NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
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convertido a MAYÚSCULAS.
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las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
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COLECCIÓN UNIVERSAL
Agustín Moreto
EL LINDO DON DIEGO
COMEDIA
MCMXX
ES PROPIEDAD
Copyright by Calpe, 1920.
Papel fabricado especialmente por LA PAPELERA ESPAÑOLA.
COLECCIÓN UNIVERSAL
AGUSTÍN MORETO
El lindo don Diego
COMEDIA
[Ilustración]
MADRID-BARCELONA
MCMXX
«Tipográfica Renovación» (C. A.), Larra, 8.—MADRID.
Nació don Agustín Moreto y Cavaña en Madrid, en 1618. Hijo de padres
ricos, dedicados, según parece, al comercio de prendería; estudió en
la Universidad de Alcalá, obteniendo en ella el grado de licenciado en
Artes. Luego tomó las órdenes menores, y consiguió un beneficio, sobre
el cual sostuvo pleito, que terminó en avenencia. Residió de continuo
en Madrid entre 1642-1656, época en que comienza a darse a conocer como
escritor de comedias. Entró al servicio del arzobispo de Toledo, don
Baltasar de Moscoso, quien le hizo director del hospital del Refugio o
de San Nicolás. Allí tenía Moreto habitación; en ella murió en 1669.
Su obra, como su vida, fue tranquila y reposada, sin grandes tumultos
de imaginación; pero sobresale por la exquisitez, la distinción, la
tersura de las comedias que compuso. Su versificación es suelta, y sin
violencia se deslizan sus versos, en el tono llano del diálogo vivido.
Ocupa Moreto un lugar preeminente entre los dramaturgos españoles,
sobre todo por su arte de dibujar caracteres y de combinar hábilmente
las intrigas con naturalidad, sin artificio ni violencia.
Ha sido Moreto acusado con frecuencia de plagiario. Se citan comedias
suyas cuya idea y argumento provienen de otras obras anteriores. Pero
sobre este punto precisa entenderse. No hay, acaso, ni uno solo de
nuestros grandes comediógrafos que no haya tomado a manos llenas del
cercado ajeno cuando así le convenía. Este hecho, ¿constituye plagio?
¿No recibe el asunto al ser tratado de nuevo un sentido original, una
nueva interpretación, un aliento artístico inédito? ¿Puede decirse que
Racine haya plagiado a Eurípides, o Virgilio a Homero? Si comparamos
las mejores comedias de Moreto —_El lindo don Diego_ y _El desdén con
el desdén_— con las que se citan de Guillén de Castro, de Tirso, de
Lope, como fuentes en donde Moreto ha bebido, advertimos al instante
la enorme superioridad de este sobre sus modelos. Ha tomado el
asunto, pero resulta él ahora más verdaderamente creador que los que
concibieron la primera idea. Conviene en literatura, antes de acusar a
nadie de plagio, estimar justamente el valor de la sugestión recibida y
de la realización propia original.
Las mejores comedias de Moreto son, además de las citadas, _El parecido
en la corte_, _El caballero_, _Yo por vos y vos por otro_, _Trampa
adelante_. Escribió muchas más, de inferior estimación.
EL LINDO DON DIEGO
PERSONAS
DON TELLO, _viejo_.
DON JUAN.
DOÑA INÉS.
DOÑA LEONOR.
MOSQUITO,
_gracioso_.
BEATRIZ, _criada_.
DON DIEGO.
DON MENDO.
LOPE, _criado_.
MARTÍN, _criado_.
JORNADA PRIMERA
Sala en casa de don Tello.
ESCENA PRIMERA
Sale don Tello, viejo, y don Juan, galán.
DON TELLO
Quiera Dios, señor don Juan,
que volváis muy felizmente.
DON JUAN
Breves los días de ausente,
señor don Tello, serán;
pues llegar de aquí a Granada
ha de ser mi detención.
DON TELLO
La precisa ocupación
de ser hora señalada
esta de estar esperando
dos sobrinos, que han venido
de Burgos, la causa ha sido
de no iros acompañando
hasta salir de Madrid;
que mi amistad no sufriera,
si este empeño no tuviera,
dejar de hacerlo.
DON JUAN
Asistid,
señor don Tello, a un empeño
tan de vuestra obligación;
que yo estimo la atención.
DON TELLO
Vos de la mía sois dueño;
que el hacer juntos pasaje
los dos de Méjico a España,
hace amistad tan extraña,
que el cariño de un viaje
casi es deudo; y más ahora,
que mi obligación confiesa
favor tanto a la condesa,
vuestra prima y mi señora.
Y pues ha de ser tan breve
vuestra ausencia, hasta volver,
las bodas no se han de hacer.
DON JUAN
¿Qué bodas?
DON TELLO
De todo debe
daros cuenta mi atención.
Los dos sobrinos que espero
con mis hijas casar quiero.
DON JUAN
(_Aparte_).
¡Cielos! ¿Qué escucho?—
DON TELLO
Ellos son
don Mendo y don Diego. A Mendo,
hijo de hermana menor,
le quiero dar a Leonor;
y a Inés, en quien yo pretendo
fundar de mi honor la basa,
para don Diego la elijo,
porque de mi hermano es hijo
y cabeza de mi casa.
Su gala y su bizarría
es cosa de admiración;
de Burgos es el blasón.
DON JUAN
(_Aparte_).
¡Ay de la esperanza mía!
¡Ay, Inés, qué bien se advierte
que, de traición prevenida,
me has encubierto esta herida
para lograrme esta muerte!
DON TELLO
¿Qué decís, don Juan?
DON JUAN
Que apruebo
vuestros justos regocijos.
DON TELLO
Voy a esperar a mis hijos,
que ya este nombre les debo.
Adiós, don Juan.
DON JUAN
Él os guarde.
DON TELLO
Y a vos os vuelva con bien.
(_Vase_).
ESCENA II
Don Juan.
DON JUAN
Amor, el golpe detén,
que contra la vida es tarde.
Ya con tan cruel herida
mi amor no puede vivir;
pues ¿qué falta por morir,
si era amor toda mi vida?
¡Ay, fe muerta a una mudanza!
¿Cómo pudo, aunque se ve,
ser tan segura una fe
puesta en tan falsa esperanza?
¡Ah, Inés! ¿Para mi partida
me reservaste este daño?
Pero ¿cuándo un desengaño
no viene a la despedida?
Pues diré a voces aquí
mis ansias y mis desvelos,
y me quejaré a los cielos
para quejarme de ti.
Culpen, pues, tu tiranía
sus luces y sus estrellas;
pero ¿qué han de culpar ellas,
si entre ellas está la mía?
ESCENA III
Sale Doña Inés.
DOÑA INÉS
Don Juan, ¿qué es esto? ¿Tú voces,
tú quejas y tú suspiros,
cuando de tu ausencia está
tan cercano mi peligro?
Esperando que se fuese
mi padre, me dio el aviso
tu voz de que estabas solo;
y cuando salgo, te miro
triste, enojado y quejoso.
¿Qué ha sido la causa? Dilo,
señor; que es cruel la duda.
DON JUAN
Pues ¿tú, ingrato dueño mío,
por la causa me preguntas?
¿Tú, que eres della el principio,
dudas la razón que tengo
para llorar tus desvíos?
No has de preguntar la causa,
sino si yo lo he sabido;
y entonces te respondiera
mi amor, aunque muerto, fino,
que ya he sabido tu engaño,
que ya tu traición he visto;
y que mi loca esperanza
fue de viento, y la deshizo
el viento que la formaba,
como luz de rayos tibios,
que de un suspiro se enciende
y muere de otro suspiro.
DOÑA INÉS
Don Juan, señor, ¿con quién hablas?
Que de tan bastardo estilo
no puedo ser el sujeto.
¿Tú traición, tú engaño has visto?
