"Al salir de allí rogué á Dios no permitiera que llegase á ver á María,
considerándome responsable de tanta desgracia; mas no tardé mucho en
hallarla porque siendo ambos limosneros debíamos encontrarnos en el
mismo camino."
"Cierto día, entrando en una de las casas donde me socorrían, la ví que
llegaba cojeando."
"Estaba muy negra, sucia, encalvecida y más inválida que yo; tenía los
ojos hundidos, demasiado salientes los huesos de la cara y á cada paso
que daba repetía una queja ó una maldición."
"En la frente y á un lado de la boca mostraba unas llagas muy feas como
si le saliera por el rostro la lepra de su alma corrompida."
"Con el rebozo hecho pedazos y llevando en el brazo un canasto también
roto, exhalaba un aire pestilente al grado de que los mismos mendigos
huían de ella y la llamaban por sus antecedentes _La matona_."
"Despreciada por las mismas gentes despreciables, era tan infeliz, que
yo aborreciéndola, llegué á sentir compasión al verla que apenas podía
recoger lo necesario para vivir."
"Un día busqué al señor que me había favorecido en el hospital y volví á
pedirle el peso de cada semana, diciéndole que había otro más
desgraciado que yo á quien quería socorrer. Aquella limosna se la
enviaba á la pobre María con otro mendigo porque yo no quise mirarla de
cerca."