[Nota 343: Esta expresión es una de las más malas de entender que
hay en _El Diablo Cojuelo_, con haber otras muy oscuras y difíciles. Por
lo de Roncesvalles alude a la memorable batalla en que nuestro Bernardo
del Carpio derrotó a los franceses y en que murieron los doce pares de
Francia. _Molino del papel_ se llama al edificio donde, para fabricarlo,
se comienza por moler y reducir a pasta los trapos de que se hace.
¿Habría _en Roncesvalles_ cuando se escribió _El Diablo Cajuelo_, o poco
antes, algún _molino de papel_? Porque si se averiguara que lo hubo,
sería fácil de entender la afirmación, ya claramente burlona, de que la
venta, a no llegar el Ventero con la Hermandad, habría sido _un
Roncesvalles del molino del papel_; esto es, una parodia de la batalla
de Roncesvalles.]
[Nota 344: Con la _Hermandad_, o sea con algunos _cuadrilleros de la
Santa Hermandad_, que, como es bien sabido, era una de las _tres santas_
de quienes se dijo: «Tres Santas y un Honrado traen al Reino agobiado».]
[Nota 345: _Tantos_, en la acepción de fichas o pedrezuelas menudas,
propias para señalar los puntos que se ganan en ciertos juegos. Nuestro
autor quiere decir que los jarros, tinajas y platos quedaron hechos
tiestos menudos, tan pequeños como para servir de tantos a los
jugadores. Lo mismo Quevedo, en la primera de sus jácaras (Musa V):
«Sobre el pagar la patente,
nos venimos a encontrar
yo y Perotudo el de Burgos:
acabóse la amistad.
_Hizo_ en mi cabeza _tantos_
un jarro que fué orinal
y yo, con medio cuchillo
le trinché medio quijar.»]
[Nota 346: Como una parte del producto de los teatros, en Madrid y
en muchos pueblos, se aplicaba al sostenimiento de las casas de
beneficencia, cuando estas mismas no eran propietarias de los coliseos,
y las de la Corte necesitaban siempre esta importante ayuda de costa,
cuidábase de que no faltaran compañías, requiriendo de orden del Consejo
de Castilla a tales o cuales comediantes de los que andaban por otras
regiones de España, para que acudiesen a Madrid, y hasta despachando
algún alguacil que los condujese. Vea el curioso el citado libro de
Pérez y González, págs. 87 y siguientes.]
[Nota 347: Sabido es que de los camaleones cree el vulgo que se
mantienen del aire.]
[Nota 348: En lo _del mayor Mecenas_ se refiere nuestro autor al
Conde Duque de Olivares, hijo, en efecto, de don Diego López de Haro,
quinto marqués del Carpio.]
[Nota 349: Aunque la edición príncipe estampa _gamenosas_, y así,
dicho de esas mismas dehesas, recuerdo haberlo leído en la comedia _El
amigo hasta la muerte_, de Lope de Vega, ha de leerse _gamonosos,_ de
_gamón (asphodelus ramosas_), planta espontánea por la cual se dijo «Año
de _gamones_, año de montones», bien que otros, burlándose del vaticinio
refranesco, lo modifican así: «Año de _gamones_, año de hambrones» (pág.
5 de mi libro intitulado _Los Refranes del Almanaque_; Sevilla, 1896).]
[Nota 350: Esta fábula de la antigüedad había sido creída por hombre
de tan buen entendimiento como Ambrosio de Morales, pues dijo en Las
_Antigvedades de las civdades de España_ (Alcalá de Henares, Juan Núñez
de Lequerica, M.D.LXXV), fol. 32: «De tal manera son celebrados sobre
todos los del mundo [los caballos españoles], que nadie les sale a la
competencia. No es en ellos encarecimiento fabuloso de nuestros
cauallos, aunque a Iustino le parezca tal, que las yeguas en Portugal y
cerca de Lisboa se empreñauan del viento. Que clara verdad es de Plinio,
que lo pudo ver estando acá, y de Marco Varron, que dize ser cosa
aueriguada, y trae sus conueniencias, para que a nadie parezca estraña
ni impossible. Más de propósito lo prueua con razones naturales
Columela, y como español, que bien lo sabía, lo da por cosa manifiesta,
y en que nadie dudaua.... El potrico que desta preñez nacía sacaua la
ligereza de su padre el viento; mas no era de prouecho, pues jamás
passaua de tres años.»]
[Nota 351: Los cordobeses llaman _Campo de la Verdad_ al barrio del
Espíritu Santo, unido a lo demás de la población por un antiquísimo
puente de diez y seis arcos bajo el cual corre el Guadalquivir. Cuéntase
que tal nombre se originó de una frase dicha por don Alonso Fernández de
Córdoba en 1367, cuando don Pedro I de Castilla fué sobre aquella
ciudad, auxiliado por el Rey de Granada (Don Teodomiro Ramírez de
Arellano, _Paseos por Córdoba,_ Córdoba, 1873-1877, tomo III, págs. 370
y siguientes). Por el nombre de este barrio y por otras particularidades
de topografía y nomenclatura local, se dijo festivamente que los
cordobeses tienen _la Verdad en el Campo, la Salud en el Cementerio, la
Caridad en el Potro y el punto en un cuerno_. Esto último se refiere a
un altar llamado _del punto_, inmediato a un gran colmillo de elefante
(cuerno según el vulgo) que, como símbolo de la fortaleza, pende de la
bóveda de una de las naves de la Iglesia Catedral.]
[Nota 352: Así el texto en la edición príncipe; pero probablemente
falta una palabra: _a la Colonia Patricia_, diría el original, porque
éste fué el nombre de la Córdoba romana, según vemos en sus monedas
autónomas de aquella época.]
[Nota 353: Acerca del significado de _acto positivo_ quedó nota en
el tranco III (83, 4)[230].]
[Nota 354: Escribí preguntando por este antiguo mesón a don Enrique
Romero de Torres, mi docto y amable _paisano_ (porque él es natural de
Córdoba y yo soy cordobés adoptivo), y ha satisfecho mi curiosidad,
comunicándome que por el libro primero de padrones de confesiones de
aquella iglesia catedral (1604-1609) consta que el _Mesón de las Rexas_
era la segunda casa de la calle de la Herrería, hoy núm. 83 de la del
Cardenal González. Y añadió mi amigo en su carta: «La casa es muy
hermosa y por su aspecto debió de ser uno de los mejores mesones de
aquella época; está situada cerca de la Puerta del Puente y en la vía
principal de Córdoba, que era desde esta puerta hasta la que llamaban
Puerta Nueva (que ya no existe), y que constituía la carretera de
Sevilla a Madrid.» En el _mesón de las Rejas_ solían hospedarse las
compañías de comediantes que representaban en Córdoba: allí se alojaban
en 1610 Pedro de Castro y Jerónima de la Fuente, de la compañía del famoso
Granados, cuando se desposaron. (Véanse mis _Aportaciones para la
historia del histrionismo español en los siglos_ XVI y XVII, Madrid,
1914, pág. 34.)]
[Nota 355: De la _Corredera_, sita en el barrio de San Pedro, dijo,
entre otras cosas, el citado autor de los _Paseos por Córdoba,_ tomo II,
pág. 105: «Su nombre es el que en general se daba en muchas poblaciones
al punto en que, por su extensión, se celebraban los actos más
concurridos, y en particular las corridas de toros, cintas y cañas.
Tiene una superficie de siete mil cuatrocientas noventa y seis varas
cuadradas, es cuadrilonga y mide trescientos sesenta y dos pies de
longitud por ciento treinta y ocho de latitud en la parte inferior, o
sea el Arco bajo, y ciento cincuenta y seis en la superior; los balcones
llegan, en sus tres filas, a cuatrocientos treinta y cinco, y los arcos
de sus portales a cincuenta y nueve....»]
[Nota 356: Esta _línea_ y estos ángulos son términos de lo que aún
al mediar el siglo XVII se llamaba _nuevo arte de la destreza_, debido
principalmente a los estudios y las obras de Jerónimo de Carranza y don
Luis Pacheco de Narváez, su continuador.]
[Nota 357: Alude Vélez--como dice Bonilla--al diestro retratado por
Quevedo en su donosísima _Historia de la vida del buscón llamado don
Pablos_. Quevedo, acérrimo enemigo de Pacheco de Narváez, se burlaba de
su _nueva destreza_; no así Cervantes, que en el _Quijote_ (II, 19) la
ensalza y hace quedar vencido por ella al bachiller Corchuelo.]
[Nota 358: Este _pensar_, o _creer_, siempre usado en pretérito y
ante infinitivo y equivalente a _imaginar_, es popularísimo en
Andalucía, donde a menudo se oye: «_Pensé_ morirme»; _«Creí_ reventar de
risa». Cervantes lo usó con frecuencia en el _Quijote: «Pensó_ perder el
juicio» (II, 23); «_me pensé_ caer muerta de puro gozo» (II, 52).]
[Nota 359: Llamaban _espadas negras_, porque tiraban a ese color, a
las de hierro, sin lustre ni corte, que servían para los ejercicios de
esgrima, y a las cuales, a fin de que no hiriesen con la punta, se les
ponían en ella botones de cuero, dichos comúnmente _zapatillas_. Tirso,
en el acto II de _La Huerta de Juan Fernández:_
«TOMASA. ...Dele al gusto puerta franca;
quiera bien, que eso me alegra;
ensaye en la _espada negra_
tretas que logre en la _blanca_.»]
[Nota 360: Dirigía los juegos de esgrima un maestro de destreza, con
un _montante_, o espada grande de dos manos, con el cual, atravesándolo
entre los luchadores cuando era menester, ponía fin a la contienda.
También lo usaba, como dice el texto, haciendo ademán de _barrer los
pies a los mirones_, para que, dando algunos pasos atrás, agrandasen la
palestra.]
[Nota 361: _Aplauso_, equivaliendo a _solemnidad_ o _pompa_,
acepción no registrada en el _Diccionario_.]
[Nota 362: El _vellorí o vellorín,_ era según el _Diccionario_ de
autoridades, un «paño entrefino de color pardo ceniciento, u de lana sin
teñir». Vélez llama _vellorí_ a la pendencia, por alusión al color de
las espadas, a las cuales, seguidamente y por la misma razón, da el
nombre de _mulatas_.]
