EXMO. SEÑOR:--

D. Pedro de Mendoza con su armada, en 1535, fundó esta capital, que

despobló en breve tiempo, pasando sus habitantes al Paraguay, tan

apresuradamente, que no pudieron llevar algunas yeguas que poseian

y que dejaron abandonadas en el campo. D. Juan de Garay con 60

paraguayos fundó segunda vez esta ciudad, el dia 11 de Agosto de

1580, y dividiendo la tierra para estancias en suerte iguales de

tres mil varas de frente y legua y media de fondo, tomó una para

sí, y dio las demas, una para cada soldado. Estos hallaron ya

algunos baguales, hijos de aquellas yeguas, que empezaron á domar

los que podian tomarlas. Los Oficiales reales se opusieron,

pretendiendo que eran del Rey; y habiéndose formalizado auto, he

visto la sentencia que falla injusta la pretension de dichos

Ministros, y declara dueño de los baguales al que los pilláre. Este

es el orígen de la innumerable bagualada que hay en las pampas; que

si se destruyese, privaria á los indios del principal sustento,

precisándoles á alejarse ó reducirse, y se quitaria á los españoles

los embarazos que son notorios.

Los ganados vacunos vinieron con Garay, y procrearon en las

cercanias, hasta que por descuido ó falta de aguas en los años de

mucha sequía, se escaparon algunos al arroyo Salado, donde en

libertad multiplicaron, extendiéndose hasta el Rio Negro, y mas al

S: porque aunque los bárbaros Querandis, que hoy llaman _pampas_,

comiesen su carne, eran pocos para destruir su procreo. Los indios

de la falda de la Cordillera tuvieron noticia de estos ganados, y

empezaron á llevar grandes manadas á Chile, cuyos Presidentes

tenian contratas de ganados con dichos indios. Estos, que en su

pais no podian vivir sin algun trabajo, se fueron estableciendo en

los campos de los ganados, y algunos se mezclaron con los pampas;

de modo que hoy casi todos los indios son de la costa de la

Cordillera. Al mismo tiempo que los bárbaros destrozaban ganados en

las pampas, no se descuidaban los españoles, llevándolos á Córdoba

y Mendoza: y los de Buenos Aires hacian mucha corambre de toro y de

vacas, porque entonces no se tenia cuenta con eso. De ahí se

siguió, que á mediados de este siglo estaba exhausto este precioso

mineral de cueros, y no habiendo ya ganados alzados en las pampas,

se vieron los bárbaros en una especie de precision de robar el

manzo ó de rodeo en las estancias de esta capital.

Esta es la época y la causa de la guerra con los indios, que ha

ocasionado tantas muertes de una y otra parte. Para sostenerla

formó el Gobernador D. José Andonaegui tres compañías de paisanos

campestres, pagados, y armados de lanzas. Llamó á la primera

_valerosa_, á la segunda, _conquistadora_, á la tercera,

_invencible_, y á todas _Compañias de blandengues_, porque al pasar

la revista en esta plaza, blandearon las lanzas. Aunque destinó la

primera compañía al Zanjon, la segunda á Lujan y la tercera al

Salto, no les permitió destino fijo, queriendo que siempre

estuviesen en movimiento. Como los bárbaros recibian continuamente

reclutas voluntarias de Chile, se hizo necesario aumentar el número

de compañías, y el de sus plazas ó individuos; y para pagarlas, se

impuso el ramo de guerra, que aprobó el Rey en 7 de Setiembre de

1760. Tambien se alteró el plan de defensa, porque de errantes y

lanzeros que eran los blandengues, se fijaron en varios puntos, ó

guardias, repartidas por la frontera, y se armaron como dragones,

sirviendo en caballos propios. Apenas se hubo entablado esto,

cuando los hacendados y el Ilustre Ayuntamiento solicitaron que

dichas guardias se avanzasen á determinados puntos, ó parages, que

se hicieron reconocer: pero los dictámenes, ó informes fueron

siempre tan varios y opuestos, como las pasiones ó modos de pensar

de sus autores, y redugeron algunos puestos, y adelantaron otros.

