TAMBIÉN LA CORREGIDORA ES GUAPA

SALIDO que hubieron de la sala el Corregidor y el tío

Lucas, sentose de nuevo la Corregidora en el sofá;

colocó a su lado a la señá Frasquita, y, dirigiéndose a

los domésticos y ministriles que obstruían la puerta, les

dijo con afable sencillez:

--¡Vaya, muchachos!... Contad ahora vosotros a

esta excelente mujer todo lo malo que sepáis de mí.

Avanzó el cuarto estado, y diez voces quisieron hablar

a un mismo tiempo; pero el ama de leche, como la

persona que más alas tenía en la casa, impuso silencio

a los demás, y dijo de esta manera:

--Ha de saber V., señá Frasquita, que estábamos yo

y mi Señora esta noche al cuidado de los niños, esperando

a ver si venía el amo y rezando el tercer Rosario

para hacer tiempo (pues la razón traída por Garduña

había sido que andaba el señor Corregidor detrás de

unos facinerosos muy terribles, y no era cosa de acostarse

hasta verlo entrar sin novedad), cuando sentimos

ruido de gente en la alcoba inmediata, que es donde mis

señores tienen su cama de matrimonio. Cogimos la luz,

muertas de miedo, y fuimos a ver quién andaba en la

alcoba, cuando ¡ay, Virgen del Carmen! al entrar, vimos

que un hombre, vestido como mi señor, pero que

no era él (¡como que era su marido de V.!), trataba de

esconderse debajo de la cama.--«_¡Ladrones!_» principiamos

a gritar desaforadamente, y un momento después

la habitación estaba llena de gente, y los alguaciles

sacaban arrastrando de su escondite al fingido Corregidor.--Mi

Señora, que, como todos, había reconocido

al tío Lucas, y que lo vio con aquel traje, temió que

hubiese matado al amo, y empezó a dar unos lamentos

que partían las piedras...--«_¡A la cárcel! ¡A la cárcel!_»

decíamos entre tanto los demás.--_«¡Ladrón!

¡Asesino!_» era la mejor palabra que oía el tío Lucas;

y así es que estaba como un difunto, arrimado a la pared,

sin decir esta boca es mía.--Pero, viendo luego que se

lo llevaban a la cárcel, dijo... lo que voy a repetir,

aunque verdaderamente mejor sería para callado:--«Señora,

yo no soy ladrón ni asesino: el ladrón y el

asesino... de mi honra está en mi casa, acostado con

mi mujer.»

--¡Pobre Lucas!--suspiró la señá Frasquita.

--¡Pobre de mí!--murmuró la Corregidora

tranquilamente.

--Eso dijimos todos... «¡Pobre tío Lucas y pobre

Señora!»--Porque... la verdad, señá Frasquita, ya

teníamos idea de que mi señor había puesto los ojos en

V..., y, aunque nadie se figuraba que V....

--¡Ama! (exclamó severamente la Corregidora).

¡No siga V. por ese camino!...

--Continuaré yo por el otro... (dijo un alguacil,

aprovechando aquella coyuntura para apoderarse de la

palabra).--El tío Lucas (que nos engañó de lo lindo

con su traje y su manera de andar cuando entró en la

casa; tanto que todos lo tomamos por el señor Corregidor),

no había venido con muy buenas intenciones que

digamos, y si la Señora no hubiera estado levantada...,

figúrese V. lo que habría sucedido...

--¡Vamos! ¡Cállate tú también! (interrumpió la

cocinera).--¡No estás diciendo más que tonterías!--Pues,

sí, señá Frasquita: el tío Lucas, para explicar su

presencia en la alcoba de mi ama, tuvo que confesar las

intenciones que traía... ¡Por cierto que la Señora no

se pudo contener al oírlo, y le arrimó una bofetada en

medio de la boca, que le dejó la mitad de las palabras

dentro del cuerpo!--Yo misma lo llené de insultos y

denuestos, y quise sacarle los ojos... Porque ya conoce

V., señá Frasquita, que, aunque sea su marido de V.,

eso de venir con sus manos lavadas...

--¡Eres una bachillera! (gritó el portero, poniéndose

delante de la oradora).--¿Qué más hubieras querido

tú?...--En fin, señá Frasquita; óigame V. a mí, y

vamos al asunto.--La Señora hizo y dijo lo que

debía...; pero luego, calmado ya su enojo, compadeciose

del tío Lucas y paró mientes en el mal proceder

del señor Corregidor, viniendo a pronunciar estas o

parecidas palabras:--«Por infame que haya sido su

pensamiento de V., tío Lucas, y aunque nunca podré

perdonar tanta insolencia, es menester que su mujer de

V. y mi esposo crean durante algunas horas que han

sido cogidos en sus propias redes, y que V., auxiliado

por ese disfraz, les ha devuelto afrenta por afrenta.

¡Ninguna venganza mejor podemos tomar de ellos

que este engaño, tan fácil de desvanecer cuando nos

acomode!»--Adoptada tan graciosa resolución, la

Señora y el tío Lucas nos aleccionaron a todos de lo que

teníamos que hacer y decir cuando volviese Su Señoría;

y por cierto que yo le he pegado a Sebastián Garduña

tal palo en la rabadilla, que creo no se le olvidará en

mucho tiempo la noche de San Simón y San Judas!...

Cuando el portero dejó de hablar, ya hacía rato que

la Corregidora y la Molinera cuchicheaban al oído,

abrazándose y besándose a cada momento, y no pudiendo

en ocasiones contener la risa.

¡Lástima que no se oyera lo que hablaban!...--Pero

el lector se lo figurará sin gran esfuerzo: y, si no

el lector, la lectora.

El sombrero de tres picos Historia verdadera de un sucedido que anda en romances escrita ahora tal y como pasó · 第 84 / 95 题