los usos y costumbres del pueblo
conquistado.
No es práctica en Norte América, que el Estado se haga cargo,
directamente, del fomento de las artes, y de ahí, que uno de los
primeros actos del régimen en Puerto Rico, fuese la supresión de todas
las subvenciones de carácter artístico.
La separación de la Iglesia y el Estado, hizo desaparecer la orquesta
de Capilla de la Catedral, así como al Organista oficial. La primera, no
ha sido repuesta, si bien en determinadas festividades religiosas, el
Obispado o el Párroco de Catedral, llevan orquesta para solemnizarlas,
pero no existe una con carácter permanente. Y en cuanto al órgano,
apenas repercuten por los ámbitos de las majestuosas naves de los
templos, las graves, solemnes y místicas armonías de tan bello
instrumento.
En lo que a la Catedral atañe, al retornar a España el Organista oficial
Sr. Agulló, fué nuevamente llamado para desempeñar el cargo, aunque con
una retribución menor, que paga la parroquia, el antiguo organista Don
Luís Rengel. Durante los primeros años de la nueva nacionalidad, el Rev.
Padre Don Rafael Mangual y Nieva, secretario del Obispado y a la vez
organista compositor, de amplios y sólidos conocimientos, organizó una
escolanía, que por más de un año llegó a solemnizar los cultos de la
Catedral, pero fué suprimida por haber sido designado el Director para
regir la Vicaría de Humacao.
Suprimidas las subvenciones otorgadas por la Diputación Provincial,
hubieron de retornar a la Isla, la Srta. Elisa Tavárez y el joven Ángel
Celestino Morales, que, en virtud de aquellas, cursaban estudios
musicales en el Conservatorio de Madrid, aunque afortunadamente acababan
de terminar los estudios de Piano y Violín que respectivamente hicieran
en el referido centro docente.
Ambos se dieron a conocer en el país, por medio de recitales. Elisa
Tavárez, primer premio de piano, por sus excelentes dotes de pianista
cautivó inmediatamente al público y Ángel Celestino Morales, fué acogido
con grandes simpatías, pues sin ser un _virtuose_, demostró haber
aprovechado tiempo y dinero.
La Tavárez se estableció como profesora en San Juan y después en
Arecibo, en donde, víctima del _ciego-alado_, trocó sin relegarlas al
olvido, las _sonatas_ y _rapsodias_ musicales por los _impromptus_ y
_berceuces_ del hogar, abandonando la profesión, aunque recientemente ha
vuelto a ejercerla en Utuado, donde radican los intereses de su esposo.
Morales emprendió una _tournée_ de conciertos por las antillas y
repúblicas sud-americanas, hasta que en Santiago de Cuba le sorprendió
prematuramente la muerte, cuando empezaba a realizar sus ensueños de
gloria y estaba en pleno idilio de amor por haber efectuado, hacía pocos
meses, su matrimonio con una notable pianista mejicana.
Compenetrados de que la opinión colectiva impulsada por el espíritu de
Asociación, es la que orienta y hasta casi rige la vida oficial
norte-americana, tratamos, desde los primeros meses del cambio de
nacionalidad, de reunir en apretado haz a todos los elementos musicales
del país, como medio de evitar la decadencia que para el arte
presentíamos. Con tal motivo a fines de diciembre de 1898, y secundados
por los maestros Arteaga, Chavier, Carreras, Pasarell, Cruz y demás
elementos valiosos de Ponce, efectuamos un mitin público en los salones
del "Taller Benéfico" de dicha ciudad, en el que quedaron aprobadas las
bases constitutivas de la Asociación Musical de Puerto Rico, y designado
el comité local, que nombró al Maestro Arteaga para que, en comisión,
prosiguiera con nosotros la propaganda o labor constitutiva por toda la
Isla.
