Estaba la tarde tibia y serena, los rayos del sol abrillantaban las
tapias de piedra doradas por los siglos; la fuente gemía sin cesar; un
aire ligeramente perfumado agitaba las copas de los árboles y el
luminoso espejo del estanque.
El joven inclinó su frente pensativa y cerró los ojos cual si tratara de
impedir que se le escapasen las lágrimas.
El Guardián, respetando el silencio de su amigo, pasaba repetidas veces
la mano sobre su opulenta barba y movía los labios como si murmurara una
oración.
Aquel cuadro, que hoy solamente pudiéramos contemplar entre los
maronitas del Líbano, recordaba el pasaje de "Los Mártires" de
Chateaubriand, cuando Eudoro refirió la historia de su juventud al
sacerdote de Homero, en la ribera del Alfeo.--¿Está Ud. cansado?--Dijo
el Padre á D. Carlos, que contestó vivamente:--Cansado no, pero sí
cargado con la deuda de gratitud y de respeto que no puedo pagar á Ud.
La causa principal de mis desdichas y mi resolución de morir, siquiera
para el mundo, no le son desconocidas; más todavía, me avergüenzo ante
Ud. por haber querido perder mi eternidad en un arrebato de culpable
delirio.
Después de unos instantes de silencio, continuó:--Para que me
compadezca...... y también como tributo de confianza, voy á contar á Ud.
detalladamente los acontecimientos de mi vida si quiere permitírmelo.
--Con mucho agrado escucharé su narración.--Respondió el Padre cruzando
los brazos entre las mangas de su hábito y añadió después de una breve
pausa:--La vida del hombre es un arroyo fugitivo que se lleva las
efímeras flores de sus ilusiones y las ramas secas de sus
desengaños...... Aunque se haya doblado el cabo de las tempestades y se
viva tantos años como yo, los recuerdos de afectos perdidos y goces
pasados, ya sean propios ó ajenos, traen al corazón perfumes de dulzura
y enseñanzas provechosas.