Muy señor mío y de mi mayor consideración:
Mucho tiempo hace que no lee V. los periódicos.
Antes, todas las mañanas, en la cama, después del chocolate, se aprendía
V. de memoria el correo extranjero de _El Clamor Público_, y se
levantaba V. tan satisfecho como si acabara de recorrer toda la
Europa...
¿Cómo puede V. pasarse ahora sin saber lo que sucede en estos mundos de
Dios?