Como ya he dicho varias veces, y en especial en el prólogo de mi
_Gramática Valenciana Popular_, siempre he creído que por
circunstancias especiales de la literatura valenciana debe ésta
disponer de dos gramáticas diferentes: la clásica ó literaria y la
popular.
Han pasado catorce años desde que publiqué aquella obra, y
aunque en ella invité á «quien tuviera autoridad para ello» á escribir
la gramática literaria, esta es la hora en que nadie se ha decidido á
hacerlo, y continúa la anarquía entre los escritores valencianos, y
aumenta la indecisión entre los jóvenes que desean escribir en su
lengua materna, sin que nadie les tache de incorrectos, y permanece
el _valenciano literario_ en un _statu quo_ imposible de conservar,
sin más regla ni guía que el capricho de cada cual.
Por ello, pues, y en vista de que no hay un atrevido, individuo ó
corporación, que cargue con el trabajo de poner diques al
desbordado río de la literatura valenciana, me decido yo hoy á ello.
No trato, sin embargo, de escribir una gramática completa, sino una
parte de ella tan sólo, la ortografía; aquello, por lo demás, sería
inútil, puesto que la analogía y la sintaxis deben ser y son, en
realidad, exactamente iguales en el lenguaje popular y en el
literario, y me vería obligado en consecuencia á copiar aquí
literalmente lo que ya escribí en mi _Gramática Valenciana
Popular_; no así la ortografía, pues si bien en lo relativo á los
signos de puntuación pueden servir las mismas reglas en ambas
gramáticas, no ocurre lo propio en lo que se refiere al uso acertado
de las letras, verdadero caballo de batalla indócil hasta ahora en
absoluto á todo intento de imposición de freno por parte de los
gramáticos valencianos.
Es muy común oir decir á más de cuatro seudoeruditos que los
escritores antiguos valencianos hacían muy poco caso de la
ortografía y escribían una misma palabra de diferentes modos, sin
atender á reglas, y esto no es verdad, dicho así tan en absoluto;
lo que ocurría entonces era lo que ocurre ahora, no ya en el
valenciano, sino en el castellano y el catalán; ocurría, en primer
lugar, que había escritores, escribientes y tipógrafos que sabían
ortografía y cuidaban de ella, y otros que, ó la ignoraban en más ó
en menos, ó no ponían atención al escribir; en segundo lugar, que la
ortografía se iba modificando como ahora y como siempre, según
las ideas, las convicciones y aun los caprichos de los primates y de
los maestros que se iban sucediendo en las alturas de la literatura y
de la cátedra, y en tercero, que había entonces, y hay ahora, y habrá
siempre, lo mismo en ortografía que en toda clase de enseñanzas,
desde la teología hasta el arte de cocina, puntos en que todos están
conformes y puntos en que hay distintas maneras de ver la cosa; así,
por ejemplo, escriben hoy unos en castellano _harmonía,
subscriptor ó viaje_ y otros _armonía, suscritor ó viage_, pero no
hay nadie que escriba _hombre_ sin _h_ ni _España_ con ella.
A marcar vamos, pues, tales diferencias en esta obra, y, como
consecuencia de ello, á fijar lo dogmático y á discutir lo opinable.
Confío en que el convencimiento unánime de cuantos en Valencia se
dedican al cultivo de las letras en la lengua materna, en lo
referente á la necesidad de adoptar un código ortográfico del que
hasta hoy carecemos en absoluto, hará que este ensayo sea bien
recibido hasta por aquellos á quienes no logre convencer.
Réstame sólo explicar, contestando á la observación de algún amigo,
el motivo de escribir el presente tratado en castellano, siendo así
que sólo ha de servir para valencianos; la explicación es muy
sencilla; en todas las escuelas públicas y privadas del reino de
Valencia se enseña á leer y á escribir en castellano, pero no en
valenciano; de aquí que todos los hijos de esta tierra seamos en lo
literario castellanos y que en la lengua de Castilla estemos
acostumbrados á recibir toda clase de enseñanzas, incluso la historia
y la geografía de Valencia y el Catecismo de la Doctrina Cristiana que
en castellano se enseña en todas las escuelas y en todas las iglesias
del reino.
