(Carta que el «Madrileño» recibió, ó más bien _supuso haber recibido_,
estando en el campo.)
¡No nos escribas más cartas acerca de los valles y montañas de
Santander!--¿Qué pueden interesar ya á los suscritores de _La Epoca_ las
delicias del campo, ni los baños de Ontaneda, ni los de mar, ni los
saltos de los pasiegos, ni las apuestas de los barreneros de esas minas,
ni las proezas de los tiradores de _barra_, ni los triunfos de los
jugadores de _bolos_, si el verano puede darse por concluido, si pasado
mañana principia el otoño, si nadie piensa ya en los placeres de la
naturaleza, si todos suspiran ya por los placeres del arte, si no hay
quien desee salir de Madrid; si, por el contrario, los que salieron
están preparándose á volver, y si tú mismo comienzas á aburrirte y á
echar de menos la vida de la sociedad?
¡Vente, pues, mi querido _amigo_! ¡Vente á este _mare-magnum_, que ya
principia á encrespar sus olas! ¡Ven, que ya amanece _el año madrileño_
de 1859!... ¡Ven, y lánzate á este torbellino de ambiciones, de
novedades, de espectáculos, de peligros, de grandezas, de miserias y de
locuras, fuera del cual no podemos vivir un año entero los que ya lo
conocemos á fondo!--Y es que Madrid se parece á esas coquetas
encantadoras que despreciamos tanto como las apetecemos, y que
abandonamos _para siempre_ todas las noches, sin perjuicio de volver á
buscarlas todos los días.
A la hora en que te escribo, ya se empiezan á hacer los preparativos de
la feria, y da gusto andar por el paseo de Atocha entre pilas enormes de
exquisitas frutas.
Me dirás á esto que tú las tienes ahí más exquisitas, y colgadas de los
árboles como su madre las parió, y yo te replicaré que aquí las frutas
sirven de fondo á un cuadro animadísimo de muchachas _como se
preciso_..., ya que no muy _comm' il faut_; pero muchachas, al fín, muy
bonitas y elegantes, entre las que figuran A... E... I... O... U... y
otras varias y diversas, que ya han regresado de Chamberí, el Molar,
Carabanchel y demás residencias veraniegas... de tercera clase.
¡Oh! ¡sí! Las diligencias y los correos vienen atestados hasta los
topes, es decir, hasta los cupés...
El Prado se puebla de emigrados que ostentan las últimas modas de París,
Lóndres y Viena...
Los teatros ensayan...
Los conciertos preludian...
En las horchaterías se venden esteras de esparto...
Sacúdense y tiéndense algunas alfombras...
¡La resurrección, la rehabilitación, la restauración cortesana es ya un
hecho consumado!
El uno llega con los bolsillos llenos del oro que ganó en el garito
europeo llamado Baden Baden.
El otro nos trae noticias de los hombres de órden que gimen en un
ostracismo espontáneo, allá _en las tristes márgenes del Sena_...
Quién ha hecho acopio de salud que derrochar;
Quién de dinero, arrancado á su patriarcal familia;
Quién de libros, para emprender otro año universitario;
Quién de novias, _en el primer grado del amor_, ganadas á punta de lanza
en el Cabañal de Valencia ó en las orillas del lago de Enghien; en los
Pirineos ó en Andalucía.