En tanto sucedian estos acontecimientos en los límites del vireinato de

Buenos Aires, en el de Lima ocurrian otros de no menor consideracion, y

se disponian para contener los enemigos estragos y desolacion que

ocasionaba el principal rebelde, José Gabriel Tupac-Amaru, á la cabeza

de sus secuaces que ya formaban un formidable ejército, nó como los que

encontraron Pizarro, Cortéz y demas primeros conquistadores, sino

armados con muchas armas de fuego, lanzas y algunos cañones de pequeño

calibre, que habia mandado fundir el tirano, asistido con exactitud de

todo lo necesario, y pagado con puntualidad. Las disposiciones de este

usurpador, mas conformes con la humanidad, le hacian menos aborrecible

que á sus capitanes, los cuales llenos de ferocidad, no conocian otra

providencia que el cordel ó el cuchillo. Tupac-Amaru, aunque en sus

edictos proscribia todo europeo, perdonaba á cuantos se le presentaban,

si conocia podia sacar algun partido de su habilidad ú oficio, y

particularmente lograban un seguro salvo-conducto los que tenian algun

conocimiento del manejo de las armas y profesion militar. El haber

seguido los estudios en uno de los colegios de Lima, le habia hecho

deponer aquella barbarie característica de su nacion, y le pusieron en

estado de manejar con algun acierto una transformacion tan terrible:

pero faltaron agentes con que poner en práctica las bien premeditadas

medidas que tenia tomadas para ella. Uno de sus generales, llamado

Cicenaro, pasó á cuchillo en el pueblo de Ayabirí á cuantos vivientes

halló de todas castas, menos los de la suya, contra la expresa órden de

su gefe. Reprendióle agriamente por su excesiva crueldad, y este le

representaba que si no extinguia á todos los que no fuesen puramente

indios, era consecuente quedarian dominados por cualquier clase que

animase parte de sangre española. "No es tiempo aun, decia José Gabriel;

pensemos por ahora solamente en posesionarnos en el dominio de estas

vastas y dilatadas regiones, que luego se buscará modo para deshacernos

de todos los embarazos y obstáculos que se nos presenten." Máxima, á la

verdad, que si se hubiera seguido por sus subordinados, podia temerse

con razon, y segun la disposicion en que se hallaban los ánimos de

aquellos habitantes, hubiera dado al traves con las pocas reliquias de

fidelidad que habian quedado: pudiéndose asegurar esto sin recelo de

exceder los límites de una prudente congetura, pues, aunque en las

ciudades capitales y en algunos rincones de pocas provincias, se

aparentaba mucho afecto al partido del Rey, estaban muy pocos corazones

de parte del Soberano; y si el tirano hubiese tenido ocho ó diez sugetos

capaces de conformarse y egecutar sus deliberaciones, se hubiera visto

seguramente representar en el Perú la segunda parte de la catástrofe

acaecida en las colonias Anglo-Americanas, y el nombre de Tupac-Amaru y

el de sus subalternos, en los siglos venideros seria tan admirado y

respetado como el de Washington y de los demas generales de aquella

nueva república.

Es innegable, que la general sublevacion que acabamos de esperimentar,

se estaba premeditando hacia mucho tiempo. Acreditan esto mismo

infinitos documentos, tomados á los capitanes indios, por los cuales

consta, se trataba de ella 10 años antes que llegase el dia fatal de

verificarla: y aun se hubiera diferido algun tiempo, si Tomas Catari

hubiese sido capaz de manejarse con mas prudencia y circunspeccion.