Así lo han entendido también los más eximios escritores
contemporáneos (y su ejemplo es bastante á disculparme),
escribiendo en castellano obras de asunto puramente valenciano,
como _Valencia_, de Llorente; _Historia de Denia_, de Chabás;
_Sagunto_, de Chabret; _Antigüedades valencianas_, de Teixidor,
con adiciones y notas de Chabás; _Diccionario de impresores
valencianos_, de Serrano Morales; los _Diccionarios_ de artistas y
de músicos valencianos, del Barón de Alcahalí; _La catedral de
Valencia_, de Sanchis Sivera, y un sinnúmero de memorias y
monografías de estos mismos maestros y de los señores Martínez
Aloy, Vives Liern, Tramoyeres, Martí Grajales, Rodrigo Pertegás,
Barberá, Guillén, Vilanova y cien y cien más.
Aparte de esto, escribir una ortografía valenciana en valenciano,
sería prejuzgar la cuestión; y aunque no peco por exceso de
modestia, no llega á tanto mi orgullo.
CAPITULO PRIMERO
Cuestión previa
¿Qué debe entenderse por ortografía clásica valenciana? ¿se trata,
acaso, de imponer como ley de nuestro lenguaje escrito la forma en
que escribían nuestros antepasados en el siglo XIII, en el XV, ni
aun en el XVIII? ¿sería esto posible aunque alguien lo pretendiera?
Se necesitaría carecer en absoluto de sentido común para admitir
tamaño absurdo; ni hay taumaturgo capaz de unificar en un solo
código las mil y mil variantes que, no ya de un siglo á otro, sino
entre escritores coetáneos saltan á la vista al primer examen, ni
el valencianista más rabioso y fanático se atrevería á escribir hoy
_orthographia, phylosophia, parrochia, Thomás, Phelipe, chimica,
Vrsula, mvla, ereu, òme_, como en otros tiempos se ha escrito.
Porque como ya he dicho en otra ocasión, no son las lenguas vivas
monolitos inconmovibles á cuyo pie desfilan generaciones tras
generaciones sin dejar en ellos huellas de su paso; son, por el
contrario, organismos en plena actividad que se transforman lenta,
pero incesantemente, no sólo en virtud de las leyes biológicas que
rigen su constitución íntima, sino por la presión que sobre ellos
ejerce con influjo incontrastable el medio ambiente en que viven y
las desviaciones que por atracción ó repulsión imprimen en su
marcha fisiológica los organismos similares que les rodean, ora
ayudándoles, ora combatiéndolos en su lucha común por la
existencia.
¿Cómo es posible, pues, escribir hoy el valenciano (según algunos
pretenden), como lo escribían Jaime Roig y Ausias March en el siglo
XV ni siquiera como Carlos Ros en el XVIII? ¿Acaso las demás lenguas
neo latinas, el castellano, el catalán, el francés, el italiano, se
escriben hoy como hace dos ó trescientos años?
Conviene, por lo tanto, fijar el concepto de lo que debe entenderse
por clasicismo en el problema de nuestro lenguaje escrito y
deslindar de una vez para siempre lo que es propio y privativo del
valenciano desde que éste empezó á ser lengua culta y escrita
diferente del catalán, de lo que tiene de común con éste por su
común origen, ó con el castellano por su influencia más ó menos
legítima, pero cierta y positiva.
Salta á la vista que lo primero, es decir, aquello en que la ortografía
valenciana se diferencia esencialmente de la catalana y la castellana,
ha de ser muy poco; pero como es precisamente lo que da carácter
independiente á nuestra lengua y por ende lo que justifica y legitima
la publicación del presente tratado, en ello hemos de fijar
principalmente la atención, detallando hasta la minuciosidad las más
pequeñas variantes y aportando toda clase de razones y
comprobantes á fin de llevar la convicción al ánimo del más rebelde.
Podemos, pues, dividir la ortografía clásica valenciana en cuatro
secciones fundamentales que pueden titularse del siguiente modo:
1.ª Reglas ortográficas comunes á todas las lenguas derivadas del
latín.
2.ª Reglas ortográficas comunes al valenciano y al castellano.
3.ª Reglas ortográficas comunes al valenciano y al catalán.
4.ª Reglas ortográficas propias y privativas del valenciano.
