POR vida del prólogo! Bien pobre y bien mezquina es despues de todo
nuestra naturaleza: procedemos por pautas, por patrones, por moldes;
éstos se han hecho solos; pero ¡ay de aquel que se sale de ellos y se
atreve á pensar con su cabeza!
¿Cómo le va á vd? para saludar:—que le vaya á vd. muy bien, para
despedirse. Al comer, comience vd. por la sopa; al subir, por el primer
escalón. Al escribir un libro, cuídese de aderezar su prólogo; si no,
está vd. perdido.
Estas son las reglas, reglas que me tienen frito; yo quisiera blandir
una espada por el medio, ensartar una aguja por la punta, vivir sin
trabajar, entrar á la casa por el balcon, cambiar de sexo todos los
dias, ó por lo ménos en invierno y en verano, y entónces me llamarian
loco de atar; y son sabios, el que trepa en globo por esos aires sin
resultado alguno, y todos los que tratan de enderezar el pelo del
diablo ó sean las cosas públicas de nuestra tierra.
Vamos al prólogo.
No quiero decir al lector por qué; pero es el caso que en mi infancia,
era yo el niño más cuitado y más asustadizo que vdes. quieran ver, más
entumido y más desdeñado del mundo.
Flaco, cari-acontecido, lloron y triste como un buho.
En el Molino del Rey, situado en las lomas de Tacubaya, famoso en
nuestra historia, pasé mis primeros años, se puede decir que ví la luz.
Es un molino de trigo con sus accesorios de campo.
Por supuesto que los niños más estimados, los jóvenes irresistibles que
me servian de modelo, eran aquellos ostentosos de brío y de pujanza,
diestros ginetes, hábiles cazadores, y ágiles en la lucha y la carrera.
Yo tenia las cualidades contrarias, á un grado de espantosa perfeccion;
me desequilibraba con solo abrir las piernas, tenia susto frente á un
caballo, porque me parecia que de repente me soltaba una palabra que
me dejaba frio: me vencia cualesquiera niña, poseia la ligereza de la
tortuga, apuntaba á un pájaro, y ponia en peligro la existencia del
compañero que quedaba á mi espalda, y en esto de habilidades de manos,
desde entónces soy un prodigio; no atino nunca con los ojales de la
camisa, el nudo de la corbata es para mí el nudo gordiano y no hay
tornillo que no trasrosque, ni chapa que no desgobierne, ni tapa que
no apriete, ni hilo que no enmarañe, ni treta que no quede inservible
entre mis dedos, punzándome, pinchándome, quemándome ó desbarrancándome
en cualquiera intento de destreza corporal.
Por este conjunto de deliciosas cualidades, sobre todas la del miedo,
mi sociedad predilecta fueron las viejas, y los cuentos, el alimento y
el placer de mi alma.
Aquel caballito de siete colores que venia á visitar al rey niño,
pasando como una mariposa sobre las rosas y claveles del jardin;
aquella Cubi Cubiana que cruelmente perseguida se libraba de sus
verdugos, ya arrojando frente á ellos un peine que se convertia en
monte de espinas, ya dejando caer un espejo que se tornaba extenso y
cristalino lago, ya poniendo en el suelo un dedal que se convertia en
los vivos aires en una capilla con su ermitaño, todo me encantaba, me
enamoraba de lo maravilloso, y tenia risas para las diabluras de Pedro
de Urdimalas, y lágrimas para el niño hijo menor del rey convertido en
morado lirio que cantaba:
Pítame mi cedacero,
Pítame con grande amor;
Me mató mi hermano el grande,
Soy espina de la flor.
Contábase una noche al calor de la lumbre un cuento; mi Nana, que
era la narradora, estaba bajo una ventana, con sus cabellos blancos,
blancos como copos de algodon. Lita, mi prima, que ¿qué tal seria de
bonita cuando la eligieron para representar á la Virgen en un coloquio
en que era yo San Miguel? esa, estaba á mi lado; mis primos, sembrados
entre mis tios; y mis señores padres.... lindos, porque lo eran,
sentados en un sofá á lo léjos.
En el cuento se decia que tres niñas, hermosas como estrellas y más
seductoras que nuestra madre Eva, llevaban al enfermo y joven rey
regalos para enamorar su triste corazon y salvar su vida distrayendo su
pena.
—La niña mayor, que se llamaba Fresca Rosa.... ¿qué le llevó? preguntó
mi Nana.... estos confites al que diga qué le llevó....
—Yo lo diré, clamó un chico que era la piel de Barrabás. (Atención
general). Le llevó tres piñoncitos: partió uno y fué sacando una camisa
de hilo tan sutil y con tan lindos bordados, que tal parecia hecha por
los ángeles: en estas, que parte otro piñoncito y que va sacando un
manto real, como tejido de rayos de sol.
No pestañábamos: aquella relacion era maravillosa; se sentia dulce la
boca escuchándola.
—¿Y qué tenia el tercer piñoncito? preguntamos interrumpiendo....
—Tenia, tenia, ¿digan qué tendria? acentuaba el triunfal muchacho.
—Tenia un pajarito que cantaba tan dulce y tan alegre, y abria sus
alitas y hacia tales monerías, que asomó la risa á los labios del rey,
y las hermanas rivales se creyeron perdidas.
—Caten vdes., continuó la Nana, que ese fué el regalo de la primera
niña; ¿y la segunda?
—La segunda, ¿cómo se llamaba?
—Se llamaba la segunda, Granito de oro.
—Esa, ¿qué le llevó?
Lola que era una mozuela con unos ojazos negros como una vida y una
frentaza como predicador, bullanguera y alborotadora como un fandango,
dijo, haciéndose la gazmoña:
—La pobre le presentó un canutero de ébano, bien labrado, pero no
gran cosa; el canutero tenia dentro una plumita primorosa, como de
chupamirto. Pero es el caso, que la niña mandó cerrar todas las puertas
para sacarla del estuchito, las cerraron y se quedaron á oscuras
completamente.
Entónces la niña sacó la pluma, y alumbró de repente una luz de luna
deliciosa—porque estaba por el revés la pluma—lo mismo hacia la pluma
en los campos y por donde quiera.
El rey, asombrado, volteó la pluma por el derecho, y entónces fué como
si hubiera alumbrado el sol....
—Eso estuvo mejor, mejor que mejor, gritaba Lolita, sonando sus
manecitas de azucenas.
—Esperen vdes., que falta lo bueno.
Cuando se sacudia la pluma, alumbrando por el revés, entónces caia
una lluvia de mediecitos nuevos de plata, y cuando por el derecho,
escuditos de oro.
—Cabal, de su apellido, dijo una anciana, porque ella era Granito de
oro.
El niño-rey tomó los escuditos y vió á la niña, y la pobrecita que
quedaba, estaba al morir.
—Yo que ella no hago nada.
—Ni yo.
—Ni yo.
—¿Y cómo se llamaba la niña más chiquita?
—Se llamaba Lucero del Alba.
—Bonito nombre....
Miéntras todos habian escuchado y Pancho y Lola decian sus regalos, yo
me devanaba los sesos para entrar en la palestra y pensar en mi regalo
tambien.
—Bueno; ¿qué llevaba Lucero del Alba? exclamó mi Nana.
Yo no me pude contener, me puse en pié, y con la voz trémula dije:
—Llevaba una cajita que se alargaba y se encogia mucho, mucho.
—¿Y qué tenia dentro?
—Pues, señor, tenia dentro unos cristalitos que á primera vista nada
ofrecian de particular....
—Habias de salir con eso, Guillermo, dijo Lolita.
—Esperen vdes. un _poquitito_.
—Perdió Lucero del Alba.
—En cuanto que se tomaba el cristalito con los dedos, se veia al
través de ellos lo que uno queria como si estuviera presente; campos,
mares, cielos, y por aquí la gran ciudad del Santo Padre de Roma, y con
otro cristalito todita la Francia, y con otro todita España; pero no en
pintura, sino de veras; las calles, las personas, los carruajes, todo,
todo.
Si era de noche, se veia de noche; si de dia, de dia; y si entusiasmado
queria uno estar en cuerpo y en alma donde se estaba mirando, no habia
más sino pasarse el cajoncito de una mano á otra, llenándose de onzas
de oro el tal cajoncito, que jamás se agotaba, aunque con una bomba le
estuvieran sacando dinero.
Aplaudia la gente tan de buena fé, que yo me puse anchísimo: le
contaron la gracia á mis señores padres.... que les ví lágrimas en los
ojos, creyéndome capaz por aquella pamplina de echar el pié atrás al
propio D. Quijote de la Mancha.
—Siga vd., Nana, siga vd., dijimos todos.
Y mi Nana continuó:
—Aunque hubieron sus opiniones sobre todos los regalos y los otros tal
vez eran mejores....
—Y cómo que eran mejores, dijo Pancho.
—Mucho que mejores, repitió Lola, pidiendo aplausos.
—Siempre el rey se divirtió tanto tanto con los vidritos, es decir,
como tenia á todo el mundo en su cajita, que se le quitó la tristeza y
se casó con Lucero del Alba.
Pancho y Lola bramaron contra la parcialidad visible de mi Nana; pero
sea por lo que fuere, á mí me ha quedado tal aficion á las cajitas de
vidritos, que nada creo comparable á ese regalo, con las diferencias
esenciales que el ménos avisado percibe.
Esta es una caja de vidritos; quien quiera ver, que se haga inocente
como los niños de mi cuento.
¡Buen chasco se lleva quien busque en este libro observaciones
profundas, estudios sérios, animadas descripciones, sino en descolorida
imitacion los vidritos del cuento!
Los mios han sido viajes al vapor, siempre con el pié en el estribo y
cantando como el soldado de la zarzuela:
Siempre sin dormir,
Siempre sin cenar;
Qué vida tan perra
La del melitar.
Es decir, se trata de charla, y charla tendrán los que quieran comprar
esta cajita de vidritos.