Tenia tratado el principal rebelde con este y otros indios los medios de

sacudir el dominio español, en distintos viages que hizo por todas las

provincias, para lo que le daba proporcion el oficio de arriero que

profesaba. Tuvo noticias en Tungasuca, de que se habian adelantado á

sus miras los movimientos de Chayanta, y receloso de que se descubriese

la trama que tenia urdida, pasó inmediatamente á la egecucion del

proyecto, creyendo que, aunque se habia anticipado el tiempo, podia ser

oportuna la ocasion, atendido el descontento que generalmente se

manifestaba por los reglamentos espedidos de la Corte para el nuevo

establecimiento de algunos ramos de real hacienda, que en nada

perjudicaban á los indios, porque los exceptuaban las soberanas

deliberaciones, siempre atentas á su beneficio y comodidad. No obstante

esto, se ha querido despues atribuir maliciosamente á este motivo el

único orígen de tantos males, sin examinar que, si contribuyó en parte,

fué dimanado de la poca conformidad é imprudencia de los que debian

admitir y obedecer aquellas disposiciones con la resignacion debida á

los buenos y leales vasallos. Esto supuesto, ¿con qué razon podrá

disputarse la causa primaria del levantamiento, cuando es una opinion

que se destruye con tanta facilidad, que basta saber que en nada

comprendian á los indios aquellas providencias, y que estos trataban y

disponian la sedicion antes de pensarlas el ministerio? Digan cuanto

quieran los peruanos sobre este particular, lo cierto es, que en el

interior de todos ellos se aplaudia la general conmocion: sentian si

hubiese sido un indio el autor, porque se les hacia muy duro doblar la

rodilla á un hombre de esta casta, mirada en aquellos paises con menos

consideracion que la de los esclavos: y no obstante esta repugnancia,

estuvieron indecisos, hasta que vieron no se les cumplia, como se les

habia prometido, la libertad de sus vidas y haciendas. No por esto

pretendo disminuir la constante fidelidad de muchos, que ligados por las

obligaciones de su nacimiento, lo hubieran sacrificado todo por el

Soberano: solo deseo dar una idea positiva del estado en que

generalmente se hallaban aquellas provincias.

Ya dispuesto por José Gabriel Tupac-Amaru lo mas preciso para emprender

su meditada usurpacion, no se detuvo en mas reflexiones. Se hizo cargo

que nuestra Corte estaba empeñada en sostener una guerra contra los

Ingleses, que ocupaban toda su atencion: que los excesivos clamores de

los mercaderes y comerciantes, contra los nuevos impuestos repetidos

muchas veces á los compradores, desde sus almacenes y mostradores, sin

otro motivo que el de ver disminuida su excesiva ganancia, habian

penetrado no solo los corazones de los indios, sino los ánimos de todos:

que se prestaban gratos los oidos á las voces de libertad é

independencia, y que su propio corregidor, D. Antonio de Arriaga, estaba

excomulgado por el Obispo del Cuzco, cuya providencia espedida

imprudentemente por aquel prelado, en ocasion tan peligrosa, habia

atraido contra él los ánimos de sus provincianos, creyó no podia

presentarsele coyuntura mas favorable para establecer su dominio: y

persuadido por todos accidentes que reconocia, hallaria un apoyo

general para realizar su temerario intento, lo puso en egecucion. No se

alejaba mucho de lo cierto, y hubiera visto seguramente verificados sus

designios si, como empezó, hubiese seguido el método de admitir bajo sus

banderas á cuantos se les presentaban, providencia eficaz, pero que

inutilizaron la feroz condicion de sus comandantes, y la barbarie de

unas tropas que no supieron obedecer las muchas y repetidas órdenes que

tenia dadas, para que se egecutase de este modo, y para que no se

ofendiese ni perjudicase á los españoles criollos, mestizos, cholos y

zambos, en sus personas ni bienes.

Bien penetradas por el Visitador General, D. José Antonio de Areche, y

el Mariscal de Campo, D. José del Valle, las calamitosas funestas

consecuencias que podian esperarse de la crítica situacion en que se

hallaba el reino, no malograron instante, y eligiendo por cuartel

general la ciudad del Cuzco, dedicaron toda su atencion á buscar los

medios para contener con prontitud los progresos y autoridad del

rebelde, que cada dia se aumentaban extraordinariamente. Se abrieron las

arcas reales para el acopio de víveres, municiones y artilleria; se

ofrecieron prémios; se asignaron sueldos y gratificaciones, y se

depusieron las ideas económicas que se habian adoptado, y procurado

establecer hasta entonces, conociendo no era ya ocasion de pensar en

ellas, y sí solo en destruir los proyectos del tirano, que daban mas

cuidados de los que se tuvieron al principio de la conjuracion: y

avivadas las disposiciones, con la actividad que requeria el peligro, se

halló en muy poco tiempo reunido un ejército considerable, capaz de

competir y superar al de los insurgentes.