Sin embargo, como esto seria un mal plan de exposición en una
obrita que deseamos sirva de libro de consulta á los jóvenes
escritores valencianos, adoptamos en ella la división que se
acostumbra hacer en todos los tratados de ortografía (1),
limitándonos á indicar en el presente capítulo de preliminares el
alcance que damos á cada una de las indicadas secciones para poner
de manifiesto el criterio que informa nuestro trabajo.
Sección 1.ª— Hija del latín la lengua valenciana, es natural que
haya adoptado en lo escrito los signos que empleaba su madre,
modificando tan sólo, al igual de sus hermanas las demás lenguas
neolatinas, algunos de aquellos por exigencias de las variantes
fonéticas que les impusieron los diferentes pueblos que
intervinieron en el proceso de su formación; conservamos, por lo
tanto, los valencianos las mismas letras que emplearon los latinos y
seguimos observando, en la mayoría de ellas, idénticas reglas que
tuvieron en lo antiguo.
Son estas letras, que pronunciamos, escribimos y combinamos como
todos los lenguajes hijos del latín, las siguientes: _a, b, d, e, f, h,
i, l, m, n, o, p, q, r, s, t, u, v, y, ç_; claro es que la afirmación
que acabamos de hacer no es absolutamente exacta, pues en la _h_, por
ejemplo, no seguimos á los italianos que la han eliminado del
alfabeto; á la _t_ antes de _ia, io, iu_, no le damos el sonido de _c_,
como los franceses; sustituímos con la _ç_ el signo _z_ que emplean
castellanos, italianos y franceses, y hacemos otras modificaciones
parciales en el uso de algunas de estas letras; pero en general, y
salvo ligeras excepciones que ya iremos detallando al tratar de cada
letra en particular, puede decirse que las reglas ortográficas por
que se rigen estas letras son comunes al valenciano y á las demás
lenguas latinas.
Sección 2.ª— Aunque la mayoría de los escritores valencianos
contemporáneos pertenecientes á la escuela que podemos llamar
erudita en contraposición á la popular, han tomado á empeño el
distanciarse de la ortografía castellana, inclinándose en cambio á
la catalana de tal manera, que casi han llegado á hacer una sola
de ésta y la nuestra, es indudable que castellanos y valencianos
tenemos desde el siglo XV muchísimas reglas ortográficas comunes;
comunidad que fué aumentando con el tiempo hasta el punto de
que Carlos Ros pudiera en el siglo XVIII unir en un solo tratado las
dos ortografías con su _Práctica de Ortographia para los dos idiomas
Castellano y Valenciano_, y que llegó á convertirse en verdadera
unidad en el XIX en manos de los escritores cómicos y satíricos,
es decir, de los genuinamente populares, como Bernat y Baldoví,
Bonilla, Balader, Liern, Escalante y Palanca.
Sin embargo, aunque sigo creyendo, como ya dije en mi _Gramática
Valenciana Popular_, que esta unificación sería lo más cómodo y
fácil para los principiantes, confieso que no es lo literario, lo
científico, lo clásico; pero quiero al mismo tiempo recordar una vez
más que la ortografía valenciana _legítima_ está hace ya siglos tan
distanciada de la catalana como de la castellana, y si bien es
cierto que tiene mucho de común con una y otra, no debe en manera
alguna confundirse con ninguna de las dos, cuidando de mantener
su autonomía y su carácter propio, inspirándose por un lado en la
tradición bien comprobada y por otro en el ejemplo de las lenguas
similares que han evolucionado prudentemente con objeto de
facilitar la lectura y simplificar la escritura.
Ejemplos bien claros tenemos de estas dos fuentes de perfección en
varias reglas comunes á valenciano y castellano; en lo relativo á la
tradición pueden servir de tales el uso de la _ch_ en principio y
medio de dicción para expresar el sonido de esta letra cuando es
fuerte y explosiva, y el de la _h_, la _v_ y la _b_ por razón de
etimología; en lo que se refiere á la evolución podemos citar el
abandono definitivo de la _th_ y la _ph_, la fijación clara y
terminante de la _u_ y la _v_, que tanto solían confundirse en lo
antiguo, y la precisión en el uso del acento agudo lograda en el
último siglo por la Academia Española para el castellano y aceptada
por catalanes y valencianos.