[Nota 363: _Cuarto círculo_ es un término de la destreza, que yo no
he de definir, porque estas y otras voces técnicas que ocurren poco
después se encuentran en cualquier diccionario. A estos círculos y a
Pacheco de Narváez se refería el anónimo autor del _Entremés del
Estudiante_:
«PEROTE. Rebano y corto en _círculos pachecos_
varas y plumas como cardos secos.»]
[Nota 364: _Movimiento accidental_ es otro término de la llamada
pomposamente _esgrima científica y filosofía de las armas_.]
[Nota 365: Dice Covarrubias, en el artículo _tvmba_ de su _Tesoro_:
«Del ilustre linage de los Castillas se cuenta que en el entierro que
tienen en Santa Clara de Valladolid dentro del coro de las Monjas,
quando alguno dellos muere, se oyen muchos golpes que se dan en la tumba
que está sobre la boueda do se entierran: y cuentan que en cierta
ocasión, despues de auer oido estos golpes passó mas de vn año que no se
supo quien era muerto, hasta que con vna armada que vino de las Indias
se entendió auer muerto allá vn cauallero de la casa, el mesmo día que
las Religiosas auian oido los golpes de la tumba....»]
[Nota 366: Si nuestros periodistas no hubieran olvidado que en
castellano tenemos la palabra _riza_, que significa «destrozo o estrago
que se hace en una cosa», y la frase _hacer riza_, equivalente a «causar
gran destrozo y mortandad en una acción de guerra», es seguro que no
acudirían a cercado ajeno por la palabra _razzia_ ni por la frase _hacer
razzia_, con lo cual lograrían tres cosas buenas: hablar en castellano,
ahorrarse comillas o letra cursiva, y evitar que algún malpensado
sospeche que el decir _razzia_ es indicio de no conocer la palabra
_riza_. ¿Ejemplos del uso de este vocablo? Hailos en abundancia; pero
bástame citar dos. Lope de Vega, en el canto VIII de _La Dragontea:_
«... y como tero que la frente eriza,
en ellos _hace_ sanguinosa _riza_.»
El padre Baltasar Gracián, en _El Criticón,_ primera parte, crisi V:
«... de modo que en los más principales, como más lucidos, _auían hecho_
las fieras mayor _riza_».]
[Nota 367: Porque tales desbragados quedaron de suerte, que dejaron
ver aquello en que dió el sol al don Bueso del antiguo romance.]
[Nota 368: Sobre la frase _muy falsos_ quedó nota en el tranco V
(123, 4)[315].]
[Nota 369: Modifica por donaire el conocidísimo refrán _Siempre
quiebra la soga por lo más delgado_.]
[Nota 370: _Por barba_, como dice nuestro _Diccionario_, equivale a
«por cabeza, o por persona». Así, como pudieran decir unos soldados
cristianos, convidándose a matar moros, _¡A moro por barba!,_ dijeron
valientemente unos aficionados a la mesa: _«¡A perdiz por barba_, y
caiga el que caiga!»]
[Nota 371: _¡Favor a la justicia_!, porque éste era de ordinario el
grito de alguaciles y corchetes, cuando no clamaban «_¡Favor al Rey!_»,
de lo cual vino el decirse que tales ministros siempre llevaban el Rey
en el cuerpo.]
[Nota 372: _Coger, dar, hacer_ o _tomar puntas_ es volar el ave de
cetrería de un lado para otro, en diversas direcciones, pero subiendo
siempre, en espera de sazón para caer sobre el animal en que quiere
hacer presa.]
[Nota 373: Para Covarrubias, _rollo_ era «la picota o horca hecha de
piedra en forma redonda, quasi _rótulo»._ El _Diccionario_ de la
Academia lo define: «Columna de piedra ordinariamente rematada por una
cruz, y que en lo antiguo era insignia de la jurisdicción de la villa».
El rollo de Ecija, fué, como afirma Vélez, celebradísimo, y así, decía
cierto poeta apicarado del _Romancero general_ (fol. 470 vto.):
«De Cordoua he visto el Potro,
que ha engendrado pocos asnos;
también la fuente del Toro,
que hizo a Lazarillo cauto;
_de Ezija he visto el rollo,
que el mundo celebra tanto_,
el Arenal de Seuilla
y Corral de los Naranjos.»
Don C. Bernaldo de Quirós nombra como aún existente el _rollo de Ecija_,
en su interesante librito intitulado _La Picota_ (Madrid, 1907), pág.
13; pero ni lo describió, ni lo dió a conocer como otros, por medio del
grabado, bien que no hubiera podido efectuarlo, por lo que ahora diré.
Como para estudiar las cosas de un pueblo debe empezarse--y Pero Grullo
patrocinaría esta verdad--por consultar los libros que de aquel pueblo
tratan, eso hice yo, y tomando el intitulado _¡¡Alfajores de Ecija_!!
(Sevilla, 1909), de mi difunto amigo don Manuel Ostos, leí en la pág.
68: «Potente y grande debía ser la curia ecijana, cuando el signo de la
Justicia en Ecija, el altar en que se ofrecían los sacrificios a la
diosa Justicia, _el Rollo_, con su hijillo _el Rolluelo_, que aún
existe, o _Mesa del Rey,_ como a los restos del _Rollo_ denominábamos
los ecijanos hace treinta años, tenía resonancia universal....» Y en
otro libro del mismo malogrado autor (cuyo mérito no supieron apreciar
los ecijanos tanto como debieran, quizá, y sin quizá, porque _nemo
propheta est in patria sua_), en su _Bartolomé de Góngora_ (Sevilla,
1913), pág. 84, volvió a recordar _el Rolluelo_, en unos renglones en
que rebosa el amor a la patria chica, y que no resisto al deseo de
copiar, por honrar a un ecijano moderno en las notas del libro de un
ecijano antiguo: «¿Puede existir--decía Ostos--algo menos artístico que
_El Rolluelo_, y que más nos recuerde la bárbara época en que usaban ese
_pimponote_ para colgar los restos de los pobres reos que eran
descuartizados?... Cuando cansados de zascandilear por la capital nos
metemos en el tren y tras parada y parada llegamos molidos y maltrechos
a las angosturas de la Argamasilla, lo primero que hace un buen ecijano
es asomarse a la ventanilla de su departamento, y, ojo avizor, desde
ella va señalando los caseríos, los predios, los accidentes del terreno
que señalan la proximidad de Ecija: «_El Rolluelo_ ... La Casilla Alta
... El pozo de la Argamasilla ... Las arquillas del agua ...» Y luego,
al minuto, si es de noche, se exclama: «Ya se ven las luces»; y si es de
día: «Ya se ven las torres...: El Carmen ... La Victoria ... San Gil ...
Santa María....» Y más adelante (pág. 69), por unos _Apuntes de lo
ocurrido en Ecija desde el día 23 de Septiembre de 1868_, se viene en
conocimiento de que el día 20 de octubre el Ayuntamiento acordó
derribar, entre otras cosas, «_la Mesa del Rey_, o _el Rollo_, donde se
descuartizaba en la antigüedad a los ahorcados para poner los miembros
por los caminos». Y poco después: «Día veintisiete, se echa abajo _el
Rollo_ o _Mesa del Rey_.» No existía, pues, el famoso _rollo de Ecija_
cuando el señor Bernaldo de Quirós escribió y publicó su libro.
Deseoso de más noticias, las pedí a mi antiguo y culto amigo donjuán de
los Reyes Sotomayor, quien, con amabilidad y presteza que cordialmente
le agradezco, respondió a mi interrogatorio en unas cuartillas que
quisiera yo publicar íntegras; pero que no podré sino extractar, porque
ya esta nota va siendo demasiado larga. El _Rollo_ se elevaba cerca de
la margen derecha del Genil, a la salida del puente, en dirección a
Córdoba. Consistía en una gran columna de granito azul y negro, como de
cinco a seis varas de altura, y de unas tres cuartas de diámetro. En su
parte superior tenía una losa de piedra tosca, blanca, caliza, como de
una vara en cuadro, puesta a modo de plato o bandeja, y sobre esta losa
se veía un león sentado sobre sus patas traseras, que con las garras
sujetaba contra su cuerpo, mirando al norte, el escudo de la ciudad de
Ecija. ¡El escudo--glosaré yo--a que se refirió Vélez de Guevara
diciendo: «Esta es Ecija, la más fértil población de Andalucía, _que
tiene aquel sol por armas a la entrada de esa hermosa puente!»_ La
menguada cultura de unos ecijanos destruyó, por culpas del
_rollo_--¡como si cupiera culpa en las cosas! y ¡como si el _rollo no
fuera emblema_ glorioso de libertad y de autonomía municipal!--,
destruyó, decía, aquel escudo de piedra nombrado y celebrado por el
insigne autor de _La Luna de la Sierra_. Derruido todo el monumento, la
columna quedó tendida y medio enterrada a un lado de la carretera
general de Madrid á Cádiz, y en tal estado continúa a la hora presente.]
[Nota 374: En efecto, son las armas de Ecija un sol radiante, con la
leyenda _Civitas solis vocabitur una_, tomada del _Libro de Isaías,_
XIX, 18.]
[Nota 375: Dice _pueblo de abril y mayo_ por la muchedumbre de
flores que _pueblan_ en ese tiempo los prados andaluces.]
[Nota 376: De Garci Sánchez de Badajoz he hallado peregrinas
noticias, y pronto las publicaré en el _Boletín de la Real Academia
Española;_ de Juan Bermudo, de don Diego de Avalos, de Núñez de Navarro,
de don Pedro Manuel Prieto, de tantos otros hombres eminentes que, como
éstos, vieron la primera luz en Ecija, y de los modernos Pacheco, Mas y
Prat, Giles, etcétera, acuérdese la _ciudad del sol_, ya que al presente
cuenta con una juventud muy culta y activa.]
