"Acordándome de lo que sabía Josefa, recorrí los conventos y como á los
pobres todo les cuesta, seguí pagando á jardineros y sacristanes para
que me dijeran los nombres de los religiosos."
"Cuando vine á revisar los sepulcros de esta iglesia y entré al
convento, fuí recibido bien, pero al preguntar á un lego por el Sr. D.
Carlos, me dijo que había prohibición de dar noticias de lo que pasaba
en la casa y me ordenó que saliera."
"Desde aquel día mi corazón empezó á decirme que aquí estaba D. Carlos."
"Siguiendo á visitar conventos y buscar sepulcros, andaba yo como si
estuviera loco y sentía envidia al ver muchas gentes que llegaban á la
iglesia, se arrodillaban y muy pronto salían consoladas."
"Después de ocho días perdí la esperanza y me disponía para volver á
México, preguntando en los pueblos del tránsito si había muerto D.
Carlos en el camino; pero una tarde, al entrar en esto atrio, mire al
pié del campanario un grupo de limosneros y muchachos que haciendo
ruido, se agachaban y reñían.--A mí me tocó un real.--decía uno.--A mí
una peseta.--contestaba el otro."
"Cuando llegue á la puerta del templo, sentí caer á mis piés un peso que
recogió una pobre anciana, ésta empezó á disputar con otra que no había
podido tomarlo y aquella me habló diciendo:--Ud. dirá, Señor, ésta
quiere cogerse el peso habiéndolo tirado para mí un padre muy bueno que
sale todos los viernes á dar limosna por el campanario."
"Antes de que acabara de hablar levanté la frente y miré que asomó la
cabeza en el balcón de la torre y la ocultó luego el mismo D. Carlos."
"Entonces tuve placer y miedo creyendo que miraba á un muerto; sin saber
qué haría, entré á la iglesia y me dejé caer al suelo como si estuviera
ebrio."