Aquel que, más allá de hombre, vestido
De sus propios augustos esplendores,
Al sol por virrey tiene, y en mayores
Climas su nombre estrecha esclarecido,
Aquel que, sobre un céfiro nacido,
Entre los ciudadanos moradores
Del Betis, a quien más que pació flores
Plumas para ser pájaro ha bebido,
Aquel que a luz y a tornos desafía,
En la mayor palestra que vió el suelo,
Cuanta le ve estrellada monarquía,
Es, a pesar del bárbaro desvelo,
Filipo el Grande, que, árbitro del día,
Está partiendo imperios con el Cielo;
aplaudiéndolo toda la Academia con vítores y un dilatado estruendo
festivo; y apercibiéndose el Cojuelo para otro, destosiéndose como es
costumbre en los hombres, siendo él espíritu, dijo deste modo:
A UN SASTRE TAN CABALLERO, QUE NO QUERÍA CORTAR
LOS VESTIDOS DE SUS AMIGOS, REMITIÉNDOLOS A SU
MASEBARRILETE[547].