TRANCO X

En este tiempo llegaban a Gradas[584] su camarada y don Cleofás[585],

tratando de mudarse de aquella posada, porque ya tenía rastro dellos

Cienllamas, cuando vieron entrar por la posta, tras un postillón, dos

caballeros soldados vestidos a la moda, y díjole el Cojuelo a don

Cleofás.

--Estos van a tomar posada y apearse a Caldebayona[586] o a la

Pajería[587], y es tu dama y el soldado que viene en su compañía, que,

por acabar más presto la jornada, dejaron la litera y tomaron postas.

--¡Juro a Dios--dijo don Cleofás--que lo he de ir a matar antes que se

apee, y a cortalle las piernas[588] a doña Tomasa!

Sin riesgo tuyo se hará todo eso--dijo el Cojuelo--, ni sin tanta

demostración pública: gobiérnate por mí agora; que yo te dejaré

satisfecho.

--Con eso me has templado--dijo don Cleofás--; que estaba loco de celos.

--Ya sé qué enfermedad es ésa, pues se compara a todo el infierno[589]

junto--dijo el Diablillo--. Vámonos a casa de nuestra mulata: almorzarás

y conmutarás en sueño la pendencia; y acuérdate que has de ser

presidente de la Academia, y yo fiscal.

--Pardiez--dijo don Cleofás--, todo se me había olvidado con la

pesadumbre; pero es razón que cumplamos nuestras palabras como quien

somos.

Y habiéndose mudado de la posada de Rufina otro día[590] a otra de la

Morería[591], más recatada, pasaron los que faltaron para la Academia

en estudiar y escribir los sujetos que les habían dado y en hacer don

Cleofás una oración para preludio della, como es costumbre y obligación

de las presidencias de tales actos; y, llegado el día, se aderezaron lo

mejor que pudieron, y al anochecer partieron a la palestra, donde les

esperaban todos los ingenios con admiraciones de los suyos, y con los

mismos antojos[592] de la preñez pasada se fueron sentando en los

lugares que les tocaban; y haciendo señal con la campanilla para obligar

al silencio, don Cleofás, llamado _el Engañado_ en la Academia, hizo una

oración excelentísima en verso de silva, cuyos números ataron los oídos

al aplauso y desataron los asombros a sus alabanzas. Y en pronunciando

la última palabra, que es el _Dixi_[593], volviendo a resonar el pájaro

de plata, dijo:

--Yo quiero parecer presidente en publicar agora, después de mi oración,

unas premáticas que guarden los divinos ingenios que me han constituido

en esta dignidad;--leyendo desta manera un papel que traía doblado en el

pecho:

«PREMÁTICAS Y ORDENANZAS QUE SE HAN DE GUARDAR EN LA INGENIOSA ACADEMIA

SEVILLANA DESDE HOY EN ADELANTE.

»Y por que se celebren y publiquen con la solemnidad que es necesaria,

sirviendo de atabales los cuatro vientos y de trompetas el Músico de

Tracia[594], tan marido, que por su mujer _descendit ad inferos_, y

Arión, que, siendo de los piratas con quien navegaba arrojado al mar

por roballe, le dió un delfín en su escamosa espalda, al son de su

instrumento, jamugas para que no naufragase, _et coetus, et Amphion

Thebanae conditor urbis_[595]; y pregonero la Fama, que penetra

provincias y elementos, y secretario que se las dicte Virgilio Marón,

príncipe de los poetas, digan desta suerte:

»Don Apolo, por la gracia de la Poesía, rey de las Musas, príncipe de la

Aurora, conde y señor de los oráculos de Delfos y Delo, duque del Pindo,

archiduque de las dos Frentes del Parnaso y marqués de la Fuente

Cabalina, etc., a todos los poetas heroicos, épicos, trágicos, cómicos,

ditirámbicos, dramáticos[596], autistas, entremeseros, bailinistas[597]

y villancieres[598], y los demás del nuestro dominio, ansí seglares como

eclesiásticos, salud y consonantes.

»Sepades: como, advirtiendo las grandes desórdenes y desperdicios con que

han vivido hasta aquí los que manejan nuestros ridmos[599], y que son

tantos los que sin temor de Dios y de sus conciencias, componen,

escriben y hacen versos, salteando y capeando de noche y de día los

estilos, conceptos y modos[600] de decir de los mayores, no imitándolos

con la templanza y perífrasis que aconseja Aristóteles, Horacio y César

Escalígero, y los demás censores que nuestra Poética advierten, sino

remendándose con centones de los otros y haciendo mohatras de versos,

fullerías y trapazas, y para poner remedio en esto, como es justo,

ordenamos y mandamos lo siguiente:

»Primeramente se manda que todos escriban con voces castellanas, sin

introducillas de otras lenguas, y que el que dijere _fulgor_, _libar,

numen, purpurear, nieta, trámite, afectar, pompa, trémula, amago,

idilio_[601] ni otras desta manera, ni introdujere posposiciones[602]

desatinadas, quede privado de poeta por dos academias, y a segunda vez,

confiscadas sus sílabas y arados de sal[603] sus consonantes, como

traidores a su lengua materna.

»Item, que nadie lea sus versos en idioma de jarabe, ni con gárgaras de

algarabía en el gútur[604], sino en nuestra castellana pronunciación,

pena de no ser oídos de nadie.

»Item, por cuanto celebraron el fénix en la academia pasada en tantos

géneros de versos, y en otras muchas ocasiones lo han hecho otros,

levantándole testimonios a esta ave[605] y llamándola hija y heredera de

sí propia y pájaro del sol, sin haberle tomado una mano ni haberla

conocido si no es para servilla, ni haber ningún testigo de vista de su

nido, y ser alarbe de los pájaros, pues en ninguna región ha encontrado

nadie su aduar, mandamos que se ponga perpetuo silencio en su memoria,

atento que es alabanza supersticiosa y pájaro de ningún provecho para

nadie, pues ni sus plumas sirven en las galas cortesanas ni militares,

ni nadie ha escrito con ellas, ni su voz ha dado música a ningún

melancólico, ni sus pechugas alimento a ningún enfermo; que es pájaro

duende, pues dicen que le hay, y no le encuentra nadie, y ave solamente

para sí; finalmente, sospechosa de su sangre, pues no tiene agüelo que

no haya sido quemado; estando en el mundo el pájaro celeste, el cisne,

el águila, que no era bobo Júpiter, pues la eligió por su embajatriz, la

garza, el neblí, la paloma de Venus, el pelícano, afrenta de los

miserables[606], y, finalmente, el capón de leche[607], con quien los

demás son unos pícaros. Este sí que debe alabarse, y mátenle un fénix a

quien sea su devoto, cuando tenga más necesidad de comer. Dios se lo

perdone a Claudiano, que celebró esta necedad imaginada, para que todos

los poetas pecasen en él.

»Item, porque a nuestra noticia ha venido que hay un linaje de poetas y

poetisas hacia palaciegos, que hacen más estrecha vida que los monjes

del Paular[608], porque con ocho o diez vocablos solamente, que son

_crédito, descrédito, recato, desperdicio, ferrión, desmán, atento,

valido, desvalido, baja fortuna, estar falso, explayarse_, quieren

expresar todos sus conceptos y dejar a Dios solamente que los entienda,

mandamos que les den otros cincuenta vocablos más de ayuda de costa, del

tesoro de la Academia, para valerse dellos, con tal que, si no lo

hicieren, caigan en pena de menguados y de no ser entendidos, como si

hablaran en vascuence.

