PUES ¿Y TÚ?

EL tío Lucas fue el primero que salió a flote en aquel

mar de lágrimas.

Era que empezaba a acordarse otra vez de lo que

había visto por el ojo de la llave.

--¡Señores, vamos a cuentas!... dijo de pronto.

--No hay cuentas que valgan, tío Lucas... (exclamó

la Corregidora).--¡Su mujer de V. es una bendita!

--Bien..., sí..; pero...

--¡Nada de pero!... Déjela V. hablar, y verá cómo

se justifica.--Desde que la vi, me dio el corazón que

era una santa, a pesar de todo lo que V. me había

contado...

--¡Bueno; que hable!...--dijo el tío Lucas.

--¡Yo no hablo! (contestó la Molinera). ¡El que

tiene que hablar eres tú!... Porque la verdad es que

tú...

Y la señá Frasquita no dijo más, por impedírselo el

invencible respeto que le inspiraba la Corregidora.

--Pues ¿y tú?--respondió el tío Lucas, perdiendo

de nuevo toda fe.

--Ahora no se trata de ella... (gritó el Corregidor,

tornando también a sus celos). ¡Se trata de V. y de

esta señora!--¡Ah, Merceditas!... ¿Quién había de

decirme que tú?...

--Pues ¿y tú?--repuso la Corregidora midiéndolo

con la vista.

Y durante algunos momentos, los dos matrimonios

repitieron cien veces las mismas frases:

--¿Y tú?

--Pues ¿y tú?

--¡Vaya que tú!

--¡No que tú!

--Pero ¿cómo has podido tú?...

Etc., etc., etc.

La cosa hubiera sido interminable, si la Corregidora,

revistiéndose de dignidad, no dijese por último a D.

Eugenio:

--¡Mira, cállate tú ahora! Nuestra cuestión particular

la ventilaremos más adelante. Lo que urge en

este momento es devolver la paz al corazón del tío

Lucas: cosa muy fácil, a mi juicio; pues allí distingo

al Sr. Juan López y a Toñuelo, que están saltando por

justificar a la señá Frasquita.

--¡Yo no necesito que me justifiquen los hombres!

(respondió ésta).--Tengo dos testigos de mayor crédito,

a quienes no se dirá que he seducido ni sobornado...

--Y ¿dónde están?--preguntó el Molinero.

--Están abajo, en la puerta...

--Pues diles que suban, con permiso de esta señora.

--Las pobres no podrían subir...

--¡Ah! ¡Son dos mujeres!... ¡Vaya un testimonio

fidedigno!

--Tampoco son dos mujeres. Sólo son dos

hembras...

--¡Peor que peor! ¡Serán dos niñas!... Hazme

el favor de decirme sus nombres.

--La una se llama _Piñona_ y la otra _Liviana_.

--¡Nuestras dos burras!--Frasquita: ¿te estás riendo

de mí?

--No: que estoy hablando muy formal. Yo puedo

probarte, con el testimonio de nuestras burras, que no

me hallaba en el molino cuando tú viste en él al señor

Corregidor.

--¡Por Dios te pido que te expliques!...

--¡Oye, Lucas!..., y muérete de vergüenza por

haber dudado de mi honradez. Mientras tú ibas esta

noche desde el Lugar a nuestra casa, yo me dirigía desde

nuestra casa al Lugar, y, por consiguiente, nos cruzamos

en el camino. Pero tú marchabas fuera de él, o,

por mejor decir, te habías detenido a echar unas yescas

en medio de un sembrado...

--¡Es verdad que me detuve!...--Continúa.

--En esto rebuznó tu borrica...

--¡Justamente!--¡Ah, qué feliz soy!... ¡Habla,

habla; que cada palabra tuya me devuelve un año de

vida!

--Y a aquel rebuzno le contestó otro en el camino...

--¡Oh! sí... sí...--¡Bendita seas! ¡Me parece

estarlo oyendo!

--Eran Liviana y Piñona, que se habían reconocido

y se saludaban como buenas amigas, mientras que nosotros

dos ni nos saludamos ni nos reconocimos...

--¡No me digas más!... ¡No me digas más!...

--Tan no nos reconocimos (continuó la señá Frasquita),

que los dos nos asustamos y salimos huyendo en

direcciones contrarias...--¡Conque ya ves que yo no

estaba en el molino!--Si quieres saber ahora por qué

encontraste al señor Corregidor en nuestra cama, tienta

esas ropas que llevas puestas, y que todavía estarán

húmedas, y te lo dirán mejor que yo.--¡Su Señoría se

cayó en el caz del molino, y Garduña lo desnudó y lo

acostó allí!--Si quieres saber por qué abrí la puerta...,

fue porque creí que eras tú el que se ahogaba y me llamaba

a gritos. Y, en fin, si quieres saber lo del nombramiento...--Pero

no tengo más que decir por la presente.

Cuando estemos solos, te enteraré de ese y

otros particulares... que no debo referir delante de

esta señora.

--¡Todo lo que ha dicho la señá Frasquita es la pura

verdad!--gritó el señor Juan López, deseando congraciarse

con Doña Mercedes, visto que ella imperaba

en el Corregimiento.

--¡Todo! ¡Todo!--añadió Toñuelo, siguiendo la

corriente de su amo.

--¡Hasta ahora..., todo!--agregó el Corregidor,

muy complacido de que las explicaciones de la navarra

no hubieran ido más lejos...

--¡Conque eres inocente! (exclamaba en tanto el

tío Lucas, rindiéndose a la evidencia).--¡Frasquita

mía, Frasquita de mi alma! ¡Perdóname la injusticia,

y deja que te dé un abrazo!...

--Esa es harina de otro costal... (contestó la Molinera,

hurtando el cuerpo).--Antes de abrazarte,

necesito oír tus explicaciones...

--Yo las daré por él y por mí...--dijo Doña

Mercedes.

--¡Hace una hora que las estoy esperando!--profirió

el Corregidor, tratando de erguirse.

--Pero no las daré (continuó la Corregidora, volviendo

la espalda desdeñosamente a su marido) hasta que

estos señores hayan descambiado vestimentas...; y,

aun entonces, se las daré tan sólo a quien merezca oírlas.

--Vamos... Vamos a descambiar... (díjole el murciano

a D. Eugenio, alegrándose mucho de no haberlo

asesinado, pero mirándolo todavía con un odio verdaderamente

morisco).--¡El traje de Vuestra Señoría me

ahoga! ¡He sido muy desgraciado mientras lo he

tenido puesto!...

--¡Porque no lo entiendes! (respondiole el Corregidor).

¡Yo estoy, en cambio, deseando ponérmelo,

para ahorcarte a ti y a medio mundo, si no me satisfacen

las exculpaciones de mi mujer!

La Corregidora, que oyó esta palabras, tranquilizó a

la reunión con una suave sonrisa, propia de aquellos

afanados ángeles cuyo ministerio es guardar a los

hombres.

El sombrero de tres picos Historia verdadera de un sucedido que anda en romances escrita ahora tal y como pasó · 第 82 / 95 题