Yo he reconocido de órden de V. E. todos los fuertes y fortines

actuales, y los sitios donde se ha solicitado y solicita

adelantarlos, y aun otros mas al S, y debiendo exponer mi dictámen,

lo haré sin preocupaciones ni respetos.

Es para mí indudable que conviene avanzar la frontera, porque con

eso se gana terreno, y en él se aseguran muchos cueros para el

comercio, carne y pan para la capital, y mulas para el Perú, y

quedarán seguras nuestras estancias actuales, donde no podràn

penetrar los indios sopena de ser cortados. Los dictámenes opuestos

no se han fundado sino en la escasez de aguas y leña, y en que,

dicen, es escusado gastar plata en ganar unos terrenos que no se

poblarán. Es innegable que las pampas son escasas de leña y aguadas

permanentes en tiempos de grandes secas: pero lo es igualmente que

los fuertes y fortines actuales se hallan reducidos á beber de

pozos, y con menos agua de la que tendrá, el que menos, de los que

se fundáran si se adelanta la frontera. La leña existente de los

fuertes actuales se reduce á la que dá la pampa, esto es, á

biznaga, cardo &c., que es lo mismo que hay en la frontera

proyectada. Todo esto consta del diario que incluye. Ademas de que

la nueva frontera tendrá leña mas inmediata, y con menos riesgo en

las islas, donde las vá á buscar hoy. Por lo que hace á que no se

poblará, lo tengo por cierto si no se ponen los medios, pero si se

aplican estos, segun diré despues, no ha de faltar poblacion.

Conociendo la utilidad de la nueva frontera, he elegido los puntos

mas adecuados para establecer los fuertes y los fortines, teniendo

muy presente estas cuatro circunstancias esenciales. 1.ª Que cubran

completamente los términos de esta capital. 2.ª Que disten entre sí

igualmente con corta diferencia, para que la línea sea de igual

vigor en todas partes, y para que distribuya el servicio con

igualdad á la tropa. 3.ª Que todos los fuertes y fortines estén en

una misma direccion, esto es, que no adelanten notablemente unos á

otros. 4.ª Que todos tengan buenos pastos, tierras de labor, y á lo

menos el agua necesaria. Por sugetarme mas á estas condiciones, no

he aprovechado alguna vez de sitios excelentes, y acaso mejores que

los electos.