»Item, que en las comedias se quite el desmesurarse los embajadores con

los reyes, y que de aquí en adelante no le[609] valga la ley del

mensajero[610]; que ningún príncipe en ellas se finja hortelano por

ninguna infanta, y que a las de León se les vuelva su honra con

chirimías[611], por los testimonios que las han levantado; que los

lacayos graciosos no se entremetan con las personas reales si no es en

el campo, o en las calles de noche; que para querer dormirse sin qué ni

para qué, no se diga: «Sueño me toma», ni otros versos por el

consonante, como decir a _rey_, «porque es justísima ley», ni a _padre_,

«porque a mi honra más cuadre», ni las demás; «A furia me provocó»[612],

«Aquí para entre los dos» y otras civilidades, ni que se disculpen sin

disculparse, diciendo:

«Porque un consonante obliga

a lo que el hombre no piensa»[613].

»Y al poeta que en ellas incurriere de aquí adelante, la primera vez le

silben, y la secunda, sirva a su Majestad con dos comedias en Orán[614].

»Item, que los poetas más antiguos se repartan por sus turnos a dar

limosna de sonetos, canciones, madrigales, silvas, décimas, romances y

todos los demás géneros de versos a poetas vergonzantes que piden de

noche, y a recoger los que hallaren enfermos comentando, o perdidos en

las _Soledades_ de don Luis de Góngora; que haya una portería en la

Academia, por donde se dé sopa de versos a los poetas mendigos.

»Item, que se instituya una Hermandad y Peralvillo contra los poetas

monteses y jabalíes[615].

»Item, mandamos que las comedias de moros se bauticen dentro de cuarenta

días o salgan del reino.

»Item, que ningún poeta, por necesidad ni amor, pueda ser pastor de

cabras ni ovejas, ni de otra res semejante, salvo si fuere tan Hijo

Pródigo, que, disipando sus consonantes en cosas ilícitas, quedare sin

ninguno sobre qué caer poeta[616]; mandamos que en tal caso, en pena de

su pecado, guarde cochinos.

»Item, que ningún poeta sea osado a hablar mal de los otros si no es dos

veces en la semana.

»Item, que al poeta que hiciere poema heroico no se le dé de plazo más

que un año y medio, y que lo que más tardare se entienda que es falta de

la musa; que a los poetas satíricos no se les dé lugar en las academias,

y se tengan por poetas bandidos y fuera del gremio de la poesía noble, y

que se pregonen las tallas[617] de sus consonantes, como de hombres

facinerosos a la república. Que ningún hijo de poeta que no hiciere

versos no pueda[618] jurar por vida de su padre, porque parece que no es

su hijo.

»Item, que el poeta que sirviere a señor ninguno[619], muera de hambre

por ello.

»Y, al fin, estas premáticas y ordenanzas se obedezcan y ejecuten como

si fueran leyes establecidas de nuestros príncipes, reyes y emperadores

de la Poesía. Mándanse pregonar, porque venga a noticia de todos.»

Celebradísimo fué el papel de _el Engañado_ por peregrino y caprichoso,

sacando, al mismo tiempo que le acababa, otro del pecho _el Engañador_,

llamado así en la Academia y en los tres hemisferios[620], y fiscal de

la presente, que decía desta manera:

«PRONÓSTICO Y LUNARIO DEL AÑO QUE VIENE, AL MERIDIANO DE SEVILLA Y

MADRID, CONTRA LOS POETAS, MÚSICOS Y PINTORES. COMPUESTO POR «EL

ENGAÑADOR», ACADÉMICO DE LA INSIGNE ACADEMIA DEL BETIS, Y DIRIGIDO A

PERICO DE LOS PALOTES, PROTO-DEMONIO Y POETA DE DIOS TE LA DEPARE

BUENA»;

interrumpiendo estas últimas razones un alguacil de los veinte[621],

guarnecido de corchetes[622] (y tantos, que si fueran de plata,

pudiera[623] competir con la capitana y almiranta de los galeones cuando

vuelven de retorno con las entrañas del Potosí y los corazones de los

que los esperan y los traen), doña Tomasa y su soldado, como entraron

por la posta para estar a la vista de la ejecución de su requisitoria;

la Academia se alteró con la intempestiva visita, y el atrevido

Alguacil dijo:

--Vuesas mercedes no se alboroten: que yo vengo a hacer mi oficio y a

prender no menos que al señor Presidente, porque es orden de Madrid, y

la he de hacer de Evangelio[624].

Palotearon los académicos, y don Cleofás se espeluzó tanto y cuanto, y

el Fiscal, que era el Cojuelo, le dijo:

--No te sobresaltes[625], don Cleofás, y déjate prender, no nos perdamos

en esta ocasión; que yo te sacaré a paz y a salvo de todo[626].

Y volviendo a los demás, les dijo lo mismo, y que no convenía en aquel

lance resistencia ninguna; que si fuera menester, _el Engañado_ y él

metieran a todos los alguaciles de Sevilla las cabras en el corral[627].

--Hombre hay aquí--dijo un estudiantón del Corpus[628], graduado por la

Feria y el pendón verde[629]--, que, si es menester, no dejará oreja de

ministro a manteazos, siendo yo el menor de todos estos señores.

El Alguacil trató de su negocio sin meterse en más dimes ni diretes,

deseando más que hubiese dares y tomares, y doña Tomasa estuvo empuñada

la espada y terciada la capa a punto de pelear al lado de su soldado;

que era, sobre alentada[630], muy diestra, como había tanto que jugaba

las armas[631], hasta que vió sacar preso al que le negaba la deuda,

libre de polvo y paja. El Cojuelo se fué tras ellos, y la Academia se

malogró aquella noche, y murió de viruelas locas.

El Cojuelo, arrimándose al Alguacil, le dijo aparte, metiéndole un

bolsillo en la mano, de trecientos escudos:

--Señor mío, vuesa merced ablande su cólera con este diaquilón[632]

mayor, que son ciento y cincuenta doblones de a dos.

Respondiéndole el Alguacil, al mismo tiempo que los recibió:

--Vuesas mercedes perdonen el haberme equivocado, y el señor Licenciado

se vaya libre y sin costas, más de las que le hemos hecho; que yo me he

puesto a un riesgo muy grande habiendo errado el golpe.

El soldado y la señora doña Tomasa, que también habían regalado al

Alguacil, por más protestas que le hicieron entonces, no le pudieron

poner en razón, y ya a estas horas estaban los dos camaradas tan lejos

dellos, que habían llegado al río y al Pasaje[633], que llaman, por

donde pasan de Sevilla a Triana y vuelven de Triana a Sevilla, y,

tomando un barco, durmieron aquella noche en la calle del Altozano,

calle Mayor[634] de aquel ilustre arrabal, y la Vitigudino y su galán se

fueron muy desairados a lo mismo a su posada, y el Alguacil a la suya,

haciendo mil discursos con sus trecientos escudos, y el Cojuelo madrugó

sin dormir, dejando al compañero en Triana, para espiar en Sevilla lo

que pasaba acerca de las causas de los dos, revolviendo de paso dos o

tres pendencias en el Arenal[635].

Y el Alguacil despertó más temprano, con el alborozo de sus doblones,

que había puesto debajo de las almohadas, y, metiendo la mano, no los

halló; y levantándose a buscallos, se vió emparedado de carbón, y todos

los aposentos de la casa de la misma suerte, porque no faltase lo que

suele ser siempre del dinero que da el diablo[636], y tan sitiado desta

mercadería, que fué necesario salir por una ventana que estaba junto al

techo, y en saliendo, se le volvió todo el carbón ceniza; que si no

fuera ansí, tomara después por partido dejar lo alguacil por carbonero,

si fuera el carbón de la encina del infierno[637], que nunca se acaba,

amén, Jesús.

El Cojuelo iba dando notables risadas entre sí, sabiendo lo que le había

sucedido al Alguacil con el soborno. Saliendo, en este tiempo, por cal

de Tintores[638] a la plaza de San Francisco, y habiendo andado muy

pocos pasos, volvió la cabeza y vió que le venían siguiendo Cienllamas,

Chispa y Redina; y, dejando las muletas, comenzó a correr, y ellos tras

él, a grandes voces diciendo:

--¡Tengan ese cojo ladrón!