_Fuerza del ejército destinado á obrar contra José Gabriel Tupac-Amaru._

_Gefe principal._ El Mariscal de Campo, D. José del Valle.

_Mayor General._ El Capitan D. Francisco Cuellar.

_Ayudantes de Campo._

Los Tenientes de caballeria: D. Antonio Donoso.

D. Isidro Rodriguez.

El Alferez de idem, D. Francisco Lopez.

_Primera columna_.

Comandante, el Sargento Mayor de caballeria, D. Joaquin Balcarcel.

Segundo, el Coronel de milicias, Marques de Rocafuerte.

_Fuerza de ella_.

REGIMIENTOS. HOMBRES.

Dragones de Cotabamba 100

Idem de Calca 60

Idem de Urumbamba 100

Idem de Abambay 25

Idem de Andaguaillas 25

Indios fieles de Tambo y Quebrada de Calca 2,000

TOTAL. 2,310

_Segunda columna_.

Comandante, el Teniente Coronel, D. Manuel Campero.

Segundo, el Teniente de infanteria, D. José Varela.

_Su fuerza_

Caballeria lijera 200

Idem del Cuzco 150

Idem de Quispicanchi 200

Idem de Andaguaillas 200

Infanteria de Lima 900

Indios fieles de Maras, Gayabamba y Chincheros 2,000

TOTAL 2,950

_Tercera columna_.

Comandante, el Teniente Coronel, D. Manuel Villalta.

Segundo, El Coronel de milicias, D. Matias Baulen.

_Su fuerza_.

Infanteria de Lima 100

Idem de Andaguaillas 300

Idem de Abancay 200

Compañia del cacique Rozas 200

Idem de Lebu 100

Indios fieles de Tinta, Guarocordo, Suritti

y Altos 2,000

TOTAL. 2,900

_Cuarta columna_.

Comandante, el Corregidor de Paruro, D. Manuel Urruz de Castilla.

Segundo, el Coronel de milicias, D. Isidro Guizasola.

_Su fuerza_.

Infanteria del Cuzco 100

Españoles é indios fieles 2,900

TOTAL. 3,000

_Quinta columna_.

Comandante, el Coronel de infanteria, D. Domingo Marnara.

Segundo, el Corregidor de Cotabambas, D. José Acuña.

Tercero, el Corregidor de Chumbivileas, D. Francisco Laisequilla.

_Su fuerza_.

Infanteria veterana 100

Españoles é indios fieles 2,900

TOTAL. 3,000

_Sexta columna_.

Comandante, el Coronel D. José Cabero.

Segundo, el Justicia Mayor de Paucartambo, D. Francisco Zelerio.

_Su fuerza_.

Infanteria, españoles é indios fieles 550

_Cuerpo de reserva_.

Comandante, el Coronel de Dragones, D. Gabriel de Aviles.

Segundo, el Capitan de ejército, D. José Leon.

Tercero, el Coronel de milicias, D. Gabriel de Ugarte.

_Su fuerza_.

Infanteria veterana de Lima 300

Idem de Guañanga 200

TOTAL. 500

______

TOTAL. 15,210

======

A mas de la fuerza espresada, se destinaron dos destacamentos,

compuestos de 1,846 hombres, para tomar los puestos de Urubamba, Calca y

Lares, con la mira de cortar la retirada al rebelde por aquella parte: y

despues de haber dispuesto lo conveniente y necesario para la

subsistencia del ejército, se puso en movimiento el dia 9 de Marzo de

1781, con 6 cañones, pertrechos y municiones correspondientes; y con

arreglo á lo que habian espuesto los patricios del pais, se dió la órden

á los comandantes de las columnas, para que dirigiesen su marcha, en

esta forma. La 1.ª por Paucartambo, Quispicanche y Tinta. La 2.ª por la

Quebrada de Quispicanche. La 3.ª por los Altos de Orocoroco,

Quispicanche hasta Tungasuca y Tinta. La 4.ª por Paruro á Livitaca,

Chumbivilcas, Yauri, y Coporaque de Tinta. La 5.ª por Cotabamba,

Chumbivilcas hasta Livitaca. La 6.ª por Paucartambo, Altos de Ocongari y

Puestos de Azorayaste, y el cuerpo de reserva por los Altos de

Orocoroco.

