LA ESTRELLA DE GARDUÑA

Precedámosles nosotros, supuesto que tenemos carta

blanca para andar más de prisa que nadie.

Garduña se hallaba ya de vuelta en el molino, después

de haber buscado a la señá Frasquita por todas las

calles de la Ciudad.

El astuto Alguacil había tocado de camino en el

Corregimiento, donde lo encontró todo muy sosegado.

Las puertas seguían abiertas como en medio del día,

según es costumbre cuando la Autoridad está en la calle

ejerciendo sus sagradas funciones. Dormitaban en la

meseta de la escalera y en el recibimiento otros alguaciles

y ministros, esperando descansadamente a su amo;

mas, cuando sintieron llegar a Garduña, desperezáronse

dos o tres de ellos, y le preguntaron al que era su decano

y jefe inmediato:

--¿Viene ya el señor?

--¡Ni por asomo!--Estaos quietos.--Vengo a

saber si ha habido novedad en la casa....

--Ninguna.

--¿Y la Señora?

--Recogida en sus aposentos.

--¿No ha entrado una mujer por estas puertas hace

poco?

--Nadie ha parecido por aquí en toda la noche....

--Pues no dejéis entrar a persona alguna, sea quien

sea y diga lo que diga. ¡Al contrario! Echadle mano

al mismo lucero del alba que venga a preguntar por el

Señor o por la Señora, y llevadlo a la cárcel.

--¿Parece que esta noche se anda a caza de pájaros

de cuenta?--preguntó uno de los esbirros.

--¡Caza mayor!--añadió otro.

--¡Mayúscula! (respondió Garduña solemnemente.)

¡Figuraos si la cosa será delicada, cuando el señor

Corregidor y yo hacemos la batida por nosotros mismos!...--Conque...

hasta luego, buenas piezas, y

¡mucho ojo!

--Vaya V. con Dios, señor Bastián,--repusieron

todos, saludando a Garduña.

--¡Mi estrella se eclipsa! (murmuró éste al salir del

Corregimiento.) ¡Hasta las mujeres me engañan! La

Molinera se encaminó al Lugar en busca de su esposo,

en vez de venirse a la Ciudad...--¡Pobre Garduña!

¿Qué se ha hecho de tu olfato?

Y, discurriendo de este modo, tomó la vuelta del

molino.

Razón tenía el Alguacil para echar de menos su

antiguo olfato, pues que no venteó a un hombre que se

escondía en aquel momento detrás de unos mimbres, a

poca distancia de la ramblilla, y el cual exclamó para

su capote, o más bien para su capa de grana:

--¡Guarda, Pablo! ¡Por allí viene Garduña!...

Es menester que no me vea....

El sombrero de tres picos Historia verdadera de un sucedido que anda en romances escrita ahora tal y como pasó · 第 67 / 95 题