No sé, por Dios, lo que dices,
y turbada te replico;
que aunque no tenga razón
tu queja, que no averiguo,
tu tan horroroso estruendo,
para turbar basta el ruido.
DON JUAN
¿No tiene razón mi queja?
¡Pluguiera al cielo divino
que yo comprara mi engaño
a precio de ese delito!
Pero mira si la tiene,
pues ya supe, dueño esquivo,
que estás casada, y tu padre
esperando a sus sobrinos,
que han de ser los dos dichosos
a costa de mi martirio;
con Leonor, tu hermana, el uno;
y el otro, ¡ay de mí!, contigo.
Don Diego, Inés, es tu dueño;
claro está que será digno,
tanto como por tu sangre,
por haberte merecido.
Ya halló ocasión tu entereza
de disfrazar sus cariños,
dando en agrados de esposo
envuelto el nombre de primo.
De tu elección no me quejo;
pero ¿qué triunfo has tenido
en que muera de agraviado
quien pudo morir de fino?
¿Para qué ha sido engañarme?
¿Para qué alentarme ha sido?
Tu rigor...
DOÑA INÉS
Don Juan, detente.
¿Qué don Diego, qué sobrinos,
qué casamientos son estos?
¿Quién ese engaño te ha dicho?
Porque no solo es engaño,
mas ni aun yo de él tengo indicio
que llegue a más que saber
que son esos dos mis primos,
que mi padre hoy los espera,
que de Burgos han venido;
mas a casarse no sé,
si no es que tú hallas camino
de que, sin saberlo yo,
pueda casarse conmigo.
DON JUAN
Pues ¿esto puede ser falso
cuando tu padre lo ha dicho,
o, siendo tú su hija, puedes
ignorarle este disinio?
Yo, Inés, había deseado,
reconociendo el estilo
de las mujeres, saber
si habrá caso tan preciso
o tan claro desengaño,
donde alguna se haya visto,
sin tener qué responder,
concluida en su delito.
Pero, pues tú hallas en esto
a tu disculpa resquicio,
de que no le puede haber,
me doy, Inés, a partido.
Pero, ¡vive Dios!, tirana,
que no ha de lograr conmigo
tu traición sus agudezas;
y si era el intento mío
partirme para volver
en alas de mi cariño,
ha de ser ahora alejarme
de tu mentiroso hechizo;
tanto, que en mi larga ausencia,
llegue a encontrar el olvido.
A esto voy, y ¡qué mal voy!;
pues si te dejo rendido,
a ti te logro el deseo
y a mí me doy el castigo.
Mas tendré, muriendo, el gozo
de saber en mi martirio
que eres tú la que me mata,
pero yo el que me retiro.
No has de lograr la traición,
huyendo yo mi peligro,
pues por malograrte el rayo
voy a morir del aviso.
DOÑA INÉS
Don Juan, señor, oye, espera.
ESCENA IV
Sale Leonor.
DOÑA LEONOR
Inés, hermana, ¿qué miro?
¿Tú descompuesta? ¿Qué es esto?
DOÑA INÉS
Esto es, Leonor, un delirio:
decir don Juan que mi padre
que estoy casada le ha dicho,
y que esposos de las dos
vienen a ser nuestros primos.
DOÑA LEONOR
Pues, Inés, dice verdad,
porque él ahora me dijo
que prevenidas estemos,
porque él va por sus sobrinos,
que han de ser nuestros esposos;
y que por cierto motivo
que ha importado a su atención,
nos ha callado este aviso.
DOÑA INÉS
¡Ay de mí! Leonor, ¿qué dices,
que ya te oigo sin sentido?
DON JUAN
Mira, Inés, si fue verdad
mi temor.
DOÑA INÉS
Mas ya has oído
cómo pude yo ignorarlo.
DON JUAN
Pues ¿qué importa al temor mío?
Erré en culpar tu fineza,
mas no en temer mi peligro;
¿cómo se excusa mi muerte,
si ya perderte imagino?
DOÑA INÉS
No sé, don Juan; que si es cierto,
como en mi mal lo colijo,
yo replicar a mi padre
podré, mas no resistillo.
DON JUAN
Luego ¿es preciso morir?
DOÑA LEONOR
No, don Juan, no es tan preciso;
que en la elección del estado
dan fuero humano y divino
la proposición al padre
y la aceptación al hijo.
Las dos, don Juan, nos casamos,
aunque él nos busque el marido;
que la elección no ha de ser
de quien no fuere el peligro.
El riesgo de un casamiento,
que si se yerra es martirio,
ha de ser el escogello
de quien se obliga a sufrillo.
Siendo esto cierto, ¿qué temes
de que él tenga ese disinio?
¿Se ha casado alguna dama
con el sí que el padre dijo?
Y esto no es darte a entender
que podrá nuestro albedrío
oponerse a su precepto,
porque si él lo ha concluido,
no hay resistencia en nosotras;
pero, cuando sabe él mismo
que nuestras dos voluntades
penden solo de su arbitrio,
no es posible que una acción,
que es tan de nuestro albedrío,
la resuelva su decreto
sin lograrnos el aviso.
DON JUAN
Pues ¿qué puede ser, Inés,
haberme tu padre dicho
que ya estáis las dos casadas?
DOÑA INÉS
Tener él ese disinio
y queremos proponer
para esposos nuestros primos;
mas si él ya no lo ha resuelto,
como mi hermana te ha dicho,
cuanto está en mi voluntad,
está, don Juan, sin peligro.
DOÑA LEONOR
Inés, mira que es forzoso
que vamos a prevenirnos.
DOÑA INÉS
¡Ay, Leonor! ¿Cómo podremos
hallar las dos un camino
de parecerlos muy mal?
DOÑA LEONOR
Apelar al artificio;
mucho moño y arracadas,
valona de cañutillos,
mucha color, mucho afeite,
mucho lazo, mucho rizo,
y verás qué mala estás;
porque yo, según me he visto,
nunca saco peor cara
que con muchos atavíos.
DOÑA INÉS
Tienes buen gusto, Leonora;
que es el demasiado aliño
confusión de la hermosura
y embarazo para el brío.
ESCENA V
Sale Mosquito.
MOSQUITO
¡Jesús, Jesús! Dadme albricias.
DOÑA LEONOR
¿De qué las pides, Mosquito?
MOSQUITO
De haber visto a vuestros novios;
que apenas el viejo hoy dijo
la sobriniboda, cuando
partí como un hipogrifo;
fui, vi y vencí mi deseo,
y vi vuestro par de primos.
DOÑA LEONOR
Y ¿cómo son?
MOSQUITO
Hombres son.
DOÑA LEONOR
Siempre estás de un humor mismo;
pues ¿podían no ser hombres?
MOSQUITO
Bien podían ser borricos;
que en trajes de hombre hay hartos.
DOÑA LEONOR
Y ¿cómo te han parecido?
MOSQUITO
El don Mendo —que es el tuyo—,
galán, discreto, advertido,
cortés, modesto y afable;
menos algún revoltillo
que se le irá descubriendo
con el uso de marido.
DOÑA LEONOR
Si él es tan afable,
casado será lo mismo.
MOSQUITO
Eso no, que suelen ser
como espadas los maridos,
que en la tienda están derechas,
y comprándolas sin vicio,
en el primer lance salen
con más corcova que un cinco.
DOÑA INÉS
¿Y don Diego?
MOSQUITO
Ese es un cuento
sin fin, pero con principio;
que es lindo el don Diego y tiene
más que de Diego de lindo.
Él es tan rara persona,
que, como se anda vestido,
puede en una mojiganga
ser figura de capricho.
Que él es muy gran marinero
se ve en su talle y su brío,
porque el arte suyo es arte
de marear los sentidos.
Tan ajustado se viste,
que al andar sale de quicio,
porque anda descoyuntado
del tormento del vestido.
De curioso y aseado
tiene bastantes indicios;
porque, aunque de traje no,
de sangre y bolsa es muy limpio.