Y cuando casi le echaban las garras Chispa y Redina, venía un escribano

del número[639] bostezando, y metiósele el Cojuelo por la boca, calzado

y vestido, tomando iglesia, la que más a su propósito pudo hallar[640].

Quisieron entrarse tras él a sacalle deste sagrado Chispa, Redina y

Cienllamas, y salió a defender su juridición una cuadrilla de sastres,

que les hicieron resistencia a agujazos y a dedalazos, obligando a

Cienllamas a inviar a Redina al infierno por orden de lo que se había de

hacer; y lo que trujo[641] en los aires fué que, con el Escribano y los

sastres, diesen con el Cojuelo en los infiernos[642]. Ejecutóse como se

dijo, y fué tanto lo que los revolvió el Escribano, después de haberle

hecho gormar al Cojuelo, que tuvieron por bien los jueces de aquel

partido echallo fuera, y que se volviese a su escritorio, dejando a los

sastres en rehenes, para unas libreas que habían de hacer a Lucifer a la

festividad del nacimiento del Antecristo; tratando doña Tomasa,

desengañada, de pasarse a las Indias con el tal soldado, y don Cleofás,

de volverse a Alcalá a acabar sus estudios, habiendo sabido el mal

suceso de la prisión de su Diablillo, desengañado de que hasta los

diablos tienen sus alguaciles, y que los alguaciles tienen a los

diablos[643]. Con que[644] da fin esta novela, y su dueño gracias a

Dios porque le sacó della con bien, suplicando a quien la leyere que se

entretenga y no se pudra en su leyenda[645], y verá qué bien se halla.

Notas:

[Nota 1: En la conferencia leída en el teatro Español la noche del 4

de febrero de 1910, al estrenarse la refundición de _La Luna de la

Sierra_, hecha por don Cristóbal de Castro.]

[Nota 2: Narróla--mejor diría _marróla_--don Joaquín María Ferrer,

en el prólogo de su edición de _El Diablo Cojuelo_ (París, 1828), y la

extractó muchos años después don Cayetano A. de la Barrera, en su

_Catálogo bibliográfico y biográfico del Teatro antiguo español_.]

[Nota 3: Las investigaciones serias acerca de la vida del insigne

autor astigitano datan de los postreros años del siglo XIX. Yo encontré,

y publiqué muy en extracto en mi estudio sobre _Cervantes y la

Universidad de Osuna_, inserto en el tomo II del _Homenaje a Menéndez y

Pelayo en el año vigésimo de su profesorado_ (Madrid, 1899), el acta del

grado de bachiller en Artes de Vélez; en 1902 hallaba el muy diligente y

erudito don Antonio Paz y Melia, y sacábala a luz en _la Revista de

Archivos, Bibliotecas y Museos_, una carta de don Juan Vélez de Guevara,

hijo del poeta ecijano, escrita en 20 de octubre de 1645, documento

interesante, porque contiene, aunque abreviadamente y con algunos

errores de importancia, la biografía del autor de _El Diablo Cojuelo_.

Poco después, don Felipe Pérez y González, al par que comentaba con

acierto algunos de los pasajes más oscuros de esta novela, dedicóse con

feliz éxito a allegar datos para la vida de su autor, y diólos a conocer

en diversos artículos, que publicó en _La Ilustración Española y

Americana_ y reimprimió juntos en 1903, con otros de carácter crítico.

Entretanto, el meritísimo Pérez Pastor descubría y acopiaba muchas

noticias peregrinas referentes a los que en el buen tiempo fueron

próceres de nuestras letras, a Vélez de Guevara entre ellos; no menos de

cincuenta y cuatro documentos tocantes a él insertó en la tercera parte,

última publicada (Madrid, 1907), de su excelente _Bibliografía

Madrileña_ (págs. 499-515). Amén de esto, en 1902, don Adolfo Bonilla y

San Martín daba a la estampa en la _Revista de Aragón_ diversas poesías

de Luis Vélez, las más de ellas inéditas hasta entonces, y de las cuales

hay especialmente cuatro--las cuatro primeras--llenas de indicaciones

muy interesantes para la vida de su autor, razón por la cual en 1908 las

reproduje anotadas, con otra inédita, en la _Revista de Archivos,

Bibliotecas y Museos_. A la buena luz de tan valiosos hallazgos, podía

ya intentarse sin temeridad la empresa de componer una biografía

circunstanciada de Vélez, cosa que ha efectuado don Emilio Cotarelo en

el _Boletín de la Real Academia Española_, cuadernos de diciembre de

1916 y abril de 1917, no sin aportar algunos otros datos debidos a sus

investigaciones.]

[Nota 4: Fué hijo del licenciado Diego Vélez de Dueñas, nacido en

Jerez de la Frontera, y de doña Francisca Negrete de Santander, natural

de Ecija, quienes habían contraído matrimonio en esta ciudad, siendo él

vecino de Sevilla, a 10 de febrero de 1573. Vélez de Dueñas--descendiente

de don Llorente Vélez de Guevara, uno

«de los trescientos hidalgos

que ganaron a Jerez»,

como recordó, andando el tiempo, el autor de _Reinar después de

morir_--era hijo de Alonso Rodríguez Vélez y de doña Isabel de Dueñas, y

se llamó indistintamente Diego de Dueñas y Diego Rodríguez de Dueñas

mientras fué estudiante. Para graduarse de bachiller en Leyes en la

Universidad de Sevilla (22 de septiembre de 1570), presentó los

siguientes recaudos: casi seis meses que en la dicha facultad había

cursado en Salamanca por los años de 1563, 64 y 65; dos cursos más,

oídos en Sevilla, el último, desde 1.º de mayo de 1568 hasta 7 de mayo

de 1569, y cinco lecciones de leyes que había leído. (Archivo

universitario de Sevilla, libro 1.º de Diligencias y colaciones de

grados menores, desde 1570 hasta 1574.) Este sujeto es, como columbré

diez años ha, el mismo lincenciado Dueñas, poeta más que razonable,

autor de once de las composiciones coleccionadas en Méjico, en 1577,

bajo el título de _Flores de varia poesía_ (Biblioteca Nacional de

Madrid, Ms. 2973), y el mismo a quien se refirió el licenciado Francisco

Pacheco, jerezano como él, en su interesante composición intitulada _La

sátira apologética en defensa del divino Dueñas_, escrita en 1569,

anotada por mí y publicada en la _Revista de Archivos, Bibliotecas y

Museos_ (1907-1908). Trasladado a Écija desde su casamiento, allí vivió

pobremente ejerciendo la abogacía y criando otros hijos, entre ellos, a

Diego, nacido en 1586 y poeta como su padre y su hermano, vistiéndose y

vistiendo a su familia de fiado, de lo cual es buena muestra cierta

escritura que encontré en aquel archivo de protocolos, al buscar

documentos cervantinos (Antonio Trapel, libro 1.º de 1588, fol. 1899), y

componiendo de cuando en cuando tal cual epigrama latino, como el que

hizo en elogio de don Alvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, para el

_Comentario en breve compendio de disciplina militar_, escrito por el

licenciado Mosquera de Figueroa (Madrid, Luis Sánchez, 1596).

