CAPITULO DIEZ Y OCHO

Como el governador Jorge Espira, despues de aber enbiado gente en

seguimiento de Fedreman, llego a Coro, donde hallo el govierno de

la tierra en el doctor Nabarro, proveydo por el Avdiençia de Santo

Domingo.

Despues de aver estado pocos dias Jorge Espira rriberas del rrio

Avro[123], fue rresoluto en enbiar alguna gente tras de Nicolas

Fedreman, su teniente, con nuebos poderes suyos para ganalle la

voluntad, porque ya que no era poderoso para subjetallo, pretendio por

maña hazer lo que no se atrevia con fuerças, y a que le abisasen que no

siguiese la derrota quel abia llevado, porque se perderia, sino que en

llegando al pueblo de Nuestra Señora procurase meterse en la sierra y

atravesar la cordillera, porque alli le abian dado çierta noticia los

yndios de mucha gente y oro, sobre lo qual le escrevia muy largamente; y

porque en aquel lugar do estavan alojados, rribera del rrio Avro, no

abia abundançia de comida para dar matalotaje a los que atras abian de

bolver, pasaron adelante a vnas provinçias abundantes de mantenimientos

de çiertos yndios llamados giraharas, poblados junto a la propia

cordillera, que ya trayan a mano yzquierda.

Estos giraharos estan poblados en tierra montuosa; es gente desnuda, muy

enemigos despañoles, grandes gerreros y salteadores. Vsan para la guerra

de vnas macanas muy grandes, ques vna arma de palma negra, que ellos se

aprovechan della como los españoles de vn montante. Vsan de arcos

grandes y anchos y muy rrezia flecheria, la qual tiran y abientan con

gran furia, de suerte que si açiertan con ello pasan vn hombre de parte

a parte. Es gente ydolatra y muy suprestiçiosa.

En esta provinçia hizo el governador Jorge Espira hazer matalotage para

los que abian de bolver en el alcançe de Fedreman, y mandando aperçebir

para este efecto treynta hombres, y entre ellos doze de a caballo, y por

su cavdillo a Felipe de Utre, caballero aleman de la propia casa de los

Bezares, que era su capitan de la guardia, los enbio con los despachos

dichos, y el prosiguio su camino, segun lo llevaba, por la falda de la

sierra, sin detenerse en ninguna parte mas de a tomar comida, hasta la

sierra que dizen de Coro, donde se detubo a rreformar los caballos y a

descansar algunos dias. Felipe de Utre con sus conpañeros camino hasta

Apure, donde le fue ynpedido el pasar adelante, porque como obiese

enpeçado a entrar el ynvierno, venia aquel poderoso rrio tan creçido,

que ecediendo sus hordinarios limites ynundaba grandisima legua y media

de tierra llana. Estuvose Phelipe Dutre esperando treynta dias a ber si

el rrio se aplacaba y le daba lugar para pasar; y como lo viese sienpre

estar en vn ser, dio la buelta camino de Coro en seguimiento de su

governador, al qual alcanço alojado y descansando en la sierra de Coro,

como se a dicho.