Sección 3.ª — Si, como acabamos de ver, la ortografía valenciana
tiene algo de común con la castellana, es indudable que tiene más
con la catalana; pero no tanto que pueda ni deba fundirse con ésta
en un solo cuerpo de doctrina; empleamos, en efecto, lo mismo que
los catalanes la _ny_ en equivalencia fonética de la _ñ_ castellana y
la _gn_ francesa ó italiana; usamos, como ellos, la _ch_ final con el
sonido de _k_, y la _j_ y _g_ (ésta sólo antes de _e, i_ ó en los
finales en _ig_) para expresar el de _ch_ suave que no conocen los
castellanos; pero nos distinguimos de ellos en que no anteponemos
á estas dos letras la _t_ para darles el sonido de explosiva fuerte,
en que no usamos la _x_ en principio de dicción, en que pronunciamos
la _i_ de la _ix_ después de vocal, en que terminamos en _es_ los
plurales de los nombres en _a_ que ellos terminan en _as_ (escriben
ellos _dònas_ y nosotros _dònes_), en que no doblamos la _l_ en
medio de dicción, y en otras particularidades que ya iremos notando
en su lugar correspondiente.
Sección 4.ª— De todo lo dicho se desprende que la ortografía
valenciana, aunque sin haber sido nunca oficialmente reglamentada
(á pesar de varios intentos más generosos que afortunados), se ha
mantenido desde el siglo XV al XIX perfectamente separada de la
castellana y la catalana; sólo á mediados de este último siglo
empezaron á marcarse las dos tendencias igualmente heterodoxas
que sin llegar á formar dos escuelas bien diferenciadas, con
maestros, textos y partidarios convencidos y firmes (ó tal vez
por esto mismo, por no haberse formado tales sectas), nos han
desorientado á todos y han producido la anarquía mansa de que
tantas veces nos hemos lamentado.
Igualmente heterodoxas he llamado á las dos tendencias, y
realmente lo son: la' tendencia castellana, porque si bien puede
defenderse en la literatura popular (puesto que el pueblo de la
capital y su comarca no tiene hoy más diferencias fonéticas con
Castilla que la _è_ y la _ò_ abiertas que pueden muy bien marcarse
con un simple acento grave), no debe en manera alguna admitirse
en el lenguaje culto, ya que la prosodia valenciana legítima, viva
aún en la mayoría de las poblaciones del reino, posee dos sonidos, la
_ch_ y la _s_ suaves que desconocen los castellanos, y carece, en
cambio, de otros dos que éstos heredaron al parecer de los árabes,
la _j_ y la _z_; y la catalana porque también su prosodia es diferente
de la nuestra hace ya siglos y así lo apreciaron desde el principio
nuestros más eximios escritores, empleando en principio de dicción
la _ch_ en vez de la _x_ que usan los catalanes, prescindiendo de la
_t_ que éstos anteponen á la _x_ y á la _j_ en medio de dicción, y
terminando en _es_ los plurales de las voces en _a_ final; como para
probar esto tendría que aducir documentos y comprobantes que ya
he publicado, remito al lector el artículo que con el título de _Algo
sobre fonología valenciana_ se publicó en el _Almanaque de Las
Provincias_ del año 1899 y que reproduzco íntegro al final de este
trabajo con objeto de facilitar su consulta.
Resulta, pues, resumiendo todo lo dicho, que los valencianos
tenemos ya de antiguo nuestra lengua escrita propia y especial,
como especial y propia es la hablada, y diferente, por lo tanto, de
la catalana, la aragonesa, la castellana, la murciana y la baleárica
que geográficamente la circundan; y no se comprende, siendo la cosa
tan clara, que vayan los escritores valencianos, desde hace ya más
de un siglo, dando tumbos y resbalones; unos echándose
francamente en brazos de la Academia Española y aceptando para el
valenciano las reglas ortográficas dictadas por ésta para el
castellano; y otros haciendo algo mucho peor: adoptando en sus
escritos no ya la ortografía, sino hasta la analogía y la sintaxis
catalanas, jurando, no obstante, y perjurando que escriben en
valenciano puro y castizo. No necesito hacer salvedades; todos
hemos pecado, unos más que otros; pero el que menos, lo suficiente
para que deba hacer ya propósito de la enmienda.