Elegidos los sitios, debo decir á V. E. la forma que juzgo han de

tener los fuertes. He visto con no poca admiracion, que el que

dirigió los actuales, los delineó por las reglas de arquitectura

militar, dictadas por el famoso Vauban; con baluartes y sus flancos

arreglados, circundándolos de estacada y foso, gastando en todo

mucha plata y tiempo inútilmente. Nuestros enemigos en la frontera

no han sido ni pueden ser sino indios de á caballo, armados de

bolas y lanza. Esto supuesto, para que la gente esté segura en

nuestras guardias, fuertes y fortines, basta que tengan un

cuadrilongo de simple estacada, porque no lo han de romper bolas ni

lanzas, mucho menos defendiéndolas con armas de fuego. Todos los

fuertes de la frontera del Paraguay no son mas de lo dicho, ni aun

la mitad, como V. E. no ignora. El aumentar obras y costos, con

decir que los indios pueden sorprender dormidos á los blandengues,

es cosa que no cabe en buen juicio: porque con mas descuido y

descanzo se podrian dormir detras de muchas trincheras, en cuyo

caso de nada servirian, si los indios las atacasen. Estoy tan

persuadido de que basta lo dicho, que no tengo reparo en añadir,

que para guardar los fuertes y fortines propuestos, sería

suficiente la 3.ª parte de los blandengues. Sin embargo no propongo

esta reforma, porque su destino principal no es guarnecer los

fuertes, sino el salir á campaña siempre que se ofresca perseguir á

los indios, ó atacar enemigos de otra especie; ademas de que los

blandengues han de ser los que han de poblar la pampa, y fomentar

con su prest las villas, segun diré mas adelante. Los fuertes y

fortines de la nueva frontera son los mismos en número que los de

la actual: esto es, seis de los primeros, uno para cada compañía de

blandengues, las cuales deben proveer 20 ó 25 hombres para cada

uno de los cinco fortines; y las distancias no son mas largas que

en la frontera existente, y están mejor proporcionadas. He dado

luces al ingeniero y al piloto para que hagan el plano de los

fuertes y fortines, haciendo ver su figura, los edificios que deben

tener y el costo. Por lo que hace á la artillería, no hago alto en

eso; respecto á que nunca ha servido ni servirá en la frontera. Lo

mismo ha sucedido y sucede en el Paraguay; sin embargo, allá hay un

cañon amarrado de firme á un poste dentro de cada fuerte, sin mas

destino que el de dar aviso; pero como ni para eso sirven aquí,

porque rara vez se oirian, podria escusarse el costo de las

cureñas. No obstante, si á V. E. le parece, podrá quedar en cada

fuerte ó fortin un cañon ó dos, retirando los demas y los

artilleros.

El servicio impuesto á los blandengues por su fundador toca en

inhumano, y no llena el fin: el que hacen hoy participa de los

mismos inconvenientes, y es este:--De cada fuerte y de cada fortin,

salen 8 blandengues ó milicianos con su cabo, dirigiéndose 10 ó mas

leguas al S, y no siendo lícito llevar tiendas ni equipages, se ven

en la dura precision de subsistir de lo que dá el campo, de sufrir

la intemperie 8 dias, que es el término que se les dá para

regresar. Inmediatamente sale otra partida igual, y así turna todo

el año. La experiencia ha hecho ver siempre, que cuando los indios

resuelven un insulto, espian oportunamente una de dichas partidas

por la tarde, y la cortan con facilidad, poniéndose de noche tras

de ella para matarla por la madrugada infaliblemente. Hecho este

lance, irremediablemente se introducen entre dos fuertes, hallan en

pocas horas nuestras estancias, y arreando el ganado en el mismo

dia, ó la noche siguiente, salen de la frontera sin ser sentidos:

porque los que están en los fuertes no pueden saber lo sucedido

fuera, ni si entraron los indios, y viven tranquilos, sabiendo que

hay una partida exploradora en su frente. Ni la multitud de

desgracias de esta suerte, ni los sentimientos de humanidad, han

bastado á hacernos variar el plan de defensa, que me parece debe

ser el siguiente. 1.º Disponer que en lo sucesivo no se hagan las

referidas exploraciones; y 2.º, mandar que de cada fuerte y de cada

fortin salgan dos blandengues juntos por la derecha, y dos por la

izquierda, al amanecer todos los dias, y que sigan el camino recto

hasta encontrarse en la medianía, donde entregándose un papel ó

seña que acredite su diligencia, regresen inmediatamente. Si los

indios hubiesen penetrado, conocerán el rastro; y continuando el

uno, y regresando el otro, ambos á la disparada, se pondrá en armas

la frontera, y reunirán las fuerzas antes que los indios hayan

podido consumar el robo; que se les podrá quitar en la misma

frontera ó dentro, sin necesidad de irlos siguiendo muchos dias

inútilmente, como ha sido preciso hasta aquí. De este modo se

reconocerá toda la frontera sin riesgo, y con poco trabajo en dos

horas, una vez al dia, y mas, si conviniere en tiempos sospechosos.

Este plan de defensa disminuye el conocimiento de los campos, que

es necesario para adelantar la frontera cuando convenga, y para

otros fines. Con esta mira podria salir cada seis meses un oficial

con 30 blandengues, que reconociesen y diesen razon del terreno que

hay distante 20 leguas, en todo el frente guarnecido por su

compañía.

Como el plan de defensa insinuado puede verificarse por solo los

blandengues, con mas comodidad y menos riesgo que el que hacen hoy,

tengo por escusado que se empleen en la frontera los 20 milicianos

que hay en cada fortin. Estos pobres abandonan sus casas, familias,

cultivos y cosechas, y no reciben otro estipendio que 20 reales al

mes cada uno, á título de racion. Todo eso sobre injusto es gravoso

al ramo de guerra, que puede ahorrar dicha racion, que asciende á

tres mil pesos al año. Las milicias no deben tomar armas sino para

ocupar los fuertes cuando salgan los blandengues, y en algun otro

caso extraordinario. Del mismo modo, debiéndose reputar á los

blandengues no solo como soldados sino tambien como á pobladores

natos de la campaña, no es regular que las justicias de los

partidos se sirvan de ellos para todo, como lo hacen hoy, teniendo

mas à mano las milicias. Tampoco es justo que se saquen blandengues

de la frontera, sino en urgencias muy extraordinarias; porque los

que salen abandonan sus casas y familias, cosechas y caballos en

que sirven y son propios, no teniendo quien se los cuide, y

viéndose precisados á alimentarlos, comprando el pasto en esta

capital.