[Nota 377: Esta especie de cogerse en Ecija el algodón estaba muy
sabida; porque la divulgaron Pedro de Medina y su ampliador Pérez de
Mesa en la _Primera y segunda parte de las grandezas y cosas más
notables de España_ (Alcalá de Henares, 1595), folio 128: «Cógese en
ella [en Ecija] grande quantidad de algodón, de que se prouee mucha
parte del reyno». Pero que sólo se cogiera el algodón en Ecija, no lo he
visto sino en Florindo, _Addicion al libro de Eciia i svs grandezas_
(Sevilla, Luis Estupiñan, 1631), fol. 31, donde dice, tratando de la
especial influencia del sol en las tierras ecijanas: «Porque me consta
por vista de ojos que en Marchena i Sevilla se a sembrado algodón, i
llega a tener capullo, i no a madurar, ni abrir, ni ser de provecho. Lo
cual es cierto que nace de la falta de calor, requisito para su
perfección. Y pues en Ecija es tan perfecto y tan bueno....» Durante la
dominación árabe se cultivó mucho el algodón en aquella ciudad; tanto
que por él la llamaron algún tiempo _Medina Alcotón_ (Varela y Escobar,
_Bosquejo histórico de la ciudad de Ecija_, Sevilla, 1906, pág. 52).]
[Nota 378: El humanista Francisco Cascales, en su _Discurso de la
ciudad de Cartagena_ (Valencia, Juan Chrysostomo Garriz, M.D.XCVIII)
decía: «El campo, fertilíssimo, que de su bella gracia ofrece
copiosissimamente caracoles, setas, hongos, criadillas, esparragos,
salutíferas tortugas, infinidad de palmitos, grandes colmenares de buena
miel y cera. A cuyo respeto dice bien el refrán: Cabritos y palmitos,
miel y cera, de Cartagena». Pues bien, Ecija, a juzgar por el dicho de
Vélez, se aventajaba a Cartagena con mucho. Mas ¿cuáles son los
veinticuatro frutos que, «Sin sembrallos», da aquella campiña y vendía
la gente necesitada? Probaré a enumerarlos, por los del campo de Osuna,
mi pueblo natal, cuyo término linda con el de la _ciudad de las torres_.
De primer intento anoto los frutos siguientes: setas, macucas o
criadillas de tierra, espárragos, palmitos, uvas de palma o palmiches,
moras de zarza, cardillos, tagarninas, morrillas o alcachofas de púas,
higos chumbos, berros, alcaparras, alcaparrones, orégano, poleo,
hinojos, almoradux, tomillo salsero, palo dulce o regaliz, flor de
manzanilla. Son veinte, y para las cuatro que me faltan, se me ocurren
el esparto, algunas hierbas tintóreas, como la gualda, y diversas
plantas medicinales, como las malvas, la borraja, el culantrillo, etc.]
[Nota 379: Esta renombrada sima está a cinco kilómetros de la
ciudad, en la falda oriental de la sierra. Tiene de profundidad 146
varas castellanas. Mencionáronla, entre otros autores, el cartujano don
Juan de Padilla, en _Los doze triumphos de los doze Apostoles_ (1521);
Gonzalo Gómez de Luque, en su _Celidon de Iberia_ (1583), y Cervantes,
en _El Celoso extremeño (Novelas ejemplares_, 1613), en la _Adjunta al
Parnaso (Viage del Parnaso_, 1614) y en el cap. XIV de la segunda parte
del _Quijote_ (1615).]
[Nota 380: A la celebridad de los melones de Guadix aludía el
guadijeño Ginés, en la jorn. III de _La Niña de Gómez Arias_, de
Calderón:
«Pues ¿hasme gozado a mi,
ni yo te he desagradado
siendo _melón de Guadix_
de mala calaña, para
que tu me vendas así?»]
[Nota 381: Del doctor Mira de Amescua (así firmaba él, y no
_Mescua_) y de su arcedianato di algunas noticias hasta entonces
ignoradas en mi libro acerca de Pedro Espinosa (págs. 91-96) y otras en
mi folleto intitulado _El apócrifo «secreto de Cervantes_» (Madrid,
1916), págs. 60-64.]
[Nota 382: Esta fuente databa de principios del último tercio del
siglo XVI: don Manuel Varela y Escobar (_Bosquejo histórico de la ciudad
de Ecija_, pág. 107) vió y copió una inscripción por la cual consta que
reinando Felipe II, año de 1567, «Ecija, truxo el agua y mandó hazer las
fuentes». De las ninfas trató don Juan M.ª Garay y Conde en sus _Breves
apuntes histórico-descriptivos de la ciudad de Ecija_ (Ecija, 1851),
pág. 436, diciendo: «A un estremo de este paseo [del de la Plaza Mayor]
se encuentra una hermosa fuente, circundada también de arbolado y
asientos de piedra: su mar es un gran polígono de nueve varas de
diámetro y una de profundidad; cuatro ninfas de altura más que natural y
de buena escultura, que se dicen las Amazonas, dan un caño de agua por
medio de un cantarillo, y este lindo grupo sostiene un gran tazón de
jaspe de una sola pieza, con dos varas y media de diámetro y cuatro
caños a su borde....» ¿Qué ha sido de esta fuente? Al hacerse en 1866 la
reforma de la Plaza Mayor, fué desmontada y «sus piedras o bloques de
jaspe encarnado, con las ninfas y demás componentes de la obra fueron
enterrados al lado Sur de la Plaza, a poca distancia y profundidad de
donde antes se levantaba, y allí yacen esperando que una mano caritativa
y amante del arte y del embellecimiento de la ciudad las desentierre y
erija de nuevo....» Esto me dicen de Ecija, y yo escribí a don Eduardo
García de Castro, actual alcalde de aquella ciudad, que, pues tal
fuente, cualquiera que sea su mérito, debe conservarse en sitio céntrico
y muy transitado, por haber hecho mención de ella un ecijano tan ilustre
en una tan famosa novela, celebraría poder asentar en mis notas a _El
Diablo Cojuelo_ «que la Ecija de hoy, lejos de ser la que ayer
_enterraba_ sus preseas más estimables, por cierto sin reemplazarlas con
otras mejores o tan buenas, enmienda antiguos yerros y vuelve por el
buen nombre de su cultura». Las respuestas han sido dos: la primera,
«Allá veremos»; y la segunda, «No hay consignación para _exhumar_ la
fuente». ¡Pero la hubo para _inhumarla_! Repare en ello, por su honra,
_la ciudad del sol_: ¡es una vergüenza tener enterrado ese monumento!]
[Nota 383: Quizá son auténticamente de ciego estas seguidillas, y
no obra de Vélez de Guevara; a lo menos, muy de ciegos era acabar sus
relaciones con algún villancico contra el Diablo Cojuelo, a juzgar por
lo que, refiriéndose a un ciego relacionista, dice Rojas Zorrilla en la
jorn. I de _El más impropio verdugo por la mas justa venganza_:
«COSME. Para un ciego en verso y prosa
era «relación famosa
(diciendo a voces) que trata
como, dando testimonio
de corazón paladín,
vn mancebo florentín
peleó con el demonio,
y, haciendo a su ardor lisonjas,
a arrojarle se dispuso
por una escala que puso
a un monasterio de monjas;
y después, dando en el suelo,
volvió a acometellas bravo;
_con un villancico al cabo
contra el Diablillo Cojuelo_.»]
[Nota 384: En nota del tranco IV (107, 6)[278] vimos cómo Quevedo en
_Las Zahurdas de Plutón_ pinta a las dueñas convertidas en ranas, y
cierto es que se las tenía por lo peor y más abominable del mundo. En un
ejemplar apostillado de mano (letra del siglo XVII) del libro intitulado
_Vida política de todos los estados de mugeres_, de fray Juan de la
Cerda, diciendo el autor, al folio 394, con referencia a unas palabras
de cierta mujer que estaba en el cielo, «y así lo hizo la devota
_dueña_», el apostillador, sin parar mientes en que esta palabra estaba
usada en la acepción de _matrona_, escribió al margen: «¿_Dueñas_ en la
gloria?, linda cosa».]
[Nota 385: _Dando barato_, es decir, repartiendo entre los
concurrentes algo de lo que traían entre manos. Algunos _baratos_ de
esta clase quedaron en proverbio, como _el barato de Juan del Carpio_,
que aporreó a su mujer pidiéndole barato, y _el barato de Cordobilla_,
que explica así Correas (_Vocabulario de refranes_..., pág. 88 _a_):
«Vno que se llamaba Cordovilla alumbró toda una noche a unos que
jugaban, porque le diesen barato, y después tuvieron enfado y diéronle
con el candelero».]
[Nota 386: _A vedar que ... no les valiese.... Hoy lo_ diríamos sin
ese _no_ que en lo antiguo acompañaba a los verbos de negación o
privación.]
[Nota 387: _Aunque se retrujesen_, quiere decir. El _si_ suele
equivaler a _aunque_, como noté en diversos lugares del _Quijote_ (II,
216, 10; VIII, 125, 10, etc.).]
[Nota 388: Según advirtió Pérez y González (págs. 56 y 57 de su tan
citado libro), el mismo Vélez explicó este pasaje en la jorn. I de _El
Diablo está en Cantillana_, de donde es el siguiente diálogo:
«PERAFÁN. ¿Cómo dejas a Sevilla?
RODRIGO. Como siempre: buena y brava,
dime un filo en el Corral
de los Olmos, y una mandria
tuvo un no sé qué conmigo,
sobre si pasa o no pasa:
llevó una mohada a cuenta,
siguióme la gurullada,
no pude tomar iglesia
ni embajador, y en _las ancas
de la mula de un doctor_
me salvé con linda gracia.
PERAFÁN. ¿En las ancas de la mula
de un doctor?
RODRIGO. Pues dime, ¿hay casa
de embajador, hay iglesia,
hay torre, hay tierra del Papa,
de preeminencias mayores,
pues hay médico que acaba
de matar cuarenta enfermos
y no hay quien le pida nada
en poniéndose en la silla?
_Pues lo mismo son las ancas_;
que el platicante más zurdo,
en asiendo la gualdrapa,
_aunque mate, es como asirse_
_de una iglesia a las aldabas_;
que hay aquestos privilegios
en las mulas doctoradas.»]
[Nota 389: _Alguaciles chanflones_, como _doncella chanflona_ en el
tranco I (18, 5)[76], donde quedó nota.]
[Nota 390: Pérez y González creyó errata _resolución:_ «Debe ser
_revolución;_ inquietud, alteración, alboroto».]