En el discurso parece
ateísta, y lo colijo
de que, según él discurre,
no espera el día del juicio.
A dos palabras que hable
le entenderás todo el hilo
del talento, que él es necio,
pero muy bien entendido.
Y porque mejor te informes
de quién es y de su estilo,
te pintaré la mañana
que con él hoy he tenido.
Yo entré allá, y le vi en la cama,
de la frente al colodrillo
ceñido de un tocador,
que pensé que era judío.
Era el cabello, hecho trenzas,
crin de caballo morcillo,
aunque la comparación de
rocín a ruin ha ido.
Con su bigotera puesta
estaba el mozo jarifo,
como mulo de arriero
con jáquima de camino;
las manos, en unos guantes
de perro, que por aviso
del uso de los que da
las aforra de su oficio.
Deste modo, de la cama
salió a vestirse a las cinco,
y en ajustarse las ligas
llegó a las ocho de un giro.
Tomó el peine y el espejo,
y en memoria de Narciso
le dio las once en la luna;
y en daga y espada y tiros,
capa, vueltas y valona,
dio las dos, y después dijo:
«Dios me vuelva a Burgos, donde
sin ir a visitas vivo,
que para mí es una muerte
cuando de priesa me visto.
Mozo, ¿dónde habrá ahora misa?».
Y el mozo, humilde, le dijo:
«A las dos dadas, señor,
no hay misa sino en el libro».
Y él respondió muy contento:
«No importa, que yo he cumplido
con hacer la diligencia.
Vamos a ver a mi tío».
Este es el novio, señora,
que de Burgos te ha venido;
tal que primero que al novio
esperara yo a un novillo.
DOÑA INÉS
¡Ay, don Juan! Con estas nuevas
es menos ya el temor mío,
pues mi padre no es posible
que me entregue a este martirio.
DON JUAN
Inés, por cualquiera parte
crece el temor y el peligro;
no es nuevo ser tú mi vida,
y ya en tus labios la miro.
DOÑA INÉS
Vete, don Juan, que es forzoso
ir las dos a prevenirnos.
DON JUAN
Ya no es posible ausentarme.
DOÑA INÉS
Albricias doy al peligro;
mas ¿cómo, si de mi padre
ya has quedado despedido?
DON JUAN
Fingiré algún embarazo.
DOÑA INÉS
¿Y lograrasme un alivio?
DON JUAN
A eso voy.
DOÑA INÉS
¡Guárdete el cielo!
DON JUAN
Guárdeste tú, que es lo mismo.
MOSQUITO
¡Ah, señor don Juan!
DON JUAN
¿Qué quieres?
MOSQUITO
Tres portes de papelillos,
que, a doblón, montan...
DON JUAN
Ve a casa
y llevarás un vestido.
(_Vase_).
ESCENA VI
Doña Leonor, doña Inés, Mosquito.
MOSQUITO
Pues si él ha de ser llevado,
no me le dé usted traído.
DOÑA INÉS
Vamos, Leonor.
MOSQUITO
¡Ah, señora!
DOÑA INÉS
¿Qué dices?
MOSQUITO
Tengo contigo
una intercesión y un ruego;
y aunque con sol tan divino
es osadía, me atrevo
a título de Mosquito.
DOÑA INÉS
¿Qué es lo que quieres?
MOSQUITO
Beatriz,
después que la has despedido,
anda pidiendo limosna.
DOÑA INÉS
Pues si mi padre lo hizo,
¿qué puedo yo remediar?
MOSQUITO
Ese es rigor.
DOÑA INÉS
Mas no mío.
MOSQUITO
Pues pide, dale, que es pobre.
DOÑA INÉS
¿Qué la he de dar?
MOSQUITO
Un recibo,
y vuelva a servirte a casa,
pues ya llora el pan perdido.
DOÑA INÉS
Espero hoy otra criada.
MOSQUITO
No la llegará al tobillo
ninguna de cuantas vengan.
DOÑA INÉS
¿Por qué no?
MOSQUITO
Eso ¿no está visto?
Ella es golosa, chismosa,
respondona y alza el grito,
ventanera, y todo el día
gasta en tratar de su aliño.
Pues, ¿dónde has de hallar criada
que cumpla más con su oficio?
DOÑA INÉS
Porque se ha criado en casa
siento haberla despedido;
mas como ella, por ahora,
quiera estarse en mi retiro
sin que la vea mi padre,
la recibiré.
MOSQUITO
¡Ah, Dios mío,
lo que hace un buen abogado!
DOÑA INÉS
Dila que venga, Mosquito.
DOÑA LEONOR
Y entre sin verla mi padre.
MOSQUITO
¿Y si está aquí?
DOÑA INÉS
Entre contigo.
(_Vanse_).
ESCENA VII
Mosquito, Beatriz.
MOSQUITO
Vitoria por mis camisas.—
¡Ah, Beatricilla!
(_Sale Beatriz_).
BEATRIZ
¿Qué ha habido?
MOSQUITO
Que estás recibida ya.
BEATRIZ
¿Qué dices?
MOSQUITO
Que Tito Livio
no pudo hablar en tu abono
como yo de tu servicio.
Ponderé aquí tus labores,
tu cuidado y tu buen pico,
y hace tanto un buen tercero,
que te recibió al proviso.[1]
[1] Pronto.
BEATRIZ
Siempre conocí yo en ti
tu buena intención, Mosquito.
MOSQUITO
Mira, yo, naturalmente,
hablo bien de mis amigos.
BEATRIZ
Seré tuya eternamente.
MOSQUITO
Mas ya que te han recibido,
no me des carta de pago.
BEATRIZ
Tú verás si es mi amor fino.
MOSQUITO
Toca esos huesos y vamos.
BEATRIZ
Toco y taño.
MOSQUITO
Salto y brinco.
BEATRIZ
Y ¿esto ha de pasar de aquí?
MOSQUITO
¡No, sino amarnos de vicio!
BEATRIZ
Pues querernos en silencio.
MOSQUITO
No podré, siendo Mosquito.
BEATRIZ
¿Por qué no?
MOSQUITO
Porque los moscos,
para picar, hacen ruido.
(_Vanse_).
Sala en la posada de don Diego y don Mendo.
ESCENA VIII
Salen dos criados con dos espejos, y don Diego y don Mendo.
DON DIEGO
Poneos los dos enfrente,
porque me mire mejor.
DON MENDO
Don Diego, tanto primor
es ya estilo impertinente.
Si todo el día se asea
vuestra prolija porfía,
¿cómo os puede quedar día
para que la gente os vea?
DON DIEGO
Don Mendo, vos sois extraño;
yo rindo, con salir bien,
en una hora que me ven,
más que vos en todo el año.
Vos, que no tan bien formado
os veis como yo me veo,
no os tardáis en vuestro aseo,
porque es tiempo mal gastado.
Mas si veis la perfección
que Dios me dio sin tramoya,
¿queréis que trate esta joya
con menos estimación?
¿Veis este cuidado vos?
Pues es virtud más que aseo,
porque siempre que me veo
me admiro y alabo a Dios.
Al mirarme todo entero,
tan bien labrado y pulido,
mil veces he presumido
que era mi padre tornero.
La dama bizarra y bella
que rinde el que más regala,
la arrastro yo con mi gala;
pues dejadme cuidar della.
Y vos, que vais a otros fines,
vestíos de priesa, yo no,
que no me he de vestir yo
como frailes a maitines.
DON MENDO
Si lo hacéis con ese fin,
¿qué dama hay que os quiera bien?
DON DIEGO
Cuantas veo, si me ven,
porque en viéndome dan fin.
DON MENDO
¡Que lleguéis a imaginar
locura tan conocida!
¿Habéis visto en vuestra vida
mujer que os venga a buscar?
DON DIEGO
Eso consiste en mis tretas,
que yo a las necias no miro;
y en las que yo logro el tiro
sufren, como son discretas.
