(A) El P. Aguado incurre en el error, del que participó tambien
Fernández de Oviedo, de afirmar que Ambrosio de Alfinguer fue el primer
Gobernador de Venezuela nombrado por los Belzares.
Con dezir que Alfinguer llegó á la ciudad de Coro «en el año de la
encarnación de Nuestro Señor de mill y quinientos e veinte y nuebe»[19],
es decir, dos años antes de hacerse la cesión á favor de los Belzares,
queda destruido ese error.
Alfinguer recibió su nombramiento de Einguer y Sayller, y en Santo
Domingo le fueron entregadas, por mano de García de Lerma, las
provisiones reales para que pudiera ejercer sus funciones. Los Belzares
designaron para que los representase en Venezuela á Juan Siuser Jofer,
como luego se verá.
El verdadero nombre de Micer Ambrosio parece ser que era Ambrosio
Einguer, y que se le apellidó Alfinger por el pueblo de su naturaleza.
Micer Ambrosio era hermano de Enrique Einguer, según consta por la
capitulación que los alemanes otorgaron con el Emperador.
(B) Baralt, en su _Resumen de la Historia antigua de Venezuela_[20], de
acuerdo con lo afirmado por el licenciado Pérez de Tolosa en su
_Relación_, dice que vistos por Juan de Ampies los despachos imperiales
de que era portador Alfinguer, «les dió con resignación y modestia
entero cumplimiento», y poniendo en posesión del gobierno á aquellos
extranjeros, se retiró á la isla de Curazao y de allí á la capital de la
Española.
El licenciado Pérez de Tolosa, ocupándose de los primeros actos de
Alfinguer en su gobernación, escribe: «Llegado el dicho Ambrosio, y
sacados todos sus mantenimientos y aparejos á una casa de munición, se
dió á la gente todo lo necesario á muy justos precios, que en la
Española no se pudieran dar á tan bajos precios, eceto los caballos y
aderezos de la gineta que al parecer de la gente se dieron en subidos
precios; porque un caballo se daba por dozientos y mas pezos, y una
silla por cinquenta. Presuponga vuestra Alteza que la gente que llegó á
Venezuela fue tan pobre, que no tenian de que pagar esto al contado, y
para lo pagar y satisfazer se acordó y mandó por el dicho Gobernador,
que ninguno, por ninguna via, pudiese rescatar ni haber oro que no
trajese al montón, para satisfazer de los dichos mantenimientos y
hazienda que se les daba: y hase de presuponer que, ansimesmo, esta fue
la causa que no se hiziese repartimiento de la tierra, demas que se
dize, que hubo algunos españoles que fueron causa dello; dando á
entender al dicho Gobernador, que si la tierra repartiere no sería tan
señor ni tan obedescido como estandose por repartir.--Otros quieren
dezir, que se dejó de hazer el repartimiento hasta ver el fin de la
tierra, por tener lugar de escojer, en lo mejor, las doze leguas de que
se les haze merced por la capitulación á los adelantados. Como quiera
que fue(se), este fue el mayor error que se tubo á los principios, muy
grandecido á los fines, con total destruccion de todo lo descubierto, y
muerte de los más españoles que á la dicha provincia han ido, porque
segund fama comun pasan de quinientos cristianos los que en la dicha
provincia han fallecido hasta la ida del dicho licenciado Tolosa.»