El autor aconseja al lector que deje de lado este capítulo y vuelva
sobre él, si así le place, en concluyendo la novela.
Alberto empleaba sus ocios en aproximarse, moralmente, á sus animales
domésticos. Sultán, el perro _setter_, y Calígula, el gato negro,
le hostigaban con misteriosa fuerza la curiosidad. Estudiábalos y
pretendía desentrañar en ellos algo así como patrones morales que al
pasar hereditariamente transmitidos al hombre hubieran perdido su
genuina y originaria sobriedad.
Otro campo de observación fué el gallinero, y en particular el gallo
que allí había, de color giro, como dicen los entendidos en animales
de pelea; esto es, pardo, con caparazón ó gualdrapa aurina sobre el
espinazo. Era una bestezuela estúpida, fanfarriosa, olímpica. Alberto
le puso el nombre de Alectryon.
Por último, descubrió un hormiguero en la pomarada de su huerta, y en
él un nuevo tema de indagaciones y manantial de fantasías.
Á la noche acostumbraba pasear dentro del salón, de largo en largo,
hasta muy tarde. En ocasiones se paraba á escribir. Entreveía un
sistema y le aguijaba la angustia de no lograr completarlo palmaria y
armoniosamente. He aquí á continuación un traslado de sus papeles, no
muy claros, en verdad; citas, notas, esbozos fragmentarios y versos:
«Was ist der Mensch,
Woher ist er kommen,
Wo geht er hin?»[1].