Y aunque las mueva su fuego
a hablar, callarán también,
porque ven que mi desdén
ha de despreciar su ruego.
DON MENDO
¿Vos desdén? Tema graciosa.
DON DIEGO
Pues ¿queréis que me avasalle,
fácil yo, con este talle?
No me faltaba otra cosa.
DON MENDO
Mirad que eso es bobería
de vuestra imaginación.
DON DIEGO
No paso yo por balcón
donde no haga batería;[2]
pues al pasar por las rejas
donde voy logrando tiros,
sordo estoy de los suspiros
que me dan por las orejas.
[2] Estragos.
DON MENDO
Vive Dios que eso es manía
que tenéis.
DON DIEGO
Mujer sé yo
que dos veces se sangró
por haberme visto un día.
DON MENDO
Yo desengañaros quiero.
DON DIEGO
¿Cómo?
DON MENDO
Que a una dama vamos
a festejar, y veamos
a cuál se rinde primero.
DON DIEGO
Pues ¿no tenemos aquí
a nuestras primas yo y vos?
¿Cuánto va que ambas a dos
hoy se enamoran de mí?
DON MENDO
¿No veis que en ellas es más
el honor que las refrena?
DON DIEGO
Hasta verme, norabuena;
pero en mirándome, ¡zas!
DON MENDO
(_Aparte_).
Loco soy, pues quiero yo
a tal necio disuadir.
DON DIEGO
¿Qué decís?
DON MENDO
Que ya temo ir
con vos.
DON DIEGO
¡Pues no, sino no!
Mas dejadme que yo mismo
vuelva el talle a repasar;
que hoy por vos temo sacar
en mi gala un solecismo.—
Alzad esos dos espejos.
MARTÍN
Bien están así.
DON DIEGO
No están.
LOPE
Pues ¿cómo bien estarán?
DON DIEGO
Mirándose los reflejos.
MARTÍN
La luna se mira toda.
DON DIEGO
No tal.
LOPE
Pues ¿cómo ha de ser?
DON DIEGO
¡Que no aprendáis a poner
los espejos a la moda!
MARTÍN
Di cómo, y no te alborotes.
LOPE
¿Qué es moda?
DON DIEGO
¡Mi rabia toda!
¡Que no sepan lo que es moda
hombres que tienen bigotes!
MARTÍN
¿Están bien así?
DON DIEGO
Eso quiero,
que así todo me divisa.
DON MENDO
(_Aparte_).
Cayéndome estoy de risa
de ver a este majadero.
DON DIEGO
¡El pelo va hecho una palma!
¡Guárdese toda mujer!
Yo apostaré que al volver
en cada hebra traigo un alma.
Los bigotes son dos motes;[3]
diera su belleza espanto
si hiciera una dama un manto
de puntas destos bigotes.
El talle está de retablo;
el sombrero va sereno,
de medio arriba está bueno,
de medio abajo es el diablo.
Lo bien calzado me agrada.
¡Qué airosa pierna es la mía!
De la tienda no podía
parecer más bien sacada.—
Pero tened, ¡vive Dios!,
que aquesta liga va errada.
Más larga está esta lazada
un canto de un real de a dos.—
Llega, mozo, a deshacella.
[3] Sentencias graciosas y atractivas.
DON MENDO
¡Que aqueso os cueste fatiga!
Pues ¿qué importará esa liga?
DON DIEGO
No caer pájaro en ella.
DON MENDO
Mirad que esas son locuras,
que a quien las ve a risa obliga.
DON DIEGO
Solo con aquesta liga
cazo yo las hermosuras.
MARTÍN
Ya está buena.
DON DIEGO
Ahora están
iguales las dos; bien voy.
Con el reparillo estoy
cuatro dedos más galán.
Siempre que el verme repito
queda el alma más ufana.—
Mozo, acuérdate mañana
de traerme pan bendito.
ESCENA IX
Sale Mosquito.
MOSQUITO
Ya está aquí el coche, señor.
DON DIEGO
¿Mosquito? Vamos, don Mendo.
DON MENDO
Según vais, ya voy temiendo
que he de parecer peor.
DON DIEGO
¿Voy bien?
DON MENDO
(_Aparte_).
La risa reprimo.
A desconfiar me obliga.
DON DIEGO
Miren si importó la liga,
pues ya se rinde mi primo.
MOSQUITO
(_Aparte_).
Al mirarle estoy suspenso.
¡Que este piense que es galán!
Mas hartos lo pensarán,
que lo piensan por el pienso.
DON DIEGO
Mosquito, ¿hay gran prevención?
¿Cómo mis primas están?
MOSQUITO
Tales, señor, que podrán
tocarse entrambas a un son.
Cualquiera está tan bizarra
de las dos, que al sol da cola,
y cualquiera prima sola
puede hacer una guitarra.
DON DIEGO
También acá arde la fragua,
que todo eso es menester.
MOSQUITO
¿Pues no?
DON DIEGO
A fe que hemos de ver
quién se lleva el gato al agua.
MOSQUITO
Pues dudarse eso, ¿no es yerro?
Solo de oír tu retrato
las vi, que no solo el gato
llevarás tú, sino el perro.
DON DIEGO
Pues ¿ves? Solo me lastima...
MOSQUITO
¿Qué, señor?
DON DIEGO
...mi estrella mala.
¡Que venga toda esta gala
a parar en una prima!
MOSQUITO
Cierto que tienes razón,
y a mí también me lastima.
DON DIEGO
¿No me malogro en mi prima?
MOSQUITO
Merecías tú un bordón.
Mas deso no te provoques.
DON DIEGO
El ser tan rica me anima.
MOSQUITO
Y yo pienso que la prima
saltará antes que la toques.
DON DIEGO
¿Cómo saltar?
MOSQUITO
Es galante,
y baila famosamente.
DON DIEGO
¡Oh, pues viéndome presente,
bailará el agua delante!
Y ella, ¿me merece a mí?
MOSQUITO
Ese es, señor, mi recelo,
porque es un ángel del cielo
y no te merece a ti.
DON DIEGO
¿Qué dices?
MOSQUITO
Si no es que sea
ley de estrella poderosa.
DON DIEGO
Miren, si esto es siendo hermosa,
¿qué haría si fuera fea?
MOSQUITO
¿Sabes quién estoy pensando
que te merecía?
DON DIEGO
¿Quién fuera?
MOSQUITO
Una dama que estuviera
toda su vida ayunando.
DON MENDO
Vamos presto, que mejor
allá lo podréis juzgar.
DON DIEGO
Vamos, don Mendo, a matar
estas dos primas de amor.
MOSQUITO
Al verte será delito
si no se desmayan luego.
DON DIEGO
Juicios tienes de don Diego.
MOSQUITO
(_Aparte_).
Y tú sesos de Mosquito.
(_Vanse_).
Sala en casa de don Tello.
ESCENA X
Salen don Juan y don Tello.
DON JUAN
Suspendiose, don Tello, mi partida,
porque mi prima, estando prevenida
para ir a cumplir una novena
que tenía ofrecida a Guadalupe,
que me detenga ordena;
y es fuerza que me ocupe
en asistir sus pleitos entre tanto.
(_Aparte_).
No será sino el mío.—
DON TELLO
Estimo tanto
vuestra amistad, don Juan, que habiendo habido
justa ocasión que os haya detenido,
os he de suplicar que a honrarme asista
vuestra persona, agora que a la vista
de mis hijas espero a mis sobrinos.
DON JUAN
Siempre de honrarme halláis nuevos caminos.
(_Aparte_).
¡Cielos, no haya logrado yo esta suerte
para ver la sentencia de mi muerte!—
DON TELLO
Ya aquí vienen las dos.
DON JUAN
Y yo quisiera
me aviséis, por no errar de adelantado,
si están ya los conciertos en estado
de poder dar el parabién.