El 30 de Diciembre del mismo año se efectuaba en los salones del Ateneo
de San Juan el segundo mitin de propaganda y allí también quedaron
aprobadas las bases y organizado el comité local, en el que figuraban,
entre otros de los principales elementos musicales, el Maestro Gutiérrez
y la pianista Anita Otero. Gutiérrez fué designado para, con Arteaga y
el que esto relata, poner en manos del Gobernador Henry un escrito
pidiéndole patrocinase los fines de la Asociación, subvencionándola para
la constitución de un Instituto de música en San Juan.
El General Henry, recibió cortesmente a la comisión y enterado por el
intérprete de la petición, prometió, como lo hiciera después, endosarla
favorablemente al Jefe del Gabinete autonómico, quien contestó en
sentido negativo, lamentando no poder atender los deseos de la naciente
Asociación porque las partidas del limitado presupuesto, casi no se
podían entonces cubrir con los ingresos. A pesar de que se había
fracasado en el primer intento, se prosiguieron los trabajos para
constituir definitivamente la Asociación general, pero también tuvieron
que abandonarse, porque la idiosincracia de los músicos, por defectos de
educación cívica, era bastante refractaria al espíritu de asociación.
Como organismo oficial de carácter docente-musical únicamente subsistió
la banda o escuela de música del asilo benéfico de niños, circunscrita a
la enseñanza de los instrumentos que integran las bandas militares y sin
que, hasta ahora, puedan apreciarse grandes resultados en la enseñanza.
Aunque el cuerpo de la policía insular fué establecido en Puerto Rico a
los pocos meses del cambio de nacionalidad, la banda de música no fué
creada hasta, la implantación del gobierno civil, en Mayo de 1900,
nombrándose músico mayor al que lo había sido por más de quince años de
la del primer batallón de Voluntarios, señor Francisco Verar.
Esta banda, que al principio solamente constaba de 22 instrumentistas y
que después fueron aumentados hasta 35, predominando la cuerda de
clarinetes, y estando proporcionalmente representados los cuartetos que
integran a las bandas militares, llegó a gozar de un merecido prestigio,
pues constituída por los mejores elementos músicos de la Isla, y
poseyendo el director una gran práctica, los conciertos bisemanales que
daba en la plaza principal, atraían enorme concurrencia, recibiendo
constantemente muchos aplausos. Con elementos de ella, el señor Verar
tenía organizada una orquesta, que solemnizaba los actos privados,
aunque con carácter oficial, de la Mansión Ejecutiva, y era muy
solicitada por el público. Banda y orquesta quedaron suprimidas para
siempre cuando surgió el conflicto económico entre las dos ramas de la
Legislatura Insular, y los presupuestos fueron distribuídos por el
Gobernador Post, dentro del total aprobado para el año anterior.
El 14 de Mayo de 1903, el connotado profesor de música Don Manuel Tizol
Márques, organizó una banda popular de 25 profesores, denominada
"Juventud del Comercio", para dar conciertos semanales en la plaza
pública, pero como la vida económica de ella, dependía de una
suscripción voluntaria, ésta fué decayendo y la banda tuvo que
disolverse.
La depresión económica que sufriera el país con el cambio de moneda,
reformas de la tributación y estragos horribles que causara en la
agricultura el ciclón del 8 de agosto de 1899 conocido por el nombre de
_Ciclón de San Ciriaco_, paralizó por 3 o 4 años las visitas frecuentes
que hacían a la isla diversas compañías de zarzuela y ópera. Con tal
motivo, y con el fin de hacer amena la vida capitaleña, varios
dilettantes organizaron la sociedad, denominada _Gira Artística_, para
poner en escena obras dramáticas y líricas del género chico. En la
sección lírica figuraban, bajo la dirección del maestro concertador Don
Joaquín Burset, joven humacaeño que había hecho sus estudios musicales
en Barcelona, los siguientes artistas aficionados: Sra. Maceira, tiple;
Sra. Europa Dueño, contralto-característica; Sr. Abella Blanco, tenor;
Sr. Montesinos, barítono; Sr. Sandoval, partiquino y los jóvenes Don
Evaristo Vélez López y Don Juan Nadal como bajos. El director artístico
lo era Evaristo Vélez López, que por sus facultades pudo haber llegado a
ser actor de fama si se hubiese dedicado con ahinco al arte
lírico-escénico.
