LXII.

"A mi apoderado dejé una casa pequeña para que cuando le diese aviso, la

entregara á Mariano, el único sirviente que me quedaba; también remití

un libramiento de mil pesos al viejo Sebastián Gutiérrez, mi criado de

la niñez, que vivía en Michoacán solo y enfermo."

"La casa de mi habitación y el jardín fueron vendidos al Sr. López, que

convino en recibirlos basta que definitivamente dejara yo la capital."

"Llegada la hora, ocupé un asiento en la diligencia que sale diariamente

para Puebla."

"El frío de la mañana y los tumbos del coche despertaron á tres

pasajeros que ya estaban colocados en la testera cuando yo subí."

"Al amanecer pude verlos bien y me parecieron unos jóvenes de familias

decentes, que se hallaban enardecidos y despeinados como si hubieran

pasado una noche de orgía."

"En los coches de posta, lo mismo que en los buques, Ud. habrá visto que

muy pronto se familiarizan los compañeros de viaje."

"Pues bien, aquellos sugetos me hablaron con cierta llaneza que á la

verdad me disgustó porque yo no sabía quiénes eran."

"En el acto me contaron que uno de ellos era de Puebla y los otros iban

á pasar con él las fiestas de Navidad."

"Los tres hablaban sin parar, salpimentando su conversación con las

palabras más ríspidas del idioma; yo apenas les contestaba, porque desde

luego comprendí que eran vagos de oficio y viciosos de profesión."

"A cada golpe de la diligencia lanzaban imprecaciones terribles y

cuando nos detuvimos en una venta para tomar el desayuno que les ofrecí,

volvieron al coche provistos de una botella con aguardiente, asegurando

que aquello era un gran remedio para los contratiempos del camino."

"Uno de ellos, el de Puebla, alto, pálido y delgado, á quien los otros

daban el nombre de _Pancho_, hablaba de política, de literatura y

reuniones aristocráticas."

"Los otros, según su propio dicho, eran tahures y además, muy prácticos

para conquistar corazones de niñas y bolsillos de tontos."

"Aquellos tres hombres que manejaban á la perfección el dialecto de la

canalla, comenzaron á contar sus hazañas en pleitos y amores,

maltratando reputaciones y publicando con descaro las miserias de la

sociedad lo mismo que sus propias debilidades."

María Luisa, Leyenda Histórica · 第 87 / 153 题