DON TELLO
Sí, amigo;
bien se le podéis dar.
DON JUAN
(_Aparte_).
¡Cielos! ¿Qué espero?
Más que del golpe, de temello muero.
DON TELLO
Que aunque Inés y Leonor no lo han sabido,
ya yo el concierto tengo concluido,
y el haberle callado
ha sido por no estar asegurado
de la venida de mis dos sobrinos,
por tener ellas otros pretendientes,
amantes y parientes,
que estorbarlo intentaron. Y, en efeto,
se ha logrado el venir con el secreto;
y esta la causa ha sido
de que Leonor y Inés no lo han sabido;
porque no fuera bien que yo un concierto
les propusiese que saliera incierto;
mas ya, por mi palabra asegurado,
nos dais el parabién adelantado.
DON JUAN
Muy como vuestra la atención ha sido.
(_Aparte_).
¡Cielos, ya estoy hablando sin sentido!
ESCENA XI
Salen criadas, Leonor e Inés, tocada de boda.
DOÑA INÉS
(_Aparte, a doña Leonor_).
¡Muerta salgo!
DOÑA LEONOR
Tus dudas son forzosas.
DON TELLO
¡Bien prevenidas salen! ¡Son curiosas!
DON JUAN
(_Aparte_).
Esfuércese el corazón
a este tormento también.—
En tan dichosa ocasión
es precisa obligación,
señoras, mi parabién.
Logréis el feliz estado
a medida del deseo.
(_Aparte_).
Y a costa de un desdichado.—
DOÑA INÉS
No sé a qué va encaminado
el parabién ni el empleo.
DON TELLO
El parabién da don Juan
de los casamientos hechos
con vuestros primos.
DOÑA INÉS
Y ¿están
en estado que podrán
admitirle nuestros pechos?
DON TELLO
¿Pues no, si ellos han venido
de mi palabra fiados?
DOÑA INÉS
No habiéndolos admitido
nosotras, en vano ha sido
darlos por efetuados.
DON TELLO
Pues ¿podéis las dos hacer
a mi gusto resistencia?
DOÑA LEONOR
Yo, señor, no sé tener
voluntad, y si ha de ser
alguna, esa es mi obediencia.
DOÑA INÉS
Contigo también, señor,
es mi voluntad ajena,
solo tu gusto es mi amor;
mas este mismo primor
tu resolución condena.
Porque cuando yo he de estar
pronta siempre a obedecer,
no me debieras mandar
cosa en que puedo tener
licencia de replicar.
Y si me da esta licencia
el cielo, y tu autoridad
me la quita con violencia,
casarase mi obediencia,
pero no mi voluntad.
Siendo este estado, señor,
de tantos riesgos cercado,
¿no pudiera algún error
dar asunto a mi dolor
y empeños a tu cuidado?
Luego, aunque yo me concluyo,
debieras a mi albedrío
proponerlo, no por suyo,
sino porque, aunque él es tuyo,
tiene el título de mío.
DON TELLO
Aunque es la queja tan vana,
por queja de amor la he oído,
Inés, callando tu hermana,
que no eres tú tan liviana
que tuviera otro sentido;
ni yo tan poco mirado
que a todo vuestro deseo
no le exceda mi cuidado,
habiendo ya examinado
los peligros de este empleo.
En gusto, quietud y honor,
lográis toda la ventura
que pudiera vuestro amor
y el mío, que es el mayor,
que vuestro bien asegura;
y mi palabra empeñada
ya, Inés, no tiene lugar
tu queja, aunque bien fundada,
pues, sobre que estás casada,
no tienes que replicar.
DON JUAN
(_Aparte, a Doña Inés_).
¡Cielos! Yo de mi tormento
he venido a ser testigo.
DOÑA INÉS
(_Aparte_).
Y yo del dolor que siento.—
Pues si ya mi casamiento
das por hecho, solo digo
que, aunque tan llano lo ves,
falta una duda por ti
no fácil.
DON TELLO
Y esa ¿cuál es?
ESCENA XII
Sale Mosquito.
MOSQUITO
Los novios están aquí.
DON TELLO
(_A Doña Inés_).
Déjalo para después.—
¿Dónde están?
MOSQUITO
Veslos allí,
que el coche, con gran sosiego,
los va ya dando de sí.
(_Salen don Mendo, don Diego y criados_).
DON TELLO
Prevenid sillas aquí.
MOSQUITO
(_Aparte_).
Y albarda para don Diego.—
DON DIEGO
Buen lugarillo es Madrid.
DON MENDO
Dadnos, señor, los pies vuestros.
DON TELLO
Llegad, hijos, a mis brazos,
que ya de padre os prevengo.
DON DIEGO
Bravos lodos hace, tío.
DON TELLO
Pues ¿qué embarazo os han hecho
viniendo los dos en coche?
DON DIEGO
Antes lo digo por eso,
que hemos perdido ocasión
de venir gozando dellos.
DON TELLO
Pues ¿echáis menos los lodos?
MOSQUITO
Es adamado don Diego,
y le ha olido bien el barro.
DON TELLO
Hablad a Inés.
DON DIEGO
Eso intento.
Lo primero que habla un novio,
dicen todos los discretos
que es necedad; pues aposta
he de hablar yo poco y bueno.—
Señora, ya os habrán dicho
que sois mía y yo soy vuestro;
mas os puedo asegurar
que en mí os da mi tío un dueño
que hay muchas que le tomaran
con dos cantos a los pechos.—
Con decir una verdad
se excusa uno de ser necio.
DOÑA INÉS
(_Aparte_).
¡Muerta estoy!— En mí, señor,
la voluntad que yo tengo
es de mi padre y no mía,
y vuestra, por su precepto.
(_Aparte_).
¿Qué hombre, ¡cielos!, es aqueste
tan torpe, exquisito[4] y necio?
[4] Raro.
DON DIEGO
(_A Mosquito_).
¡Alto! Clavose hasta el alma.
Ya por mí perderá el seso.
MOSQUITO
Si ella se casa contigo,
que le perderá es bien cierto.
DON TELLO
Hablad, don Mendo, a Leonor.
DON MENDO
En su hermosura suspenso,
del primer yerro en mi labio
tendrá disculpa el proverbio;
y ya turbado, señora,
a las luces del sol vuestro
con tanta razón, sería
acertar el mayor yerro.
DOÑA LEONOR
Nada puede errar quien lleva
por norte tan buen lucero
como la desconfianza.
(_Aparte_).
Discreto y galán es Mendo;
yo he sido la más dichosa.
DON DIEGO
Mi primo, con lo modesto,
vence el no ser muy galán.
DOÑA LEONOR
Vos lo sois con tanto extremo,
que haréis menos a cualquiera.
(_Aparte_).
¡Hay más loco majadero!
DON DIEGO
(_Aparte_).
También cayó la Leonor.
Buena mi primo la ha hecho
en ir a vistas conmigo.
DON TELLO
Tomad, sobrinos, asiento.
DON DIEGO
Yo por mí, ya estoy sentado.
DON TELLO
Muy llano venís, don Diego.
(_Aparte_).
Muy tosco está mi sobrino;
mas la corte le hará atento.—
DON DIEGO
(_Aparte, a Mosquito_).
¡Hola! Por Dios, que también
se me ha enamorado el viejo.
MOSQUITO
Dicha tienes en que aquí
no esté también el cochero.—
DON JUAN
(_Aparte_).
¡Cielos! Mienten los que dicen
que puede ser de consuelo
el competidor indigno;
que antes es de más tormento,
pues el uso de las dichas
se aseguran en el necio.—
DON TELLO
Los dos al señor don Juan
conoced; que es a quien debo
tan íntima obligación,
que le viene el nombre estrecho
de amistad a nuestro amor.
DON JUAN
Y en mí tendréis un deseo
de serviros, que dará
indicios de aqueste empeño.
