D. Carlos calló y después de unos instantes dijo con emoción profunda:

"Sí Padre. ¡Aquella mujer era mi vida y no puedo olvidarla porque no

puedo morir!"

"Este amor insensato es un fuego deletéreo, un elemento corrosivo que me

martiriza sin consumirme. Ya oprimido de invencible tristeza ó agobiado

por tenaz misantropía quiero huir de mí mismo y á veces pido y lloro en

el templo como si me hubieran robado la última esperanza de mi

salvación."

Su voz se ahogó en un sollozo y arrojándose en los brazos del anciano,

apenas pudo decirle:--¿Que hago, Padre? ¿Qué hago?

El sabio Guardián que conocía maravillosamente el corazón humano, abrazó

al pobre joven y permaneció en silencio esperando únicamente la acción

de la Providencia.

Era ya de noche cuando los dos amigos abandonaron aquel lugar;

alejándose trémulos y mudos, fueron á perderse como dos sombras á través

de una calle de álamos que terminaba en la escalera del claustro.

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 100 / 153 题