¡Oh! cuando voy viajero fatigado
Sembrando quejas y vertiendo llanto,
¿A qué pedir al pecho desgarrado
Ecos sentidos de amoroso canto?
Tu alma requiere acento regalado,
No el gemir ronco de íntimo quebranto;
Puedes hallar aquí, dándote enojos,
Tristes huellas del llanto de mis ojos.
* * * * *
Si esta fuera la entrada de tu vida
Yo la sembrara de jazmin y rosas:
Como fuente purísima escondida
Entre sombras de acacias y mimosas,
La ingrata suerte hallárate dormida
Viendo en tu seno estrellas luminosas,
Y el límpido cristal creyendo cielo
A distante region torciera el vuelo.
* * * * *
Ave inexperta, tiemblas en la rama
Que en inquieto vibrar te lanza al viento:
¿No ves, mi bien, que el huracan rebrama
Entre nubes preñadas de tormento?
¿No oyes, mi amor, que la razon te llama
Como una madre, y que con tierno acento
Quietud le pide á tu existir querido
Entre las flores del materno nido?
* * * * *
¡Pobre niña! que sueña la existencia
Vertiendo risas y pisando flores,
Entreabriendo su cáliz la inocencia
Al beso de los cándidos amores,
La alma exhalando su divina esencia
Al trinar de los pájaros cantores,
Y reflejando la risueña aurora
La frente pura de quien la alma adora.
* * * * *
Pobre nave que anhela en la bahía
Cruzar soberbia los inciertos mares;
Que de las hondas la inquietud bravía
Piensa en su loco error que son cantares.
¡Oh! no dejes el puerto, vida mia;
No te entregues del viento á los azares;
No provoques las iras de la suerte
Cerca el escollo ves, que da la muerte.
* * * * *
Al amor abres la existencia pura
Y dejas que se escapen en raudales
De tu alma los tesoros de ternura;
Pródiga desparramas sus cristales
En seca arena, y en la roca dura,
Y cuando en vez de amor, te cerquen males,
En estéril desierto y entre abrojos
Agotarse el raudal verán tus ojos.
* * * * *
Triste es, muy triste, en insensato empeño
Brindar caricias y encontrar quebranto,
Y despertarnos del placer del sueño
Para inundarnos en eterno llanto;
Triste es buscar el porvenir risueño
Y encontrar donde quiera negro espanto,
Sed devorarnos, y empapar el labio
En la hiel quemadora del agravio.
* * * * *
Pobre mujer, tu angustia es nuestro juego,
Y tu llorar de amor, es nuestro hastio;
El que te dice que te adora ciego,
Te hiere aleve con engaño impío:
Niña inocente, del amor el fuego
Será tal vez de lágrimas un rio.
Duerme, duérmete en paz, y no mi canto
Tu faz anuble con temprano llanto.
* * * * *
Oh! si estas fojas fueran los encajes
Que cayeran profusos en tu cuna,
Y te dejasen ver como celajes
La blanca faz de la apacible luna,
Yo alejara del mundo los ultrajes
Y el amago falaz de la fortuna;
Yo evocara con cantos halagüeños,
Al querubin de los dorados sueños.
* * * * *
Yo arrullara felice tu inocencia
Con cantos tan sentidos de ternura,
Que te hicieran sonreir de complacencia
En dulce arrobamiento de ventura.
Alejando tus sombras mi experiencia,
Entónce apareciera tu hermosura,
Como tiembla en el lago casta y bella
En cielo azul la matutina estrella.
* * * * *
Este libro es tu altar, niña inocente,
Yo olvidé al contemplarlo mis dolores
Y en él pegué mi atormentada frente.
No tiene el alma ya cantos de amores,
Perdió mi lira el resonar ardiente:
A mi existir desierto pedí flores....
Una sola me otorga mi quebranto,
Ponla en tu corazon: tiene mi llanto.