Entretanto, el Corregidor había subido al Ayuntamiento,
acompañado de Garduña con quien mantenía
hacía rato, en el salón de sesiones, una conversación
más familiar de lo correspondiente a persona de su
calidad y oficio.
--¡Crea Usía a un perro perdiguero que conoce la
caza! (decía el innoble Alguacil). La señá Frasquita
está perdidamente enamorada de Usía, y todo lo que
Usía acaba de contarme contribuye a hacérmelo ver más
claro que esa luz...
Y señalaba a un velón de Lucena, que apenas si
esclarecía la octava parte del salón.
--¡No estoy yo tan seguro como tú, Garduña!--contestó
D. Eugenio, suspirando lánguidamente.
--¡Pues no sé por qué!--Y, si no, hablemos con
franqueza.--Usía... (dicho sea con perdón) tiene
una tacha en su cuerpo... ¿No es verdad?
--¡Bien, sí! (repuso el Corregidor). Pero esa tacha
la tiene también el tío Lucas. ¡Él es más jorobado
que yo!
--¡Mucho más! ¡muchísimo más! ¡sin comparación
de ninguna especie!--Pero en cambio (y es a lo que
iba), Usía tiene una cara de muy buen ver..., lo que
se llama una bella cara..., mientras que el tío Lucas
se parece al sargento Utrera, que reventó de feo.
El Corregidor sonrió con cierta ufanía.
--Además (prosiguió el Alguacil), la señá Frasquita
es capaz de tirarse por una ventana con tal de agarrar
el nombramiento de su sobrino...
--Hasta ahí estamos de acuerdo. ¡Ese nombramiento
es mi única esperanza!
--¡Pues manos a la obra, señor! Ya le he explicado
a Usía mi plan... ¡No hay más que ponerlo en ejecución
esta misma noche!
--¡Te he dicho muchas veces que no necesito consejos!--gritó
D. Eugenio, acordándose de pronto de que
hablaba con un inferior.
--Creí que Usía me los había pedido...--balbuceó
Garduña.
--¡No me repliques!
Garduña saludó.
--¿Conque decías (prosiguió el de Zúñiga, volviendo
a amansarse) que esta misma noche puede arreglarse
todo eso?--Pues ¡mira, hijo! me parece bien.--¡Qué
diablos! ¡Así saldré pronto de esta cruel incertidumbre!
Garduña guardó silencio.
El Corregidor se dirigió al bufete y escribió algunas
líneas en un pliego de papel sellado, que selló también
por su parte, guardándoselo luego en la faltriquera.
--¡Ya está hecho el nombramiento del sobrino!
(dijo entonces, tomando un polvo de rapé). ¡Mañana
me las compondré yo con los Regidores..., y, o lo
ratifican con un acuerdo, o habrá la de San Quintín!--¿No
te parece que hago bien?
--¡Eso! ¡eso! (exclamó Garduña entusiasmado,
metiendo la zarpa en la caja del Corregidor y arrebatándole
un polvo). ¡Eso! ¡eso! El antecesor de Usía
no se paraba tampoco en barras. Cierta vez...
--¡Déjate de bachillerías! (repuso el Corregidor,
sacudiéndole una guantada en la ratera mano).--Mi
antecesor era un bestia, cuando te tuvo de alguacil.--Pero
vamos a lo que importa. Acabas de decirme que
el molino del tío Lucas pertenece al término del lugarcillo
inmediato, y no al de esta población... ¿Estás
seguro de ello?
--¡Segurísimo! La jurisdicción de la ciudad acaba
en la ramblilla donde yo me senté esta tarde a esperar
que Vuestra Señoría... ¡Voto a Lucifer! ¡Si yo hubiera
estado en su caso!
--¡Basta! (gritó D. Eugenio).--¡Eres un insolente!
Y, cogiendo media cuartilla de papel, escribió una
esquela, cerrola, doblándole un pico, y se la entregó a
Garduña.
--Ahí tienes (le dijo al mismo tiempo) la carta que
me has pedido para el alcalde del Lugar. Tú le explicarás
de palabra todo lo que tiene que hacer.--¡Ya
ves que sigo tu plan al pie de la letra! ¡Desgraciado
de ti si me metes en un callejón sin salida!