Entre las muchas obras nuevas que se dieron a conocer, figuró la
zarzuela en un acto, de asunto nativo, titulada "El 12 de Mayo", letra
del Lcdo. Don Antonio Moreno Calderón y música del autor de estas
anotaciones, circunstancia por la que nos abstenemos de hacer un solo
comentario.
La _Gira Artística_, fué muy aplaudida no tan sólo por el público de San
Juan, si que también por los de Ponce, Mayagüez y otros de la Isla,
viniendo a probar, que hay de sobra elementos en Puerto Rico para, con
buena dirección, atender a muchas de las manifestaciones del arte.
Desde 1905, empezaron a organizarse bandas escolares en algunos pueblos
de la Isla, siendo sufragados los gastos por las Juntas Escolares y en
algunos pueblos, mitad por ellas y la otra mitad por los municipios.
Durante algún tiempo el Departamento de Instrucción autorizaba el pago
de los profesores y por lo tanto, el funcionamiento de dichas bandas
durante todo el año natural, pero en 1910, el Auditor de Puerto Rico,
pasó una orden al Comisionado de Instrucción notificándole, que, para
los efectos de la legalidad en los pagos de las Juntas, los profesores
de música solamente podían ejercer, como tales, durante el año escolar.
Esta anómala orden trajo como secuela, la desorganización constante de
dichas bandas, pues durante los tres meses de vacaciones, que es cuando
el maestro puede disponer de mayor tiempo para la enseñanza, los
alumnos, se quedan sin lecciones y hasta sin prácticas de los
instrumentos, ya que al cesar el curso, son recogidos los mismos,
cesando para el profesor todas las obligaciones. Si a ésto añadimos los
cambios constantes en el personal de las bandas, así como en el de los
directores, es lógico deducir, que resulta completamente nula la
enseñanza musical que se dá en las referidas bandas cuyo objetivo o
finalidades son, más recreativas que de instrucción.
Lo mismo ocurre con la enseñanza de música en los grados escolares, pues
a pesar de que se ha aumentado el número de preceptores de música y hay
una inspectora general para aquella, los resultados aun no han podido
apreciarse satisfactoriamente. Consideramos que si con el dinero que se
invierte en profesores de música y directores de bandas, se crease una
verdadera escuela de música completamente separada de la instrucción
general, se daría un verdadero paso de avance en pro del arte musical.
En 1911, 16 de febrero, el Municipio de San Juan creó la banda de
bomberos que, dirigida por el Profesor Tizol e integrada por veinte y
dos instrumentistas, tuvo que ser disuelta, porque según el revisor de
cuentas municipales, previa consulta que hiciera al Auditor de Puerto
Rico, el gasto era ilegal por no estar de acuerdo con los preceptos de
la Ley Municipal entonces vigente.
Con la implantación en 1900 del gobierno civil, coincidió la creación
del regimiento de infantería de Puerto Rico, al que dotaron de banda de
música, que dirigida los primeros meses por un profesor americano, desde
el 14 de junio de 1901 lo fué, y es en la actualidad, por el joven
compositor utuadeño Don Luís R. Miranda.
Dicha banda está constituída por 23 músicos con el siguiente reparto
instrumental: 1 flautín, 1 requinto, 5 clarinetes, 1 fagote, 2
saxofones, 5 cornetines, 2 barítonos, 3 onóvenes, 3 trombones, 2
bastuvas, 1 helicón, 1 bombo, platillo y caja-redoblante.
La pericia del Director, la delicada atención que presta al estudio de
las obras que interpreta la banda, la selección de los programas, y la
conciencia artística que revela el conjunto, han hecho que el público la
aplauda donde quiera que hace acto de presencia.