DON MENDO
Ya señor don Juan, le logro
en las noticias que tengo.
DON DIEGO
Y yo desde hoy con más veras
he de ser amigo vuestro;
que tiráis algo a galán,
y para mí es bravo cebo.
DON JUAN
Delante de vos no puede
ningún galán parecerlo;
que tiráis tanto, que dais
en el blanco dese acierto.
DON DIEGO
No; antes doy poco en el blanco,
porque es color que aborrezco,
y el usarse aquestas mangas
de garapiña me ha hecho
sacar blanco algunas veces;
pero ya es todo mi anhelo
una color de pepino
que ha traído un extranjero.
DON JUAN
¿De pepino? ¿Pues no es verde?
DON DIEGO
Es gran color.
MOSQUITO
Será bueno
para aforrar ensaladas.
DON DIEGO
Solo unos guantes me he puesto
deste color, pero estaba
que era prodigio con ellos.
DOÑA INÉS
(_Aparte, a doña Leonor_).
Leonor, este hombre no tiene
uso del entendimiento.
DOÑA LEONOR
Ni aun del sentido tampoco.
DON DIEGO
(_Aparte_).
Ya hablan las dos en secreto.
Luego dije yo que había
de parar el caso en celos.—
¿Qué se murmura, señoras?
DOÑA LEONOR
Alabaros de discreto.
DON DIEGO
¿Y no de galán?
DOÑA LEONOR
También.
DON DIEGO
Pues eso es cuento de cuentos,
porque en Burgos unas damas
trataron de hacer lo mesmo,
y en solo los pies tardaron
un día.
MOSQUITO
Según son ellos,
bien de priesa los pasaron.
DON MENDO
(_Aparte_).
¡Corrido estoy, vive el cielo,
de venir con este tonto!
DON TELLO
(_Aparte_).
Mi sobrino está algo necio;
mas yo le reprehenderé
para que enmiende este yerro.—
Venid a ver vuestro cuarto.
DON DIEGO
Sí, señor; vamos a eso;
porque el mío ha menester
mucha luz para el espejo.
DON MENDO
Señora, no se despide
quien deja el alma asistiendo
al culto de vuestros ojos
desde que vive de vellos.
DON DIEGO
Yo, prima, no sé de cultos,
porque a Góngora no entiendo,
ni le he entendido en mi vida;
pero después nos veremos.
(_Vase don Diego, don Mendo, don Tello y criados_).
DOÑA INÉS
¿Qué dices desto, Leonor?
DOÑA LEONOR
No sé, hermana, ni me atrevo
a hablar, y viendo tu pena,
por no afligirte, te dejo.
(_Vase_).
ESCENA XIII
Doña Inés, don Juan, Mosquito.
MOSQUITO
¿Y si yo me atrevo a hablar,
y a decirte que, aunque luego
te case con él tu padre,
yo a descasarte me atrevo?
Porque este novio es un macho,
y hace mulo el casamiento.
DON JUAN
Inés, señora, ¿qué dices?
¿Quédale ya a mi tormento
esperanza que le alivie?
Ya todo el peligro es cierto,
ya dio palabra tu padre,
ya está aceptado el empeño;
ya yo te perdí, señora,
y ya... Pero ¿cómo puedo
referir mayor desdicha
que haber dicho que te pierdo?
DOÑA INÉS
Don Juan, según yo he quedado,
ni aun para hablar tengo aliento.
Ni yo sé si me has perdido,
ni de mi padre el empeño,
ni si ya ha dado palabra,
ni aun razón tampoco tengo
para saber de mi pena;
mira qué haré del remedio.
Si hay alguno en el discurso,
es no tenerle don Diego,
ser sujeto tan indigno,
y mi padre no tan ciego
que no lo haya conocido.
A él con mis quejas apelo,
y a decirle que el casarme
con hombre tan torpe y necio
es condenarme a morir
o a vivir en un tormento.
MOSQUITO
Y que es pecado nefando
casarte con un jumento.
DON JUAN
Y si a tu padre le obliga
de su palabra el empeño,
y desprecia tu razón
por su atención, que es primero,
¿qué haré perdiéndote yo?
MOSQUITO
Lo que yo hago cuando pierdo.
DON JUAN
¿Qué haces tú?
MOSQUITO
Romper los naipes
o llevármelos enteros.
DOÑA INÉS
Don Juan, mi padre no es
en mi amor tan poco atento
que, viendo tan justa causa
como de quejarme tengo,
a toda una vida mía
anteponga otro respeto.
Esta apelación me falta;
si es tan uno nuestro riesgo,
admítela, que parece
que no es tuyo mi deseo.
DON JUAN
¿Cómo he de admitirla, Inés,
viendo a tu padre resuelto
a cumplir con su palabra,
y es de su honor este empeño?
DOÑA INÉS
Y el mío, ¿no es de mi vida?
DON JUAN
Sí, pero con él es menos.
DOÑA INÉS
¿No puede ser que se mueva
a mi llanto?
DON JUAN
No lo espero.
DOÑA INÉS
Pues, don Juan, si tu temor
da mi peligro por cierto,
resolvernos a morir,
que aquí no hay otro remedio.
DON JUAN
Pues ¿para cuándo es, Inés,
un atrevido despecho,
que tiene tantas disculpas?
DOÑA INÉS
Don Juan, no hables en eso;
que aunque es tan grande mi amor,
es mi obligación primero.
DON JUAN
¿Y ese puede ser amor?
DOÑA INÉS
Amor es; pero sujeto
a la ley de mi decoro.
DON JUAN
¿Qué, en fin, niegas un aliento
al temor de mi esperanza?
DOÑA INÉS
¿Ya no te doy el que puedo?
DON JUAN
¿Qué puede importar, si es poco?
DOÑA INÉS
Pudiendo bastar lo menos,
¿por qué he de empeñar lo más?
DON JUAN
¿Y si lo requiere el riesgo?
DOÑA INÉS
Vete, don Juan; que los daños
empeñan a los remedios.
DON JUAN
Esa esperanza me alivia.
DOÑA INÉS
Pues deja ver el suceso...
DON JUAN
Quiera Amor que sea feliz.
DOÑA INÉS
Mas de mi parte está el ruego.
DON JUAN
¡Qué temor!
DOÑA INÉS
Adiós, don Juan.
DON JUAN
Guárdete, señora, el cielo.
MOSQUITO
Miren si es verdad que ya
pierde el juicio por don Diego.
JORNADA SEGUNDA
Sala en casa de don Tello.
ESCENA PRIMERA
Salen don Juan y Mosquito.
MOSQUITO
Vuelvo a decirte que hay medio
para curar tu dolor.
DON JUAN
Mosquito, en tanto rigor,
¿cuál puede ser el remedio?
Don Tello ha determinado
el dar a Inés a don Diego,
y ha despreciado su ruego,
y su palabra ha empeñado.
No hay medio en tanta aflicción.
MOSQUITO
Dígote que le ha de haber.
DON JUAN
Necio, ¿cómo puede ser?
MOSQUITO
¿Hay tal desesperación?
Ese hombre, ¿no es un rocín?
Luego tu duda es cruel.
DON JUAN
Pues ¿qué medio hay para él?
MOSQUITO
El medio de un celemín.
DON JUAN
¿Búrlaste de mi dolor?
MOSQUITO
Pues si no me quieres creer,
¿qué tengo de responder?
No desesperes, señor,
que en esto hay medio y remedio
y tataramedio y todo.
DON JUAN
Pues viviré de ese modo.
MOSQUITO
Y ha de ser pared en medio.
Pero para aqueste efeto,
tu licencia me has de dar
de lo que yo he de trazar.
DON JUAN
Esa yo te la prometo.
MOSQUITO
Pues, señor, yo, conocida
la liviandad de don Diego,
deseando tu sosiego,
hallé el medio por su herida.