Doña Francisca Negrete de Santander era hija del licenciado Diego de

Santander, oriundo de la Montaña, y de doña María de Medina, vecinos de

Écija. De estos Negretes y Santanderes, unos habían negociado en las

Indias, y otros eran hombres de estudios, como lo demuestran los

diversos datos que allegué: el doctor Pedro de Santander y su mujer doña

Inés Melgarejo, vecinos de Sevilla, él hijo del doctor Negrete, se

despacharon a la Nueva España, con los suyos, antes de mediar el siglo

XVI (Archivo general de Indias, Licencias de pasajeros, 1534 y 1554 (43,

2, 1/5), relación núm. 74 del cuaderno 9.º). En 25 de septiembre de

1553, Diego Negrete de Santander, vecino de Sevilla, hijo de Bernardo

Negrete de Santander y de Isabel Gómez Adalid, se despachó por mercader

por tres años para Tierra Firme y Popayán (_Ibid._, al fin de la primera

hoja). El bachiller Juan de Santander, natural de Écija, probó en 17 de

marzo de 1554 haber ganado un curso de Medicina, «oyendo del doctor

gudiel y del doctor ferrer» (Archivo universitario de Osuna, Pruebas de

cursos, fol. 6 del cuaderno del dicho año), y en 4 de mayo de 1555 probó

otro en la Universidad complutense (Archivo Universitario de Alcalá, hoy

en el Histórico Nacional, Pruebas de cursos de 1540 a 1555, fol. 714

vto.). Con el nombre de Juan Antonio de Santander, se graduó en Medicina

en la misma Universidad a 16 de mayo de 1555, y repitiendo en Osuna para

licenciado, se le asignaron puntos, hizo el examen secreto y se le

confirió el grado en 28 de agosto de 1568, doctorándose en 16 de mayo de

1569 (Registro 1.º de grados, fol. 22 del dicho año), a presencia del

duque de Osuna don Pedro Girón, de su hijo don Juan, marqués de

Peñafiel, de don Alonso Téllez Girón, hermano natural del Duque y de

muchos doctores y maestros. En la propia Universidad se graduó de

bachiller en Artes, a 28 de julio de 1587, Alonso de Santander (Registro

2.º de Grados, fol. 28 de este año), asimismo natural de Écija, a quien

vuelvo a encontrar en Alcalá ganando un curso de Teología escolástica en

8 de mayo de 1590. (Archivo universitario de Alcalá, pruebas de cursos

de 1590 a 1593, fol. 21 del dicho año.) Y, en fin, un Pedro de Santander

figura, para la devolución de la blanca de carne, entre los dignidades,

canónigos, racioneros y capellanes de la Iglesia Mayor de Sevilla, en el

año de 1596 (Archivo Municipal de Sevilla, Libros de Propios, asientos

de 12 de junio de 1597). Este prebendado, probable deudo de Luis Vélez

de Guevara, fué quizás quien le hizo entrar de paje en el palacio de don

Rodrigo de Castro, cardenal arzobispo de Sevilla.]

[Nota 5: Así vino a decirlo Cervantes en la jorn. III de _La gran

sultana doña Catalina de Oviedo_:

«... hidalgo, pero no rico:

maldición del siglo nuestro;

que parece que ser pobre

al ser hidalgo está anexo.»]

[Nota 6: En 1902 envié desde Sevilla copia literal del acta de este

grado a don Felipe Pérez y González, en cuyo citado libro, págs. 132 y

siguientes, puede leerla el curioso.]

[Nota 7: _Las bodas de los Católicos Reyes de España don Felipe III

y doña Margarita de Austria, celebradas en la insigne ciudad de

Valencia. Por Luis Vélez de Santander._ Sevilla, 1599.]

[Nota 8: En uno de los reimpresos por mí (_Cinco poesías

autobiográficas de Luis Vélez de Guevara_. Madrid, 1908, pág. 11):

«Esto es cuanto al Archiduque;

cuanto a marciales papeles

de servicios _de seis años_,

escuchadme atentamente.

Si busca Antonio de Losa

soldados que a hablaros entren,

que no sin causa el aplauso

vuestro su atención merece,

Saboya me vió y Milán;

en los años diez y siete

de mi edad, medié la pica

al grabado peto fuerte_(a)_,

con el tercio de Bretaña,

siguiendo al Conde de Fuentes

desde Baya de Zahona,

por ambiciones de nieve,

hasta que, treguas haciendo

con Saboya los franceses,

pasé a Nápoles, de donde

a buscar en sus bajeles

la caravana salí

por todo el mar del Oriente,

con don Pedro de Toledo,

rayo español de Berzeli.

De plomo, como de gorra,

nos saludamos mil veces

las turquescas escopetas

con los cristianos mosquetes,

descubrimos las montañas

de la provincia que tiene

el obelisco de Dios

en prisión irreverente,

hasta que el heroico brazo

vuestro a rescatar se llegue,

para que el número diez

acrecentéis a los Nueve,

y en la primera jornada

de Argel fué mi coselete,

espejo al sol, que, Narciso,

por mi se negó a las fuentes,

llegando a Valladolid

la misma noche del viernes

que, para dicha del mundo,

vos nacéis y Cristo muere.»

_(a)_ Como veremos en seguida, no tenía diez y siete, sino veintiún

años, cuando dejó su plaza de paje. Trascordóse, pues, Vélez, o, lo que

más creo, le hizo escribir _diez y siete_ la fuerza del asonante.]

[Nota 9: En pleito promovido por don Jerónimo de Leyva en abril de

1604 ante el Provisor general del arzobispado de Sevilla, con motivo de

haber presentado don Francisco de Acuña, canónigo de aquella Santa

Iglesia, unas letras del Auditor de la Cámara de Su Santidad, por las

cuales le subdelegaba plenariamente sus veces para averiguar si don

Alonso de Ulloa había sido criado del cardenal don Rodrigo de Castro,

declararon a tenor de cierto interrogatorio diversos testigos, entre

ellos Luis Vélez de Santander, o sea nuestro Vélez de Guevara, y Lope de

Vega Carpio. Mi querido amigo el docto cervantista don Adolfo Rodríguez

Jurado, que halló este pleito, sacó a la luz pública la interesante

declaración de Lope en el _Boletín de la Real Academia Sevillana de

Buenas Letras_ (septiembre de 1917), y me ha favorecido copiando para mí

la declaración de Vélez, por la cual se viene en conocimiento de algunas

cosas muy importantes para su biografía. Dijo «que es de hedad de veynte

y cinco años poco más o menos», y respondiendo a la pregunta primera,

que «conoció al Ilmo. don Rodrigo de Castro, arçobispo que fue de

Sevilla, por queste testigo le sirvio de paje quatro años, que el

postrero fue en el que murio el dicho cardenal, porque dos meses antes

que muriera salió este testigo del su servicio....» A la segunda: «que

sabe que el dicho don alonso de ulloa murió en la ciudad de toro por el

mes de agosto del año pasado de seiscientos e tres, y este testigo le

vido en valladolid quince días o veynte antes que muriese....» Y a la

sexta: «queste testigo fue con el dicho cardenal a la dicha jornada de

madrid, valencia y binaros, donde también fué el dicho don alonso de

ulloa....»]

[Nota 10: Añadió al _Vélez_ el _Guevara_ y omitió el apellido

materno, bien que en Écija siguieron llamándole _Vélez de Dueñas_, como

a su padre. En 1630, año en que escribía el licenciado Andrés Florindo

su _Addicion al libro de Eciia y svs grandezas_ (Sevilla, Luis

Estupiñán, 1631), aún le nombraba así (fol. 4): «Otro insigne Cavallero

desta Ciudad, de excelente ingenio, mui universal en todas historias

(otro don Alonso de Ercilla, o Luis _Vélez de Dueñas_)....»]

[Nota 11: Como nota el señor Cotarelo, Vélez de Guevara siempre hizo

caso omiso de este primer matrimonio, al cual tampoco se refirió su hijo

don Juan en la carta dirigida a Pellicer que publicó el señor Paz y

Melia; pero en la canción que Salcedo Coronel dedicó a la muerte de

nuestro poeta (_Cristales de Helicona_, Madrid, Diego Díaz de la

Carrera, 1649-1650, folio 31 vto.) hay una tan clara y circunstanciada

alusión a este enlace, que no sé cómo se desvirtúe:

«Coronado de aplausos y victorias

volviste a España, que fiel previno

en agradables lazos de Himeneo

refrenar la inquietud de tu destino.

Ingrato el esplendor a tus memorias

ardió en las teas que encendió el deseo,

y entre infaustos gemidos sin aseo,

al tálamo condujo temerosa

pronuba Juno a tu querida esposa,

que en dulce nudo apenas

se vió a tu firme voluntad unida,

cuando, de acerbo golpe interrumpida,

sulcó estigias arenas:

Eurídice feliz fuera, si el llanto

no impidiera la fuerza de tu canto.»

