(_Con rostro altanero y mirada reluciente, dá un paso y exclama con
voz tranquila_:)
Temerario MARTE; que te olvidas de los campos troyanos do fuiste
herido por un simple mortal: si tus razones se fundan en tu espada,
las mías no temerán combatirte en tu terreno. Pero para que no se me
tache de imprudente, quiero demostrarte que te equivocas mucho.
CERVANTES siguió tus banderas, y te sirvió heróicamente en las aguas
de Lepanto, donde su vida perdiera, si el DESTINO no le dedicase a un
fin más grande. Si tiró la espada para coger la pluma, fué por la
voluntad de los inmortales, y no por despreciarte, como tal vez te lo
has imaginado en tu loco desvarío. (_Y mas blandamente añade_:) No
seas, pues, ingrato, tú, cuyo magnánimo corazón es inaccesible al
rencor y odiosas pasiones. Puso en ridículo la caballería; porque no
era ya conveniente á su siglo; además, no son esas las luchas que a tí
te honran, sino las batallas campales; tú lo sabes bien. Estas son mis
razones, y si no te convencen, acepto tu reto.
(Dijo, y cual suele caliginosa nube, cargada de rayos, acercarse á
otra en medio del Océano cuando el cielo se encapota, así MINERVA
camina lentamente, embrazando su formidable escudo y enristrando la
lanza, mensajera terrible de la destrucción. Tranquila es su mirada,
pero aterradora: su voz tiene un sonido que infunde pavor.)