Concluido lo que alude al servicio militar y seguridad de la

frontera, trataré del modo de poblarla. Los portugueses y demas

extrangeros, cuando quieren adelantar y poblar sus límites,

fomentan y auxilian á los que se ofrecen para eso, y ademas les

reparten las tierras, porque saben que el derecho de propiedad que

les dán, no solo hace edificar, si no tambien es una cadena que

fija á los hombres para siempre. La experiencia ha hecho ver que á

estos medios ha seguido el fin deseado, y V. E. pobló las 150

leguas que hay del Paraná á Concepcion en el Paraguay, valiéndose

del medio único, que es _repartir las propiedades_. Es pues

indispensable hacerlo así en la nueva frontera, porque ademas lo

ordena el Rey en la cédula que aprueba el ramo de guerra.

La situacion que debe darse á los pueblos es punto sustancial,

porque si se pusiesen en los intermedios de los fuertes y

fortines, serian víctimas del furor de los indios, á no ser que se

precaviesen con estacadas ó foso, ó con un muro de adobes ó tapia.

Todo eso seria, á mi ver, gastar inútilmente, sin que yo entienda

la ventaja de tal disposicion. Para mi es muy claro que de los

blandengues debe esperarse la poblacion de las pampas; no solo

porque las defienden y aseguran como soldados, si no tambien porque

son pobladores natos y seguros, y lo será su descendencia, dándoles

tierras y sitios, y porque su plata es la que ha de vivificar y

fomentar á los paisanos. Esto indica lo que conviene hacer, y es,

fundar seis villas, situándolas detras y pegadas á los fuertes, de

modo que la estacada de estos, opuesta á la que mira á la campaña,

sea el frente del S de la plaza. Por supuesto que las calles han de

ser arregladas, y que se han de destinar sitios para iglesia, casa

de Cabildo, &c. En esta disposicion no necesitarán las villas,

muros, estacadas ni foso, porque estando pegadas al fuerte y

custodiadas con 75 blandengues, nada habrá que temer. La

experiencia confirma este mismo, pues cada fuerte tiene hoy una

multitud de casas que le rodean por detras y los dos costados,

habitadas por 800 ó 1,000 almas, blandengues y paisanos, que viven

tranquilamente, sin otro resguardo que el amparo del fuerte, y no

hay egemplar de desgracia. Aun en los fortines se ven bastantes

ranchos: en la misma forma, uniendo las villas à los fuertes, se

logra á demas que los blandengues las fomenten, y podrán salir

todos á campaña en un momento, reemplazándoles los vecinos: pero si

las villas estuvieren distantes, no podrian los paisanos dejarlas

abandonadas para ir á guardar los fuertes, donde sería preciso

dejar la tercera parte de los blandengues que haría falta en

campaña. Todo pueblo nuevo se compone de gente pobre que busca la

fortuna, por consiguiente, no debe exigirse de los pobladores que

hagan edificios vistosos ni de algun costo. Bastará pues que los de

las nuevas villas se establescan bajo la direccion de calles

rectas, y que en lo demas á nadie se precise á hacer otra cosa de

lo que pudiese, ó le acomodare.

