"Ya contaba yo diez y ocho años y María Luisa debería tener diez y
seis."
"Mi madre quiso dedicarme al sacerdocio, pero yo deseaba ser abogado;
sus temores de que alguna vez pudiese arrastrarme la política en su
voraz torbellino, me obligaron á optar por la profesión de mi padre y
comencé á estudiar medicina."
"Una tarde al volver del colegio con el libro bajo el brazo y muy
satisfecho por mis adelantos, quedé admirado, mudo é inmóvil en la
puerta de la sala donde mi madre trabajaba."
"Veía, sin poder creerlo, á María Luisa, que ya convertida en mujer
núbil y hermosa, estaba sentada cosiendo junto á mi madre, con la frente
caída y la cabellera destrenzada."
"La joven, sorprendida y llena de rubor, se paró á saludarme con
respetuoso afecto."
"Aquella criatura que había yo conocido tan pequeña y tan débil, la
contemplaba entonces bellísima, gentil y esbelta, flexible como palmera
y gallarda como antílope."
"Tenía la mirada de la noche y la sonrisa de la mañana."
"Su tez mórbida y pura ofrecía el tinte de las rosas y el terciopelo de
los lirios."
"Me pareció que la primavera vivía en su alma y que la estancia se
iluminaba con la luz de sus ojos orientales."
"Vestía un corpiño blanco que realzaba sus formas estatuarias y una
enagua obscura y corta permitía ver sus piés desnudos y rosados como los
piés de las palomas."
"Oí su voz tan suave y cariñosa como antes, pero algo melancólica."