¿Qué enlace fué éste? ¿Tuvo acaso más de arrebatado y soldadesco que de

sacramental?]

[Nota 12: 24 de septiembre de 1608. Véase la partida matrimonial en

el citado libro de Pérez y González, pág. 192.]

[Nota 13: Bautizado a 9 de febrero de 1611 (Pérez y González, obra

citada, pág. 193). A este hijo y a la unión de que fué dichoso fruto se

refirió Salcedo Coronel en la estancia que sigue a la transcrita poco

ha:

«Segunda vez a más fecundos lazos

rendiste la cerviz aún no domada,

gustoso de tu mismo vencimiento,

por quien, dichosamente dilatada,

conseguiste en recíprocos abrazos

la virtud que inspiró sagrado aliento,

hijo, en fin, que formó tu entendimiento

aún más que la común naturaleza,

porque lograse con igual grandeza,

agradecido el mundo,

fénix que del primero renaciese

y tus doctas cenizas ofreciese

al templo en que facundo

Apolo, por cien bocas espirante,

tus alabanzas dignamente cante.»]

[Nota 14: Pérez y González, obra citada, pág. 196.]

[Nota 15: También le señaló pensión el Marqués de Peñafiel:

cuatrocientos ducados en cada un año, desde 1.º de enero de 1622; pero

amén de salir de ordinario inciertas las mercedes de los señores de

aquel tiempo, en las manos de Luis Vélez no había dinero, presente o

futuro, que no se volviera sal y agua.]

[Nota 16: A estos memoriales me he referido en la nota última de la

pág. IX.]

[Nota 17: Pérez y González, obra citada, pág. 203.]

[Nota 18: Sólo producían lo poco en que las compraban los autores de

compañía o las corporaciones que las habían encargado: seiscientos

reales, u ochocientos a lo sumo. Por lo menos de seiscientos no creía

Jerónimo Dalmao, en 1616, que Luis Vélez se prestase a componer cierta

comedia a lo divino _(Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos_, 1878).

Y don Pedro Calderón, en la jorn. I de _Nadie fíe su secreto_, comedia

anterior al año 1651, hizo decir a dos de sus interlocutores:

«D. ARIAS. Aquí la doncella vive....

LÁZARO. Ni la oigas ni la veas,

señor, hasta que se haga;

que son como las comedias:

sin saber si es buena o mala,

_ochocientos reales cuesta

la primera vez_; mas luego

dan por un real ochocientas.

Déjala imprimir primero;

que comedias y doncellas,

como estén dadas al molde,

las hallarás por docenas.»]

[Nota 19: Lope, en una de sus cartas al duque de Sessa (Barrera,

Adiciones a la _Nueva biografía de Lope de Vega_, página 616): «Hablaré,

pues V. Ex.ª lo manda, a Vallejo; que, en fin,

Mi sotana sin reparos

tiene, por ser de probecho,

quatro bocas en el pecho,

mas todas para alabaros.

Y no es por ynportunaros

al hablar en mi sotana,

pues tengo por cosa llana,

según es agradecida,

que si os alaba rompida,

mexor os alabe sana.

_Parece cosa de Luis Vélez;_ mas, Señor, V. Ex.ª tubo la culpa; que yo

me havía remitido a la onrra portuguesa, que en Castilla llaman

bayeta.»]

[Nota 20: Pérez Pastor, _Bibliografía Madrileña,_ tomo III, pág.

509.]

[Nota 21: Pérez y González, obra citada, pág. 207.]

[Nota 22: Pérez y González, obra citada, pág. 210.]

[Nota 23: A fines del año 1851 un señor Pianitzky, pensando en

traducir al ruso _El Diablo Cojuelo_, pidió explicaciones a la Academia

Española acerca de ciertas dudas que se le habían ofrecido. Dado encargo

al académico don Agustín Durán para que respondiese, este señor, por

abril del año siguiente, dió cuenta de haberlo cumplido, en la medida de

sus fuerzas. Pero ¡cómo lo cumplió, Dios santo! Hago gracia al lector de

los demás trámites de aquel desdichado asunto: baste decir, para que los

manes de Durán no se irriten demasiado, que en aquella ocasión durmió

Homero a pierna suelta, y durmieron con él cuantos pusieron las manos, o

formulariamente hicieron que las ponían, que es lo más probable, en las

empecatadas _ilustraciones_ de Durán. Aquella larga serie de lamentables

yerros, que el lector curioso puede examinar en el departamento de

manuscritos de la Biblioteca Nacional (Ms. 13881)--pues a ella fueron a

parar, con la del, por otra parte, meritísimo colector de nuestros

romances, los borradores de su inverosímil trabajo--, convidaba, ¿qué

digo convidaba?, requería a volver por la honra del malparado Vélez, y,

en general, por los fueros de nuestro idioma; el señor Bonilla no

resistió a tentación tan plausible, y es de justicia reconocer que en

mucha parte logró su intento, explicando bien muchas cosas de que Durán

no había sabido darse acertada cuenta.]

[Nota 24: Nota de la pág. VIII de la introducción: «Tuve entonces

[en 1902] la fortuna (que por tal la disputo) de hallar un erudito y

amable crítico en la persona del señor don Felipe Pérez y González, el

cual publicó en _La Ilustración Española y Americana_ y reunió después

en un volumen (_El Diablo Cojuelo_, Madrid, 1903) algunas _notas_ acerca

de mis Comentarios, que inmerecidamente declaró «dignos de aplauso y

alabanza». La disconformidad en que estoy con algunas de sus

apreciaciones no obsta para que reconozca la exactitud de otras, ni para

que aproveche con gratitud sus enseñanzas, como aprovecharé y agradeceré

siempre las que se me den con fundamento. Aspiro constantemente a

realizar trabajos útiles, pero jamás tuve la ridícula pretensión de que

fuesen perfectos.»]

[Nota 25: Santiago de Chile, Imprenta de San José, 1915, página 15.]

[Nota 26: Pág. 190 de la edición de Zaragoza, s.i., 1697.]

[Nota 27: Tomo IV, pág. 386, 13.]

[Nota 28: Sin lugar ni año, pero en Sevilla, hacia 1630.]

[Nota 29: Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Toledo, legajo

91 de causas, núm. 176, fol. 85.]

[Nota 30: _Ibid_., legajo 94, núm. 226.]

[Nota 31: Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Valencia,

legajo 25 de causas, núm. 1.]

[Nota 32: Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Toledo, legajo

83 de causas, núm. 41.]

[Nota 33: Inquisición de Toledo, legajo 86 de causas, número 73.]

[Nota 34: El señor Bonilla, al opinar en esto contra Pérez y

González, opinó también contra sí, pues en su edición de 1902, página

XXVII, había dicho: «Podemos concluír, pues, que _El Diablo Cojuelo,_

empezado hacia 1630, hubo de terminarse después del mes de febrero de

1637, fecha de las mencionada fiestas»; refiriéndose a las celebradas en

el Retiro, en que Luis Vélez, como presidente, leyó el mismo soneto que

don Cleofás lee en la Academia Sevillana (tranco IX de la presente

edición) y, con leves variantes, las mismas _Premáticas y ordenanzas_

que lee en otra junta de la sobredicha Academia (tranco X.)]

[Nota 35: También yo caí en la tentación de hacer sobre ello algunas

pesquisas, y a este fin, pues al principio del tranco IX se nombra

como asistente de Sevilla al Conde de Salvatierra, averigüé cuándo tomó

posesión de este cargo y cuándo cesó en su ejercicio, por si lo uno o lo

otro diese alguna luz para el pleito. No la da: su asistencia duró desde

el día 24 de abril de 1634 hasta el 3 de julio de 1642, en que dió

posesión al Conde de la Puebla del Maestre, y haciéndome el razonamiento

que en el texto queda, sobreseí en la investigación.]