Aunque se podria juntar pobladores con la fuerza, es mejor hacerlo

por medios suaves. Lo que yo dispondria, siguiendo la letra de la

real órden, ó cédula que aprueba el ramo de guerra, es preferir

para blandengues á los casados, licenciando si fuese dable á los

solteros que no se casasen en el año. Repartiria entre ellos los

terrenos de la frontera, no con la igualdad que Garay, sino

mejorando á los oficiales y sargentos, y aun á los soldados de

haberes suficientes: incluiría en este reparto á todos los paisanos

que se ofreciesen para pobladores, dando á los mas infelices lo que

al blandengue mas pobre, y reputando à los demas como á los

oficiales y sargentos; porque la riqueza en el reparto debe

equilibrar las graduaciones y los respetos. Tampoco deben admitirse

paisanos sin familia, y todos, militares y no militares, deben

perder sus mercedes y costos si no hacen casa en la villa, y llevan

las familias dentro del año. Igualmente señalaría tierras, sin

precisarle á vivir en la villa, al cacique pampa Miguel Yatigué con

su familia, que hace 8 años que vive en Chascomus, donde quiere

acabar sus dias, y lo mismo digo de cualquiera otro indio que desée

vivir entre nosotros, aunque no quiera ser católico.

Si el reparto se hace con equidad y economia, habrá tierras para

egidos y para todos en lo que se avanzará, y cuando no bastasen se

debería suplir la falta con las de la fontera actual que son

realengas. Pero si, como he oido muchas veces, denuncia terrenos

algun vecino de esta ciudad ú otra parte, y en consecuencia se

nombran agrimensores, tasadores y jueces, se ponen en subhasta, y

al fin se venden 30 ó 40 leguas cuadradas _por 80 pesos_, no

quedará para la villa, ni hay que esperar poblacion. En esta clase

de ventas utiliza el erario una friolera, y acaso se consigue que

el comprador ponga algun ganado en su estancia; pero estas ventajas

las paga muy caras el estado, porque lo primero que hace el

comprador es echar á muchos pobres que estaban poblados en lo

comprado, ó los hace sus tributarios, justificando que ha poblado,

segun se le manda en la cédula de venta, cuando no ha hecho mas que

esclavizar á los verdaderos pobladores, sin aumentar ganados, ni un

solo vecino. Es preciso que el erario se aumente, y de ningun modo

se logra mejor que fomentando la poblacion y la riqueza, y no

ahogándola con el velo de ridículos intereses. Acaso dirán algunos

que los mencionados pobladores podrian presentarse pidiendo la

tierra, y que se les daría: pero no se hablaría así si se supiese

que son pobres, y que no pueden costear las diligencias ni aun

agitarlas.

Ya se sabe que las poblaciones nuevas necesitan auxilios. Los que

pueden darse á las proyectadas son soportables al ramo de guerra,

que no tiene otro destino que la seguridad y poblacion de los

campos. Me parece que á cada sargento, cabo y blandengue se le

puede anticipar, para hacer su casita, 80 pesos, de los cuales la

mitad ha de quedar á su favor, y el resto lo podrá devolver en 2 ó

3 años, descontándolo de su prest. A todo paisano pobre y poblador

se le podrá adelantar igual cantidad de 80 pesos, sin cargo de

devolverla, dándoles ademas el primer año un real diario por

familia, para que puedan subsistir mientras siembran y se

habilitan. En esta gracia no deben comprenderse los blandengues

porque tienen su sueldo, y á fin de que no se aventuren las

anticipaciones, se cuidará de no hacerlas sino á proporcion del

adelantamiento que se vea, á proporcion de la fábrica da la casa, y

esta ha de valer á lo menos la cantidad que se adelantase. Tambien

es preciso que nadie pueda enagenar su casa, sitio ni tierras, ni

dejar de ser vecino en ocho años, sópena do perderlo todo, con los

costos que hubiere hecho, y los derechos y prerogativas de

poblador. Y si por muerte ó sucesion pasasen las casas, &a., de

padres á hijos, estos han de estar ligados con las mismas

condiciones en dicho tiempo. Igualmente debe suplir el ramo de

guerra el costo de las mediciones y diligencias del reparto, y 500

pesos para sínodo de un cura en cada villa, el cual no deberá

exigir derecho alguno de sus feligreses, ni otras ofrendas ò

limosnas que las voluntarias, en los cuatro primeros años. En los

cuatro siguientes cobrará el cura la mitad de los derechos

parroquiales, en compensacion de la mitad del sínodo que se le

rebajará; y pasados los ocho años se le quitará el sínodo, y

percibirá los derechos parroquiales por entero como todos los demas

curas. Por supuesto que el propio ramo debe costear la capilla ó

iglesia, y la casa capitular: pero como todo pueblo es un seminario

de enredos, es preciso que à los diez años primeros no haya casa

capitular, alcaldes y cabildos, ni mas gefes que el militar, y que

esto lo sea en todo.

