--¿Qué escándalo es este?--dijo al fin una voz tranquila,
majestuosa y de gracioso timbre, resonando encima
de aquella baraúnda.
Todos levantaron la cabeza, y vieron a una mujer vestida
de negro, asomada al balcón principal del edificio.
--¡La Señora!--dijeron los criados, suspendiendo
la retreta de palos.
--¡Mi mujer!--tartamudeó D. Eugenio.
--Que pasen esos rústicos...--El señor Corregidor
dice que lo permite...--agregó la Corregidora.
Los criados cedieron el paso, y el de Zúñiga y sus
acompañantes penetraron en el portal y tomaron por la
escalera arriba.
Ningún reo ha subido al patíbulo con paso tan inseguro
y semblante tan demudado como el Corregidor
subía las escaleras de su casa.--Sin embargo, la idea
de su deshonra principiaba ya a descollar, con noble
egoísmo, por encima de todos los infortunios que había
causado y que lo afligían y sobre las demás ridiculeces
de la situación en que se hallaba...
--¡Antes que todo (iba pensando), soy un Zúñiga y
un Ponce de León!... ¡Ay de aquellos que lo hayan
echado en olvido! ¡Ay de mi mujer, si ha mancillado
mi nombre!