Al año siguiente, el de la nonagesimatercia olimpiada[19], en la
cual Evágoras de Elea alcanzó el premio en la carrera del carro
tirado por dos caballos, y Eubotas, el cireneo, el del estadio,
siendo éforo en Esparta Evárquipo, y arconte en Atenas Euctemon,
los atenienses fortifican Tórico, y Trasilo, tomando los buques que
le han sido decretados, arma como peltastas[20] cinco mil marineros
para que puedan hacer igualmente los dos servicios, y se hace a
la vela en dirección a Samos, al comenzar el verano. Permanece
allí tres días, partiendo después para Pígela[21], cuyo territorio
devasta, y comienza el sitio. Habiendo acudido en auxilio de los
sitiados algunos habitantes de Mileto, persiguen a las tropas ligeras
atenienses que se hallaban en desorden; pero los peltastas y dos
cohortes de hoplitas[22], acudiendo a socorrer a las tropas ligeras,
dan muerte a casi todos los milesios, toman unos doscientos escudos y
levantan un trofeo. Al día siguiente se hacen a la vela en dirección
a Notio[23], y después de hacer sus preparativos, se dirigen a
Colofón, cuyos habitantes les reciben amistosamente. Invaden durante
la noche inmediata las comarcas de Lidia, en que el trigo está ya en
sazón, incendian varias poblaciones y se apoderan del dinero, de los
esclavos y de un rico botín. El persa Estages, que se hallaba en dicha
comarca, aprovechándose de un momento en que los atenienses se hallaban
dispersos fuera del campamento para saquear por su cuenta, se arroja
sobre ellos con su caballería, les mata siete hombres y les hace un
prisionero. Trasilo, después de esta proeza, recoge a su ejército
junto al mar para dirigirse a Éfeso; pero adivinando Tisafernes sus
designios, reúne numeroso ejército y envía gente de a caballo para
exhortar a todos a que vayan a socorrer a Ártemis Diana en Éfeso.
Diez y siete días después de la invasión se hace a la mar Trasilo en
dirección a Éfeso, y desembarcando a sus hoplitas junto al Coreso[24],
ordena a su caballería, a los peltastas, a los marinos y al resto
de sus tropas se queden junto a los pantanos, a la otra parte de la
ciudad, y así que apunta el día hace avanzar a sus dos cuerpos de
ejército. Las tropas de la plaza, con el refuerzo de los aliados
mandados por Tisafernes y el de los siracusanos (así los de las veinte
naves primeras como los de otras cinco que habían llegado recientemente
con los generales Eucles, hijo de Hipón, y Heraclides, hijo de
Aristógenes) y además con dos naves de Selinunte[25], se dirigen a su
encuentro. Reunidas todas esas tropas, derrotan primeramente a los
hoplitas acampados junto al Coreso, y después de ponerles en fuga, de
causarles unas cien bajas y de haber perseguido hasta el mar a los
fugitivos, se dirigen contra las tropas de los pantanos; son asimismo
derrotados los atenienses, que perecen en número de unos trescientos.
Los efesios levantan allí un trofeo y otro junto al Coreso; dan premios
por su valentía a los siracusanos y a los selinusios, así en general
como a algunos de ellos en particular, y conceden inmunidad completa de
impuestos al que quiera domiciliarse en la ciudad. Conceden asimismo el
derecho de ciudad a los selinusios cuya patria había sido recientemente
destruida[26].
Los atenienses, después de recoger sus muertos por una tregua,
regresan a Notio; les dan allí sepultura, y se hacen a la vela en
dirección a Lesbos y al Helesponto. Mientras están anclados delante de
Metimna, ciudad de Lesbos, distinguen a veinticinco naves siracusanas
que volvían de Éfeso, y arrojándose a ellas, se apoderan de cuatro con
todo su equipaje, y persiguen hasta Éfeso a las restantes. Trasilo
envía a Atenas los prisioneros, y suelta únicamente al ateniense
Alcibíades, primo y compañero de destierro del otro Alcibíades. Con
el resto del ejército se hace a la vela para Sesto, y de allí pasa a
Lámpsaco. Llega, sin embargo, el invierno, durante el cual los cautivos
siracusanos, que habían sido encerrados en las canteras del Pireo,
perforando la roca se evaden de noche y huyen unos a Decelia y otros a
Mégara. Quiere Alcibíades formar en Lámpsaco un solo cuerpo de ejército
con todas sus tropas; pero sus soldados veteranos, que nunca habían
sido vencidos, no quieren reunirse con los de Trasilo, que acaban de
sufrir una derrota. Pasan todos el invierno en Lámpsaco fortificando
dicha plaza, y verifican una expedición contra Abido, en la cual,
acudiendo en socorro de esta Farnabazo con numerosa caballería, es
derrotado y tiene que declararse en fuga. Alcibíades le persigue con
sus caballos y ciento veinte hoplitas mandados por Menandro, hasta
que la oscuridad les impide seguir en su persecución. Después de este
combate, mézclanse los soldados y fraternizan los suyos con los de
Trasilo. Realízanse en el mismo invierno algunas excursiones en el
continente, en las cuales son devastados los territorios del rey.
Durante este tiempo los lacedemonios, gracias a un tratado, dejan
retirarse libremente a los hilotas sublevados, que habían huido a
Corifasio[27] desde Malea. También en dicha época los aqueos hacen
traición a los colonos de Heraclea de Traquinia[28], en un combate
general contra los eteos, sus enemigos; de manera que perecieron unos
setecientos de ellos, con Labotas, harmosta lacedemonio.
Así terminó este año, en el que los medos sublevados contra Darío, rey
de los persas, volvieron a acatar su autoridad.