Con lo dicho se verá antes de dos años que cada fuerte será una

villa de mas de mil almas, porque á mas de los pobladores que

acudirán de todas partes, todos los que hay en los fuertes

actuales, que no bajan de 800 á 1,000 en cada uno, se trasladarán

infaliblemente á las nuevas villas, estimuladas de los auxilios y

de la propiedad de las tierras, que no tienen donde estan. Verdad

es que en esta parte no se logrará otra cosa que llevar la gente

mas adelante, sin aumentar, lo que se desea, la poblacion de las

pampas. Este es un inconveniente que pudo precaverse cuando se

fundaron las guardias actuales, repartiendo las tierras, pues era

fácil conocer que nadie permaneceria donde nada tenia, sino lo que

podia tocarle del sueldo que esparcian los blandengues, y que

faltando este recurso, era preciso que abandonasen el sitio y las

tierras, dejándolas como cuando las hallaron, sin un árbol ni

durazno para fruta y leña. Si en el establecimiento de nueva

frontera se sigue la misma idea que en la actual, de no repartir la

tierra á los pobladores por venderla á los forasteros, seguramente

se tocará la dificultad de que las villas serán insubsistentes,

porque seguirán á los blandengues si se mudan mas adelante, como

infaliblemente ha de verificarse con el tiempo. Para remediar este

mal no veo otro recurso que el de repartir, y dar debalde los

terrenos á los que se quieran quedar.

Por lo que toca á la oposicion que se puede temer do los indios,

la considero de poca monta. Algunos caciques han convenido en que

nos avancemos lo que se proyecta, y estamos en paz. Pero aun en la

guerra se hallaria dificultad en que se arrancasen las estacadas de

las fuertes y fortines, y que las carretas que van por sal y salen

de toda la frontera, las cargen de balde en un dia, llevándolas á

los nuevos sitios, en lo que no extraviarian camino notablemente, y

se podrian plantar en otro dia, quedando las trapas y demas

trabajos á cubierto.

Todavia me ha parecido indicar á V. E. otro medio de asegurar la

tranquilidad y posesion de los pampas, con mayor brevedad, ventaja

y extension. Ya dije que el motivo de robar los indios los ganados

de esta capital, era el de llevarlos á Chile. El camino por donde

los conducen es pasando el Rio Colorado, y dirigiéndose al punto

inmediato de _Chuelechel_ en el Rio Negro, que luego costean hasta

la Cordillera. Consta esto de la explicacion que puso el piloto D.

Basilio Villarino en el mapa que hizo poco há de dicho Rio Negro;

donde tambien asegura ser esta derrota única, no solo para los

indios de la Cordillera, sino tambien para los de sus faldas y

llanos orientales, porque cualquiera otro camino no tiene agua.

Fundado en eso, dice el mismo Villarino, que si nos establecemos en

Chuelechel será imposible que los bárbaros puedan conducir á Chile

los ganados robados.

Con estos antecedentes parece que deberia V. E. hacer entrar por el

Rio Negro una ó dos chalupas de las que hay en nuestro

establecimiento, dirigidas por algun inteligente ó dos, que

llegasen á Chuelechel y le reconociesen con reflexion y

conocimiento, para verificar lo que dice Villarino: pues siendo

cierto, es fácil introducirnos desde nuestro establecimiento hasta

Chuelechel, y formar en él un fuerte como los mencionados, poca mas

ó menos, guarneciéndolo de 60 blandengues y 20 presidarios con dos

chalupillas. Segun el mapa de dicho piloto, distaria este fuerte de

nuestro actual establecimiento como 80 leguas, que ademas de ser

navegables, las han andado nuestras carretas. Quizás se hallará que

conviene hacer dicho fuerte en la costa del rio, donde el mapa

figura una muy grande isla, de buen terreno para cultivos y para

mantener muchos ganados con seguridad. Yo no debo entrar en mayores

detalles sobre el particular, porque para hablar con fundamento es

menester esperar las noticias que ha de traer el comisionado, á

quien se habrá de dar instrucion correspondiente.

