LI.

El cielo empezaba á teñirse de un color anaranjado, la suave luz del

crepúsculo dibujaba en líneas indecisas á través de una niebla ligera,

el panorama de la ciudad con sus jardines, sus casas blancas y sus

torres encarnadas.

Las aves al despertar hacían salir armoniosos murmullos de las copas de

los árboles.

El río de Atoyac, brillante y perezoso, parecía una serpiente de plata

durmiendo á los piés de la vieja ciudad, y en el fondo de aquel cuadro,

el monte azul de San Felipe ocultaba sus altas crestas entre nubes de

aljofarada filigrana.

El Padre permaneció un momento sereno y pensativo.

Sebastián temblaba cubriéndose el rostro con las manos.

El uno dirigía la última mirada á la tierra de la hospitalidad; el otro

ya no quería ver más el lugar donde quedaba la mitad de su corazón.

De repente dijo el Padre al inválido con voz emocionada:

--Hermano: Adelante...... No tengas cuidado, en todas partes hallaremos

á Dios y su Providencia.

Y continuaron su camino en busca de una nueva patria.

* * * * * *

Nota del Transcriptor:

Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

Páginas en blanco han sido eliminadas.

Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas)

han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 153 / 153 题