El 11 de enero de 1909 debutaba en San Juan un _Octeto_, organizado por
el profesor Tizol Marquez, que vino a llenar la necesidad que había de
un núcleo orquestal, propio para amenizar veladas, banquetes,
recepciones y demás actos similares. El octeto estaba constituído así:
Violín solista, Julián Andino; 1° señora Luisa Lecompte; 2os. Domingo
Andino y Sergio Lecompte, Jr.; Viola, Sergio Lecompte Aspurúa; Cello,
Francisco Rooms; Contrabajo, Manuel Tizol Marquez; Flauta, Rafael
Márquez; Oboe, Andrés Fernández y Piano acompañante, Joaquín A. Burset.
La selección del personal, pues eran los mejores instrumentistas de la
capital, así como la habilidad del Director y el esmero en la confección
y ejecución de los programas, cautivando al público, les proporcionó
gran cosecha de aplausos y beneficios, ya que era la orquesta preferida
para todos los actos sociales de mayor resonancia.
Modificada, por la Legislatura Insular, la Ley Municipal, para que,
entre otras cosas, pudiesen los municipios consignar en los presupuestos
ordinarios, partidas que cubriesen los gastos de academias o bandas de
música, el 1º de julio de 1913 fué restablecida la de Bomberos de San
Juan, así, como las Municipales de otros pueblos. La de San Juan fué
nuevamente encargado de dirigirla el profesor Tizol, quien le dió la
organización siguiente: 1 flautín, 2 flautas, 2 oboes, 1 requinto, 11
clarinetes, 2 fagotes, 5 saxofones, 1 fliscorno, 3 cornetines, 1 tromba,
1 trompa, 3 altos, 3 trombones, 3 bombardinos, 1 helicón, 1 bastuba, 2
bajos, 2 violoncellos, 2 contrabajos de 4 cuerdas, y batería completa.
La banda dá dos conciertos semanales en la Plaza Baldorioty y asiste a
todos los actos públicos del municipio. El esmero con que últimamente
selecciona e interpreta las obras, dando preferencia a las de los
clásicos, la permite ser calificada, merecidamente, como una de las
mejores de las antillas.
En octubre de 1913 inauguró el citado señor Tizol, que está considerado
como un gran organizador, una sociedad de conciertos que, a juzgar por
las revistas que hiciera la prensa de San Juan, pues no pudimos oirla,
constituyó una nota de progreso artístico.
También, hace más de tres años, viene celebrando mensualmente selectas
audiciones musicales, otra sociedad denominada _Club Armónico_,
integrada por buenos artistas, en su mayor parte dilettantes, que con
una constancia digna de encomio y gran fervor artístico, se reunen todas
las noches en el salón _Apolo_, para estudiar, minuciosamente, las obras
que han de ser ejecutadas en el concierto mensual, prescrito por los
reglamentos de la institución.
La sociedad no tiene ningún objetivo de lucro sino únicamente, el de
practicar el culto de la música entre los asociados, de los que, un gran
número son americanos.
El Club comprende dos secciones, la orquesta de conciertos y la de
mandolinas; ambas alternan en los programas de las audiciones. La
dirección artística la asume el jefe de la banda de música del
regimiento, Don Luís R. Miranda, y como sustituto, el maestro Don Justo
Pastor Torres, hábil violinista y concertador, mejicano.
Esta sociedad, está considerada como una de las más altas
manifestaciones de cultura artística, que pueden registrarse durante el
período de tiempo que relatamos.
Hace poco más de un año, que el Consejo de "San Juan", de los
_Caballeros de Colón_ organizó un Orfeón con más de 20 voces, para
solemnizar todos los actos de la orden.
Dicho Orfeón, modesto al nacer, pero integrado por buenas voces y
entusiastas cultivadores de la música, actualmente se está
reconstituyendo con carácter autónomo, pero siempre bajo los auspicios
del Consejo, con el fin de darle mayor amplitud. Lo dirige el citado
maestro Pastor Torres, y está llamado a registrarse como una gran nota
de progreso en los anales del arte portorriqueño.