Puestas en marcha todas las columnas y el cuerpo de reserva por las

rutas indicadas, empezaron desde luego á esperimentar las mayores

incomodidades, así por los excesivos aguaceros, granizos y nieves, que

son muy frecuentes en aquellas elevadas y ásperas montañas, como por la

falta de víveres, leña y otros auxilios, que ocasionaba haber cerrado

los rebeldes las comunicaciones con los pueblos fieles de donde podian y

debian conducirse: cuyos pasos guardaban con tanta vigilancia, que las

tropas del Rey llegaron á esperimentar las mayores necesidades, y

estuvieron espuestas en algunas ocasiones á ser víctimas del frio y de

la hambre. Pero sufrieron entonces con laudable constancia todos estos

trabajos, animados por el ejemplo del Comandante General, y demas

oficiales que se desvelaban en mantenerlas vigilantes, para rechazar á

los insurgentes, que muchas veces intentaron sorprender los campamentos,

aprovechándose de la hora de amanecer: en cuyas ocasiones consiguieron

siempre gloriosas ventajas, y rechazaron los ataques con conocido

escarmiento de los contrarios, que dejaron en todos cubiertos de

cadáveres los campos inmediatos.

Estas repetidas victorias nada mejoraban las necesidades y situacion del

ejército: crecian los obstáculos, y las escaseses aumentaban; de tal

suerte, que considerándose ya D. José del Valle en una situacion crítica

y delicada, determinó variar de ruta para encaminarse á Tinta, donde

tenia el rebelde el cuartel general y repuestos de guerra: y bajando

para este logro una cañada situada entre elevadas montañas, halló un

benigno temperamento, y tanta abundancia de alimentos, que su tropa

consiguió reponerse en pocos dias de sus pasados quebrantos, y continuar

cómodamente las marchas: bien que con muchos dificultades que superar,

así por los estrechos pasos, como por las grandes y profundas

cortaduras que los enemigos no supieron defender, ni menos aprovecharse

de estas ni otras infinitas ventajas que le proporcionaban aquellos

ásperos terrenos, que en muchos parajes la naturaleza ha hecho

inaccesibles. Sin embargo hicieron obstinada resistencia en algunos

parajes y apostaderos menos fuertes, persiguiendo diariamente, por

derecha é izquierda del camino, las marchas de nuestro ejército,

particularmente en los desfiladeros, sin descuidarse en aprovechar la

obscuridad de la noche, para rodear los campamentos y fatigarlos,

obligando á la tropa á estar continuadamente sobre las armas, sufriendo

el fuego de su fusileria y de cañon, que con facilidad trasportaban y

apostaban á todas partes, por ser de pequeño peso y de poco calibre.

Tolerando siempre los insultos de los rebeldes, y las repetidas amenazas

de sorprender al ejército, llegó á las inmediaciones del pueblo de

Quiquijana, despues de haber sufrido en todo el camino algun fuego de su

artilleria y fusileria. Aquellos vecinos habian sido los mas tenaces en

el fomento y apoyo de la sedicion, fiados sin duda en la situacion

ventajosa que ocupaban; de manera que, reconocida por el Comandante

General, D. José del Valle, estimó, que para reducirlos era menester

emplear muchos dias, y que no lo conseguiria sino á costa de mucha

sangre, no obstante la impericia de los sediciosos; graduando la

espugnacion de aquel puesto, capaz de detener dos meses á un ejército

aguerrido y numeroso, si le hubiesen ocupado y defendido enemigos de

otra naturaleza. Pero hecho cargo de todo, determinó acampar en sus

inmediaciones, y desde luego fué saludado con el fuego de la artilleria

y fusileria, que no causó efecto alguno, por estar apostada demasiado

distante. Al amanecer del siguiente dia, el cura del propio pueblo dió

aviso que los rebeldes lo habian abandonado, con el designio de reunirse

al ejército de su principal Gefe, José Gabriel Tupac-Amaru, que se

hallaba en Tinta, habiendo cortado antes el puente, para retardar por

todos términos la continuacion de la marcha á nuestras tropas, y tambien

impedir se les persiguiese y picase la retaguardia. Con este aviso entró

el ejército del Rey en Quiquijana, donde solo habian quedado las mugeres

y hombres, que por su ancianidad ó achaques no habian podido seguir á

los demas. Todos se acogieron al asilo del templo, en donde con muchas

lágrimas y señales de arrepentimiento, imploraban el perdon de sus vidas

y el indulto de sus casas y haciendas, para que no fuesen entregadas á

las llamas, como merecian. Todo se les concedió, y solo experimentaron

el rigor del castigo, Luis Poma, Inca, primo del usurpador José Gabriel,

y Bernardo Zegarra, su confidente, que pagaron con la vida en una horca

sus atroces delitos.

Dadas las disposiciones mas precisas en el pueblo de Quiquijana para su

seguridad y arreglo, continuó nuestro ejército las marchas sin

intermision de dias, y al llegar al primer campamento se presentaron los

enemigos ocupando las próximas montañas, en cuya falta habian colocado

un cañon, y prevenido en las cumbres muchas piedras grandes y pesadas, á

que dán el nombre de _galgas_, con el fin de arrojarlas y despeñarlas

para ofender á los nuestros en un estrechísimo desfiladero inevitable,

contiguo á un rio caudaloso, que se habia de vadear precisamente. Para

evitar el peligro se nombraron 100 fusileros de tropas ligeras con todos

los indios auxiliares de Anta y Chincheros, á quienes se dió la órden

para desalojar á los rebeldes de tres puestos muy ventajosos que

ocupaban en la cresta de la montaña en que estaban alojados, cuyo ataque

emprendieron valerosamente; y tuvieron la fortuna no solo de conseguir

el intento, sino tambien derrotarlos enteramente, á vista del resto de

las tropas que esperaban el éxito del suceso.

Al siguiente dia se tuvo noticia por un desertor de los enemigos, que

habian colocado una bateria en la falda de otra montaña, inmediata al

camino que debia seguir nuestro ejército, y que la defendian 10,000

combatientes. Se nombró inmediatamente una columna muy reforzada, para

que, tomando otra direccion, rodease la montaña y subiese á dominar por

la espalda á los rebeldes, y el Comandante General con el resto del

ejército se puso en marcha por la llanura: pero á la media legua tuvo

que dar vuelta para evitar otra montaña, y bajar á un valle muy ancho y

espacioso, donde con mas desembarazo pudiesen maniobrar sus tropas.

Luego que avistaron los rebeldes unas cargas de los indios de Tinta y

Chincheros que se habian adelantado sin órden, las atacaron con la mayor

intrepidez y osadia. Unos caballeros aventureros y los dragones de Lima

y Caravaillo, que llevaban la vanguardia del ejército, salieron á la

defensa, y este motivo fué empeñando sucesivamente las demas tropas con

el grueso de los sediciosos, y se trabó la accion, en que fueron

derrotados completamente, dejando en el campo de batalla un crecido

número de cadáveres, sin contar infinitos heridos que retiraron ó se

hicieron prisioneros, y aun el mismo José Gabriel Tupac-Amaru lo hubiera

quedado, á no haberse libertado por la lijereza de uno de sus caballos,

en que emprendió una precipitada fuga, y con tanto aturdimiento, que

olvidándose del vado del rio que debia atravesar para ir á Tinta, se

arrojó á nado por lo mas profundo, donde estuvo muy cerca de ser

sumergido en las aguas, y de acabar en ellas su vida. Este accidente

consternó mas y mas el ánimo del tirano, y determinó huirse sin pasar

por Tinta, y antes de poner en práctica esta resolucion, escribió á su

muger en los términos mas pateticos y melancólicos, diciéndules: _vienen

contra nosotros muchos soldados y muy valerosos, no nos queda otro

remedio que morir_. Se ignoraban en el ejército estas últimas

particularidades, sin saberlas se puso de nuevo en movimiento, para

seguir la marcha, con la resolucion de alojarse aquella noche en Tinta:

pero no pudo verificarse, á causa de que el rio inmediato detuvo el paso

á las tropas, por estar tan crecido, que no obstante las precauciones y

activas providencias que tomó el Comandante General, D. José del Valle,

no pudo evitar se le ahogasen dos hombres. En esta maniobra, siempre

lenta y peligrosa en los ejércitos, se empleó lo restante del dia, y ya

próxima la noche fué preciso acampar en las cercanias del pueblo de

Cambapata, que dista del de Tinta una legua, y al clavar nuestras tropas

las primeras estacas de las tiendas, rompieron los enemigos el fuego con

tres cañones, de una bateria que tenian colocada, pero siempre con el

ordinario defecto de situarlos demasiado distantes, haciendo con esto

las mas veces inutil su efecto, porque las balas no alcanzaban á

nuestras tiendas, ni á otros objetos que se proponian ofender.

A las 2 de la mañana del siguiente dia se mandaron salir 150 fusileros

de las tropas lijeras, con los indios auxiliares de Anta y de

Chincheros, para que ocupasen una montaña que dominaba la llanura, por

donde debia pasar precisamente el ejército para dirigirse á Cambapata,

cuyo pueblo reconocido, se notó le habian cercado los insurgentes, con

una muralla de adobes, coronada y cubierta de espinos, para embarazar la

marcha, y retardar cuanto les fuese posible la llegada de las tropas á

Tinta. A las 4 de la misma mañana, mandó el mismo General situar una

bateria de cinco cañones, en un puesto que dominaba la de los enemigos

cuyo fuego perfectamente dirigido, produjo la ventaja, que lo

abandonaren en menos de una hora, y que poco despues se presentasen 30

vecinos de Tinta, que afirmaron haberse ausentado de aquel pueblo toda

la familia de José Gabriel Tupac-Amaru, llevándose la plata sellada,

labrada, alhajas y demas efectos de valor, de que se habian apoderado

desde los principios del alzamiento.

Con esta novedad mandó inmediatamente el General batir tiendas, para

transportarse con todo el ejército al pueblo de Tinta, donde halló el

retrato del principal rebelde pendiente de la horca, sin averiguar el

autor de aquella accion. Dispuso desde luego cuanto estimó conveniente,

para celebrar sério acto, de hacer respetar el nombre de nuestro augusto

legítimo Soberano, y despues despachó muchos destacamentos por distintas

direcciones, con las órdenes mas eficaces, para que por todos términos

procurasen la captura de los fugitivos: con la prevencion de que la

primera diligencia habia de dirigirse á cerrar el paso á los Andes por

la provincia de Carabaya, á fin de que el rebelde y su familia no

tuviesen el seguro asilo que se presumia buscasen en aquellas

impenetrables asperezas, ó se confundiese entre los indios bárbaros.

No siguieron este intento los rebeldes, antes bien tomaron el camino de

Langui; y como se habia hecho pública su última derrota, se atrevió á

perseguirlos D. Ventura Larda, unido á otros vecinos de aquella

jurisdiccion, que lograron arrestar al mismo José Gabriel, á su muger

Micaela Bastidas, y á dos hijos, Hipólito y Fernando, que entregaron

para su segura conduccion y custodia á unos de los destacamentos que

habian ido siguiendo su alcance, y fueron conducidos al campo español,

donde aquel mismo dia habian sufrido ya la pena de horca 67 rebeldes,

que se arrestaron en aquellas inmediaciones, cuyas cabezas se colgaron

en los parajes públicos, para escarmiento de los demas sediciosos; á

quienes se les tomaron ocho cañones de diferentes calibres, siendo el

mayor del de á cuatro, 20 fusiles y escopetas, dos pares de pistolas,

cuatro quintales de balas de cañon y de fusil, otros tantos de pólvora,

30 lanzas, y mucha parte de los robos y saqueos que habian hecho.