[Nota 391: Los buenos neblíes eran de Noruega, tierra donde apenas
luce el sol; pero el Cojuelo era neblí de otra Noruega aún más obscura:
del infierno.]
[Nota 392: Aquí supone nuestro autor que el Genil y el Guadalquivir
se juntan o casan por _el vicario de las aguas_, como habló del _vicario
Responso_ en el tranco I, donde quedó nota (17, 2)[71].]
[Nota 393: Pues en el uso actual _camarada_ sólo significa
_compañero,_ y con tal significado ocurre poco después, podría parecer
que no hace buen sentido esta expresión. _Camarada_, en este lugar,
significa _compañía._]
[Nota 394: _Tender la raspa_, o _tender raspa_, es acostarse para
dormir o descansar. Quevedo, en una de sus jácaras:
«Llegamos a Babilonia
un miércoles por la noche;
_tendí raspa_ en el mesón
de Catalina de Torres.»]
[Nota 395: El _ferreruelo_ o _herreruelo_ era una capa sin capilla.]
[Nota 396: Como advierte Covarrubias, _dar papilla_ a uno, o
_papillas_, es «engañarle o tratarle como a niño». «No piense vuesa
merced _darme papilla_», dice un ventero en el _Quijote_ (I, 32).]
[Nota 397: Díjolo, verbigracia, el maestro Valdivielso, en el auto
de _El Hospital de los locos_:
«LUZBEL. Tres partes había de estrellas
encima la impírea bola,
siendo yo de las más bellas;
_mas derribé con la cola
la tercera parte dellas_.»]
[Nota 398: _Del Galileo_, antepuesto el artículo al nombre propio, a
la manera italiana.]
[Nota 399: Acerca de este hombre extravagante, sus aficiones y su
museo, puede verse el libro de don Emilio Cotarelo, intitulado _Don Juan
de Espina_, Madrid, 1908.]
[Nota 400: Así, _óbtica,_ en la edición príncipe, tal como el vulgo
solía y suele pronunciarlo. «Conocida es--dice don Rufino José Cuervo
(_Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano_, §756 de la 6.ª
edición, París, 1914)--la repugnancia que tiene el castellano a usar las
explosivas sordas en fin de sílaba. ... y hoy es comunísimo pronunciar
... con _b optar, opción, aptitud_.»]
[Nota 401: Para hacer su chiste, Vélez de Guevara, por boca del
Cojuelo, confunde el _camino de Santiago de Compostela_, que es el
aludido en el refrán, con el otro _camino de Santiago_ o _Vía láctea._
Es curiosa la conjetura de Faria y Sousa acerca del nombre vulgar
castellano de la _Vía láctea._ Dice, comentando una octava de los
_Lusiadas_, de Camoens: «En griego se llama _Galaxia_, que vale _vía de
leche_, i es lo que el vulgo llama _Camino de Santiago_; que devia
principiarse en dezir _Camino de Galicia,_ por corrupción de
_Galaxia_.»]
[Nota 402: _De posta_, equivalente a _de centinela_. Rey de Artieda,
en un soneto de los _Discvrsos, epístolas_ y _epigramas de Artemidoro_
(Zaragoza, Angelo Tavanno, 1605), fol. 104, usa las dos formas, _hacer
centinela_ y _hacer la posta_:
«Como a su parecer la bruxa vuela
y vntada se encarama y precipita,
assi un soldado, dentro vna garita,
esto pensaua, _haziendo centinela_....
* * * * *
Con esto, se acabó de _hazer la posta_,
y hallóse en cuerpo, con la pica al hombro.»]
[Nota 403: Pues el Diablillo era cojo, píntalo nuestro autor velando
sobre un solo pie, como cuentan de la grulla, que, en efecto, duerme con
un pie levantado, y añaden que la que está de centinela para avisar a
las demás de cualquier peligro tiene sujeta una piedra en ese pie, a fin
de no dormirse; de donde dijo Mateo Alemán en su _Guzmán de Alfarache_,
parte II, libro II, cap. IX: «No hay duda que siempre continuaba velando
su honestidad, _como la grulla, la piedra del amor de Dios levantada del
suelo_....»]
[Nota 404: _Parecer_, significando, más bien que _ver, notar_ o
_advertir_.]
[Nota 405: _Grosura_, en una acepción no registrada en el léxico de
la Academia, es, como dice Covarrubias, «lo interno y estremo de los
animales; conuiene a saber, cabeça, pies, y manos, y asadura». En las
condiciones que se pusieron para el obligado de la carne en la villa y
corte de Madrid, año de 1624, hay una referente a los despojos, que dice
(Libros de Gobierno de la Sala de Alcaldes, tomo XIV, fol. 732): «Con
condición que no sea obligado a dar despojos de carnero, que se entiende
cabezas y asaduras y vientres, los sábados de cada semana que fueren _de
grossura_ más de tan solamente al Rey y Reyna nuestros señores y al
señor ynfante y a los señores del Consejo Real....»]
[Nota 406: Dice el señor Bonilla «que se recomendaban como remedios
de ella [de la opilación] _comer barro_....» No sé de dónde pudo sacar
tal especie, cuando precisamente el _comer barro_ era causa de aquella
enfermedad. Zabaleta, en _El día de fiesta por la tarde_, capítulo
referente a _El estrado_: «Apéanse a este tiempo de vn coche en la
puerta de la casa vna muger mayor, que tiene el marido en vn govierno en
las Indias, y vna hija suya donzella _opilada_, tan sin color como si no
viuiera. Nadie juzgará que salia del coche para la visita, sino para la
sepultura. _Comía_ esta doncella _barro_, linda golosina. ¿Quánto diera
esta moça por estar enterrada, por tener la boca llena de tierra? Dios
hizo a esta muger de barro, y ella con el barro se deshaze.» Quevedo, en
su musa VI, tiene un soneto dirigido _A Amarili, que tenía unos pedazos
de búcaro en la boca, y estaba muy al cabo, de comerlos_.]
[Nota 407: _Tomar el acero_, como dice el _Diccionario_ de
autoridades, era «remedio que se da a los que están opilados, que se
compone del acero, de diversas maneras preparado».]
[Nota 408: Llamó _Minotauro_ la mitología clásica al monstruo que
nació de la unión de Pasifae, mujer de Minos, con un toro. Según
Apolodoro, Higinio y otros, tenía de hombre el cuerpo y de toro la
cabeza. Matóle Teseo en el famoso laberinto de Creta.]
[Nota 409: _Chisme_, femenino, como en el tranco I, donde quedó nota
(23, 4)[88].]
[Nota 410: _Baraja_, en su acepción de _contienda_ o _reyerta_; de
donde se dijo _barajar_, «reñir, altercar o contender unos con otros».]
[Nota 411: En la edición príncipe, por mera errata, que copió el
señor Bonilla, _coredores_.]
[Nota 412: Sabidísimo es que este asno no era _de oro_, aunque se
llamara así al libro en que de él se trata, cosa que parece haber
olvidado Vélez de Guevara al hacerlo, por su nombre, cabalgadura del
riquísimo Creso.]
[Nota 413: _Velicómen_, palabra que intrigó grandemente al señor
Bonilla en su primera edición de _El Diablo Cojuelo_, y que antes que
Vélez había usado Quevedo en _La Hora de todos_, significa _copa_ o
vaso, del alemán _Wilkommenbecher_. No todos se habían olvidado del
texto del Señor de la Torre de Juan Abad: el maestro Cávia, después de
cenar con unos amigos, como otros que llegaron les preguntasen qué
hacían, respondió:
«Ya repletos los abdómenes,
alzamos los _velicómenes._»]
[Nota 414: _Selvajes_, que hoy, menos etimológicamente, decimos
_salvajes_.]
[Nota 415: _Correspondientes_, dicho por lo que ahora llamamos
_corresponsales_. Castillo Solórzano, _La Garduña de Sevilla y anzuelo
de las bolsas_, cap. IV: «Había Marquina tomado por una deuda a un
_correspondiente_ suyo, que había quebrado, una heredad fuera de la
ciudad....»]
[Nota 416: Entre las diversas marcas con que solía herrarse a los
esclavos en los siglos XVI y XVII, era la más frecuente la de una S y un
clavo, para indicar _esclavo_. Gestoso, en su interesante artículo sobre
_La compraventa de los esclavos en Sevilla_, apud _Curiosidades antiguas
sevillanas_ (Sevilla, 1910), págs. 83 y siguientes, reseña algunos
documentos en que hay referencias a esta marca. Indicaré uno: en el
testamento de Pedro García de Quesada (9 de marzo de 1520) se menciona
«vn esclabo moro del cabo, de hedad de quinze a diez y seys años
herrado en la cara, en vn carrillo con vna _S_, y en otro vn clavo, que
se dize abrahem....» La S y el clavo pasaron pronto a la literatura.
Baltasar del Alcázar, pág. 5 de mi edición de sus _Poesías_ (Madrid,
1910):
«Pusome en el alma _el clavo_,
su dulce nombre _y la S_,
porque ninguno pudiese
saber de quién soy esclavo.»
Lope de Vega, en la jorn. III de los _Trabajos de Jacob_:
«RUBÉN. Señor, todos queremos, pues es justo,
quedar por tus esclavos:
_eses_ imprima _y clavos_
en todos nuestros rostros hierro adusto....»
Y, figuradamente, se dijo _echar_ a uno _una ese y un clavo_ en la
acepción de tenerle cautivada con beneficios su voluntad. Así en _La
Pícara Justina_: «Por cierto, señora, en lo que toca al ofrecerme el
empréstito, usted _me ha echado una ese y un clavo,_ y una argolla, y un
virote, y una cadena, y unos grillos....»]
[Nota 417: _Girándula_ es, como dice Covarrubias, «cierta rueda
llena de cohetes, que dando bueltas a la redonda, y girándose, despide
de sí rayos de fuego a modo de cometa, con muy grandes tronidos».]
[Nota 418: Dice _cohetes voladores_ para diferenciarlos de los
_rastreros_, también llamados _buscapiés._]
[Nota 419: El mejor _brocado_ era _de tres altos_, como dije en mis
notas al _Quijote_ (V, 186, 20).]
[Nota 420: Esta pintura de la instabilidad de la fortuna trae a la
memoria aquella otra muy notable de Lope, en el acto II de _Porfiando
vence amor_:
«FABIO. ¿Sabes cómo es la fortuna?
Como un baile de comedia:
ella toca, y bailan todos;
ya están aquestos aquí,
y ya los otros allí,
mudándose de mil modos.
Donde aquél tiene la cara,
éste las espaldas tiene;
uno pasa, y otro viene,
y hasta el fin ninguno para.
Nadie tiene lugar cierto
donde le piensa tener,
porque todo viene a ser
desconcertado concierto.
Aquí dos bailando están,
y cuando suelen volver
el rostro, ya la mujer
baila con otro galán.
El que en este sitio estaba,
ya no está; que siempre vi
andar de aquí para allí
hasta que el baile se acaba.»]
[Nota 421: Popularizado sobremanera aquel romance sobre la muerte de
don Beltrán en Roncesvalles, en que se lee:
«_Con la mucha polvareda,
perdimos a don Beltrane_...»,
se hizo esta frase topiquillo vulgar y con frecuencia nuestros poetas la
acomodaron festivamente en sus versos, más o menos variada. Así, por
ejemplo, Lope de Vega, en la jorn. II de _El Buen vecino_:
«BITONTO. ...Que son bastantes indicios
desto el haberme dejado,
entre el marcial alarido
y la confusa arboleda
de las armas, sin sentido,
_con la mucha polvareda,
como don Beltrán perdido_.»
Tirso de Molina, en el acto I de _Desde Toledo a Madrid_:
«CARREÑO. ...Hasta que en una vereda,
_con la grande polvareda,
perdimos a don Beltrane_:
digo que a Madrid perdimos
de vista....»
Y, en fin, dejando atrás muchas otras citas, Quevedo, en su romance
sobre los cuellos (Musa VI):
«Los polvos azules truje
del rebelado Flamenco,
_y con la gran polvareda,
perdimos a don Dinero_.»]
[Nota 422: Refiérese, como nota el señor Bonilla, al título de
ciudad concedido a Carmona por Felipe IV en 1630.]
[Nota 423: Juega de la voz _sereno_, adjetivo en una parte y
sustantivo en otra: _que nunca le tuvo_, es decir, que por ser Carmona
de cielo tan _sereno_, no se conoce en ella el _sereno_ o humedad
atmosférica propia de la noche. A esto atribuye seguidamente el no
padecerse allí el catarro.]
[Nota 424: De la frase de comedimiento _no conocer_ a uno _sino para
servirle_ traté en nota del tranco II (38, 14)[133].]
[Nota 425: Aunque hoy, generalmente, llamamos _la Giralda_ a la
torre de la Catedral de Sevilla, este nombre no es sino el de la esbelta
y por todos estilos _airosa_ figura que le sirve de remate y veleta: una
hermosa imagen de la Victoria. He aquí lo que de ella y de la torre dijo
Alonso Morgado en su _Historia de Sevilla_... (Sevilla, Andrea Pescioni
y Juan de León, 1583), pág. 285 de la reimpresión hecha por la efímera
Sociedad del «Archivo Hispalense» (Sevilla, 1887): «...Toda ella [la
torre] es quadrada, y cado un lienço en igual proporción de cincuenta
pies de ancho y en vn mismo nivel de quadro, sin desmenguar ni crecer
por la parte de afuera poco ni mucho en toda la altura donde vemos las
campanas.... Desde el suelo hasta en altura de ochenta y siete pies es
todo raso y sin alguna moldura. Mas desde allí hasta lo más alto, sube
por medio de cada lienço vna orden de ventanas, y tantas galanterias,
que hazen hermosissima la vista....» Trata después del cuerpo de
campanas, y añade: «... y luego vna bola dorada de cinco pies de altura,
y encima vna Victoria, que es vna hermosa imagen de bronze, en que se
remata [la torre], dorada y a partes encarnada, do lo ha menester, que
tiene de altura quatro varas y media de medir, y de peso veynte y ocho
quintales, con vn ramo en la mano derecha, tambien de bronze, que pesa
dos quintales, que en tanta distancia de altura le da mucha gracia. Y en
la mano yzquierda, vna grande vela de quatro quintales, y también de
bronze, que denota y señala qualquiera viento que corra y sople, tras la
qual se va la misma Victoria con tanta facilidad y ligereza como si
fuera vna pluma: tal es el artificio maravilloso sobre que está
puesta.»]
[Nota 426: Los últimos lugares del itinerario de Córdoba a Sevilla,
según el citado _Reportorio_ de Juan Villuga son:
«a la venta ronquera ij
a la venta _peromingo_ j
a la venta de lorsa media
a las ventas de las talleras m
a las ventas de torre blanca j
a seuilla j.»
E igualmente en otras _Guías o Reportorios_ que no hicieron sino copiar
a Villuga, con tal cual ligera modificación, verbigracia, la _Guía de
caminos para ir y venir por todas las provincias de España_ que precede
al _Nuevo estilo y formulario de escrivir cartas missivas, y responder
en ellas en todos géneros, y especies de correspondencia a lo
moderno_.... (Barcelona, Jayme Ossét, 1765).]
[Nota 427: _Senda de plata_ había llamado Lope de Vega al
Guadalquivir (_La Esclava de su galán_, acto I):
«ELENA. Divídese Sevilla, como sabes,
por este ilustre y caudaloso río,
senda de plata por quien tantas naves
le reconocen feudo y señorío.»
«A la verdad--dije en el discurso preliminar de mi edición crítica de
_Rinconete y Cortadillo_ (pág. 15)--quien desde la esbelta torre de la
Giralda mira hacia el río por el sitio del puente y de la del Oro, si ha
leído alguna vez la comedia _El Diablo está en Cantillana_, del famoso
ecijano Luis Vélez, no puede menos de recordar aquellos versos de la
jornada I, en que, después de encarecer la nobleza y bizarría de
Sevilla, alábala por otras excelencias y dice:
«... tan populosa, que, haciendo
montes de soberbias casas,
impedir quiso que el Betis
tributase al mar de España;
y él, rompiendo por en medio,
parece que agora aparta
de la una parte a Sevilla,
de la otra parte a Triana,
cuyos edificios bellos
le presentan la batalla,
y, a no estar en medio el río,
pienso que escaramuzaran.»]
[Nota 428: _Vírgines_, a la latina, aún frecuente en el siglo XVII,
como _imágines, volúmines_, etc.]
[Nota 429: Hoy, en Sevilla, y hasta en la misma Alcalá, que tiene
por sobrenombre el nombre de este río, no es raro oír llamarle
_Guadaira_, en lugar de _Guadaíra_, que es como ha de decirse y como se
dijo por nuestros abuelos. En una _Relación_ del recebimiento de Felipe
II en Sevilla (1570), por Gaspar Rodríguez:
«Alcalá de _Guadayra_
estaua y tambien Utrera;
mostrandose placentera,
con ojos alegres mira
la gran ganancia que espera.»
Igualmente Tirso de Molina, en el acto II de _En Madrid y en una casa_:
«D.ª MANUELA. ...Aquella estancia, pues, que caudalosa
de esquilmos de Amaltea,
regalo a los sentidos, los recrea,
en nombre y en efectos deleitosa,
y por el logro que en sus ondas mira,
el Betis ronda y baña _Guadaíra_,
ocasionaba amena mis recreos.»]
[Nota 430: ¿De dónde pudo sacar Vélez de Guevara la errada noticia
de que el Guadaíra, por medio de los caños de Carmona, surte de agua
potable a Sevilla, y esto, tan enteramente, que aquel río es el único
que no paga tributo al mar...? Presumo que lo tomaría, por
inadvertencia, del epígrafe del capítulo en que Alonso Morgado, en su
citada _Historia de Sevilla_, trata «De los caños de Carmona _y río que
entra por ellos en Sevilla_, y se reparte en fuentes por toda la ciudad»
(pág. 148 de la edición moderna). Morgado llamó figuradamente _río_ al
gran caudal de agua que se conduce por los tales caños, y Vélez, que
aunque había vivido en Sevilla mucho tiempo, no conocería bien los
pormenores de su abastecimiento de aguas, vió el dicho epígrafe, y lo
entendió a la letra. No lo hubiera entendido así a leer el muy raro
libro del maestro Juan de Mallara intitulado _Recebimiento que hizo la
muy noble y muy leal Ciudad de Seuilla, a la C.R.M. del Rey D. Philipe
N.S.... Con vna breve descripcion de la Ciudad y su tierra_ (Sevilla,
Alonso Escriuano, 1570), en cuyo fol. 132 dice, tratando de Alcalá de
Guadaíra: «Entre las cosas que tiene de notar es la fuente de los caños
que llaman de Carmona, no porque vengan de Carmona, sino porque desde
Torreblanca hasta Sevilla vienen por el mesmo camino y calçada que van a
Carmona. Ay vna peña leuantada en vn cerro, con vna profunda cueua a
donde baxan por sus gradas, y halla se siempre allí vn manantial de agua
tan gruesso como vn cuerpo de vn buey, que de tiempos sin memoria a esta
nuestra edad ante de Romanos, y despues en todos los siglos esta fuente
ha estado con el golpe de agua que aora tiene, sin apocarse o
enturuiarse.... Esta sale por vna canal de piedra tosca. Tiene sus
acequias, que duran mas de legua y media, yendo algun espacio por dentro
de los montes, lleuando sus lumbreras a trechos, hasta que viene a dar
en Torreblanca do passa vn molino, y despues va por vn lado del camino
hasta la Cruz y allí buelue a mano yzquierda, y comiença a subir desde
el suelo por arcos de vna vara, y dos, y estado, hasta otro molino donde
se parte la tercia parte para la huerta del Rey, y de allí van los caños
leuantandose todo lo que la ciudad tiene de baxa, llegando al peso y
sitio de Seuilla. Subiendo por cima de la puerta donde está el
repartimiento del agua, y de allí va por los muros que encaminan a la
puerta de la Carne hasta el Alcaçar mucha desta agua; en fin, _es vn
grande río_ [de esto debió de tomar su expresión figurada Alonso
Morgado] que todo se consume dentro de la ciudad sin salir gota, ni
bastar Guadalquiuir a no quitar la falta que estos caños hazen, quando
ay algun impedimento en ellos. El principio desta agua en Alcalá está
con grande guarda, y tiene su llaue....»]
[Nota 431: La _blanca_ valía medio maravedí, y no huelga advertirlo,
porque muchas personas cultas, dejándose llevar por lo que suena el
nombre, imaginan que la _blanca_ era una moneda de plata. Por alusión a
su escasísimo valor se dijeron algunas frases, que registra Covarrubias
en su _Tesoro_: «No aver _blanca_, no tener dinero. No valer vna
_blanca_, valer poco. Pagar _blanca_ a _blanca_, muy poco a poco. De
tres a _blanca_, cosa muy vil....»]
[Nota 432: Alude a la exención del fuero ordinario de cuantos
estaban matriculados en la Universidad de Alcalá, como, generalmente, en
cualquiera otra de las del reino.]
[Nota 433: El mismo Vélez de Guevara había llamado a Sevilla, en la
jorn. I de _Más pesa el rey que la sangre_:
«Este _Cairo español_, esta
_Babilonia castellana_,
este ejército de almenas,
este escándalo de casas....»
Y Ruiz de Alarcón, por boca del gracioso, en el acto II de _Ganar
amigos_:
«¡Válgate Dios, confusión
y embeleco de Sevilla!...
Un hombre conozco yo
que es tahur, y desde el día
que a un desdichado inocente
en el garito empestilla,
se va al de otro barrio, que es
como pasarse a Turquía:
cursa en él hasta pegarle
a otro blanco con la misma,
y va visitando así
por sus turnos las ermitas,
y en acabando la rueda,
se vuelve a la más antigua,
donde, como los tahures
se trasiegan cada día,
o no va ya su acreedor,
o él hace del que se olvida,
o tiene conchas la deuda,
del tiempo largo prescripta.»]
[Nota 434: Como escribe Covarrubias, _traer la barba sobre el
hombro_ es «viuir recatado y con rezelo, como hazen los que tienen
enemigos, que van bolviendo el rostro a vn lado y a otro....» Es uno de
los modos de decir que proscribió Quevedo en la _Premática_ de 1600. Y
Quiñones de Benavente, en su _Entremés de las Civilidades_:
«Dícenme por asombro:
«Señor, _traé la barba sobre el hombro_.»
No es buen consejo ése,
porque si yo trajese
la barba sobre el hombro solo un día
cordero de _agnus Dei_ parecería.»
Bien que esto último ya se lo tiene Quevedo en el prólogo de su _Cuento
de cuentos_: «_Andar la barba sobre el hombro_, quien lo tuviere por
buen consejo lo pruebe, y andará hecho corderito de _agnus dei_.»]
[Nota 435: Este edificio, que aun hoy subsiste, es la famosa _Casa
de Pilatos_, visitadísima de cuantos curiosos van a Sevilla, por las
notables riquezas artísticas que contiene. De este nombre ha inducido
recientemente un escritor italiano, Rosadi, que Pilatos fué natural de
Sevilla, pues tenía y aun tiene casa en ella(!!!). La Casa de Pilatos
fué edificada por don Fadrique Enríquez de Ribera, marqués de Tarifa y
duque de Alcalá, cuando volvió de Tierra Santa en 1520. Devotísimo de la
Pasión de Jesucristo, hizo en Sevilla una _Vía Sacra_, que empezando en
su nuevo palacio, que recuerda la fortaleza de la Torre Antonia,
residencia del gobernador militar de Roma en Jerusalén, terminaba en el
monumental humilladero de la llamada Cruz del Campo.]
[Nota 436: Esto no era ni es así enteramente: no se nombraba _el
Candilejo_ a la calle en que está _la cabeza del Rey don Pedro_, pues,
como dice Pérez y González, «la _calle del Candilejo_ llamábase antes
_de los Cuatro Cantillos_, y a la _Cabeza del Rey don Pedro_ le decían
_calle del Velador_». El suceso de marras, tan universalmente conocido,
que holgaría el contarlo una vez más, ocurrió junto a la esquina que
forman ambas calles. Y añade el docto escritor sevillano que, contra lo
que creyeron algunos historiógrafos hispalenses, «sábese hoy de modo
cierto que la primitiva cabeza que mandó hacer y poner el rey don Pedro
(y que era sólo una cabeza como cortada y separada del cuerpo por el
hacha del verdugo) no era de piedra. Según testimonio de quien la
poseyó, recogido por el canónigo doctor don Ambrosio de la Cuesta en un
tomo de _Memorias históricas sevillanas_, la cabeza era «de barro,
cocida y pintada, con el pelo corto, que sólo le cubría el cuello,
cortado alrededor y cercenado por la frente como entonces se usaba, sin
bigotes ni barbas, el rostro algo abultado y en la cabeza un bonete
redondo, traje de aquel tiempo». En dichas _Memorias_ léese también que
«cuando desapareció aquella cabeza, la Ciudad acordó que se hiciese una
efigie de piedra, que representase la persona del rey don Pedro en traje
e insignias reales y se pusiesen las armas de Castilla y León en un
escudo a costa de la Ciudad y se colocase en un nicho el bulto del Rey,
de medio cuerpo».
De todo ello trató eruditamente don José Gestoso en su _Sevilla
monumental y artística,_ tomo III, pág. 396, y a esta obra remite Pérez
y González, y yo con él. En las frecuentes investigaciones que hice
durante mucho tiempo en el Archivo Municipal de Sevilla, encontré,
examinando las actas capitulares (escribanía segunda), diversas noticias
referentes a la nueva _Cabeza del rey don Pedro_: Cabildos de 30 de
julio y 24 de septiembre de 1599: Peticiones del escultor Marcos de
Cabrera para que se le pague su hechura.--Cabildo de 15 de octubre de
1604: «... y la echura de la caueza del Rey don Pedro que está en poder
del jurado Juan de Perea se ponga en el sitio que está mandado.»--Cabildos
de 10 de septiembre de 1607 y 26 de septiembre de 1608: Nuevo acuerdo de
que se ponga en el Candilejo, como estaba prevenido.--Cabildo de 19 de
agosto de 1609: Propuso don Fernando de Ulloa que se pusiera en el sitio
en que está mandado la cabeza del Rey don Pedro.--Cabildos de 17 y 20 de
octubre de 1612: Otros acuerdos sobre lo mismo. La piedra de que se hizo
tal busto se había pagado en 1598. (Libros de Propios, 8 de junio de aquel
año.)]
[Nota 437: _Cal_, por _calle_, como más adelante (tranco X) _cal
de Tintores_. Y fueron tan para en uno, a las veces, la calle y su
nombre, que se escribieron como una sola palabra (_Caldebayona,
Calderredes_), y aun olvidando que el _cal_ no era del nombre,
rebautizaron en Osuna, mi pueblo natal, la _cal de Negros_ o
_Caldenegros_, llamándola _calle de Caldenegros_.]
[Nota 438: _Borciguinería_, por asimilación de vocales, en lugar de
_Borceguinería_. Esta fué una de las muchas calles que tomaron su nombre
del repartimiento hecho por San Fernando, porque la señaló para los
fabricantes de borceguíes. Los modernos, sin tener en cuenta la
venerable antigüedad del nombre, lo han sustituído por el de _Mateos
Gago_.]
[Nota 439: _El Atambor_, como dice don Félix González de León en su
_Noticia histórica del origen de los nombres de las calles de Sevilla_
(Sevilla, 1839), pág. 127, era una plazoleta muy pequeña, situada en la
Borceguinería. La llamarían _el Atambor_ por alusión a su figura y aun
quizás a su reducido espacio. En ella, al mediar el siglo XVI, había un
arquillo con una imagen: en 1547 Juan Alemán, deudo propincuo del autor
del _Guzmán de Alfarache_, arrendó a Bernardino de Morales unas casas
«que son el arquillo de la ymagen del _atambor_». (Archivo de protocolos
de Sevilla, García de León, libro 3.º de 1547, fol. 2554.) En esta
plazuela tuvieron su antigua casa los condes de Gelves, hasta que
trasladaron su morada a la collación de la Magdalena.]
[Nota 440: _Calles_, y no _calle_, porque se refiere a la
propiamente llamada _del Agua_ y a la inmediata _del Chorro_, ambas de
la collación de Santa Cruz y pertenecientes a la antigua Alhamía de
Sevilla. Cerca de ellas, como dice González de León, está el muro de la
ciudad por donde pasan las aguas de los Caños de Carmona que van al
vecino Alcázar.]
[Nota 441: «La calle del Agua--dice el señor Bonilla--distaba mucho
de ser recatada, y este vocablo, como advierte el señor Pérez y González
(obra citada, pág. 113), está empleado por Vélez con intención
satírica.» Y copia, para demostrarlo, un texto de Cristóbal de Chaves en
que se habla de cierto rufián que sacó una doncella y «la puso _en el
lugar más público de Sevilla,_ que era una calle que la llaman _del
Agua_, donde había otras muchas mujeres que vivían como las del
partido». Pero nótese que el mismo texto alegado demuestra que Pérez y
González y Bonilla no estuvieron en lo cierto. La _casa pública_ se
llamó así, no porque estuviese en sitio muy _público_ o transitado, sino
por la condición de sus mujeres. Al contrario, estaba, en todas las
ciudades y villas, y bien se alcanza por qué, en los lugares más
escondidos y secretos. Aún hoy no hay mejor medio para lograr que se
mude a otra casa una mujer de mala nota que tenerle muy alumbrada la
calle, cosa que retrae a los que hubieran de buscarla. El vicio requiere
oscuridad, cuando todavía no ha llegado al límite de la desvergüenza.]
[Nota 442: _Aplopejía_, metátesis vulgar de _apoplejía._]
[Nota 443: La historia de los amores de _Vireno_ y _Olimpia_ y del
consiguiente abandono de ella, está contada por Ludovico Ariosto en los
cantos IX y X del _Orlando furioso_. En el _Romancero general_ hay un
romance (fol. 41 vto.) en que Olimpia, ya abandonada, se lamenta de la
deslealtad de su amante:
«Svbida en vn alta roca
donde bate el mar insano,
del engañoso Bireno
Olimpia se quexa en vano.
Traidor tirano.»
Y Altisidora, en el _Quijote_ (II, 57), apostrofa en burlas al desdeñoso
Caballero manchego, diciéndole:
«_Cruel Vireno_, fugitivo Eneas,
Barrabás te acompañe, allá te avengas.»
La frase _de mala mano_, que falta en el _Diccionario_ de la Academia,
se decía de los malos pintores y de sus obras, y de ahí se pasó a
decirlo figuradamente de otras muchas cosas, equivaliendo a _de mala
calidad_ o _de poco mérito._ Véanse algunos ejemplos. _Quijote_, II, 52:
«Las nuevas deste lugar son que la Berrueca casó a su hija _con un
pintor de mala mano...._» Lope de Vega, en el acto I de _Santiago el
Verde_, por boca de Celia, refiriéndose a que se solían pintar buenas
manos en los retratos:
«Los pintores dan en eso,
porque, por lo menos, digan
_que es de buena mano el lienzo_.»
Y Castillo Solórzano, en el _Entremés del Casamentero_:
«MUJER. ¿Un poeta en crepúsculo? Bien dijo:
que hay versos que, con ser _de mala mano_,
por escuros parecen del Ticiano.»]
[Nota 444: Alude nuestro autor a la vulgar creencia de que el
avestruz digiere el hierro. A lo propio se refirió Rojas Zorrilla en la
jorn. I de _El Desafío de Carlos Quinto_:
«D.ª LEONOR. Ea, don Luis, vuelve en ti;
tu brazo la pica empuñe;
el coselete en tu pecho
al Otomano deslumbre;
_digiere aquel hierro ardiente_
_que el tiro de bronce escupe,
y sean para sus balas
tus entrañas avestruces_.»]
[Nota 445: A ser esto así, se habría acrecentado su peso en ocho
arrobas desde el tiempo en que Morgado escribió su _Historia de
Sevilla_, pues dijo en ella (pág. 317 de la reimpresión): «En lo que
menos se imagina, se manifiesta también la gran magestad y riqueza de la
Sancta Iglesia. Pues ¿quién dirá que el Cirio Pascual (que a su tiempo
se pone en la Capilla Mayor muy dorado y labrado) tiene de peso _setenta
y seys arrobas de cera_?»]
[Nota 446: De este famoso candelero dice Morgado en su _Historia_
_de Sevilla_ que «es la mayor parte de bronze», y que lo juzgan «por el
más curioso y que más tiene que ver (con quinze figuras de Sanctos de
bulto por el alto) que otro ninguno. El qual por su mucho peso tiene en
los assientos sus ruedas de bronze, con que lo llevan dende la
sachristia, donde se guarda, al choro por las semanas sanctas». Con
hipérbole andaluza trató del cirio pascual y del tenebrario de la
Catedral de Sevilla aquel _cicerone_ que figura en _Los Antoios de meior
vista_ de Rodrigo Fernández de Ribera (fol. 6 de la edición príncipe):
«¿A visto v.m., dijo, un Candelero de Tinieblas, en que se ingieren las
velas con que se dicen? Pues dos mil i sietecientos i treinta i seis
quintales, docientas arrobas i diez libras de bronce tiene, i creo que
cinco onças. Poco cree v.m. de tanto peso, repliqué yo. Pero todo me le
[e]chó encima quando me lo acabó de decir, i sin dejarme respirar,
aunque dejó el Candelero, prosiguió: Pues si v.m. aguarda a la Pasqua
Florida, que bien podrá por esto solo (i era por san Iuán), verá un
Cirio, que de solo cera, sin el pavilo, que es de algodon de la India de
Portugal, i se trae para solo esto cargada una nave.... Ahorrele la
traída de la cera, i quedeme a descansar entre tanto algodon....»]
[Nota 447: De esta famosa custodia dice Morgado (pág. 313 de su
_Historia de Sevilla_) que Juan de Arfe tardó seis años en hacerla, y
añade: «Tiene de altor tres varas y media, sin la Cruz de vna quarta que
lleva por remate. Tiene de peso mil y trezientos marcos, que hazen
veynte y seys arrobas de plata, y de costa treynta y seys mil ducados,
con todas hechuras....»]
[Nota 448: El antiguo monumento de la Catedral de Sevilla, al
cual--dice Morgado (pág. 314)--«con razonable conjetura se le da el
nombre de Templo de Salomón..., es de forma octógona, con quatro vistas
principales, de a nueve pies de coluna a coluna, y otras quatro vistas
menores con la mitad de claro de las mayores».]
[Nota 449: Nuestro autor juega del vocablo, por el doble significado
de _lonja_, y alude a que la de Sevilla, como San Lorenzo del Escorial,
fué traza de Juan de Herrera. La universidad de mercaderes sevillanos
acordó en 1585 levantar este soberbio edificio frente a la puerta de San
Cristóbal, de la Catedral, y en él se empezó a negociar a 14 de agosto
de 1598.]
[Nota 450: Así, _Adtlante_, en la edición príncipe, y aun pudo decir
_Adlante_, sin la _t_, porque así solía y suele pronunciarlo el vulgo.
En otro lugar (tranco X) leeremos _ridmo_, por _ritmo_.]
[Nota 451: Acerca del _Retiro_, o _Buen Retiro_, el curioso puede
ver el interesante capítulo que le dedicó Mesonero Romanos en _El
Antiguo Madrid_, tomo II, págs. 161-175. Para una nota baste decir que
la fundación de este real sitio se empezó el año de 1631, por lo que se
llamó _el Gallinero_, junto a la huerta de San Jerónimo; que en 1632 se
terminaron la plaza y cuerpo principal del palacio; que en octubre del
mismo año se efectuó en ella algún juego de cañas, y que de entonces en
adelante el Retiro fué lugar de frecuentes y fastuosos divertimientos
cortesanos, entre los cuales tuvieron preferencia las representaciones
de obras de los más celebrados autores de aquel tiempo: Calderón de la
Barca, Mendoza, Solís, etc. De los antiguos edificios del Retiro sólo
uno resta en pie: el vulgarmente llamado _el Casón,_ donde al presente
está instalado el Museo de Reproducciones Artísticas.]
[Nota 452: Muchas ediciones leyeron _enjauladas_, siguiendo a la de
Zaragoza, 1671. En la de Vigo, 1902, el señor Bonilla declaró que
«_enjaguadas_ está por _purificadas_ o _depuradas_», e intentó apoyarlo
en Covarrubias y el _Diccionario_ de autoridades. Pérez y González,
entendiendo que en el pasaje del texto «ni el _enjaguar_ ni el
_enjuagar_ ni el _enjaular_ encajan», conjeturó que se trataba de una
errata y que debía leerse _amen-guadas_ donde la edición príncipe
estampó _enja-guadas_, «y cuando menos--añadió--, el sentido de la frase
quedará completo y claro, sin necesidad de meter las grandezas en jaulas
como si fueran loros, ni de echarlas en lavaderos como si se tratara de
ropa sucia». En su edición de 1910 Bonilla insiste en que «_enjaguadas_
(metátesis de _enjuagadas_) encaja perfectamente en el texto», pues al
decirse del Real Salón del Buen Retiro que «todas las admiraciones
vienen cortas, y las mayores grandezas _enjaguadas_», se da a entender
«que toda alabanza era escasa, y que las mayores grandezas se
encontraban allí _mejoradas, depuradas, purificadas,_ elevadas a un
grado superior».
Creo que serán contados los que acompañen al señor Bonilla en la
persuasión de que, entendido como él propone, queda claro el sentido del
pasaje, y por ello he de probar a explicarlo. _Enjaguar_, de donde por
metátesis se dijo _enjuagar_, proviene de _ex aquare_, y ante todas
cosas significa _ensaguar_, o _enaguar_, esto es, _aguar_, una de cuyas
acepciones vulgares, regístrela o no el _Diccionario_, equivale a
aminorar de calidad alguna cosa, como sucede al vino cuando se agua.
Entendido así, está clara la expresión, y se conserva el paralelismo o
correlatividad que existe (siquiera no la viese el señor Bonilla) entre
la afirmación de que «todas las admiraciones vienen cortas», y la otra
afirmación de que «las mayores grandezas [vienen] _enjaguadas_», o
_aguadas_, que es como decir, _bastardeadas_, o _desmejoradas:
frustradas_; que esta acepción, figuradamente, suele tener el verbo
_aguar_, y así se dice _se aguó la fiesta; me aguaron el contento_.
Quien dude que _enjaguar o ensaguar_ significa ante todo _aguar_, vea si
_ensangostar_ y _ensanchar_ (de _ex angustare_ y _ex ampliare_) no
significan respectivamente _angostar_ y _anchar_, verbo este último que,
como _enanchar_, se usa en Andalucía y en algunas repúblicas
hispanoamericanas.]
[Nota 453: De la enormidad de riquezas que solían pasar por la Casa
de la Contratación de Indias dije algo en el discurso preliminar de mi
edición crítica de _Rinconete y Cortadillo_, pág. 11.]
[Nota 454: Tratando de la Plaza de la Universidad y Colegio de Maese
Rodrigo, dice don Félix González de León en su _Noticia artística,
histórica y curiosa de todos los edificios públicos, sagrados y profanos
de ... Sevilla, y de muchas casas particulares_ ... (Sevilla, 1844),
tomo I, pág. 146: «La casa oriunda de los señores Vicentelos de Leca,
hoy Condes de Cantillana, es otro de los edificios que están en esta
plaza, como ya se dijo. Esta casa, comúnmente conocida por la _del
Corzo_..., es una de las magníficas de esta gran población. Se entra por
un patio zaguán en que, como en todas las principales, están las
cocheras, caballerizas y cuartos de criados, y se pasa al patio,
cuadrado, diáfano y alegre, con sus respectivos corredores bajos y altos
formados de arcos sobre iguales y hermosas columnas de mármol. En él
están las multiplicadas y amplias habitaciones, muchas de ellas,
cubiertas sus paredes de ricos alicatados de buenos azulejos, y el piso
de losas de Génova. Hay también ameno y delicioso jardín y las piezas
del piso alto están cubiertas de muy costosos artesonados.»]
[Nota 455: Quiere decir que así como es forzoso a las personas
cumplir con la parroquia, esto es, confesar y comulgar, a lo menos una
vez en el año, así también era forzoso a los toros tarifeños y jarameños
experimentar cada año los rejones del Conde de Cantillana. Es juego de
palabras revesado, sobre irreverente.]
[Nota 456: Pedro de Medina, corregido y ampliado por el rondeño
Diego Pérez de Mesa, _Primera y segunda parte de las grandezas y cosas
notables de España_ (Alcalá de Henares, 1590), fol. 128 vto.: «Ay en
Seuilla vna casa de moneda que a mi parecer es la mexor del mundo, y
donde más moneda se labra. Porque ordinariamente andan labrando y
batiendo la moneda ciento y ochenta hombres: de manera, que cada día se
labran setecientos marcos de oro y plata. Haze admiracion ver los
montones de moneda que en ella ay. Desta casa salen continuamente requas
cargadas de oro y plata amonedada, como si fuesse otra mercaduría
común.... Cárganse en esta ciudad [de mercaderías] para solamente las
Indias más de cien naos cada año, y la mayor parte de las mismas naos
vueluen cargadas de oro y plata y otras riquezas....»]
[Nota 457: De la antigua puente de barcas de Sevilla dijo Lope de
Vega en el acto I de _La Esclava de su galán_, refiriéndose al casco de
la ciudad y a su populoso y alegre barrio de Triana:
«ELENA. ... en esta puente de maderos graves,
sin pies que toquen a su centro frío,
mano que las dos partes divididas
por una y otra orilla tiene asidas.»]
[Nota 458: Por estar el monasterio de las Cuevas a _la lengua del
agua_, llamaban vulgarmente _espantaalbures_ a la campana con que sus
monjes tocaban a maitines. Lope de Vega, en el acto III de _El Amigo
hasta la muerte_:
«GUZMÁN. ...Cené y brindé por tu salud en tanto,
incitado de almejas temerarias;
pero apenas sonaba _espantaalbures_
(ya sabes que es campana de las Cuevas),
cuando, llamando un envarado destos
con seis esbirros, me metió en la cárcel.»]
[Nota 459: El señor Bonilla, por muy disculpable distracción, leyó
_del Guadalquivir_. De ordinario no se ponía artículo a los nombres de
los ríos, como indiqué en mis notas a _El Licenciado Vidriera (Novelas
ejemplares de Cervantes_, tomo II, 9, 3, edición de _Clásicos
Castellanos_).]
[Nota 460: No _todos_ los romances de moros; pero sí algunos,
especialmente los de la serie de Gazul, incluída en el _Romancero
general_. Al fol. 4, verbigracia:
«Por la playa de Sanlucar
galan passeando viene
el animoso Ganzul _(sic)_,
de blanco, morado y verde.
Quiérese partir el moro
_a jugar cañas a Gelues_....»]
[Nota 461: En la edición príncipe, _da sus ilustres condes_,
evidentemente por errata.]
[Nota 462: Estos dos versos están impresos corridamente, como prosa,
en la edición original.]
[Nota 463: Refiérese a la huerta del Alamillo, que estaba próxima a
las Cuevas y, como este monasterio, a la orilla derecha del
Guadalquivir. Eran famosos los _sábalos del Alamillo_, y Lope de Vega,
en la jorn. I de _Los Vargas de Castilla_, los recordó por boca de
Millán:
«Adiós, Sevilla soberbio...,
pan de Gandul de mi vida,
roscas de Utrera del cielo,
alcaparrón como el puño,
aceitunas como el cuerpo,
_sábalos del Alamillo_....»]
[Nota 464: Así la edición príncipe; pero quizá es errata, por _los
Zúñigas_.]
[Nota 465: _De Medina Sidonia_, quiere decir.]
[Nota 466: Cuando estos elogios salieron a luz, el duque don Gaspar
Alonso de Guzmán el Bueno había dejado de merecerlos de todo en todo,
por un hecho harto deplorable: por la traidora confabulación para
separar a Portugal y Andalucía de la obediencia de Felipe IV. Véase
resumida esta negra historia en mi libro intitulado _Pedro Espinosa_
(Madrid, 1906), págs. 313 y siguientes.]
[Nota 467: A don Francisco Zapata, conde de Barajas, se debió, en
efecto, el saneamiento de aquella parte de la ciudad que se llamaba la
Laguna, convertida por él en deleitosa alameda, hermoseada con tres
copiosas fuentes, que en 1587, cuando Morgado publicó su _Historia de
Sevilla_, regaban todo el año «los mil y setecientos árboles que, entre
alisos, alamos blancos, naranjos, cipreses y árboles de parayso, fueron
en esta Laguna plantados....» A la entrada de la nueva Alameda, sobre
grandes pedestales, se colocaron dos esbeltas columnas, gruesas de
catorce palmos en redondo y altas de cuatro estados, y encima de ellas,
respectivamente, las estatuas de Hércules, fundador de la ciudad, y
Julio César, que la cercó de murallas. Toda esta obra se acabó el año de
1574, y ha de reconocerse que salió mal su cuenta al Conde de Barajas,
pues queriendo que la hermosa Alameda sirviese para honesto solaz y
esparcimiento de Sevilla, no lo vió conseguido; antes cargó sobre ella,
especialmente en las noches de la primavera y el verano, tal turba de
mujeres perdidas y de mancebillos boquirrubios y hombres pícaros y
arrufianados, que cuatro años despues, en 1578, Vicente Espinel, que
vivió muy desbaratadamente una temporada en la ciudad del Betis, comenzó
así la _Sátira contra las damas de Sevilla_:
«Invicto César, Hércules famoso,
espeio y luz de valerosos pechos,
patrones deste suelo venturoso,
ya que permite el hado que estéis hechos
de la Alameda vigilantes guardas,
injusto premio a tan gallardos pechos....»
Y dijo después:
«Vuelva Zapata y su jardín reforme;
que pues le hizo al culto de Diana,
no es bien que en putería se transforme.»]
[Nota 468: _Disignio_, dicho un poco a la italiana; y aun
enteramente en italiano _(disegno)_ lo escribió tal cual vez el
sevillano Juan de la Cueva:
«... quel Francés furioso
viene a nosotros con _diseños_ fieros.»]
[Nota 469: Era Tomasa, en lo tornajona, como la célebre Marica del
romance de Quevedo:
«Tomando estaba sudores
Marica en el hospital;
_que el tomar era costumbre_
y el remedio era sudar.»]
[Nota 470: _Como unos hermanos_, es decir, como unos cuadrilleros de
la Santa Hermandad que fuesen con requisitoria en busca de algún
malhechor.]
[Nota 471: _Regalados_, en la acepción de _agradables_ y
_deleitosos_ como dijo Lope de Vega:
«Pan de Sevilla, _regalado_ y tierno,
masado por la blanca y limpia mano
de alguna que os quisiera para yerno.»]
[Nota 472: Hasta ahora han sido inútiles cuantas diligencias se han
practicado para averiguar por qué se llamara _de Gallegos_ este
celebrado pan. Presumo que se apellidaría _Gallegos_ el panadero que lo
fabricaba.]
[Nota 473: _En él,_ refiriéndose _al Prado_, y claro que no _al
espejo_ como en rigor gramatical podría colegirse.]
[Nota 474: Ocurren aquí, como en el tranco II (56, 3)[173] dos versos
en decasílabos ocasionales:
«... _comen alas del viento por cebada,
no quiero que dejemos a Sevilla_....»]
[Nota 475: El hallarse muy bien el Cojuelo en Sevilla conviene con
lo que Santa Teresa de Jesús dijo de esta ciudad en el cap. XXV de su
_Libro de las Fundaciones_: «No sé si la misma clima de la tierra, que
he oído siempre decir _los demonios tienen más mano allí para tentar_,
que se la debe de dar Dios, y en esto me apretaron a mí, que nunca me vi
más pusilánime y cobarde en mi vida que allí me hallé: yo, cierto, a mí
mesma no me conocía.»]
[Nota 476: _Alfaneques_ se llamaban unos halcones muy usados por los
cazadores de cetrería, y _volar_ está dicho, no en la acepción
germanesca de _hurtar_, como creyó el señor Bonilla, sino, aunque
figuradamente, en la cinegética de hacer que el ave se levante y vuele.
_Bretón_ sí está usado en la genérica y germanesca de _extranjero_. Así,
la frase _alfaneque de volar una bolsa de bretón_ equivale a tercera a
propósito para trasponer la bolsa de cualquier extranjero incauto desde
la faldriquera de éste a las sonrosadas uñas de cualquiera doncellita de
alquiler.]
[Nota 477: _Doncelliponiente_, a imitación de _barbiponiente_ o
_barbipungente_, que se dice del mancebo a quien empieza a salir la
barba, pero también del principiante en una facultad u oficio. Nuestro
autor, pues, llama _doncelliponientes_ a las jóvenes aún poco
experimentadas en la venta y reventa de su doncellez, y necesitadas, por
tanto, de los sabios consejos de la experta mulata.]
[Nota 478: _Acuchillado_, esto es, abierta a trechos la tela y
puestos en las aberturas piezas fusiformes de otro tejido, de color
diferente de aquélla.]
[Nota 479: Llamaban y llamamos _cotonía_ a cierta tela hecha de hilo
de _algodón._ Son tan añejos esta tela y su nombre, que nuestro vulgo,
cuando quiere ponderar la antigüedad de un dicho o costumbre, suele
decir: «Eso es más viejo que la _cotonía._»]
[Nota 480: _Ponleví_, del francés _pont levis, puente levadiza_.
«Forma especial--dice el _Diccionario_ de la Academia--que se dió a los
zapatos y chapines, según moda traída de Francia. El tacón era de
madera, muy alto, inclinado hacia adelante y con disminución progresiva
por su parte semicircular, desde su arranque hasta abajo.» A mi ver,
huelga en esta definición la referencia a los chapines, pues éstos jamás
tuvieron tacón; al contrario, el zapato con tacón vino a sustituírlos,
dando, aunque sólo en el carcañal, la altura que el chapín daba a todo
el pie. Al tacón solían llamar _talón._ Lope, en el acto I de _El
Desprecio agradecido_:
«D. BERNARDO. Cien escudos tenéis ciertos
por un zapatillo suyo.
INÉS. ¿Tan prestísimo?