[Nota 36: Córdoba, Salvador de Cea, 1630. 4 hs. sin foliar.]

[Nota 37: Verbigracia, en un pasaje del tranco I y en otro del IX.]

[Nota 38: Página 237 de mi edición crítica de _Rinconete y

Cortadillo_ (Sevilla, 1905). A mayor abundamiento, vea el curioso,

porque es concluyente y _definitivo_--como dicen ahora--algo de lo que

advirtió el sabio maestro Menéndez y Pelayo para explicar por qué en la

hermosa edición académica de las _Obras de Lope de Vega_ no había de

copiar servilmente los antiguos textos: «...Publíquense

enhorabuena--observaba--con estricto rigor paleográfico (y no de otro

modo deben publicarse) todos los monumentos literarios anteriores a la

era de los Reyes Católicos; pero séanos lícito disfrutar, como de cosa

familiar y doméstica, de todo el tesoro de nuestras letras clásicas, y

no nos empeñemos en ahuyentar a las gentes de la lección de nuestros

autores de la edad de oro, presentándolos en textos de aspecto

repulsivo, sólo para que algún filólogo tenga el placer de saber a

ciencia cierta que Calderón, en _El Mágico prodigioso_ escribió (verso

754), _hedad_ con _h_.»]

[Nota 39: _Naveta_, en su antigua acepción de _gaveta_ o cajoncillo

corredizo de una papelera o escritorio: _vne leyette d'vn cabinet ou

d'autre chose_, definió César Oudin en _Le Tresor des devx langves

espagnolle et françoise_. (Sírvome de la edición de París, M.DC.XLV.)]

[Nota 40: Llamaban _mosqueteros_, como dice el _Diccionario_ de la

Academia, a los que en los antiguos corrales de comedias las veían de

pie desde la parte posterior del patio. Y a silbar a los cómicos

llamaban, consiguientemente, _mosquetear_, verbo que falta en el dicho

léxico. Ruiz de Alarcón, en el acto I de _Mudarse por mejorarse_:

«REDONDO. ...Representante afamado

has visto, por sólo errar

vna sílaba, quedar

a silbos _mosqueteado_.»

A lo que parece, o era reciente el silbar en el teatro cuando el

admirable poeta mejicano escribió _Todo es ventura_, o se había

introducido de nuevo esa grosera costumbre, pues en el acto I dicen dos

interlocutores:

«DUQUE. ¿Tú, Fabio?

FABIO. Yo, en la comedia.

DUQUE. ¿Pareció bien?

FABIO. No, señor,

con ser divino su autor;

porque si no se remedia

_esta nueva introdución

de los silbos_, es forzoso

que pierda el más ingenioso

a los versos la afición.»]

[Nota 41: Vélez de Guevara fué muy dado a buscar el donaire

acomodando a su intento los modismos y refranes vulgares, por medio del

trueque de una o más de sus palabras. Así, iremos viendo, verbigracia,

en el curso de esta novela, _Dar gato por demonio, Irse al infierno en

coche y en alma, Preñada de medio ojo, Astrólogo regoldano, Lo que es

del diablo, el diablo se lo ha de llevar, Si Dios me tiene de sus

consonantes, Siempre quiebra la soga por lo más forastero, Salud y

consonantes, Servir a su Majestad con dos comedias en Orán,_ meras

modificaciones de los refranes y frases _Dar gato por liebre, Irse al

infierno en cuerpo y alma, Tapada de medio ojo, Castaña regoldana, Lo

que es del agua, el agua se lo lleva, Si Dios me tiene de su mano,

Siempre quiebra la soga por lo más delgado, Salud y gracia_, y _Servirá

su Majestad con dos lanzas en Orán_. Tales acomodamientos pertenecen,

sin duda, a la clase de _chistes baratos_; quiero decir que cuestan

poco al ingenio de su inventor. Por fortuna, Vélez de Guevara tiene, y

sabe lucirlos, méritos de muchos más quilates que estas gracias frías.]

[Nota 42: Lo de haber nacido _para número de los demás_ puede ser

reminiscencia de aquel verso de una de las epístolas de Horacio:

«Nos numeri sumus, _fruges consumere nati_.»

Análogamente Ruiz de Alarcón, en el acto I de _La verdad sospechosa_:

«D. GARCÍA. Quien vive sin ser sentido,

quien _sólo el número aumenta_

y hace lo que todos hacen,

¿en qué difiere de bestia?»]

[Nota 43: Sabidísimo es que se llamaba _corral de comedias_, como

dice el _Diccionario_ comúnmente llamado _de autoridades_, «la casa,

patio o theatro donde se representan las comedias. Diósele este

nombre--añade--porque ordinariamente están descubiertos».]

[Nota 44: _Las bocas abiertas_, especie de ablativo absoluto,

frecuentemente usado por nuestros escritores.]

[Nota 45: Llamóse _corchetes_, figuradamente, a ciertos ministros

inferiores de la justicia, servidores de los alguaciles, porque, en

frase de Covarrubias, _Tesoro de la lengua castellana, o española,_

«asen como estos ganchuelos».]

[Nota 46: _Con lo mío me haga Dios merced_, decíase para indicar que

no se deseaba nada allegado con riesgo o por mal camino. Así lo dijeron,

simple o socarronamente, aquellos benéficos forajidos de la Sierra de

Cabrilla que partían con el robado lo que éste llevaba. De ellos dice

Luque Fajardo (_Fiel desengaño_ _contra la ociosidad y los juegos,

Madrid, 1606,_ fol. 291) que, habiendo tropezado con ellos un labrador

«y como no llevase más de quinze reales, que eran expensas de su viaje,

hecha la quenta cabian a siete y medio; no se hallaua a la sazon trueque

de vn real, y el buen labrador (que diera aquella cantidad, y otra de

más momento, por verse fuera de sus manos) rogauales encarecidamente

tomassen ocho reales, porque él se contentaua con siete.--De ninguna

manera (respondieron ellos): _con lo que es nuestro nos haga Dios

merced_».]

[Nota 47: _Mareta_, en la acepción figurada que registra el léxico

de la Academia: «Rumor de muchedumbre que empieza a agitarse, o bien a

sosegarse después de agitación violenta».]

[Nota 48: En los prólogos se ha solido llamar al lector _cándido,

benévolo, pío_ y otras cosas a este tono, y Vélez juega de las dos

acepciones del primero de estos vocablos, oponiendo a _cándido,_ que

etimológicamente significa _blanco_, el adjetivo _moreno_, cosa parecida

a estotro donaire que por los años de 1612 había usado Quevedo en el

prólogo de _El Mundo por de dentro_: «Al lector, como Dios me lo

deparare, _cándido_ o _purpúreo, pío_ o _cruel, benigno_ o _sin

sarna_.»]

[Nota 49: Dice _de la jineta de los consonantes_ por lo encogido que

va el poeta sujetándose al metro y la rima; _y la brida de la prosa,_

porque en ella se extiende el ingenio libremente. Sabidísimo es que el

que cabalgaba a la jineta llevaba encogidas las piernas, y estiradas a

todo su largo el que cabalgaba a la brida.]

[Nota 50: _Despensas_, más bien que _gastos o costas_, significa en

este lugar _necesidades_.]

[Nota 51: Llamábase _autores de comedias por su Majestad_ a los

empresarios teatrales que tenían licencia real para formar compañía.]

[Nota 52: Porque algunos cojos andan a _trancos_ se les suele llamar

festivamente _cojitrancos_.]

[Nota 53: _Leyenda_, en su antigua acepción de _lectura. Leenda_

dice todavía el vulgo andaluz.]

[Nota 54: _Y yo menos que agradecerte_, quiere decir.]

