“QUERIDA SEÑORA:
“Nuestro pobre amigo ha sufrido mucho; está un poco mejor; bebe, come,
duerme; ya no tiene voluntad, es lo esencial.
“La crísis ha sido terrible; asi que quisimos curarle se puso furioso.
Es uno de los síntomas mas característicos de esa funesta enfermedad. El
francés es naturalmente dulce, amable, político, y está siempre pronto á
hacer lo que sus amos, sus amigos ó su mujer le ordenan. Ved la historia
de nuestra gloriosa revolucion. Para salvar á la Francia é inocularle el
amor de la igualdad, de la justicia y de la fraternidad, la Convencion
ha puesto fuera de la ley á todos los Franceses. Ella los ha arruinado,
espulsado, deportado, metrallado, fusilado, guillotinado. Hay uno solo
que haya resistido? Hay hoy dia algo mas justamente popular que esa
inmortal Asamblea? Pero, ay! en cuanto la locura se apodera de él, el
francés se hace voluntarioso y malo. Si le detienen, resiste,--si le
encierran, se subleva; no piensa ni habla sino de libertad. Tal es la
degradacion intelectual y moral que resulta de una violenta neuroma en
las personas debilitadas.
“Nuestro pobre amigo habia llegado á ese estado. Felizmente yo velaba
por él. Dos sangrias abundantes, tres purgas enérjicas, dos duchas
heladas, le han devuelto la calma de que tenia necesidad. La enfermedad
sale, me parece, del periodo agudo: haciéndose crónica dará resultados
sorprendentes en los que fundo la esperanza de mi reputacion.
“En este momento está tranquilo; se ocupa en borronear papel, prueba, á
no dudarlo, demasiado cierta de que está aun lejos de la cura. Os envia
ese fárrago que intitula _Paris en América_; no he querido quitarle
nada, ni siquiera las injurias que me dirije, y que caen á mis piés.
Caballero de veinte y siete órdenes, miembro de treinta y tres academias
estranjeras y de ochenta y dos sociedades de provincia, mi nombre nada
tiene que temer del tiempo ni de la envidia. La Francia ha venerado
siempre á los Olybrius. Guardaos sin embargo de esparcir ó imprimir
semejantes locuras; nada hay tan contajioso como la quimera; el cérebro
del hombre es débil, y la neuroma una enfermedad de que debe precaverse.
Guardad esos papeles; ellos os servirán para hacer pronunciar una
interdiccion demasiado necesaria. No creo que un francés razonable que
conoce su siglo y su pais pueda leer dos pájinas de esos desvarios sin
declarar que su autor es un loco, y que es urjente encerrarlo.
“Vengamos á vos, querida señora, permitidme tocar un punto delicado.
Sensible como sois, necesitais los mayores cuidados: ved el mundo,
rodeaos de visitas, procurad distraeros, el tedio os mataría, os
ordeno las distracciones y el placer. Entrad en la vida, habituaos á
la independencia y á una soledad que todos vuestros amigos procurarán
dulcificar. No abrigueis vanas esperanzas; son emociones que debilitarian
vuestra salud demasiado alterada ya. El pobre doctor no volverá jamás á
su casa. Cualquier forma que tome su enfermedad, si quiera dejenere en
una locura literaria que se parezca al jenio, será siempre prudente y
necesario tener alejado á un hombre tan peligroso asi para su familia
como para la sociedad. Podeis créermelo, querida señora, la ciencia es
infalible y un Olybrius no se equivoca jamás. La locura de amor, se cura
cuando uno es jóven,--los viejos mueren de ella; la locura de ambicion
cede algunas veces á la edad y al desprecio de los hombres; de la locura
de libertad, no se sana jamás.
“Me pongo á vuestros pies, querida señora, etc. etc.”