"El hombre aquel concluyó:--Puede Ud. preguntarle todo esto al médico
que la visita cuando se declara enferma...... y si no...... aquí está
Pancho que da noticia de aquel magnífico lecho de marfil, adornado con
una imagen de la Virgen para mengua de Murillo que la pintó y del
mentecato que la pagaría muy cara."
"El Pancho hizo una señal de afirmación; yo al oir nombrar el casto
lecho de mi madre, creí hundirme en el fondo del carruaje como en un
abismo y dejé caer la cabeza con la pesadumbre de aquella verdad tan
espantosa como tardía."
"Experimenté náuseas y dolores insufribles que despertaron por un
momento la compasión de aquellos hombres."
"Les dije que el movimiento del coche me había mareado y dispuse
regresar en el acto."
"Habiéndose detenido la diligencia en una posta, bajé seguido de Mariano
y me despedí de aquellos fatales compañeros."
"Al partir el carruaje asomó la cabeza por la portezuela el que se
llamaba Pancho y haciéndome con la mano una señal de despedida, me
dijo:--Si ve Ud. al Sr. Lanas, dele memorias mías."
"En cuanto me ví solo mandé pedir un coche á la finca que está cerca de
aquel lugar y es propiedad de un amigo mío."
"¿Qué haría? ¿Para qué regresaba? Yo no podía saberlo."
"La idea del suicidio apareció en mi mente acalorada como un recurso
salvador."
"Luego dispuse ir á matar á María, matar al otro y después matarme yo;
pero al mismo tiempo reflexionaba en el oprobio que caería sobre mi
nombre, y más que todo, en los derechos del honor y los deberes de la
conciencia."
"¡Yo que había colmado á María Luisa de respetos, de confianza y de
dinero, consagrándole mi amor de niño, mis ilusiones de hombre y mi vida
entera, despertaba de repente burlado, vendido, vilipendiado, con el
honor puesto en ridículo y mi juventud perdida para siempre! ¿Quién
pudiera creerlo?"