Como manifestación artística, aunque de carácter privado, debemos anotar
un cuarteto vocal con acompañamiento de piano, que se reune todos los
miércoles por la noche en la morada del culto caballero suizo, Mr.
George Villard, director de los ferrocarriles de Puerto Rico. El
cuarteto lo forman: Mr. Villard, 1er. Tenor; D. Miguel Gorbea, 2o.
tenor; D. Luís Zubiaurre y D. Luís Esparolini, barítonos; D. Evaristo
Vélez, bajo y el pianista, graduado en la academia musical de Lenox,
Mass., EE. UU., D. Juan O'Neill López. La música que interpretan, es de
la mas selecta dentro del género clásico.
Fuera de San Juan, en las demás poblaciones de la isla, el arte decae
considerablemente.
A pesar de los esfuerzos hechos por el maestro Chavier, la Liga
Progresista y los profesores Pasarell, Pericás y Cruz, en Ponce, si
exceptuamos el certámen que en noviembre de 1913 organizara la referida
Liga, y otro convocado en 1914 por la sociedad de escritores y
artistas.[15] Desde la muerte de Campos no se ha constituído ninguna
otra orquesta de conciertos como "La Lira Ponceña". Solamente subsiste
la antigua banda de Bomberos dirigida por Domingo Cruz, (_Cocolía_) y
algunas orquestas de baile. La orquesta que solemniza las festividades
religiosas, dirigida por el competente profesor D. Arturo Pasarell, es
la única que puede considerarse como un verdadero núcleo orquestal.
[15] Véase la sección "Certámenes" de este libro.--F. C.
En Mayagüez, el profesor de Violín y compositor de música regional Simón
Madera organizó, en 1912, una sociedad de conciertos titulada "Orquesta
Juventud", que fué muy aplaudida en las audiciones que diera en dicha
Ciudad, Yauco y Santo Domingo. Debe haberse disuelto, pues hace tiempo
no tenemos noticias de ella.
En el resto de la Isla solamente existen pequeñas orquestas de baile y
bandas escolares o municipales, que, con escepción de las de Humacao,
Cabo-Rojo, Comerío y Aguadilla, las demás no merecen citarse como
manifestaciones de progreso.
La enseñanza del piano se ha generalizado en todo el país, debido
principalmente al abaratamiento del precio y facilidades para la compra
del instrumento; pero eso mismo ha hecho que se dediquen a la profesión
infinidad de personas.
Si exceptuamos a un determinado número de profesores[16] de alta escuela
que en San Juan, Ponce, Arecibo, Bayamón, Coamo y alguna otra población
ejercen a conciencia su delicada labor, el resto de los que se titulan
maestros ostentan inmerecidamente el calificativo, a juzgar por el modo
de tocar de los alumnos confiados a su preceptiva.
[16] Véase la sección "Profesorado" de este libro.--F. C.
Durante el período de tiempo que reseñamos, la música regional ha
perdido muchísimo de su típica estructura, pues la danza, que a tan
grande altura elevaron Tavárez, Heraclio Ramos, Dueño Colón y
especialmente Morell Campos, ha sido sofisticada por sus mismos
cultivadores, que dejándose influenciar por el _snobismo_ de la época,
introdujeron en la conformación melódica, y más principalmente, en la
rítmica, la estructura de bailables exóticos, despojándola de su
cadenciosa belleza para revestirla de un ropaje voluptuosamente
africano.
Afortunadamente, debido a la persistencia de la crítica, nótase una
pequeña reacción, que si continúa, traerá el renacimiento completo de la
tan seductora e idealista danza portorriqueña.
En los últimos dos lustros han visitado la Isla algunas compañías
líricas de ópera, zarzuela y opereta de bastante mérito. La que
contratara en Milán, el entusiasta dilettante, Américo Marín, ya
fallecido, fué conceptuada como de primer orden, pues no solamente
estaba triplicado el cuarteto de voces principales, sino que los
integraban artistas afamados como Di Bernardo, Paganelli, Regina Álvarez
y otros de igual o superior talla. Además, el cuerpo de coros era
nutrido, el atrezzo y repertorio, modernos, y el Maestro lo era uno
italiano de alta competencia artística.