Alabele con intento
a tu prima la condesa,
que ya de viuda profesa
se le anda el casamiento.
Abrió tanto ojo a la mía,
y muy fiado de sí,
dijo: «Si ella me ve a mí,
yo me veré señoría».
Yo le prometí llevar
donde ella verle pudiera,
y él dijo: «Desa manera,
condeso de par en par».
Si trazamos que en él cuaje
esta esperanza, después
despreciará a doña Inés,
y al viejo y a su linaje.
Conque tú puedes tratar
de tu boda a tu placer,
porque él, por encondecer,
no ha de querer emprimar.
DON JUAN
Sí; mas no halla mi desvelo
modo de verlo logrado.
MOSQUITO
Pues veslo aquí ejecutado
como el huevo de Juanelo.
Tú con tu prima has de hacer
que un favor no le recate.
DON JUAN
¡Jesús! ¡Qué gran disparate!
¿Yo me había de atrever
con mi prima a esa indecencia?
Demás de que ausente está
en Guadalupe, aunque acá
no se sabe de su ausencia;
pues su casa está asistida
como si ella aquí estuviera.
MOSQUITO
Pues mejor desa manera
la industria está conseguida.
DON JUAN
¿De qué modo?
MOSQUITO
Con mi maña.
Yo tengo aquí una mujer
que fingirá, sin caer,
la princesa de Bretaña;
tan sabia, que por su cholla
dijo aquel refrán feliz:
«De las hembras, la Beatriz,
y de las aves, la olla».
Ella, que mi industria anima,
por finísima embustera,
es tan delgada tercera,
que se sabrá fingir prima.
Sin costarte más trabajo
que permitirme la empresa,
le haré tragar la condesa
envuelta en el estropajo.
DON JUAN
¿No es fuerza que eso se ajuste
con las criadas?
MOSQUITO
Mejor.
Pues ¿qué criadas, señor,
se niegan para un embuste?
DON JUAN
Si dese modo ha de ser,
yo permitillo no puedo.
MOSQUITO
Si ha de saberse el enredo,
ella ¿qué puede perder?
Y si esto te escarba aún,
¿hay más de hacer yo el papel
_in solidum_, sin que en él
entres tú de mancomún?
DON JUAN
Sin que me des por autor,
hazlo tú.
MOSQUITO
Pues, caballero,
¿soy yo tan pobre embustero
que he menester fiador?
DON JUAN
Si lo logras desa suerte,
le darás vida a mi amor.
MOSQUITO
Pues vete luego, señor;
que conmigo no han de verte,
y vienen aquí los dos
con mi señor.
DON JUAN
Mi sosiego
fío de ti.
MOSQUITO
Vete luego.
DON JUAN
Pues adiós.
(_Vase_).
ESCENA II
Salen don Tello, don Mendo y don Diego.
MOSQUITO
(_Aparte_).
¡Válgame Dios!
Sin importarme, ¿esto noto?
¿Quién en tal bulla me mete?
Mas esto es que un alcahuete
siente mucho ahorcar el voto.
DON TELLO
Sobrino, esto es atención.
DON DIEGO
Tío, eso es mucho apretar;
yo me tengo de alabar
en cuanto fuere razón.
DON TELLO
No puede serlo alabaros
neciamente de galán;
y donde damas están,
no es luciros, sino ajaros.
DON DIEGO
¿Esa, señor, se usa aquí?
DON TELLO
Y en todo el mundo.
DON DIEGO
Eso no;
que sería mentir yo
si dijera mal de mí.
DON TELLO
Tampoco os digo eso yo.
DON DIEGO
Pues si yo tengo buen talle,
¿tengo de echar a la calle
la gala que Dios me dio?
DON TELLO
¿Perderéis vos lo galán
por no alabaros modesto?
No os desairéis vos en esto,
que otros os alabarán.
DON DIEGO
Peor es eso que esotro.
DON TELLO
¿No es mejor que aplauso os den?
DON DIEGO
Pues lo que a mí me está bien,
¿para qué lo ha de hacer otro?
DON TELLO
En otro os está mejor.
DON DIEGO
Y si callan en mi mengua,
¿para qué tengo yo lengua?
MOSQUITO
Para ir a Roma, señor.
DON DIEGO
¿Yo a Roma? ¿Por qué accidente?
MOSQUITO
A absolveros.
DON DIEGO
Bien, por Dios.
¿Maté yo alguien?
MOSQUITO
No; que vos
de todo estáis inocente.
DON MENDO
Señor, tu atención se apura
y es en vano refrenalle.
DON TELLO
(_Aparte_).
Y ignorancia en mí irritalle
por tan ligera locura.
¿Qué importará que él se alabe
de galán, para que Inés
desprecie el noble interés
que por su sangre le cabe?
Resístanlo o no sus pechos,
pues conviene a sus recatos,
he de hacer que los contratos
esta noche queden hechos.—
Hijos, yo voy a sacar
vuestros despachos. Adiós,
que aquesta noche los dos
os habéis de desposar,
porque estiméis a mi amor
lo mismo que él os estima.
DON DIEGO
Eso, estímelo mi prima,
que es a quien le está mejor.
DON TELLO
Tú, Mosquito, ten cuidado
de acompañarlos.
(_Vase_).
ESCENA III
Don Mendo, don Diego, Mosquito.
MOSQUITO
Sí haré;
yo los acompañaré,
como canten ajustado.
DON DIEGO
Muy cansado está mi tío.
DON MENDO
Por viejo está impertinente.
MOSQUITO
(_Aparte_).
(Aquí entro yo bravamente).—
¿No hay más hablar, señor mío?
DON DIEGO
Mosquito, ¿qué hay?
MOSQUITO
(_Aparte, a don Diego_).
Que he informado
a la condesa de suerte,
que a instantes espera verte.
DON DIEGO
¿Qué dices?
MOSQUITO
Que te he alabado
de modo, que me ha pedido
que yo te lleve a su casa.
Pero tú de lo que pasa
no te has de dar por sabido,
sino fingir un intento
con que irla a visitar;
que en viéndote, no hay dudar
que se cuaje el casamiento.
DON DIEGO
Pues cairá.
MOSQUITO
Eso para _nobis_.
DON DIEGO
¡Solo de oírlo se incita!
Pues ¿qué hará la condesita
en viéndome el _coramvobis_?[5]
[5] El rostro.
MOSQUITO
Pues si tomas mi consejo,
ve luego.
DON DIEGO
Eso quiero hacer.
Mas antes he de volver
a repasarme al espejo.
Espérame aquí.
DON MENDO
Mirad
que están mis primas aquí.
DON DIEGO
¿Me han visto?
DON MENDO
Pienso que sí.
DON DIEGO
No importa, con brevedad
dellas me despidiré.
Espérame tú allá fuera.
MOSQUITO
Pues disponlo de manera
que vamos luego.
DON DIEGO
Sí haré.
MOSQUITO
Voy a avisar a Beatriz
por que se ponga en adobo;
—que ha de tragar este bobo
la condesa fregatriz—.
(_Vase_).
ESCENA IV
Salen Leonor e Inés.
DOÑA LEONOR
Aquí está don Diego, hermana.
DOÑA INÉS
Pues yo me quiero volver;
que ansí le doy a entender
lo que ha de saber mañana.
(_Vase_).
DON MENDO
Nunca el sol tarde salió
a quien con su luz da vida.
DOÑA LEONOR
A vuestra fe agradecida,
por mí antes saliera yo.
DON MENDO
Con vuestra gracia, mi amor,
de méritos tan desnudo,
solo mereceros pudo
tan venturoso favor.
DOÑA LEONOR
Supuesto, don Mendo, el trato
de mi padre, a vuestro amor
debe mi agrado el favor
que permite mi recato.
DON DIEGO
Si eso a vos, señora, os mueve,
¿mi prima quiere enojarme?
¿Por qué no viene a pagarme
los favores que me debe?
