EL CARNAVAL EN EL PRADO.

La decoración ha cambiado completamente.

Las damas llevan la cara descubierta. Los hombres más elegantes van

vestidos de mujeres y con la cara tapada. Ellas pasean en coche, ó á

pié, ó están sentadas en las sillas del Ayuntamiento. Ellos se hallan á

un mismo tiempo en todas partes.

Desde la Fuente Castellana hasta la iglesia de Atocha, esto es, en un

espacio de media legua, fluye incesantemente un río de carne y trapo.

Los más lujosos trajes de nuestras madrileñas sirven de disfraz á los

jóvenes más traviesos y distinguidos.

Ha llegado la hora del desquite. Los embromados del teatro Real se

cobran con usura de todo el daño que allí recibieron del bello sexo.

El pueblo, por su parte, acude con danzas, estudiantinas y mojigangas.

Entonces aparece también la mascarada política, la filosófica, la

epigramática en el orden moral. Trajes fantásticos, ingeniosas

caricaturas, burlas sangrientas, tipos cómicos, biografías en acción,

nada falta en el gran escándalo de esos días.

Uno pronuncia discursos, otro os dirige á voz en grito apóstrofes que os

ponen colorado; quién os nombra, quién os señala con el dedo; cuál os

adula, cuál otro os manifiesta todo lo que os conviene saber.

Estas máscaras pregoneras, que son las más terribles, suelen ir hasta en

coche, ó asaltar el que primero encuentran: á veces van á caballo:

hablan con las gentes que ven en los balcones; penetran en algunas

casas; acuden á los cafés; paran á los transeuntes; nada perdonan, en

fín, de cuanto puede contribuir á su tremenda incontrastable soberanía.

Tal es el Carnaval en Madrid, donde, á consecuencia de nuestras

revoluciones y áun de nuestro caracter nacional, la sociedad se compone

de un solo vastísimo círculo que incluye todas las clases cultas y en

que todos se conocen y tratan.

No: no es el Carnaval entre nosotros la desaforada orgía de otras

capitales de Europa, en que millares de individuos que no se han visto

nunca, convierten las plazas y los teatros en otras tantas casas de

locos: es una innumerable tertulia de personas que se aman, se temen, se

odian ó se necesitan, en la cual se ha apagado la luz y andan las gentes

á tientas diciendo verdades como puños y relajando en lo posible los

vínculos estrechos de las conveniencias sociales.

1859.

[Illustration] MIS RECUERDOS

Cosas que fueron: Cuadros de costumbres · 第 114 / 140 题