[Nota 55: _Por no ser para más_ era expresión usual en la respuesta

de las cartas y billetes de antaño. Véase, por ejemplo, el borrador de

una escrita al Secretario de la Universidad de Alcalá de Henares por un

su dependiente. Está al fin del libro de matrículas de 1566: «Los días

pasados me hicieron merced de responderme con aquellos caballeros, los

quales vinieron de su tierra de V.m.; y _por no ser para más_ la carta

que V.m. me ynbió no escribo más a V.m. el secretario mi señor. Oi lunes

a catorze de mayo.» (Archivo Histórico Nacional.) Por donaire, pasó tal

expresión a la plática verbal; así, verbigracia, en el _Quijote_ (II,

34), por boca de un supuesto demonio: «Y _por no ser para más_ mi

venida, no ha de ser más mi estada.» Y Pérez de Montalván, en la jornada

I de _La Doncella de labor_:

«D.ª ISABEL. ...Y lo demás, finalmente,

es que ya las doce son,

y que ha venido la silla,

y por ser tarde me voy,

de vos muy enamorada, _(A D. Diego_.)

y muy celosa de vos; _(A D.ª Elvira_.)

y _por no ser para más,_

a buenas noches, adiós.»]

[Nota 56: _A los que fueren entonces_, es decir, _a los días del mes

que fueren_ entonces, cuando el libro salga a luz.]

[Nota 57: Don Juan Vélez de Guevara nació en Madrid y fué bautizado

en la iglesia parroquial de San Andrés, a 9 de febrero de 1611. Publicó

su partida bautismal mi inolvidable amigo don Felipe Pérez y González,

en su excelente libro intitulado _El Diablo Cojuelo: notas y

comentarios_ (Madrid, 1903), página 193.]

[Nota 58: De llamar los hechiceros _hora menguada_ a la que ya

estaba acabándose, por suponer que el resto de ella era ocasionado a

malos sucesos, se pasó a dar ese nombre al «tiempo fatal o desgraciado

en que se sucede un daño o no se logra lo que se desea». Y Vélez llama a

la de las once de la noche _hora menguada para las calles_, porque en

ella, al tiempo en que supone la acción de su relato, se vertían, por

las puertas de las casas, las aguas inmundas. Así se mandó y pregonó en

la coronada villa a 23 de septiembre de 1639, por acuerdo de los

alcaldes de casa y corte (Archivo Histórico Nacional, Libros de gobierno

de la Sala de Alcaldes, fol. 221 del dicho año): «... que ninguna

persona bacie por las ventanas y canelones agua ni ynmundicias ni otras

cosas, sino por las puertas de las calles; _en berano las puedan baciar

a las once dadas de la noche_, y en ybierno dadas las diez della, pena

de quatro años de destierro y veinte ducados a los amos que lo

consintieren, y de zien azotes y seis años de destierro a los criados y

criadas que lo hecharen, y de pagar los daños que hicieren....» Por esta

hora del «¡agua va!» Ruiz de Alarcón hizo decir a Hernando, de noche y

en la calle, en el acto III de _Los Favores del mundo_:

«¡Poh! ¡Mal hubiesen los gatos

que dan algalia a estos botes!

Ya empiezan las cosas malas

_de entre las once y las doce_.»]

[Nota 59: Con esto de _boqueaba coches_ se quiere decir que daba

las boqueadas el pasear por el Prado, del cual salían ya los pocos

coches que quedaban en él.]

[Nota 60: Porque el agua del Manzanares no cubría las desnudeces de

los que se bañaban en él, dijo Celia en _La Dorotea_, de Lope de Vega,

acto II, escena II: «... ¿cómo puedes negar la culpa que tiene [el río]

en que, siendo los veranos tan humilde, se deja entrar de mil géneros de

hombres y mujeres, hecho un valle de Josafat?»]

[Nota 61: Con los donaires que se han escrito a costa del ruin

caudal del Manzanares se podrían llenar muchas páginas. Véanse siquiera

dos muestras. Tirso de Molina, en un romance que insertó en sus

_Cigarrales de Toledo_:

«Según arenas criáis

y estáis ya caduco y viejo,

moriréis de mal de orina,

como no os remedie el cielo.

Como Alcalá y Salamanca,

tenéis, y no sois colegio,

vacaciones en verano

y curso sólo en invierno.»

Y Castillo Solórzano, _Tiempo de Regozijo, y Carnestolendas de Madrid_

(Madrid, Luis Sánchez, 1627), fol. 114 vuelto:

«...Este, pues, charco ambulante,

olla de tantos mondongos,

pelador de pies de puerco,

si no de panças de tomo,

reseruó entre dos alisos,

tres álamos y dos pobos,

para retirados baños,

cierto cristal, aunque poco.»]

[Nota 62: _Ite, rio est_, dicho macarrónicamente, a imitación del

_Ite, missa est_, como si dijeran: «¡Ea, se acabó el río!», porque la

poca agua que de él quedaba se la habían llevado los Adanes y las Evas

en las sábanas con que se habían enjugado. El señor Bonilla dice en las

notas de su edición de 1910--pocas veces aludiré a la de Vigo

(1902)--que Vélez, con las palabras _Ite, rio est_, «evidentemente se

refiere al canon de la misa». Si él está en lo cierto, no lo está el

_Diccionario_ de la Academia Española, según el cual _canon_ es aquella

parte de la misa que comienza en el _Te igitur_ y acaba con el _Pater

noster_.]

[Nota 63: A diferencia del señor Bonilla, paréceme que con la frase

_hidalgo a cuatro vientos_ no quiso decir nuestro autor que _don

Cleofás_, yendo por el tejado, «se hallaba expuesto a todos los aires»,

sino que era un hacia hidalgo, sin casa solariega, y, por tanto, a la

intemperie o a _los cuatro vientos_. Él mismo dice más adelante que por

lo de llamarse Leandro, como el infortunado amador de Hero, tenía su

ejecutoria en las obras de Boscán y Garcilaso.]

[Nota 64: Para ser encrucijada _de apellidos_ le faltaban dos, pues

no tenía más de otros tantos. Vélez contó con ellos los dos nombres de

pila.]

[Nota 65: Hoy diríamos _que le iba a los alcances_.]

[Nota 66: Decir, por metátesis, _estrupo_ fué cosa corriente en los

siglos XV, XVI y XVII. Véase algún ejemplo. Fernán Pérez de Guzmán, en

su _Confesión rimada_:

«De aqueste mal cuerpo otro nombre es

que se llama _estrupo_, e su propia maldad

es en desflorar la virginidad....»]

[Nota 67: Refiérese a la expresión vulgar figurada _sin comerlo ni

beberlo_.]

[Nota 68: _Veintidoseno_, dicho en buen romance, y no _vigésimo

segundo_, que sería decirlo a la latina.]

[Nota 69: Por estas _multiestupradas_ de fines del siglo XVI y todo

el XVII decía Mateo Alemán en su _Guzmán de Alfarache_, parte I, libro

III, cap. II: «... nunca quien lo come lo paga, o por grandísima

desgracia. Siempre suele salir horro el dañador, y después lo echan a la

buena barba; siempre suele recambiar en un desdichado.» Y, más tarde,

Moreto, en la jorn. II de _Todo es enredos amor_:

«D. FÉLIX. ...Porque hay mujeres en esta

ciudad, de corta fortuna,

que al cebo de su belleza

suelen traer muchos peces,

y al ignorante que pesca

el anzuelo de su cara

le echan la justicia a cuestas

y la cruz del matrimonio.»]

[Nota 70: A las palabras _para en uno son_ pone el señor Bonilla por

comentario: «Frase del ceremonial religioso del matrimonio». Ignoro de

dónde pudo sacar esta peregrina especie. _En uno_ significa

_juntamente_, como se echa de ver en muchas cédulas reales de Don

Alfonso el Sabio, dadas _en uno_ con la reina Yolant su mujer, y en

otras de Don Fernando IV: «E nos el sobredicho rey, regnante _en uno_

con la reina doña Constanza mi mujer....» Y _para en uno son_ díjose de

los novios, desposados o por desposar, en el sentido de que están

destinados para vivir _en uno_ o _juntamente_. Así lo demuestran los

siguientes pasajes de Lope de Vega. En el acto I de _Peribáñez y el

Comendador de Ocaña_ cantan los músicos:

«Y a los nuevos desposados

eche Dios la bendición;

parabién les den los prados,

pues hoy _para en uno son_.»