DOÑA LEONOR
Está indispuesta.
DON DIEGO
¿De qué?
DOÑA LEONOR
Saliendo aquí, de repente
le dio agora un accidente.
DON DIEGO
¡Miren si lo adiviné!
Dila por el corazón;
y es preciso que esto sea,
y de otra vez que me vea
ha de pedir confesión.
DON MENDO
¿Y deso no te lastimas?
DON DIEGO
Pues ¿tengo la culpa yo?
DON MENDO
Pues ¿quién lo hace, si vos no?
DON DIEGO
Mi talle, que es mata-primas.
DON MENDO
(_Aparte_).
¡Que en este error tan cerrada
esté su imaginación!—
DON DIEGO
Digo: ¿el mal de corazón
la dejó muy apretada?
DOÑA LEONOR
No ha tenido ella ese mal.
DON DIEGO
Pues ¿qué mal ha padecido?
DOÑA LEONOR
No estar buena.
DON DIEGO
¿Y eso ha sido
causa de retiro tal?
DOÑA LEONOR
Pues ¿no es bastante el tener
alguna indisposición?
DON DIEGO
¿Cómo es eso? Con la Unción
había de venirme a ver.
DOÑA LEONOR
A tan necia grosería
y delirio tan extraño
castigará el desengaño
que recataros quería;
y agora os haré saber
que mi hermana está muy buena,
y por no darse esa pena
no os quiere salir a ver.
Y aquí, para entre los dos,
dejad empresa tan vana,
porque es cierto que mi hermana
no se ha de casar con vos.
DON DIEGO
(_A don Mendo_).
¡Miren el diablo, la gana
por donde brota el humor!
DON MENDO
¿Qué dices?
DON DIEGO
Que la Leonor
tiene celos de su hermana.—
Y aqueso de «entre los dos»
¿es cierto?
DOÑA LEONOR
Esperadlo a ver.
DON DIEGO
Digo, y ¿es eso querer
tratar de pescarme vos?
DOÑA LEONOR
El que de necio la pierde,
no ofende la estimación.
DON DIEGO
(_A don Mendo_).
¿No lo escucháis? Celos son,
con su puntica de verde.
DON MENDO
Si hacéis favor del desdén,
bien descansado vivís.—
DON DIEGO
Pues si vos lo consentís,
yo lo consiento también.
DOÑA LEONOR
Señor don Diego, si fuera
sin mi padre vuestro intento,
por risa y divertimiento
la ignorancia os permitiera;
porque no puede haber cosa
que más pueda deleitar
que veros disparatar
en vanidad tan graciosa.
Pero no pudiendo hacer
por él desprecio de vos,
por mi hermana (o por las dos,
pues nos llegáis a ofender),
os advierto que en secreto
desistáis la pretensión,
o llegaréis a ocasión
de ajaros más el respeto.
DON DIEGO
¿Pensáis doblarme? Pues no;
que eso, por lo que sentís,
vos sola me lo decís.
(_Sale Doña Inés_).
DOÑA INÉS
No lo digo sino yo.
DON DIEGO
Oigan el demonio: estotra
lo ha estado oyendo, a la cuenta,
y sale también celosa.
Si se arañan es gran fiesta.
DOÑA INÉS
Señor don Diego, si el lustre
de la sangre que os alienta
a su misma obligación
se sabe pagar la deuda,
ninguna puede ser más
que la que agora os empeña,
pues una mujer se vale
de vuestro amparo en su pena.
La dificultad está,
para que más os suspenda,
en que, siendo contra vos,
os pido a vos la defensa.
Mas cuanto puedo deberos
os pago en querer atenta
que, si habéis de ser vencido,
vuestro el vencimiento sea.
Mi padre, señor don Diego,
a cuya voz tan sujeta
vivo, que por voluntad
tiene el alma mi obediencia,
trató la unión, de los dos
tan sin darme parte della,
que de vos y del intento
al veros tuve dos nuevas.
Casarme sin mí es injusto;
mas dejo aparte esta queja,
porque al blasón de obediente
tiene algún viso de opuesta.
La aversión o simpatía
con que se apartan o acercan
las almas, pende en el cielo
de influjo de sus estrellas.
Esta es más o menos grave,
según es más la violencia
de los astros que la influyen
o la sangre en que se engendra;
de donde la inclinación
no puede ser acción nuestra,
pues sin albedrío un alma
o se inclina o se desdeña.
Siendo ansí, cuando yo os diga
que mi inclinación no es vuestra,
no os ofendo en la razón,
aunque en el gusto os ofenda.
Esto supuesto, señor,
no solo eso el alma os niega,
mas a mi pecho y mis ojos
hace horror vuestra presencia.
Desde el instante que os vi
discurrió un hielo en mis venas,
a que no halla el alma amparo,
más que el que de vos intenta.
Y advertid que ya os declaro
mi aversión con tal llaneza,
porque antes he prevenido
que la inclinación no es nuestra.
Y estoy a vuestro decoro
y a vuestro amor tan atenta,
que os di primero el escudo
por no ofender con la flecha.
Casarme con vos, don Diego,
si queréis, ha de ser fuerza;
pero sabed que mi mano,
si os la doy, ha de ser muerta.
De caballero y de amante
faltáis, don Diego, a la deuda,
si, sabiendo mi despecho,
vuestra mano me atropella.
De caballero, porque,
por gusto o por conveniencia,
no hacéis precio de la vida
de una mujer sin defensa;
de amante, porque en tal caso
corre el cariño perezas,
y aquí, sin mi voluntad,
queda agraviada la vuestra.
Vencer mi aborrecimiento
o mi desdén, si lo fuera,
con porfías y festejos
fuera garbosa fineza;
pero valeros de un medio
donde no está la violencia
de parte de vuestro amor,
sino de quien me sujeta,
y arrastrarme sin vencerme,
es acción tan descompuesta,
que aja la galantería,
el amor y la nobleza.
Luego en dejarme —aunque ahora
mi sentimiento os lo ruega—,
más garbo en vos que en mi alivio
vuestro decoro interesa.
Pero aunque destas razones
pudiera bastar cualquiera,
no quiero yo que esta acción
hagáis por ninguna destas,
sino porque yo os lo pido,
que pues la acción es la mesma,
no os quiero yo malograr
el mejor fin que hay en ella.
Vos, don Diego, habéis de hacer
a mi padre resistencia,
y escoged vos en la causa
la razón que más convenga.
Aborrecedme, injuriadme,
que yo os doy toda licencia
para tratar mi hermosura
desde desgraciada a necia.
Despreciadme vos a mí,
que yo os doy palabra cierta
de tenéroslo por bien,
aunque sepa que es de veras.
Esto os pido, y el secreto
que requiere acción como esta;
pues por último remedio
a vos mi dolor apela.
Haced cuenta que una dama
a vencer otro os empeña,
que es lance que no le puede
excusar vuestra nobleza.
Teneos vos para venceros
por otro en la competencia,
y lograd de vos mandado
a vos vencido, la empresa.
Que si por el gran contrario
más la vitoria se precia,
vos no podéis escoger
enemigo de más prendas.
Sabed, don Diego, una acción
que es por entrambos bien hecha:
por mí, porque yo os lo pido;
por vos, porque en vos es deuda.
Y advertid que yo a mi padre,
por la ley de mi obediencia,
para cualquiera precepto
el «sí» ha de ser mi respuesta.
Si vos no lo repugnáis,
yo no he de hacer resistencia,
y si deseáis mi mano,
desde luego será vuestra;
pero mirad que os casáis
con quien, cuando la violentan,
solo se casa con vos
por no tener resistencia.
Y ahora vuestra hidalguía,
o el capricho, o la fineza,
corte por donde quisiere,
que, cuando pare en violencia,
muriendo yo acaba todo,
pero no vuestra indecencia,
pues donde acaba mi vida
vuestro desdoro comienza.
DON DIEGO