HORRIBLE INCENDIO
¡¡¡El bravo teniente GREEN!!!
¡¡¡El heróico bombero SMITH!!!
FRASE SUBLIME:
¡Soy padre no dejaré morir ese niño!
50,000 ejemplares vendidos
EN PRENSA LA SEXTA EDICION
Era aquel el templo donde se distribuía la gloria: ¡allí habia con que
curar la vanidad!
¡Ah!--¡Con qué placer corrí á la sala del baño para meterme en el agua,
emblanquecer mi cara y refrescar mi brazo quemado! Esta vez encontré
admirable la invencion que ponia á toda hora agua caliente en mi
habitacion. En cuanto á Zambo, no quiso dejarme, so pretesto que el _Amo_
tenia necesidad de sus servicios y que no podia pasarse sin él. El buen
muchacho tenia necesidad de hacerme hablar para darse importancia en
la vecindad. Mi gloria era la suya, él era el que habia entrado en las
llamas, por procuracion.
Cuando descendí á la sala, la oficina del _París Telegraphe_, estaba
todavia asediada por los compradores, sin poder dar abasto á los pedidos;
la multitud se estrujaba bajo nuestras ventanas procurando verme. Con mi
brazo en cabestrillo, mi mejilla señalada, y mis cabellos quemados, podia
creerme un héroe.
Muy luego, y para que nada faltase á la alegria de este dia feliz, vino
la música de los bomberos á darme una serenata, con toda la compañia y
Green á la cabeza, que me dirijió un discurso.
En este _speech_, bastante bien redondeado, el especiero con una modestia
conmovedora, se olvidaba á si mismo para no hablar sino del valor que
yo habia desplegado, y, á nombre de la compañia, me rogaba aceptase el
puesto de capitan.
--¡Camaradas! ¡amigos! esclamé, me siento confundido por vuestras
bondades, pero no quiera Dios que olvide el ejemplo que me ha dado el
teniente Green, y el socorro que he recibido de Rose, ¡el bravo sarjento!
Al primero, debo el honor de una buena accion; al segundo, debo la vida.
Permitidme pues que no olvide esta deuda de gratitud y que siempre
considere como mis jefes al excelente Green y al jeneroso Rose. Quiero
permanecer con vosotros, camaradas; como vosotros, simple bombero, en
un pais libre. Orgulloso de vuestra amistad y de vuestro heroismo, no
cambiaria nuestro modesto uniforme por el traje de capitan jeneral. ¡Viva
la América y la libertad!
Mi respuesta tuvo éxito, sobre todo el final que no valia nada. Green se
arrojó en mis brazos; Rose hizo otro tanto, y Fox, llamándome á parte, me
dijo al oido:
--Sois diabólicamente astuto, camarada, veis lejos; pero es lo mismo,
os comprendo. Y guiñó los dos ojos á la vez, lenguaje misterioso cuyo
alcance no entendí.
A una señal de Green, comenzó de nuevo la serenata. Al mismo instante
ví ascender un cuadro á lo largo de la imprenta del _París Telegraphe_,
como un pabellon que se iza en el gran mastelero. Sobre este cuadro
trasparente é iluminado por linternas de colores, se leia la siguiente
inscripcion en caracteres de un pié de alto: