JOSÉ RIZAL Y MERCADO

Nació en Calamba é hizo sus primeros estudios en Manila, donde publicó

sus poesías juveniles. Tenía sólo trece años cuando dió al teatro un

melodrama en verso que llevaba por título: Junto al Pásig, y después

de esta producción, favorablemente acogida por el público y la prensa,

escribió una oda A la Juventud filipina y una loa denominada El Consejo

de los Dioses, dedicada á conmemorar el centenario de Cervantes.

Discípulo de los jesuítas, recibió de éstos educación esmerada, con

que se acrecentó su natural ingenio. En 1882, siendo aún muy joven,

pasó á España y cursó la carrera de médico y la de Filosofía y Letras.

Poco después, visitó las principales poblaciones de Europa y se

entregó con ardor al estudio de la filología. Conocedor de algunas

lenguas clásicas, quiso aprender los principales idiomas europeos,

y merced á su aplicación, su claro entendimiento y sus viajes, salió

airoso de su intento. Poseyó, además del tagalo, su lengua materna,

el español y el ilocano, aunque este último no le fué nunca familiar

como el primero.

No conoció la pereza. En las horas que su profesión de médico le

dejaba libres, pintaba y esculpía. Su habilidad de escultor era muy

notable, y, según Blumentritt, revelaba verdadera vocación de artista,

encariñado con la improductiva y hermosa labor.

Vivió sucesivamente en París, Bruselas, Berlín, Londres, Gante y

las principales ciudades del Rhin, flores abiertas al lado de las

fecundas aguas. También se detuvo en Italia y cruzó los lagos de

Suiza, que parecen reflejar en sus ondas la alegría y la pureza del

cielo del Mediodía.

En 1890, después de su viaje al Japón, volvió á Madrid y con

Marcelo del Pilar y otros filipinos publicó La Solidaridad, periódico

consagrado á la defensa de los intereses del Archipiélago. Su vigorosa

campaña, sólo secundada por algunos liberales, no mereció la aprobación

de los políticos en general, y, desalentado, se marchó á Bélgica,

fijando otra vez su residencia en la ciudad de Gante, donde publicó

un libro titulado El Filibusterismo.

Desde Gante envió á La Solidaridad algunos bien escritos artículos

que le acreditaban de audaz polemista y distinguido literato, y allí

corrigió las notas destinadas á la nueva edición del curioso libro

de Morga, Sucesos de las Islas Filipinas, reimpreso en París.

Pero el dulce recuerdo del país natal no le abandonaba un solo

instante: en Filipinas vivía su amada, allí tenía sus parientes y

amigos que le llamaban sin cesar, deseosos de abrazarle, y por su

desgracia partió, en el punto en que estallaba la sangrienta revuelta

de Calamba, suceso inesperado que le obligó á detenerse en Hong-Kong.

Meses después, desoyendo los consejos de sus paisanos y los

requerimientos de la prudencia, fiado en la decantada lealtad española,

nada menos que partió á Manila y fué detenido al llegar, no obstante

el salvoconducto que llevaba, refrendado por el Capitán general del

Archipiélago.

Se le envió desterrado á Dapitán (Mindanao) y se le prohibió toda

comunicación con sus partidarios, á la vez que la autoridad local

le sometía á la más escrupulosa vigilancia. Esta incomunicación no

impidió que, cuatro años más tarde, al declararse la insurrección por

él prevista, se le procesase militarmente y se le condujese á Manila.

En Septiembre de 1896 vino á Barcelona, recomendado á la benevolencia

de las autoridades militares por el general Blanco, que noblemente

quería arrancarle al poder de sus enemigos. Pero éstos, que eran los

más fuertes y se obstinaban en perderle, resueltos á lograr la muerte

del patriota filipino, pidieron nuevo Consejo de guerra y Rizal no

tuvo más remedio que volver á Manila.

El tribunal militar, en vista de los datos aportados al juicio,

desestimó las pruebas aducidas por el defensor, y no reconoció, ó no

pudo reconocer la inocencia del procesado, que desde hacía muchos

años estaba materialmente imposibilitado para conspirar ó preparar

una revuelta, y que, en sus libros ó de palabra, había demostrado el

inmenso amor que sentía por España.

El día 30 de Diciembre, al despuntar el alba, ofreció su vida á la

patria, en aquel campo de Bagumbayan donde Burgos y sus compañeros

derramaran con placer su sangre rebelde, que tan cara hemos pagado

con la sangre de nuestros soldados y el dinero de nuestros mercaderes.

Noli me tángere es un libro imperfecto, muy agradable, ingenuo,

romántico, notable por su valentía, en el que están retratados de

cuerpo entero los hombres á quienes debemos la pérdida de todas

las colonias.

Escrito para los indios que debían leerle en tagalo, ilocano y visayo,

tiene la sencillez de un relato más sentimental que artístico; y

su mérito consiste en haber sido publicado oportunamente, cuando era

necesario que al combate precediese la advertencia, inspirada en nobles

deseos y dirigida á un adversario más corajudo y más obcecado que leal.

No sabemos si la sinceridad patriótica que resplandece en la obra

de Rizal desarmará á sus detractores. En todo caso conviene advertir

que este libro no es para leído ante un Consejo de guerra. Contiene

afirmaciones que deben ser meditadas y alusiones que no pueden ser

comprendidas por la justicia militar. Acaso el españolismo de los

españoles esté reñido con el de Rizal. Eso consiste en que los poetas

no piensan ni sienten como los demás hombres. Si Rizal no fué español

al uso, sus razones tendría para ello. ¿Acaso nosotros hemos sido

filipinos más que para devastar y ensangrentar el Archipiélago?

Geógrafos eminentes creen que la dominación española ha sido más

tolerable que un protectorado holandés ó inglés.

En efecto, somos demasiado perezosos para ser crueles, y no sacamos la

espada más que en los casos de apuro, cuando ya fuera mejor dejarla

quieta al cinto. Esta indolencia es la causa de las desgracias que

nos afligen. Hemos descuidado siempre el lado utilitario de una

conquista para aceptar tan sólo las místicas ventajas que ésta nos

ofrecía. Somos los conquistadores que, en nombre del Señor, toman

posesión de una tierra inculta y no se dignan mejorarla.

Nuestra candidez nos valdrá los elogios que, por pura fórmula,

se consignan en una Geografía. Y se dirá de nosotros que tenemos el

mejor método de colonización, el cual consiste en no colonizar, y que

podíamos haber conservado todas las posesiones con sólo prescindir

por un instante del Altísimo, ó lo que es igual, de sus frailes.

Sin contar con que, en lo concerniente á la lisonjera afirmación de

nuestra bondad, podría hacerse más de un distingo, pues no hay que

olvidar que los últimos gobernadores de las colonias se han mostrado

tan severos como Simón de Anda, sin imitarle en las cosas buenas que

supo hacer.

Noli me tángere Novela Tagala, Edición completa con notas de R. Sempau · 第 5 / 139 题