Me limito, pues, á decir, que miro muy factible y fàcil

establecernos en Chuelechel, y que con esto, siendo cierto lo que

asegura Villarino, seriamos dueños de las pampas, desde aquí al Rio

Negro pues, aunque quedarian algunos bárbaros en este espacio, no

habria motivo para temerles, porque no son muchos, ni aun la sexta

parte de lo que el vulgo se figura; y ademas no se atreverian á

insultarnos, viéndese cortados, sin poder huir para el sur á pasar

el Rio Negro, ni para la Cordillera, tomando el paso preciso de

Chuelechel. Tampoco tendrian motivo de incomodarnos, porque no

hallarian á quien vender el ganado robado que ellos no necesitan,

contentándose con comer baguales y quirquinchos que abundan en las

pampas. En fin, amparándonos de este paso preciso, no podrian los

indios del sur del Rio Negro ni los de la Cordillera y sus faldas,

introducirse en estas pampas, para unirse con sus indios y robar

nuestros ganados, como hasta aquí ha sucedido.

De este modo se facilitaria mucho la poblacion que se desea, y

tanto conviene al estado, en la Costa Patagónica. Se entablaria

insensiblemente comercio por el Rio Negro con los indios laboriosos

que hay en la Cordillera y sus faldas, con Chile: quizás sucederia

lo mismo con la ciudad de Mendoza, por el Rio Diamante que entra en

el Negro, y es navegable en las crecientes, segun dice Villarino; y

sobre todo, esta capital adelantaria una extension que no baja de

5,000 leguas cuadradas, en que, sin hacer caso de otra cosa, podria

mantener mas ganados de los que hay en todos los campos de la otra

banda, sin que ningun extrangero pudiese participar de sus cueros.

Ultimamente, con esto se haria V. E. inmortal, sacando á la capital

de su vireinato del estado vergonzoso en que se halla, reducida por

pocos bárbaros despreciables á límites tan estrechos, que en un dia

se puede salir fuera, y son los mismos que tomó Garay, su fundador,

cuando solo constaba de 60 hombres, 216 años há.

Los costos que puede tener esta idea son muy inferiores á lo que es

capaz de sufrir el ramo de guerra, que los recobraria en breve con

el aumento de cueros. Tenemos franca la entrada en el Rio Negro, y

un establecimiento, chalupa y carretas en su boca: todo está

incitando á continuar. Si á alguno le pareciese arriesgado que

internemos 80 leguas por el Rio Negro, será porque no se acuerda de

que somos españoles, de que Garay fundó los fuertes de San Salvador

y Santi Espiritu, y Oyolas el de la Asumpcion, á mayores distancias

de España, y entre sí, guarneciéndolos con menos de 100 hombres; y

hace tres años que 50 milicianos paraguayos han hecho el Fuerte de

Borbon en iguales circunstancias, y en medio de mayor número de

bárbaros, mas guerreros y de mayor pujanza que los que hay por acá.

Lo peor que puede suceder es que el camino que dicho piloto supone

único, no lo sea, sino que haya dos ó tres. Nada quiere decir esto,

pues se reduce á tomarlos todos, cuyo costo es muy inferior á la

adquicion de tantas ventajas.

He dicho mi dictámen con la claridad posible; pero como recae

sobre materia tan grave, será bueno que V. E. lo haga ver á D.

Nicolas de la Quintana, á D. Manuel Pinazo, al gremio de

hacendados, al Ilustre Ayuntamiento y á otras personas y cuerpos,

haciéndoles fundar los puntos en que discordasen, para que, mejor

impuesto, pueda V. E. resolver lo que tuviese por conveniente.

Nuestro Señor guarde á V. E. muchos años. Buenos Aires, 31 de Julio

de 1796.

Exmo. Señor.

Diario de un reconocimiento de la guardia y fortines · 第 49 / 51 题