Ayrose Jorge Espira de que la quedada de Phelipe de Utre obiese sido sin

ningun effecto; mas sabido el contraste que para bolverse abian tenido,

mitigo su furor y determino llegar con brevedad a Coro. Los dias que

Jorge Espira se detuvo en esta sierra de Coro a descansar, fue por los

naturales della muy mal ospedado, porque jamas çesaban de ponersele

sobre algunos collados que sojuzgaban su alojamiento, y de alli los

flechaban y danificaban seguramente, sin poder rreçebir daño ninguno de

los nuestros; lo qual visto por Jorge Espira, determino armarles vna

çelada, y enbiando de noche çierta cantidad despañoles a que se

enboscasen en vnos arcabucos o montañas que en los collados donde los

yndios acostunbraban venir a flechar estavan, fueron façilmente

castigados aquellos barbaros de su loco atrevimiento, porque como otro

dia de mañana viniesen ynconsideradamente al lugar do solian flechar a

los nuestros, fueron por los del rreal movidas platicas con que los

descuydaron, y dando los españoles de la enboscada en ellos, fueron

muertos muchos y presos mas de treynta, de los quales empalo diez por

aquellos çerros para atemorizar la tierra. Castigo, çierto, abominable y

cruel y que por mano de cristianos no se abia de dar a ningunas gentes,

y a sido tan hordinario en algunas partes de Indias, que al que conforme

a ley natural defendia su patria, mereçiendo por ello antes premio que

pena, le davan tan de hordinario este castigo y pena de enpalado como si

ansi fuera justiçia. Esto esta ya estirpado y quitado por mano de

algunos cristianisimos juezes quel Rrey a enbiado a Indias, y

especialmente en las tierras sujetas al Nuebo Rreyno de Granada, donde,

como en su lugar mas largamente dire, se vsaba este genero de castigo en

los yndios por algunos ynconsiderados y crueles hombres; mas los

governadores y juezes supremos que en el Avdiençia de aquel Rreyno an

rresidido, an castigado y enmendado estos negoçios y otros muchos

tocantes al buen tratamiento y conservaçion de los naturales, de tal

suerte que pareçe ya aver llegado a aquella tierra vna hedad muy florida

y alegre para los naturales, lo qual no a sido en esta governaçion de

Venençuela, de quien al presente tratamos, que en algunos pueblos de

ella[124] no vsan de crueldades por no tener ya yndios en quien vsallos,

y donde los ay, andan los soldados tan encarniçados y çevados en

maltratallos que casi aposta les mueven ocasiones con que los yndios se

alçen para despues, con ese color, ylles a hazer gerra, y por castigo

juridico enpalallos y aperreallos o comellos[125] con perros como a

fieras, a ymitaçion de lo que Solimano, gran turco, hizo, casi en este

mismo tiempo, que seria por el año de treynta y seis, que enbiando los

Asapos y los Acarzis, contra çiertas gentes llamados los çimiriotos,

gentes que habitan en el monte de la Çimera, en tierra de Butintro,

hazia que a manera de monteros y corredores, anduviesen tras estas

desarmadas y desventuradas gentes y los matasen y diesen fin y cabo de

todos ellos, por çierto enojo que dellos vbo. I mientras Su Magestad

aquella Governaçion no la pusiere debaxo del Avdiençia del Nuebo Rreyno,

para que por mano de los juezes que en aquella Avdiençia rresiden, sean

visitados estos pueblos y quitados estos daños, no dexaran aquellos

miseros naturales de padeçer e yrse apocando.

Esto he dicho aqui porque se me ofreçio esta ocasión. Si en alguna

manera me he apartado de la Istoria, el lector con paçiençia tolere lo

que yo con ynadvertencia he hecho.

Despues de aver Jorge Espira amedrentado bien con el castigo que hizo,

no solo a los moradores de aquella provinçia donde estaba, mas a todos

sus circunvezinos, ya que su gente y caballos estaban algo descansados,

caminaron derechos a Coro, sin que otros yndios ningunos osasen tomar

armas contra ellos ni salilles al camino a hazer estorvo ni

desabrimiento. Despues de aver caminado algunos dias llego a la çivdad

de Coro Jorge Espira, donde hallo espirada su governacion y juridiçion,

y por governador della al doctor Navarro, vezino de Santo Domingo, a

quien el Avdiençia de aquella ysla abia proveydo por governador de

Venençuela, por aversele acabado a Jorge Espira el tiempo que traya

señalado en su conduta para governar. Entro en Coro Jorge Espira con

solos noventa hombres, pobres y flacos, y muy maltratados, al cabo de

quatro años que della salio con quatroçientos soldados bien adereçados.

Estuvo en Coro algunos dias Jorge Espira, donde era aborreçido de los

españoles, por no querer sufrir a ser governados por extrangeros; y como

le abian quitado y el no era parte a premiar a los soldados que

siguiesen su boluntad, estuvose en Coro como persona privada o

particular, donde como adelante diremos, murio(A).

Y porque primero que tome la mano em proseguir el suçeso de las cosas

desta governaçion estoy obligado, conforme a la horden que llevo, de dar

cuenta del rremate de la jornada de Nicolas Fedreman, que pasados los

rrios de Apure y Zarare se aparto de la cordillera y se metio en los

llanos, por no encontrar con su governador y por ybitar toda ocasion de

discordia y pasion como cuerdo y astuto capitan, proseguiremos con el

subçeso de su jornada en los siguientes capitulos, donde solamente

trataremos del, hasta que entro en el Rreyno y se junto con la gente del

licençiado don Gonzalo Ximenez de Quesada, tiniente del adelantado don

Pedro Fernandez de Lugo, y no mas, porque lo que de alli adelante le

subçedio queda escrito en la primera parte, en el descubrimiento del

Nuebo Rreyno.

Historia de Venezuela, Tomo I · 第 66 / 305 题