--¡No hay cuidado! (contestó Garduña). El señor
Juan López tiene mucho que temer, y en cuanto vea la
firma de Usía, hará todo lo que yo le mande.--¡Lo
menos le debe mil fanegas de grano al Pósito Real, y
otro tanto al Pósito Pío!... Esto último contra toda
ley, pues no es ninguna viuda ni ningún labrador pobre
para recibir el trigo sin abonar creces ni recargo, sino
un jugador, un borracho y un sin vergüenza, muy amigo
de faldas, que trae escandalizado el pueblecillo...--¡Y
aquel hombre ejerce autoridad!... ¡Así anda el
mundo!
--¡Te he dicho que calles! ¡Me estás distrayendo!
(bramó el Corregidor).--Conque vamos al asunto
(añadió luego, mudando de tono). Son las siete y cuarto...
Lo primero que tienes que hacer es ir a casa y
advertirle a la señora que no me espere a cenar ni a
dormir. Dile que esta noche me estaré trabajando aquí
hasta la hora de la _queda_, y que después saldré de ronda
secreta contigo, a ver si atrapamos a ciertos malhechores...
En fin, engáñala bien para que se acueste
descuidada.--De camino, dile a otro alguacil que me
traiga la cena... ¡Yo no me atrevo a parecer esta noche
delante de la señora, pues me conoce tanto, que es
capaz de leer en mis pensamientos!--Encárgale a la
cocinera que ponga unos pestiños de los que se hicieron
hoy, y dile a Juanete que, sin que lo vea nadie, me
alargue de la taberna medio cuartillo de vino blanco.--En
seguida te marchas al Lugar, donde puedes hallarte
muy bien a las ocho y media...
--¡A las ocho en punto estoy allí!--exclamó
Garduña.
--¡No me contradigas!--rugió el Corregidor, acordándose
otra vez de lo que era.
Garduña saludó.
--Hemos dicho (continuó aquél, humanizándose de
nuevo) que a las ocho en punto estás en el Lugar. Del
Lugar al molino habrá... Yo creo que habrá una media
legua...
--Corta.
--¡No me interrumpas!
El Alguacil volvió a saludar.
--Corta... (prosiguió el Corregidor). Por consiguiente,
a las diez... ¿Crees tú que a las diez?...
--¡Antes de las diez! ¡A las nueve y media puede
Usía llamar descuidado a la puerta del molino!
--¡Hombre! ¡No me digas a mí lo que tengo que
hacer!...--Por supuesto que tú estarás...
--Yo estaré en todas partes... Pero mi cuartel
general será la ramblilla.--¡Ah, se me olvidaba!...
Vaya Usía a pie, y no lleve linterna...
--¡Maldita la falta que me hacían tampoco esos consejos!
¿Si creerás tú que es la primera vez que salgo
a campaña?
--Perdone Usía...--¡Ah! Otra cosa. No llame
Usía a la puerta grande que da a la plazoleta del emparrado,
sino a la puertecilla que hay encima del caz...
--¿Encima del caz hay otra puerta?--¡Mira tú una
cosa que nunca se me hubiera ocurrido!
--Sí, señor. La puertecilla del caz da al mismísimo
dormitorio de los Molineros..., y el tío Lucas no
entra ni sale nunca por ella. De forma que, aunque
volviese de pronto...
--Comprendo, comprendo... ¡No me aturdas más
los oídos!
--Por último: procure Usía escurrir el bulto antes
del amanecer.--Ahora amanece a las seis...
--¡Mira otro consejo inútil!--A las cinco estaré de
vuelta en mi casa...--Pero bastante hemos hablado
ya... ¡Quítate de mi presencia!
--Pues entonces, señor...¡buena suerte!--exclamó
el Alguacil, alargando lateralmente una mano al
Corregidor y mirando al techo al mismo tiempo.
El Corregidor puso en aquella mano una peseta, y
Garduña desapareció como por ensalmo.
--¡Por vida de!...(murmuró el viejo al cabo de
un instante). Se me ha olvidado decirle a ese bachillero
que me trajesen también una baraja! ¡Con ella
me hubiera entretenido hasta las nueve y media, viendo
si me salía aquel _solitario_!...