A ello vamos, pues; á precisar el genuino concepto de la ortografía
valenciana tal y como resulta del estudio detenido de nuestros
clásicos, si bien con las prudentes modificaciones que la marcha de
los tiempos impone á estos códigos literarios lo mismo que á los
científicos, á los jurídicos y á los artísticos; quien de esto se aparte
en lo esencial (no nos referimos á pequeños detalles perfectamente
discutibles y opinables), no diga que escribe en _valenciano
literario_; escribirá en valenciano popular si sigue á los primeros, ó
escribirá como los segundos en catalán; en catalán _atenuado_ por
lo menos, como el de Lérida ó Tortosa.
CAPITULO II
De la ortografía en general
Sabido es que el bello ideal de toda ortografía consiste en escribir
una lengua tal como se habla, empleando en consecuencia un signo
para cada sonido y no asignando dos ó más sonidos á un solo signo;
pero esto que no le es difícil á un lenguaje artificial, como el
moderno esperanto por ejemplo, es de todo punto imposible al
tratarse de una lengua natural, formada por aluviones de cien razas,
idiomas y literaturas diferentes, en la que es preciso respetar
etimologías que la marcan indeleblemente como estigmas atávicos
de raza, inflexiones de voz que por uso ininterrumpido de muchas
generaciones han llegado casi á modificar fisiológicamente los
órganos de la fonación de todo un pueblo, y costumbres impuestas
como ley por autoridades respetables y respetadas en el cultivo de
su literatura tradicional.
A estos tres principios, por lo tanto, necesita ajustarse la ortografía
valenciana clásica, ora escribiendo las voces con arreglo á su origen
según se escribió cada una de ellas en la lengua de donde la tomó la
nuestra, ora respetando la forma en que la escribieron desde un
principio los mejores maestros de nuestra literatura, ya atendiendo
á la pronunciación de la mayoría de los valencianos en tiempo
antiguo ó en la época actual.
Mas como no existe una regla fija y matemática que indique, con
seguridad, á cuál de estos tres principios obedece en el lenguaje
escrito cada una de las voces de nuestra lengua, es necesario marcar
al detalle las varias reglas particulares que se derivan de dichas
fuentes á fin de precisar la manera de emplearse tanto las letras
como los signos auxiliares de la escritura.
Empecemos, pues, por estudiar lo que son letras y cuántas de éstas
tiene la lengua valenciana.
Es _letra_ en el lenguaje hablado, según la Academia Española, «la
menor parte de voz con que se modula ó articula un sonido simple y
determinado»; y lo es en el escrito el signo que representa dicho
sonido; el conjunto de las letras se llama _abecedario ó alfabeto_.
El alfabeto valenciano consta de los veintiocho signos siguientes:
_a, b, c, ch, d, e, f, g, h, i, j, k, I, II, m, n, ny, o, p, q, r,
s, t, u, v, x, y, ç_.
Estas letras, lo mismo en nuestro alfabeto que en todos los
europeos, se escriben de dos maneras diferentes, fijándose para el
uso de unas ú otras determinadas reglas, según el caso y el lugar
en que deben emplearse; el nombre con que se conocen estas dos
clases de letras es el de _minúsculas_ para las que antes hemos
escrito, y _mayúsculas_ para las siguientes:
_A, B, C, Ch, D, E, F, G, H, I, J, K, L, Ll, M, N, Ny, O, P, Q, R,
S, T, U, V, X, Y, Ç_.
Además de esta división en _mayúsculas y minúsculas_, se dividen
también las letras de nuestro alfabeto en _sencillas y dobles_; estas
últimas se representan con dos signos, y son la _ch_, la _ll_, la _ny_,
la _rr_ y la _ss_, á las que tal vez debiera añadirse, alambicando un
poca la cosa, la _ig_ en fin de dicción y la _ix_; nótese, en cambio,
que no admitimos las dos letras dobles del alfabeto catalán _tj y tx_,
aunque algunos literatos valencianos contemporáneos las emplean,
ni la _th_ y la _ph_ que se encuentran en muchos escritos antiguos;
las razones que para ello tenemos las expondremos al tratar de la
_j_, de la _x_ y de la _h_ en su lugar correspondiente á fin de no
involucrar cuestiones ni alargar el presente capitulo.