En zarzuela española del género chico, debemos citar a la _Músico
Teatral_, empresa portorriqueña. En ella venía como tiple cómica, Luisa
Arregui, que fué una gran artista en todo el valer del concepto. Las
simpatías rayanas en cariñoso delirio, que se captó en San Juan, se
hicieron patentes, cuando la muerte, siempre traidora, tronchó su
preciosa existencia. El homenaje de afecto que espontánea y sinceramente
tributara a sus despojos mortales, el pueblo capitaleño, cuando se
efectuó el sepelio, no ha tenido precedente, por lo grandioso.
La compañía de Gutiérrez y la de la Gatini, ambas de Opereta, la primera
en español y la última en italiano, fueron muy aplaudidas en toda la
Isla. Esperanza Iris en la "Viuda Alegre" y la Gatini en "Eva" y "Le
Poupée" son recordadas placenteramente.
El Ateneo ha proseguido, periódicamente, la celebración de certámenes
literario-musicales, y, además, ha efectuado veladas en honor a la
memoria de los artistas Morell Campos, Felipe Gutiérrez y Ana Otero.
Otros centros sociales de la Isla, han secundado la costumbre del
Ateneo, en la convocación de certámenes artísticos.
Se está generalizando, lo que encontramos altamente plausible, la
celebración de audiciones públicas por parte del alto profesorado de
piano. En ellas presentan a sus discípulos más aventajados, para que
padres y público puedan apreciar la preceptiva del maestro y los
adelantos de los alumnos. Arteaga y Chavier, fueron los iniciadores en
Ponce de esa práctica europea, y después secundaron la iniciativa, Trina
Padilla en Arecibo; Elisa Tavárez, Alicia Sicardó y la Sra. Montoto, en
San Juan. La últimamente efectuada por Alicia Sicardó ha sido un
verdadero acontecimiento, según las reseñas de la prensa de San Juan.
La Legislatura Insular ha consignado, desde 1910, en los presupuestos
generales de la Isla, partidas para subvenir a la educación artística de
algunas señoritas en el extranjero. Azela y Consuelo Menchaca, esta
última malograda en Milán, cuando por sus aptitudes y estudios
eficientes, era una legítima esperanza de gloria; Alicia Felicci, que
estudia en París y Margarita Callejo, en Milán, han sido las
beneficiadas por la generosa acción de nuestras Cámaras.
También se encuentra, actualmente, haciendo estudios superiores de piano
y composición en el Conservatorio de Madrid, la Srta. Mercedes
Rodríguez, que en concurso de oposición obtuvo la beca ofrecida por el
filantrópico caballero, licenciado en Letras. D. Teodoro Aguilar Mora,
muy culto en materia de arte. Esta Srta. procede de la escuela de piano
que dirige, en San Juan, Alicia Sicardó, discípula predilecta de Anita
Otero.
Recientemente, ha sido presentado ante el público de San Juan, el niño
de 11 años Jesús María San Romá, natural de Fajardo, como un pianista
precoz. Realmente, aunque carece de escuela, es admirable,
interpretando obras de tan difícil ejecución como las _rapsodias_ de
Litz, los _impromptus_ y _baladas_ de Chopín, las _sonatas_ de Beethoven
y otras similares del género clásico y brillante.
El niño San Romá, debe ser protegido por el país, oficial o
particularmente, para que, cuanto antes, pueda trasladarse a un gran
centro docente, en donde sus facultades extraordinarias, bien dirigidas
y severamente educadas, le permitan orlar su frente con los laureles del
triunfo.
San Romá es de los escogidos para brillar con luz propia en el cielo del
arte universal.
Y con tan bella esperanza... cerramos estas anotaciones, que ¡ojalá!
puedan servir de alguna utilidad a los que, en el mañana, se decidan a
escribir la historia del arte musical de Puerto Rico.
Manatí, octubre 1 de 1915.