"Por fortuna, junto á la panadería y casi frente á los balcones de María
Luisa, estaban construyendo una casa, en cuya obra me coloqué de segundo
maestro."
"Como trabajaba diariamente sobre los andamios, podía ver con facilidad
la casa de María, medir su altura y conocer los lugares por donde
pudiera entrar á matarla."
"De noche continuaba pasando para ver quién entraba y salía de la casa,
pero siempre veía la puerta cerrada."
"Discurrí conquistar la confianza del sereno encargado de cuidar la
calle, quien, como era joven y paseador, me dejaba su capote y su
linterna; yo hacía la guardia pasando y repasando por la calle ó
fingiéndome dormido en la puerta de María Luisa."
"Disfrazado de aquel modo pude notar que á las once de la noche salía de
su casa el panadero y cuando nadie pasaba, se dirigía á la de María
Luisa, franqueando la puerta con su llave; casi siempre no salía de allí
hasta poco antes del amanecer."
"Convencido de la verdad dejé de hacer mis guardias algunas noches,
porque me dediqué á sacarle filo á un gran puñal que me vendieron en la
mercería donde compraba herramienta para la obra."
"El extranjero á quien lo pedí me dijo:--¿Para qué quiere Ud. este
cuchillo de monte, tío Sebastián?--Y yo creyendo que en la cara me había
conocido mis intenciones, le contesté:--Para cortar dos cabezas de viga
que ya estorban en los andamios.--Esto servirá mejor para cortar dos
cabezas de gente.--replicó. Entonces salí corriendo de la tienda como si
me hubiera robado el cuchillo."
"Después de algunas noches de trabajo, mi arma ya tenía filo por ambos
lados y cortaba como navaja de barba; sentía yo por ella mucho cariño y
la guardaba debajo de mi almohada mientras dormía."
"Por fin, una noche que salió la criada de María Luisa y no cerró la
puerta, entré cautelosamente á la casa y me oculté tras de los macetones
que había en el patio."
"Cuando dieron las diez sentí que bajaron á echar la llave y apagaron
los faroles."