Quedaron tambien prisioneros, de resultas de estos favorables y

prósperos sucesos, Antonio Bastidas, cuñado de José Gabriel, á quien

habia nombrado Capitan General; Cecilia Tupac-Amaru, su media hermana;

su primo, Patricio Noguera; el Coronel José Mamani; los Comandantes, el

de artilleria, Ramon Ronce; Diego Ponce; Diego Verdejo, pariente del

tirano; Andres Castelo, Felipe Mendizabal, Isidro Puma, Mariano Castaño,

Sargento Mayor; Diego Ortigosa, Asesor; Manuel Gallegos, plumario;

Melchor Arteaga mayordomo de ganados; Blas Quiñones, mayordomo mayor;

Tomasa Tito, cacica de Acós; José Venela, confidente; Estevan Vaca,

fundidor de artilleria; Francisco Torres comisionado principal; Lucas

Colque, Comisario y alcalde; cuatro capitanes, dos tenientes, algunos

soldados y negros huidos de particulares, entre ellos Antonio Oblitas,

esclavo de D. Antonio Arriaga, y el mismo que fué su verdugo en Tinta.

Despues de arrestado el principal rebelde, su muger, sus hijos y la

mayor parte de sus gefes principales, parece debia esperarse una crisis

favorable, que restableciese en su antigua quietud los ánimos alterados

de aquellos naturales: pero lejos de esto, se puede asegurar empezó de

nuevo y con mas ligereza la rebelion, porque habiendo logrado la fuga

Diego Cristóval Tupac-Amaru, medio hermano de José Gabriel, Mariano

Tupac-Amaru, su hijo, Andres Noguera, y Miguel Bastidas sus sobrinos,

por haber seguido diferente camino que los demas, consiguieron

felizmente libertarse y establecer su residencia en la provincia de

Azangaro, que continuó ciegamente á su devocion, con las circunvecinas

de la Paz, y las del Collao, formando considerable partido para sostener

sus ideas. A este intento dispusieron con las mas activas y eficaces

diligencias, reunir todos sus inicuos parciales, y acopiar muchas armas

y municiones, para apoderarse de los prisioneros, al tiempo que fuesen

conducidos á la ciudad del Cuzco, donde habia determinado remitirlos el

Comandante General, D. José del Valle, para que sufriesen el castigo que

merecian por sus gravísimos delitos. Penetradas por este gefe las

intenciones de los rebeldes, aunque consideró remoto pudiesen verificar

su proyecto, no dejó de tomar todas cuantas medidas le dictaban su

práctica y esperiencia militar, para frustrar sus esfuerzos, y no

esponerse á que por algun inesperado accidente ó casualidad, recobrasen

la libertad unos reos de aquella naturaleza: y persuadiéndose que para

su entera seguridad se requeria la presencia de su persona, determinó

escoltarlos con una columna muy reforzada, dejando el resto del ejército

en los campos de Quiquijana, Tinta y Langui, para que ocurriesen á

cuanto pudiese suceder en el poco tiempo que calculó podia emplear en el

viage; y dispuesto todo en la forma espresada, custodió á los

delincuentes, hasta la puente de Urcos, donde se los entregó todos á D.

José Cabero, Coronel del regimiento de dragones provinciales de

Armaraes, que guarnecia aquel importante puesto, para que siguiese con

ellos hasta la ciudad del Cuzco, é hiciese formal entrega de sus

personas al Visitador, D. José Antonio de Areche, que se mantenia en

ella, esperando el éxito de las operaciones del ejército, y tambien para

providenciar cuanto fuese necesario á su resistencia.

Relación historica de los sucesos de la rebelión de José Gabriel Tupac-Amaru en las provincias del Peru, el año de 1780 · 第 7 / 13 段