«_Per troppo variar natura é bella_»--dicen hasta los que no saben el
italiano: y es la pura verdad.
El mundo--entendiendo por _mundo_ á los habitantes de la Tierra, y no á
todos, sino á esos _bípedos-implumes_ que los optimistas han dado en
llamar _racionales_ (lo cual, dicho en absoluto, es tan temerario como
llamar oro á todo lo que reluce),--los hombres, digo, lo han comprendido
así: esto es, han comprendido que la Naturaleza es bella por lo
demasiado varia, y, á fín de no ser menos que su madre, han puesto todo
su prurito en dar variedad á la vida civil, á la vida social, ó como
queráis llamarle á esta vida de perros que llevamos los pueblos
civilizados.
En su consecuencia, tenemos (ciñéndonos ahora á lo que pasa en Madrid)
que de los doce meses del año no hay dos en que los descendientes del
gran _cesante_ llamado Adan distraigamos nuestros ocios de una misma
manera.
_Enero_ es el mes de _los estrechos_, de los aguadores y cocheros que
creen en la venida periódica de los Santos Reyes, del cerdo de San
Antón, del tarjeteo, de los bailes aristocráticos, de los patinadores, y
de la toma de posesión de los concejales nuevos.
_Febrero_ brilla por sus bailes de máscaras, por sus teatros caseros,
por su rifa de la Inclusa y por su Carnaval plagado de estudiantinas y
de hombres vestidos de mujer.
_Marzo_, por sus vigilias, su día de San José, sus sermones, sus novenas
y sus setenarios.
_Abril_, por su Semana Santa.
Y no paso adelante, pues que estamos en Abril y hoy es domingo de Ramos.
¡Ved! Los mismos carpinteros que ayer improvisaban un tablado sobre las
butacas de los Teatros para disponer aquellas mascaradas frenéticas de
toda una noche, que terminaban siempre con la consabida _galop
infernal_, arreglan hoy en las Iglesias los Monumentos del Jueves-Santo:
las mismas damas que diableaban hace un mes en el Teatro Real bajo un
antifaz de seda, ó mejor dicho, sin el antifaz que usan todo el año, se
preparan hoy á pedir limosna para los niños de la Inclusa en las puertas
de los templos: los tertulios de sus salones y de sus palcos, ó los
ginetes que en el Prado suelen acercarse á la portezuela de sus coches,
son invitados, no á una _soirée_, ni á una conferencia matinal en el
tocador, ni á un día de campo en Aranjuez, sino á San Luis, á San
Antonio de los Portugueses ó á Santo Tomás, á que contribuyan con un
pedacito de oro á dejar bien puesto el pabellón de las bellas
postulantes: los más empedernidos Lovelaces obedecerán el Jueves á tan
piadosa intimación, después de lo cual se plantarán en frente de las
iglesias á ver entrar y salir á las mujeres, lo mismo á las casadas que
á las solteras y á las viudas, pareciéndose en esto á aquel de quien se
dijo:
El señor don Juan de Robres,
con caridad sin igual,
hizo este santo hospital
y también hizo á los pobres.
_Item._--El paseo público se traslada el Jueves á la calle de Carretas,
y el Viernes á la calle Mayor.--Estos días no ruedan sobre los adoquines
de la corte más carruajes que las diligencias, las sillas-correos y los
carros de la limpieza. Los soldados llevan los fusiles _á la funerala_,
con la culata hacia arriba. En lugar de campanas, suenan _carracas_ en
las torres de las iglesias. Los tambores están destemplados... de
intento. La bandera nacional, izada á media asta sobre los edificios
públicos, pregona el duelo. Todo, pues, ha cambiado de forma, de sitio y
de hora; pero la gente es la misma, y mañana no se acordará de la
compunción religiosa de hoy, como hoy no se acuerda de las calaveradas
de ayer.
A los buenos católicos, que aún somos muchos en España, nos ofende este
aire frívolo de la Semana Santa de Madrid; pero, en cambio, como á
buenos patricios que somos también, nos llena de orgullo y de
satisfacción el irresistible garbo con que las madrileñas lucen estos
días por esas calles de Dios la nunca bien ponderada mantilla española.
¡La mantilla española!--¡He aquí la verdadera heroina de la Semana
Santa!
Yo admiro y amo el sombrero francés; pero no puedo menos de cantar las
excelencias y ventajas de la clásica mantilla, bandera nacional de
nuestras mujeres...
¡Y bandera _negra_, vive Dios..., hasta cuando es _blanca_! ¡Enseña de
una guerra sin cuartel! ¡Símbolo de amores á vida ó muerte!--¡Bandera
tan negra como los odios, como los celos, como las trenzas de pelo
regaladas á media noche y los demás enseres del guarda-ropa de las
pasiones meridionales! ¡Bandera tan negra como los ojos de las
mantenedoras y como la sangre de los que penan por su querer! ¡Bandera
negra que no arrancarán de los hombros de nuestras andaluzas todas las
_ladys_ y _demoisselles_ del _mapa-mundi_!
Pido, pues, que se coloque una mantilla nacional en la basílica de
Atocha.