Y en el acto I de _Fuente Ovejuna_:

«LAURENCIA. ...En todo el lugar hay moza,

o mozo en el prado o soto,

que no se afirme diciendo

que ya _para en uno somos_.»]

[Nota 71: Llama a la muerte _el vicario Responso_, porque, como el

vicario o juez eclesiástico, tiene poder para separar a los casados.]

[Nota 72: El léxico de la Academia registra las formas _boarda_ y

_buharda_, y no la que ocurre en este lugar del texto.]

[Nota 73: Añade _y la boca_ aludiendo a la costumbre de besar la

tierra los que llegaban a ella después de haber corrido grande peligro

en el mar. Así dice el Cautivo en el _Quijote_ (I, 41): «Embestimos en

la arena, salimos a tierra, _besamos el suelo_, y con lágrimas de muy

alegrísimo contento dimos todos gracias a Dios....»]

[Nota 74: Llama _ministros del agarro_ a los que antes (7, 4)[45]

había llamado _corchetes_.]

[Nota 75: Así en la edición original, que páginas adelante estampa

_Bitigudino_. Es apellido tomado del nombre _Vitigudino_, villa de la

provincia de Salamanca.]

[Nota 76: _Moneda chanflona_ es la toscamente falsificada, difícil

de pasar sino cuando hay poca luz. Nuestros diccionarios registran el

aumentativo _chanflón,_ y no el positivo _chanfla_, muy corriente en

Andalucía con idéntico significado. Y aun de _chanfla_ dicen _¡Chanfle!_

al acabar de contar alguna cosa poco creíble, como si dijeran: _¡Pase,

como moneda chanflona_!]

[Nota 77: _A gatas_, porque andaban a cuatro pies por los tejados en

busca de don Cleofás; y _jinetes que corrían sus costas_, por alusión a

la que se llamó y llama Cervantes (_Quijote_, I, 41) _caballería de la

costa_, de la cual trató largamente Pérez y González en _El Diablo

Cojuelo: notas y comentarios_, páginas 13-17.]

[Nota 78: Toda esta alegoría es alusión a los frecuentes desembarcos

que hacían en nuestras costas los corsarios moros, y a la presa que de

ellas solían arrebatar, no obstante el cuidado de los _atajadores_ o

_jinetes de la costa_.]

[Nota 79: _Mohatrera de doncellazgos_, porque, como el mohatrero,

volvía a quedarse con lo mismo que vendía; en este caso, con la propia

fingida doncellez, vendida ya a tantos galanes. «_Mohatra_--dice

Covarrubias--es la compra fingida que se haze vendiendo el mercader a

más precio del justo y teniendo otro de manga que lo buelva a comprar

con dinero contante a menos precio.»]

[Nota 80: _Chapetón,_ significando _inocente_ o _boquirrubio_.

Llamaban _chapetón_ en Indias a los que, por recién llegados, ignoraban

las costumbres y trato de aquella tierra. El adjetivo _doncellil_ falta

en el _Diccionario_ de la Academia.]

[Nota 81: Contra lo que pudiera sospecharse, _suceso_, en

equivalencia de _éxito_ o _resultado_, no tiene nada de galicismo.]

[Nota 82: El señor Bonilla, anotando este lugar, habla de la _silla_

llamada _cadera, cadiera o cadira_, y de unas _mesas de cadera_ o _de

cadiera_; pero no de la _mesa de cadena_. Por si, como creo, puede

aprovechar a algún investigador más afortunado que nosotros, diré que en

la almoneda de los bienes que quedaron por muerte del maestro Juan de

Mallara se lee: «yten _vna mesa vieja de cadena_ con su banco....»

(Archivo de Protocolos de Sevilla, Gaspar Romano, libro 2.º de 1571,

fol. 1991.) Y en el inventario de los bienes de don Carlos de Álava:

«yten otra mesa de nogal de gonzes _con el banco de cadena_». (Archivo

de Protocolos de Valladolid. Juan Ramos, 1604, folio 133 vto.)]

[Nota 83: Claro es que se refiere a lo que el léxico de la Academia

llama _efemérides astronómicas._]

[Nota 84: La _magia_ o _mágica negra_ a diferencia de la blanca, que

es lo que podríamos llamar mera prestidigitación y _física recreativa_,

fué siempre arte reprobado, porque nada se hace en él sin pacto expreso

o tácito con el demonio.]

[Nota 85: Era cosa general creer que los hechiceros solían tener un

demonio familiar metido en una redoma. Rojas Zorrilla en la jorn. II de

_Lo que quería ver el Marqués de Villena_:

«ZAMBAPALO. Señor, he de hablar de veras:

yo tengo miedo.

MARQUÉS. ¿Por qué?

ZAMBAPALO. Porque deste hombre me cuentan

que tiene en una redoma

un demonio.»]

[Nota 86: _Respondieron_, plural impersonal muy frecuente en

nuestros buenos escritores de antaño, y aún hoy en el habla de nuestro

vulgo. Véase en mi edición del _Quijote_, publicada en esta colección de

_Clásicos Castellanos_, cómo lo usaba Cervantes (VI, 53, 14, 125, 3,

137, 8; VII, 14, 5, etc.).]

[Nota 87: En la superstición peninsular--como en otro lugar

indiqué--los cuatro diablos mayores del infierno son _Lucifer, Belcebú,

Satanás y Barrabás._ Así lo decía en 1512, en una de sus confesiones,

Juan de Chaves (Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Valencia,

legajo 24 de causas, núm. 8): «... e yo lamé e cridé a satanás, y a

Amanecidos, y a la rreyna Siuilla, y algunas vezes a los quatro mayores

del Infierno, es a saber, a Lucifer, belzebuc, satanás y barrabas....»]

[Nota 88: _Chisme_ era femenino en los siglos XVI y XVII. Juan de

Castellanos, _Elegías de varones ilustres de Indias_, parte I, elegía

VI, canto I:

«Huye _la chisme_, cesa la conseja,

crece contento, nace regocijo....»

Covarrubias, en este artículo: «... assi el chismoso dize a hurtadillas

_la chisme_ a la oreja, que parece llegó tan solo a soplalla....»]

[Nota 89: Recónditas son las más de estas cosas que el diablillo

enredomado dice haber traído al mundo: sería preciso ser punto menos

diablo que él mismo para averiguar noticias de algunas de ellas; pero de

otras puede decirse algo, y aun de tal cual se ha dicho no poco en

libros antiguos y modernos. De la _zarabanda_ traté con bastante espacio

en mi _Loaysa de «El Celoso Extremeño»_ (Sevilla, 1901), páginas

257-287, y para su estudio aporta el señor Bonilla otros datos

estimables.]

[Nota 90: Del _déligo_ llamándole _deligo,_ sólo dice Bonilla:

«Baile de la época», y el señor Puyol y Alonso, en su edición de _La

Pícara Justina_ (Madrid, 1912), tomo III, página 155, a las palabras «en

el ayre repiqué mis castañetas de repica punto, _a lo deligo_, y di dos

vueltas a buen son», comenta: «Era un género de baile», y cita el pasaje

de _El Diablo Cojuelo_. Algo podré añadir yo. En primer lugar, este

baile se llamaba _déligo,_ y no _deligo;_ lo demuestra Lope de Vega en

el siguiente pasaje del acto II de _Los Locos de Valencia_.

«FEDRA. Bailemos, que estamos tristes.

GERARDO. Creciendo va su porfía.

_(Bailen.)_

LAIDA. _Déligo, déligo, déligo_....

GERARDO. ¿Qué es esto, sobrina mía?

El Diablo Cojuelo · 第 28 / 54 题