Al día siguiente se fumigó la celda, se pintaron de nuevo las paredes y
ordenó el prelado que no se hablara más de la enfermedad ni de la
presencia de D. Carlos en el convento, dando por motivo el temor de que
la autoridad mandara sacarlo de allí para evitar el contagio.
Pronto se supo en México el fallecimiento del Magistrado Carlos Félix de
Miranda.
Aquella sociedad sintió mucho la desaparición del hombre probo é
ilustrado; el Supremo Tribunal suspendió sus trabajos por tres días y
algún periódico enlutó sus columnas dando los detalles del suceso muy
variados con el material de su inventiva.
Poco después, como no tenía familia, ya nadie hablaba del finado; su
sirviente también, poseyendo la finca que le había cedido, muy pronto lo
olvidó.