LOS BAILES DEL TEATRO REAL.

Las tres noches en que estos bailes presentan su caracter propio,--el

segundo día de Carnaval, la noche de Piñata y la consagrada á los

Establecimientos de Beneficencia,--el regio coliseo ofrece un aspecto

moral y material enteramente distinto del de Capellanes.

En él no hay trajes pintorescos ni aparatosos disfraces. Las mujeres van

cubiertas de largos dominós ó mantos negros: los hombres vestidos de

media sociedad.--Casi nadie baila: los que se dedican á este placer, ó

son tránsfugas de Capellanes ó provincianos inespertos.--Al teatro Real

se va más que á nada á desenlazar dramas y poemas ó á empezar novelas

sumamente interesantes.

Hay, pues, algo de lúgubre y melancólico en estos bailes de máscaras;

algo de serio y de imponente. Allí se dan ciertas quejas, y se hacen

ciertas recriminaciones. Allí hablan los que se amaron durante mucho

tiempo, riñeron después y dejaron de verse al cabo... De allí salen á

veces reconciliados los novios, los amantes y hasta los esposos... Allí

tropieza uno con los amigos secretos, con las simpatías ignoradas, con

las desconocidas entusiastas que no se ponen en balde la careta...

Consejos, noticias, censuras, declaraciones, desengaños..., salen como

un vendabal de labios de las mujeres, yendo á turbar la mente de los

hombres... La infidelidad, los celos, la venganza, la calumnia, los

recuerdos de amor andan encarnados, por decirlo así, en aquellas

sombras negras cuyos funerales chillidos van sembrando la desolación y

la muerte.

Por lo demás, el local es lujosísimo, la orquesta maravillosa, la

concurrencia innumerable. A cierta hora los palcos se llenan, ó de

parejas que siguen el drama _tête á tête_, sin que la protagonista se

haya quitado el antifaz, ó de familias pacíficas que han arrojado la

inútil máscara y contemplan desde allí el animado espectáculo del salón,

como los que ven desde un balcón artificial la catarata del Niágara.

De las tres á las cuatro hay una hora de sosiego, en que ni se baila ni

suena la música.

Es que cenan los alegres de corazón.

Pero más excitan la envidia de los tristes y de los solitarios algunas

parejas que se pasean por los corredores ó por las escaleras.--Muchos

toman un coche y se marchan..., y luego vuelven.--No pocos se sientan á

filosofar, y acaban por dormirse.

A última hora, á las seis de la mañana, se alumbra el teatro con luces

de Bengala, que le dan un aspecto fantástico: báilase la _galop

infernal_, perfectamente llamada así; condénsase en vivísimas

expresiones, en tumultuosos pensamientos, en rápidos compases, en

frenéticos giros, toda la poesía diabólica de la noche, y entonces, los

que se han reunido por casualidad, los que sólo pueden hablarse con el

rostro cubierto, los que no esperan verse ya lo menos en un año, sienten

un hondo vacío en el corazón, como si les faltase la vida, como si se

acabase el mundo...

Entretanto, la aurora se abre paso en el horizonte, alumbrando calles y

tejados cubiertos de nieve, de escarcha ó de ceniciento lodo.

Cosas que fueron: Cuadros de costumbres · 第 112 / 140 题