"No pudiendo ya sufrir la curiosidad que me agitaba y el viento frío de
la mañana, dejé mi trabajo y entré á la panadería con pretexto de
comprar pan."
"--¿Ya sabe Ud. lo que pasa, maestro Sebastián?--me dijo el
dependiente."
"--¿Qué, ha pasado algo?--le pregunté mirándome la ropa, pues en aquel
momento advertí que pudiera tener alguna mancha de sangre."
"El muchacho me contestó:--Que la maldita mujer, esa que vive enfrente,
hacía tiempo que llevaba relaciones con el hijo del patrón y anoche lo
asesinó; pero ya se la llevaron á la cárcel. Ud. dirá: cerca de la media
noche salió al balcón diciendo á gritos que había entrado un hombre para
robar y matar á todos; pero eso no es cierto; las criadas han declarado
que nadie pudo entrar porque habían cerrado con llave. Ya la esposa del
maestro está en posesión de la casa; dice que se la tomará en pago de
los daños y perjuicios."
"El pan que yo comía se me detuvo tanto en la garganta que ya no pude
hablar y salí de la tienda."
"Como tenía frío y miedo, fuí á tomar un vaso de aguardiente y seguí
trabajando."
"Estaba yo poniendo la última piedra de la cornisa superior; desde allí
pudo ver á la señora panadera entrar y salir al balcón y andar por las
piezas como si estuviera en su casa."
"De repente bajó y parada en la puerta de la panadería, empezó á decir
muchas maldiciones contra María Luisa."
"A todas sus conocidas que pasaban las detenía para contarles lo que
llamaba _el caso_, las invitaba á que viesen la casa que ya consideraba
suya, ponderándoles el valor de sus muebles y decía manoteando:
--Afortunadamente me ha quedado una buena finca porque para
eso tiene uno hijos."