La mayoría de estas letras conservan en nuestra lengua el mismo
valor que tuvieron en la latina, siendo su uso uniforme y claramente
determinado; hay algunas, sin embargo, que por tener oficio doble ó
por haber modificado el que tuvieron antiguamente, ofrecen
algunas dudas en el modo de emplearlas; tienen oficio doble entre
nosotros la _e_, la _o_, la _c_, la _ch_, la _g_, la _x_ y la _y_; y
han modificado el que tenían antiguamente la _u_, la _v_ y la _ch_ en
medio de dicción.
CAPITULO III
De las letras mayúsculas
Las letras mayúsculas en la escritura manuscrita, y aun en la
impresa, fuera de las portadas y títulos, sólo se emplean como
iniciales ó sea en principio de dicción, siendo minúsculas las
restantes que completan la palabra; las reglas á que debe sujetarse
su uso son las siguientes:
Se escribirán con letra inicial mayúscula:
1.º La palabra en que empiece un escrito, y la primera del párrafo
después de punto final.
2.º Los nombres propios; v. gr.: _Deu, Jesús, Mahoma, Sócrates,
Ciceró, Pere, Vicent, Maria, Catalina, Espanya, Valencia, el Grau, el
Maestrat, la Ribera, Juquer, Penyagolosa, Rocinante_.
3.º Los atributos divinos, como _Pare Etern, Criador_; los títulos y
nombres de dignidad cuando se habla de persona determinada,
como _el Rey, el Papa, l’Alcalde, el Retor_; los nombres y apodos
con que se designa á determinadas personas, como _Jaume el
Conquistador, Pere el del Punyalet, el Patriarca, el Palleter, la Rulla_.
4.º Los tratamientos, y especialmente si están en abreviatura, como
_Sr._ (sinyor), _D._ (don), _V._ (vosté), _V. S._ (vostra senyoría);
los antiguos tratamientos valencianos _En y Na_, equivalentes á los
modernos _Don y Donya_, conviene escribirlos con mayúscula por
su brevedad y por evitar confusiones, como _En Vicent, Na María_;
_vosté y vostés_ cuando se escriben con todas sus letras no deben
llevar mayúscula.
5.º Ciertos nombres colectivos cuando representan una entidad
moral, como en estos casos: _la Universitat reclama contra lo
acordat per l’Ajuntament_.
6.º Los sustantivos y adjetivos que compongan el nombre de una
institución, de un cuerpo ó establecimiento: _la Cambra de Comers,
el Colege del Patriarca, l’Academia de Belles Arts, l’Ateneo
Mercantil, el Gremi de Corders_.
7.º Los nombres y adjetivos que entren en el título de cualquier
obra: _Gramática Catalana, Historia de la Marina Valenciana, la
Moma_; puede, sin embargo, prescindirse de esta regla cuando el
título es largo, especialmente en las obras dramáticas, como _Tres
roses en un pomell, Al sá y al plá, La escaleta del dimoni_.
8.º Suele emplearse mayúscula á principio de cada verso,
especialmente en los de arte mayor.
9.º Se escribe con letras mayúsculas la numeración romana cuando
se emplea para significar el número de orden de papas, reyes y otras
personas del mismo nombre, el de los siglos y el de los tomos, libros,
capítulos, etc., de una obra; v. gr.: _Calixto III, Pere IV, sigle XX,
tomo II, capítul IX_.
Cuando hubiere de escribirse con mayúscula la letra inicial de una
palabra que empiece con _Ch_, ó con _Ll_, sólo se formarán de
carácter mayúsculo la _C_ y la _L_ que son primera parte de estas
letras compuestas ó dobles: se escribirá, pues, _Chiva, Chimo, Lliria,
Lloréns_; y de ningún modo _CHiva, CHimo, LLiria y LLoréns_.
Ninguna palabra valenciana pura y castiza empieza por _ny_, por
_rr_ y _ss_; si el pueblo emplea alguna como _nyirvi y nyaular_, son
solecismos que no deben admitirse en el lenguaje literario.