EL VERANO EN MADRID.--RECUERDOS DEL INVIERNO Y DE OTROS VERANOS.

Viernes 23 de Julio.

Hoy ha principiado la Canícula, lo cual equivale á decir que un perro

rabioso es desde hoy, mitológicamente hablando, Gobernador de los

cielos.--¡Bien se conoce en la tierra!

El verano en Madrid es horrible, desconsolador, _bochornoso_ en el doble

sentido de esta palabra.

Yo concibo el invierno en esta capital de la Mancha. Nada me importan

las pulmonías, ni los demás inconvenientes de la inclemencia del vecino

Guadarrama.--Abrígase uno lo mejor que puede; permanece en la cama

arropadito hasta que se pone el sol, esto es, hasta las tres de la

tarde; envuélvese en la capa ó abotónase el gaban, y échase á la calle

en busca de pajaritas de las nieves...

(Así llamo yo á todas las madrileñas, á causa del valor impertérrito con

que arrostran los cuatro y los seis grados bajo cero, con tal de lucir

en el Prado ó en el Retiro una capota nueva ó un manguito recien llegado

de París, cuando no las botas y hasta las medias.)

A las cinco sube uno por la calle de Alcalá, soplándose las puntas de

los dedos, en busca del café ó del Casino, donde le aguarda una compacta

y animada concurrencia que pregunta á cada momento:--¿Qué hay?

Y hay mucho.--Hay el baile que se espera, la cena de la noche anterior

en un baile de máscaras, las intrigas amorosas que sorprendieron los

desocupados, lo que ha pasado entre bastidores en el Congreso, la ópera

nueva, la _claque_ y la _contra-claque_, Fulano que ha llegado (porque

en este tiempo todos llegan, ninguno se va), lo que le pasa á Zutano, el

desafío en ciernes, el libro que acaba de publicarse, la reunión

literaria á que se asistió, la tertulia de la marquesa, las ostras que

recibió Farrugia, la bailarina que va á _debutar_, la quiebra de tal

banquero, la boda proyectada, el suicidio de vuestro amigo, la mozuela

de moda, los anuncios de guerra europea, la joven que se escapó con su

amante; el caudal que perengano ha dejado al morirse; la perdurable

crisis ministerial que resulta de tanta vida, de tanta animación; el

periódico que dice esto; la proclama que añade lo otro; la _Gaceta_ que

se calla; el diputado que anuncia: _¡Verán Vds. mañana!_...; el literato

que recita su última sátira _contra las instituciones_...--¡Oh! es una

vida magnífica...: vida febril, artificial, necia si quereis; pero que

mata las horas, ocupa la imaginación y distrae el hambre canina del

espíritu más soñador y melancólico.--A las ocho la fonda;--á las nueve

el teatro;--á las doce la tertulia, el té, la buena conversación en

torno de la chimenea;--á las dos el _tête á tête_ con la dueña de la

casa en que tenéis el privilegio de quedaros rezagado;--á las tres la

última vuelta por el Casino, el chocolate final, salpimentado con la

noticia fresca, con lo que mañana no traerán aún los periódicos, con lo

que se acaba de ver ú oir en Palacio, en el ministerio ó en el baile de

la embajada;--y, en fín, á las cuatro, á casa, á leer _La Época_, á

escribir dos ó tres cartas y á dormir el dulcísimo sueño del invierno.

Repito que concibo esta vida en Madrid.--Pero ¡la vida del

verano!...--¡No volveré á pasar otro bajo la tutela de San Isidro,

mientras no traigan el Lozoya!

¡Qué calor! ¡qué polvo! ¡qué fetidez!--Ni un arbol, ni una flor, ni un

chorro de agua, ni un pájaro, ni la sombra de una peña..., nada que

solace los sentidos!--Los teatros, cerrados ó convertidos en baños

rusos, llenos de pretendientes, y dando las funciones sobrantes de la

temporada: los cafés..., desanimadísimos; como que se va á ellos á

refrescar y á descansar, no á agitarse y divertirse: las tertulias...,

suspensas: el Gobierno, aletargado; las mujeres de primera fuerza, en

Biarritz; las personas que más se aman y se necesitan, hablándose á tres

pasos de distancia, á fín de no derretirse mútuamente; el Prado,

hirviendo en un gentío que se queja del mal día que ha pasado y busca en

un paseo de trescientos metros frescura y espansión para diez mil

pulmones; el tabaco, que reseca; el vino, que estraga; la comida, que

sienta mal; el amor, que está vedado en _los meses sin r_; la cama, que

brinda con una vigilia espantosa; y no más baños que el río Manzanares ó

un pilón del tamaño de un ataud!...--Tal es el cuadro del estío

madrileño.--¡Oh! ¡Qué diferencia entre este verano y el verano que yo

pudiera pasar, si no fuera por lo que _no es_!

Cuando esta noche, sentado en el Prado, esperaba la llegada de una brisa

respirable, levanté los ojos al cielo; y, al verlo cuajado de estrellas,

recordé las noches pasadas en el campo, bajo los árboles, sin otra luz

que la de la luna, al lado de personas queridas, oyendo el rumor

melancólico del agua y respirando un ambiente cargado de esencias de

tomillo y de romero.

--¡Felices (dije) los que están así en este momento, descansando de la

campaña del invierno pasado, y disponiéndose para la del invierno

futuro!

Creí entonces oir dulces y apacibles pláticas, cantos divinos,

aprendidos de labios de la Gazzaniga ó de la Didié desde la butaca de un

teatro, y regalados suspiros de amor, nuncios de matrimonios

venideros...

Luego se trasladó mi imaginación á la orilla del mar..., y allí estaba

también la luna, rielando en las soñolientas olas, que murmuraban

bendiciones bajo las caricias del cielo.--Allí mis amigos, mis

contertulios, mis madrileñas del alma, se aprestaban á entrar en un bote

para dar un paseo veneciano.--Y oí la barcarola improvisada, y el golpe

de los remos, y el canto lejano del pescador, y el alerta de los

centinelas tendidos por el muelle, y el pito del carabinero de mar, que

corría por la costa, tomándolos por contrabandistas...

O bien me imaginé un baile improvisado en una Casa de Baños, donde todos

se desconocen, donde brotan tan súbitas y ardientes las simpatías; donde

cada cual es distinguido por su buena educación, por su gracia, por su

figura, por su caridad, por su elegancia, por todo menos por su nombre.

Si pensaba en Andalucía, oía la patética rondeña y la tristísima caña,

que con sus interminables cadencias traen á la imaginación los páramos

infinitos de los desiertos de Africa.--Si en Aragón ó Valencia, creía

escuchar la bulliciosa jota, enérgica, brusca y apasionada, como

aquellos pueblos indómitos, valientes y amantes de su clásica

tierra.--Si en Galicia ó las provincias Vascongadas, escuché aquella

inefable melodía de los pueblos montañeses, triste y alegre como la

alborada después de la tempestad; melodía que llora y ríe á un mismo

tiempo, y que es igual en Cantabria que en Suiza, en el Cáucaso que en

los Drofines.

Tal soñé por dos cuartos que me costó sentarme en una silla desvencijada

del Ayuntamiento.--Alamedas, campiñas, bosques, ríos, lagos, estanques,

parras pomposas y aristocráticos lechos de jazmines, todo pasó ante mi

vista en variada confusión, mientras que los chicos y las mujeres

gritaban en torno mío: _¡Agua, merengues y azucarillos, agua!--¡Fósforos

y cerillas!_

Cosas que fueron: Cuadros de costumbres · 第 82 / 140 题